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Muchas ideas que repetimos, que pensamos, que usamos, vienen de otros, aunque no siempre lo reconozcamos.
Por Fernando Pascual
Muchas ideas que repetimos, que pensamos, que usamos, vienen de otros, aunque no siempre lo reconozcamos.
Somos como pequeños repetidores, a veces no muy fieles, que simplifican, amplifican o conservan afirmaciones surgidas desde la inteligencia y el corazón de personas conocidas o desconocidas, de nuestro tiempo o de épocas más o menos remotas.
La existencia de los planetas, el tamaño del sol, las noticias sobre lo que ocurre en China o en Sudáfrica... Miles de datos, miles de frases, miles de ideas, nos llegan a través de libros o de radios, de televisores o de internet; o simplemente desde las palabras de un amigo que nos explica temas importantes desde lo que él ha escuchado o leído en algún sitio.
Otras veces, las ideas surgen desde nuestra propia experiencia, son el resultado de reflexiones personales ante hechos y situaciones que afrontamos cada día.
Cuando contamos una fiesta, o explicamos lo que pasó en una conferencia, o informamos sobre cómo están los precios en el mercado, o decimos cuántos meses hay que esperar antes de ser atendido por un médico amigo..., estamos refiriendo hechos o situaciones que conocemos de primera mano, desde lo que vemos, oímos y tocamos mientras estamos en el camino de la vida.
Identificar quién nos dijo algo, de dónde viene una información, puede ser importante. Porque no todas las personas son igualmente dignas de crédito, porque hay quienes inventan noticias o adulteran los datos de la realidad, o porque simplemente corren, a lo largo y ancho del planeta, ideas repetidas una y mil veces que no tienen el más mínimo fundamento: son completamente falsas.
Existe en el corazón del hombre un hambre continua de saber, de encontrar, de descubrir. Una mentira puede engañarnos durante un tiempo, pero tarde o temprano llega la hora en la que queda al descubierto. Una verdad puede sobrevivir y salir a flote, incluso después de muchos años, si encuentra corazones honestos que saben transmitirla, o porque vale así, sin ayudas: lo blanco sigue siendo blanco aunque durante meses nadie lo recuerde.
Por eso nos interesa encontrar personas fidedignas, testigos auténticos, hombres y mujeres que nos permitan acercarnos a la verdad porque son honestos, porque también ellos quieren encontrar y transmitir ideas válidas, principios justos, conocimientos bien sopesados.
Por eso también nosotros estamos llamados a tener un alma transparente, una mente reflexiva y crítica, capaz de ofrecer, a quienes nos pidan una ayuda, a quienes viven a nuestro lado, ideas verdaderas que iluminen los corazones y las conciencias, que permitan dar la orientación correcta a la propia vida en las mil decisiones de cada día.
En todo caso, también los padres de nuestros adolescentes viven muchas veces en un mundo virtual. Con tal de que sus hijos no les den problemas son capaces de hacer que no ven, de soltar unos billetes cada fin de semana para que los muchachos no interfieran en su descanso adulto, de contentarse con el boletín de calificaciones como único termómetro de la salud moral de su prole.
Por Miguel Aranguren
www.miguelaranguren.com
Los profesores se quejan de que los adolescentes viven en un mundo virtual, en una irrealidad electromagnética que les exime de las responsabilidades propias que trae consigo cumplir años, hacerse mayor. Para muchos jóvenes, las cosas sólo suceden cuando aparecen en You Tube, en donde sufrir y morir es gratuito, una cuestión tan sencilla como apretar el botón derecho del ratón.
Sufrir y morir, los dos aspectos más inquietantes de nuestra existencia son también el argumento de buena parte de los videojuegos, en donde el púber se viste con la piel de un futbolista, de un violador de ancianas o de un degollador de niños de guardería. Por si fuera poco, los juegos se “tuestan”, se piratean y se venden por unas monedas en cualquier esquina para desconcierto de los padres que desean estar al tanto de esos mundos de mentira en los que navegan sus vástagos. Y lo peor no es que en el top-manta se pierda el derecho de autoría, sino que se trata de una tienda en la que no hay control de acceso por edad. Sobre la sábana cruzada de cuerdas se vende hasta la madre del dueño del sótano en el que se copian los originales de veinte en veinte, si es preciso, por lo que no es de extrañar que el mundo virtual de nuestros jóvenes incluya violencia, pornografía, sadismo y, en algunos casos, hasta pederastia.
En todo caso, también los padres de nuestros adolescentes viven muchas veces en un mundo virtual. Con tal de que sus hijos no les den problemas son capaces de hacer que no ven, de soltar unos billetes cada fin de semana para que los muchachos no interfieran en su descanso adulto, de contentarse con el boletín de calificaciones como único termómetro de la salud moral de su prole. Y después pasa lo que pasa, que la virtualidad hace estragos, en ocasiones vergonzantes, en otras ponzoñosos. Parte el corazón descubrir que uno ha criado un monstruo, pero termina por necrosarlo conocer que ese monstruo se ha mirado en nuestro espejo, el de un padre y una madre indolente, despreocupado, ajeno al ir y venir de los niños una vez que estos ya no piden crema de chocolate para merendar.
Como prevención, animo a descodificar estos mundos virtuales que nos fabricamos para huir de una realidad que nos aburre. Descubriremos que no es tan aburrida y que nuestros hijos pueden asomarse al espejo sin temor, confiados en que encontrarán el rostro de un héroe.
El 12 de febrero del año en curso se cumplieron 200 años del nacimiento del naturalista y biólogo inglés Charles Darwin. Además, este año se cumplen 150 años de la publicación del libro El origen de las especies por medio de la selección natural. Con ello se ha suscitado nuevamente el acalorado y apasionante debate entre fe y ciencia, entre creación y evolución.
Por Fernando Magallanes
Este año vuelven al ring dos grandes “antagonistas”. La ciencia y la fe se encuentran nuevamente, cara a cara, sin límite de tiempo ni caídas. El 12 de febrero del año en curso se cumplieron 200 años del nacimiento del naturalista y biólogo inglés Charles Darwin. Además, este año se cumplen 150 años de la publicación del libro El origen de las especies por medio de la selección natural. Con ello se ha suscitado nuevamente el acalorado y apasionante debate entre fe y ciencia, entre creación y evolución.
Dicho libro contiene la teoría de la evolución, publicada en 1859. Darwin, gracias a su viaje por varios países de América, Oceanía y África, a sus investigaciones y lecturas, pudo elaborar la teoría. En el siglo XIX la publicación de la obra causó gran polémica, tanto por parte del mundo científico que no veía satisfactoriamente argumentada la hipótesis, como del religioso, que veía atacada la doctrina de la creación divina del hombre. Fue famoso el enfrentamiento que tuvieron Thomas Henry Huxley y el obispo anglicano Wilbeforce en 1860. El combate siguió su curso.
La teoría de la evolución propone que las especies animales, nacidas de un tronco común, van evolucionando a lo largo del tiempo. Las especies más fuertes se imponen y sobreviven. A ellas les ayuda una serie de circunstancias, eventos y beneficios casuales que la naturaleza selecciona para lograrlo. Esta serie de ayudas es la selección natural. Y los cambios y adaptaciones que las especies más fuertes consiguen para sobrevivir, las transmiten a sus descendientes a través de la herencia. Gracias a estas transmisiones graduales y continuas, las especies van mejorando, evolucionando.
Darwin no fue el primero en proponer la teoría de la evolución. El botánico francés Jean-Baptiste de Lamarck expuso, casi cincuenta años antes, que la evolución se logra a base de condicionamientos y adaptación al medio ambiente por parte de los animales. Del uso y desuso de órganos y de la transferencia de dichos cambios a la descendencia en base a un fin de perfección de las especies. O el naturalista Alfred Wallace, quien habló la teoría de la transformación de las especies, apoyada en la selección natural.
En la actualidad, la teoría de la evolución es aceptada por la mayoría de los científicos. Y la doctrina católica también la “bautiza”, si se entiende que la evolución se refiere al aspecto físico y material de los seres animales y del hombre. Así, fe y ciencia son compatibles. No se excluyen la teoría científica de la evolución y la doctrina de la creación del hombre.
Por un lado, el libro del Génesis explica de forma simbólica que Dios ha dado al hombre la existencia, por medio de la imagen de la insuflación del espíritu (Gen. 2, 7). Quiere decir que el hombre es creación suya, que lo ha hecho existir en un momento determinado. Y la explicación de los cambios y transformaciones físicas y materiales del cuerpo humano, puede darse a través de la teoría de la evolución. Puede proponerse que Dios se sirvió del cuerpo de un homínido, salido de la rama de los primates, para darle el espíritu y hacer surgir así al hombre racional, al Homo Sapiens. Es posible, por tanto, hablar de una creación evolutiva, en donde se conjuguen y a la vez se respeten creación y evolución.
El debate más bien se centra en posturas muchas veces unilaterales e ideológicas. La teoría científica de la evolución, basada en datos empíricos, es aceptable para un investigador o un clérigo.
Mientras que la ideologización materialista, llamada evolucionismo, no. Ésta, postula que los cambios que se dieron para lograr la evolución de las especies, y del hombre, sobre todo, fueron al azar y fruto del caos, negando un fin o un plan. Esta postura, además de excluir a Dios, no se sustenta científicamente, pues proponiendo que la evolución es el resultado del caos o del ensayo-error de la naturaleza, cierra la puerta a las actuales dataciones del tiempo geológico necesario para que ocurriera.
O lo contrario, negar los datos dados por la paleontología o la biogeografía acerca de la evolución y reducir al pie de la letra el significado de la creación, tal y como aparece en el relato bíblico del Génesis. Éste último es el creacionismo.
Este año no debería ser tanto un encuentro cara a cara en el cuadrilátero entre ciencia y fe. No es un encuentro de antagonistas. Debería ser más bien un diálogo fraternal y constructivo, de dos protagonistas, que admita sus límites y abra sus horizontes. Podríamos decir, tomando la imagen que Juan Pablo II utilizó para ilustrar la fe y la razón (Fides et ratio, n.1), que la fe y la ciencia, en este caso, evolución y creación, son como dos alas. Estas dos alas, de un águila, por ejemplo, son necesarias e indispensables para que este noble animal pueda volar. Una sin la otra es inútil, pero las dos unidas, realizando cada una su propio trabajo y esfuerzo desde su área, hacen alzarse al ave en un vuelo por los aires, a veces, insospechado.
Con datos del artículo de Carlos Mermelada, profesor de la Universidad Internacional de Cataluña, en Aceprensa (4 de febrero de 2009).
¿Qué puede motivar a la vida consagrada a retomar las riendas, enfrentar este desafío y dar uso provechoso a esta espada de doble filo?
Por Melicia Antonio
Del 8 al 10 de mayo, Madrid fue la sede de un congreso clave para la vida religiosa en el mundo de hoy: el X Encuentro de Responsables de Comunicación de Congregaciones Religiosas.
La nueva tecnología de los medios revolucionó el siglo XX, revelándose como una poderosa espada para cualquiera que pudiera dominarlos. Abrieron a la vida religiosa nuevas posibilidades para evangelizar, facilitaron el compartir información, y conectaron consagrados y laicos de todos los continentes.
Hubo muchos sacerdotes y religiosos que se valieron de la radio y la prensa para promover el mensaje perenne del Evangelio y extender su labor transcendental más allá que el alcance de los pies.
Sin embargo, era una espada de doble filo. Duele recordar tantas influencias negativas que llegaron con el uso indiscriminado de los medios, especialmente tras los años 60´s: radios, televisiones y periódicos poco a poco tomaron el lugar de la oración, la vida fraterna y el apostolado, e infundieron en los sacerdotes y religiosas la mentalidad liberal y sensual del momento. Hoy los enemigos de la Iglesia han capturado la gran mayoría de los medios y los utilizan libremente para ridiculizar y destruir la imagen de la vida consagrada y aun de las mismas personas consagradas.
Los organizadores del Encuentro en Madrid, el Área de Comunicación de la Conferencia Española de Religiosos (CONFER) y el Instituto Teológico de Vida Religiosa (ITVR), invitaron a los responsables a la reflexión y el análisis sobre cómo está hoy situada la vida religiosa “en medio de los medios”.
José María Gil, director del Departamento de Medios de la Conferencia Episcopal (CEE), señaló dos posturas extremas que hay que evitar: "la fascinación por los medios y el temor a entrar en el mundo de la comunicación”. El director del Área de Comunicación, Isidro Hernández, resaltó la necesidad de "buscar nuevos caminos en la sociedad de la información, de modo que todo desafío sea una oportunidad, y que toda oportunidad, sea camino".
¿Qué puede motivar a la vida consagrada a retomar las riendas, enfrentar este desafío y dar uso provechoso a esta espada de doble filo? Cabe pensar en el coraje de los misioneros de los siglos XVI y XVII, cómo se lanzaron a la aventura de conquistar un nuevo país para Cristo, conscientes de los peligros que tendrían que enfrentar. Hoy las almas necesitadas del Evangelio se encuentran más que nunca en los medios: navegando por internet, escuchando la radio, viendo la televisión, saliendo al cine, y siguiendo las opiniones de la prensa.
Los jóvenes de Estados Unidos, incluidos los católicos, según estudios recientes, gastan un promedio de 72 horas cada semana utilizando los medios. De este número, pasan un promedio de dos horas cada día sólo con redes sociales. Los católicos que resisten la influencia de los canales principales de los medios han logrado crear redes extensivas en línea de páginas católicas que les mantienen informados de las noticias y la actualidad de la cultura. Allí, “en medio de los medios”, está el país exótico del nuevo milenio.
Y es un país que necesita la riqueza y la aportación de la vida religiosa. La persona consagrada es por naturaleza un alma que goza de un trato íntimo con Dios y que arde con el fuego misionero. Los laicos tienen sed de escuchar el cristianismo predicado en el lenguaje del hombre moderno, desde la experiencia de una persona que vive con los pies en la tierra fugaz y la mirada puesta en el cielo eterno. Tienen sed de lo que pueda aportar a sus vidas la espiritualidad de cada orden religiosa y cada movimiento eclesial. Abren los portales católicos todas las mañanas en busca de un mensaje que les pueda ayudar a enfrentar las tormentas de la vida y mantenerse firmes en la fe.
Los jóvenes en particular necesitan escuchar la voz de las almas consagradas. Miles de jóvenes buscan páginas vocacionales como www.vocation.com para encontrarse con otro camino de vida que les atrae misteriosamente. La conferencia episcopal de Estados Unidos creó hace dos años un video impactante y profesional llamado “Fishers of Men”, exponiendo la transcendencia, la belleza, y el cautivante riesgo de la vida sacerdotal. Ganó el Gabriel Award 2007 y sigue invirtiendo la imagen negativa del sacerdote presente en los medios de mucho éxito.
Los medios de comunicación son medios y como tales deberían usarse. Sólo quien ha conocido el sentido de la vida puede compartirlo como fuente de certeza y alegría para quienes lo están buscando. Los medios ofrecen una utilísima y fuerte red de comunicación para hacer extensiva esta esperanza.
Como subrayó el religioso Enrique Losada, secretario general de la CONFER, durante el acto de clausura del Encuentro en Madrid, es "comunicar nuestra vida y anunciar la verdad". El desafío así se convierte en oportunidad, y la oportunidad en el camino donde se encuentran los hermanos necesitados del evangelio.
Si se organizara un concurso en el que se pide representar en una pintura una familia ideal, ¿qué imágenes se encontrarían?
Por Juan Manuel Gómez
Si se organizara un concurso en el que se pide representar en una pintura una familia ideal, ¿qué imágenes se encontrarían? Lógicamente, entre mayor sea el número de participantes en este concurso, tanto mayor será el número de propuestas y de representaciones resultantes.
Algunos, quizás la mayoría, pensarían en un cuadro medianamente grande cuyo fondo sería una bella, pero sencilla, casa, en cuyo centro estarían en pie el padre y la madre, y junto a ellos un niño y una niña. El niño tendría a su lado una bicicleta; la niña, una muñeca. Éste sería un modelo que, de una u otra manera, sería el dominante entre muchas obras, teniendo en cuenta que la mayoría de los participantes pertenecen a la cultura occidental.
Entre los concursantes de menor edad y algunos adultos y ancianos, se notaría un curioso fenómeno. Varios de ellos pintarían un cuadro grande presentando una sonriente familia numerosa. Los abuelos sentados en el medio, rodeados de sus hijos, hasta siete o diez, o más si fueron generosos; y una cantidad maravillosa de nietos con toda una variedad cómica de rostros, objetos personales y posturas. Éste sería otro modelo de familia que hallaríamos en un concurso multitudinario, llena de gracia, optimismo, y apertura al don de la vida.
También, dado que vivimos en una sociedad pluralista, se presentarían, en menor escala, familias-tipo completamente diversas a las dos representaciones anteriores. Resulta muy difícil enumerar los posibles cuadros que podríamos encontrar, pues en este campo lastimosamente la realidad supera a la imaginación y la ficción. Este hecho se debe a que muchos reflejarían la familia que conocieron, aquella en la que fueron educados; otros se atreverían a innovar formas en nombre del arte o de la libertad; otros expondrían lo que han visto y recibido de los medios de comunicación, en novelas o películas; y otros, finalmente, quizás entre los más jóvenes, no se decidirían por ninguna expresión particular, pues lo que ellos esperan que sea una familia no coincide con lo que la sociedad les presenta e inculca.
El fruto que se puede sacar de semejante concurso es que puede revelar, como en una radiografía, el estado en que se encuentra la sociedad occidental; se revelaría que aquello a lo que aspiran algunos de sus miembros es algo que da un cierto sabor a pesimismo, falta de confianza en sí mismos y, consecuentemente, pondría de relieve un desconocimiento total de la familia, de su estructura natural y de su papel dentro de la sociedad. Aquello que para una gran mayoría es un valiosísimo patrimonio de la humanidad, para otros es un elemento accesorio, superfluo, banal; no porque piensen que lo sea en sí mismo, sino porque lo desconocen completamente.
Una sociedad que so pretexto de la democracia y libertad excluye y discrimina a la familia “tradicional”, se encamina en una dirección que nadie desea emprender, va hacia un mundo en el que los hijos carecen de su punto de referencia natural, y no cuentan con el ambiente propicio para su madurez psicológica, humana y social.
Salvaguardar la familia “tradicional” es un deber y una obligación de todos, no un capricho. Evitar igualar otras formas de convivencia a esta unión que es fecunda, orgánica y dinámica por su reciprocidad y apertura natural a la vida es una labor que debe involucrar a todo aquel que comprenda que lo que está en juego no es algo arbitrario sino la visión misma del hombre. Cada persona recibe su educación, identidad, afecto, personalidad, y herramientas para la vida, de este magnífico vínculo natural, en este maravilloso núcleo protector y acogedor que sus padres le ofrecen cuando la acogen responsablemente y con amor.
El vencedor del concurso debería ser el modelo más prometedor de felicidad para sus miembros, el que dé un lugar más adecuado para el crecimiento humano e integral de los hijos, de paz y satisfacción para los ancianos, de amor y amistad entre padres e hijos y que aporte mejores beneficios al resto de la sociedad. El premio se le da a la familia que realmente queremos, la familia que debemos inculcar, y la que debemos proponer a quienes nos circundan. Un árbol bueno da frutos buenos, una familia sana y unida aporta y forma en su seno hombres sanos, equilibrados, competentes, generosos, optimistas; una verdadera bendición y gracia para la sociedad en que vivimos.
El centro de todo este texto es doblemente actual. Por una parte, san Pablo ha estado en el centro de un año jubilar (2008-2009) proclamado por Benedicto XVI para conmemorar el bimilenario de su nacimiento. Por otra, el feminismo no ha dejado de ocupar un puesto en los debates intelectuales y jurídicos internacionales desde hace varias décadas.
Por Jorge Enrique Mújica
San Pablo y sus cartas han sido objeto de estudio y reflexión en numerosos libros. Sobre él se han escrito muchas hagiografías y no pocos tratados. En unos y otros se echa de menos la sencillez que los creyentes necesitan para enriquecer su fe pues, las más de las veces, son libros enfocados a destinatarios muy particulares y por ello escasamente divulgativos.
Por eso, es un regalo la candidez con que la autora de esta obra aborda a san Pablo. Es verdad, su trabajo se aboca a un tema particular (el de la mujer y el Apóstol de los gentiles) desde su personal perspectiva de cristiana, madre y esposa; en ese sentido, sería erróneo repasar cada página esperando encontrar una obra especializada o de carácter exegético al respecto. Sin embargo, este libro no deja de tener un valor especial pues ofrece ricas reflexiones espirituales, delicadas notas de cultura general y exquisitas intuiciones que sólo podían proceder de una persona que se conoce, vive y trata de transmitir su fe.
Así, en un clima de cordialidad, la autora nos brinda la posibilidad de releer con ella algunos pasajes de los Hechos de los Apóstoles y de las Cartas de san Pablo. En definitiva, nos deja asomarnos a su corazón encauzando nuestros pensamientos a esa evidencia de la relación que tuvo Saulo de Tarso con no pocas mujeres de las primeras comunidades cristianas.
El centro de todo este texto es doblemente actual. Por una parte, san Pablo ha estado en el centro de un año jubilar (2008-2009) proclamado por Benedicto XVI para conmemorar el bimilenario de su nacimiento. Por otra, el feminismo no ha dejado de ocupar un puesto en los debates intelectuales y jurídicos internacionales desde hace varias décadas. Así pues, si relacionamos ambas temáticas, el resultado no puede dejar de ser interesante: desde la figura de la primera cristiana de Europa, Lidia, pasando por Damaris, Priscila, Eunice, Loida, Berenice, Febe o la hermana y la madre de san Pablo, entre otras tantas que aparecen en cada uno de los capítulos de este libro, en todas ellas resalta un aspecto que, además de arrojar luz para la reflexión, incluso para la meditación, desmitifica esa misoginia que no pocas veces se le atribuye a Pablo.
La obra que recomendamos es el fruto de un corazón de apóstol respaldado por no pocos años de trabajo periodístico en distintos medios de comunicación por parte de la autora. Nadie mejor que una mujer que nos permita desentrañar y ahondar en las figuras femeninas que están presentes a lo largo y ancho de esta obra que, sin duda, vale la pena leer.
Se puede conseguir el libro en:
http://www.casadellibro.com/libro-mujeres-en-la-vida-de-san-pablo/2900001321755
http://www1.dreamers.com/productos/24791_LAS_MUJERES_EN_LA_VIDA_DE_SAN_PABLO.html
http://www.librerialuces.com/libro/Las_mujeres_en_la_vida_de_San_Pablo/isbn/978-84-92520-20-6
¿Existe el voto católico? La pregunta puede ser respondida a diversos niveles. Queremos ahora fijarnos en dos.
Por Fernando Pascual
¿Existe el voto católico? La pregunta puede ser respondida a diversos niveles. Queremos ahora fijarnos en dos.
En el primer nivel, el nivel sociológico, la respuesta es relativamente sencilla: si por “voto católico” se entiende el voto que los católicos ponen en las urnas durante las elecciones, resulta claro que existe el “voto católico”, entendido como el “voto de los católicos”. Porque muchos católicos votan allí donde viven, como votan también muchas personas que pertenecen a otras religiones o creencias.
Pero con esta primera respuesta, quizá se diluye el ser católico como un dato marginal que no tiene especial relevancia a la hora de dar el voto. Porque los votantes, según algunos, participan en las elecciones simplemente como ciudadanos, no como católicos o como musulmanes o como protestantes, aunque sociológicamente podemos decir que han votado católicos, musulmanes y protestantes.
Por eso podemos buscar una segunda respuesta en un nivel más profundo: el “voto católico” consistiría en un modo de valorar y decidir sobre las distintas posibilidades electorales según la visión que nace desde la propia fe católica.
Esta segunda respuesta nos lanza a una nueva pregunta: ¿existe en la religión cristiana, en la Iglesia católica, una doctrina que tenga consecuencias sociales, políticas, electorales?
Si volvemos a la primera respuesta, constataremos con una cierta perplejidad que en el pasado y en el presente los católicos han dado su voto a propuestas políticas muy diferentes entre sí, incluso algunas gravemente inmorales.
Por ejemplo, en Alemania hubo católicos que ofrecieron sus votos a un partido claramente anticatólico, el partido nazi. En otros países ha habido y hay católicos que votan por partidos políticos que promueven el odio de clases (como en el comunismo), o que defienden el aborto, o que están a favor de un capitalismo salvaje que pisotea los derechos de los obreros, o que se caracterizan por una mentalidad belicosa que origina guerras injustas y sumamente dañinas, o que faltan gravemente al respeto que merece la libertad religiosa y de conciencia, o que fomentan la destrucción de la familia.
Ante esta situación, nos damos cuenta de que el voto católico no puede ser visto simplemente en clave sociológica, sino que la identidad propia de la fe cristiana debe hacerse visible y tener consecuencias prácticas en las elecciones políticas.
Un católico que vote realmente como católico, por ejemplo, tiene que dejar de lado a los partidos que defienden el aborto y apoyar a los partidos promotores de los derechos de los hijos antes de nacer. Un católico que vote como católico estará en contra de cualquier partido racista o clasista, y escogerá a los partidos que defienden la igual dignidad de todos los seres humanos. Un católico que vote como católico promoverá las opciones y los candidatos que favorecen la paz nacional e internacional y excluirá de su voto cualquier partido político que promueva guerras y agresiones dentro o fuera de sus fronteras.
Causa un profundo dolor descubrir que muchos católicos no llegan a comprender el nexo que existe entre su fe, con todas las riquezas que contiene, y su modo de participar en la vida política. A veces esto ocurre porque existe muy poca formación y el bautizado se deja llevar por la propaganda o las ideas dominantes. Otras veces se da una auténtica prostitución de la conciencia por la que se llega a ver como bueno algo intrínsecamente malo e injusto. Otras veces existe una actitud cobarde cuando uno está llamado a defender las propias convicciones y prefiere optar por lo que parece conveniente, sin fijarse en los principios básicos que todo católico debería defender en la vida social.
Frente a esta situación, es urgente una esmerada preparación de los católicos que les permita participar en la vida política con ideas claras y con convicciones fuertes. No podemos ver con indiferencia cómo existen países donde la mayoría de la población es católica y, al mismo tiempo, gobiernan partidos políticos que promueven el aborto, que atacan a la familia, que no garantizan los derechos laborales, que aprueban leyes que fomentan la inmoralidad pública.
Existen para los católicos una serie de principios irrenunciables desde los cuales pueden juzgar a los partidos políticos. Aquellos partidos que no respeten ni defiendan esos principios no pueden ser votados por los católicos. Aquellos partidos que sí los promueven y garanticen, pueden ser elegidos por los católicos.
¿Cuáles son esos principios? Podemos resumirlos, desde un importante documento en la Iglesia (Congregación para la Doctrina de la Fe, “Nota doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política”, 24 de noviembre de 2002, n. 4), en los siguientes puntos, algunos de los cuales vamos a copiar literalmente:
1. El respeto a la vida, también de los embriones humanos, y la clara oposición al aborto y a la eutanasia.
2. “La tutela y la promoción de la familia, fundada en el matrimonio monógamo entre personas de sexo opuesto y protegida en su unidad y estabilidad, frente a las leyes modernas sobre el divorcio”.
3. “La libertad de los padres en la educación de sus hijos es un derecho inalienable, reconocido además en las Declaraciones internacionales de los derechos humanos”.
4. “La tutela social de los menores” y la “liberación de las víctimas de las modernas formas de esclavitud (piénsese, por ejemplo, en la droga y la explotación de la prostitución)”.
5. “El derecho a la libertad religiosa”.
6. “El desarrollo de una economía que esté al servicio de la persona y del bien común, respetando la justicia social, el principio de solidaridad humana y el de subsidiariedad, según el cual deben ser reconocidos, respetados y promovidos los derechos de las personas, de las familias y de las asociaciones, así como su ejercicio”.
7. El tema de la paz, que es obra de la justicia y de la caridad, y que “exige el rechazo radical y absoluto de la violencia y el terrorismo, y requiere un compromiso constante y vigilante por parte de los que tienen la responsabilidad política”.
El “voto católico” será, por lo tanto, verdaderamente católico si sabe respetar estos siete puntos básicos para la vida social, que valen no sólo para los católicos, sino para todos los hombres y mujeres que forman parte de un estado. Son puntos, según dice la Nota doctrinal antes citada (n. 4), que “no admiten derogaciones, excepciones o compromiso alguno”. Es decir, son puntos no negociables, sobre los que un verdadero católico no puede ceder a la hora de poner su voto en una urna.
La fe, hemos de tenerlo presente, ilumina y permite vivir más a fondo la justicia. Un católico, en ese sentido, se siente llamado a construir un mundo que esté de acuerdo con la verdad sobre el hombre y sobre la sociedad, que respete en serio los derechos humanos. Por eso su voto será responsable: excluirá cualquier opción y partido que vaya contra los principios que acabamos de recordar, y escogerá y promoverá aquellas opciones y partidos que defiendan programas en los que sean respetados los puntos no negociables y ofrezcan garantías administrativas, legales y jurídicas para la tutela de los mismos.
En junio de 1929 habría en México unos 30 mil cristeros, levantados en armas desde 1926 para defender sus derechos patrios y religiosos, cuando el Gobierno bajo la presidencia de Emilio Portes Gil y algunos obispos mexicanos pactaron un acuerdo para dar cese al fuego.
Por Luis Alfonso Orozco
En junio de 1929 habría en México unos 30 mil cristeros, levantados en armas desde 1926 para defender sus derechos patrios y religiosos, cuando el Gobierno bajo la presidencia de Emilio Portes Gil y algunos obispos mexicanos pactaron un acuerdo para dar cese al fuego. Al posterior repique de las campanas los cristeros se desbandaron como habían llegado, muchos sin tomarse la pena de presentarse a las autoridades para recibir el salvoconducto y la amnistía prometida, que después se vio no resultó tal. Los cristeros se habían levantado en armas espontáneamente y de la misma manera regresaban a sus jacales, a sus ranchos -si es que aún existían-, a sus pobres milpas para labrar la tierra. Regresaban después de haber defendido sus derechos más sagrados. Ya no había Causa. La Causa, como ellos decían, había sido la defensa de Cristo Rey y de su Madre Santísima. Cristo volvía a sus altares; muchos sacerdotes habían sido sacrificados como mártires de la fe, y los que antes estaban escondidos ahora volvían a celebrar la santa misa. Poco a poco el repique de las campanas se escuchaba de nuevo por los campos, pueblos y valles. La guerra terminaba, pero el gobierno federal no pudo vencer a los cristeros en los campos de batalla.
El tema de los arreglos ha dejado regadas muchas amarguras, no pocas divisiones y malentendidos. Ciertamente a 80 años de distancia, ahora se cuenta con más elementos históricos para interpretar lo ocurrido y ver los hechos con más serenidad; y muy importante, también desde la óptica de la fe puesto que la providencia de Dios está detrás de todos los acontecimientos humanos. Visto con mayor perspectiva histórica pero desde la fe, en 1929 al Papa Pío XI y a los Obispos mexicanos les preocupaba sobre todas las cosas la situación moral y espiritual del pueblo, que llevaba tres años sin cultos y privado de los sacramentos. Querían también remediar la situación de los obispos y sacerdotes, que vivían desterrados o perseguidos y acorralados como fieras, obligados a esconderse. Muchos sacerdotes habían caído asesinados como mártires por manos de soldados federales y agraristas. Hubo militares como el general Eulogio Ortiz, un rabioso anticlerical que se enfurecía como demente ante la sola presencia de un sacerdote. Militares como Ortiz, Z. Martínez, Juan B. Izaguirre y otros asesinaron a cuantos sacerdotes cayeron en sus manos. Estando así las cosas, los obispos y la Santa Sede veían que al prolongarse indefinidamente las hostilidades en el campo de batalla –pues luchaban el ejército federal contra el pueblo mexicano—no haría sino agravar la situación social, moral y religiosa de toda la nación.
Por tal motivo, obedeciendo a órdenes superiores, en junio de 1929 se llegaron a los controvertidos arreglos entre el gobierno de Portes Gil (impuesto por Calles) y los obispos Mons. Pascual Díaz Barreto y Mons. Leopoldo Ruiz Flores –quien era también el delegado apostólico-. El fin era llegar a un modus vivendi entre la Iglesia y el estado, previo pacto de un acuerdo para llegar al cese de las hostilidades, con la subsiguiente entrega de las armas por parte de los combatientes cristeros, quienes a su vez recibirían salvoconductos y la amnistía que les permitiera dejar las carabinas y volver a sus arados. Se pedía también al gobierno de Portes Gil la amnistía completa para los obispos, sacerdotes y fieles, así como la restitución de las propiedades de la Iglesia: casas de los sacerdotes, obispados y seminarios. Eso fue lo que se prometió, aunque después el gobierno no lo cumplió.
Para honra de los cristeros y sabiendo lo que les esperaba, hay que decir que ellos acataron las órdenes del cese al fuego, en muchos casos con ejemplos de obediencia heroica, como la del general jefe Jesús Degollado. Un cálculo arroja que durante los tres años de guerra, por cada cristero muerto en combate caían al menos unos dos o tres soldados federales y agraristas. Estableciendo un cálculo numérico aproximado ofrecería los siguientes datos: los tres años que duró el conflicto causaron entre 20 y 25 mil bajas cristeras por 60 o 70 mil soldados federales, caídos en los campos de batalla.
Después de la entrevista de junio con los dos obispos y de sus promesas verbales, el presidente Emilio Portes Gil recibió presiones de la CROM, de algunos gobernadores radicales como A. Tejeda y otros masones, deplorando sus palabras pues según Tejeda “el cochino clero quiere reanudar su tarea monstruosa de deformar las conciencias y la moralidad del pueblo… no vais a permitir que las leyes de Reforma y la Constitución sean violadas”. Con tales presiones, días después Portes Gil pronunció un discurso ante la masonería –de la cual era miembro- el 27 de julio del año 1929, muy pocos días después de los arreglos, y en el que justificaba la actuación con mano dura del gobierno en contra de la Iglesia. Un párrafo del discurso de Porte Gil decía:
Mientras el clero fue rebelde a las instituciones y a las leyes, el gobierno republicano estuvo en el deber de combatirlo como fuese necesario; mientras el clero negara a nuestro país y a nuestro gobierno el derecho de dictar sus leyes y de hacerlas respetar, el gobierno estaba en el deber de destrozarlo, y hay que ver que el clero, en todas las épocas ha negado la existencia del Estado y el sometimiento a sus leyes, y por formas artificiosas y hábiles ha sabido siempre introducirse; pero ahora, queridos hermanos, el clero ha reconocido plenamente al Estado, y ha declarado sin tapujos, que se somete estrictamente a las leyes... la lucha no se inicia, la lucha es eterna, la lucha se inició hace veinte siglos, es decir, la lucha contra el cristianismo; yo protesto ante la masonería, que mientras esté en el gobierno, se cumplirá estrictamente con esa legislación. En México, el Estado y la masonería, en los últimos, años han sido una misma cosa, dos entidades que marchan parejas, porque los hombres que en los últimos años han estado en el poder, han sabido siempre solidarizarse con los principios revolucionarios de la masonería .
Después de los arreglos
Con los arreglos de junio de 1929 se inició el cese de las hostilidades. Se decretó la amnistía -al menos en el papel- de todos los cristeros que entregaron sus armas, y los obispos decretaron la apertura de los templos y la reanudación del culto público. Aunque esto no sucedió de inmediato ni en todo el país, porque muchos templos habían sido ocupados como almacenes o graneros o simplemente estaban destruidos. En cuanto los cristeros depusieron las armas, no tardó en llegar la vil traición y la venganza por parte de quienes detentaban el poder: gobernadores locales, militares federales y muchos caciques regionales ordenaron la caza sistemática de los principales jefes y líderes cristeros para decapitar cualquier intento ulterior de organizarse y volver a las armas. A partir de julio de 1929 entre 500-600 jefes cristeros, desde el grado de teniente hasta el de general, fueron asesinados villana y cobardemente donde los encontraban, dormidos o despiertos, cuando ya habían dejado las armas. Jesús Degollado Guízar, quien era el último general jefe de los cristeros, así como muchos jefes, debieron ocultarse o huir a los Estados Unidos para salvarse.
Lo que siguió inmediatamente después de los arreglos constituye uno de los capítulos más dolorosos de la historia mexicana, pues ya en 1929 los cristeros estaban fuertes y mejor organizados; incluso llevaban la ofensiva en varias regiones bajo su dominio, como en amplias zonas de Jalisco y de Michoacán, contra las fuerzas federales a quienes les ganaban terreno palmo a palmo. A decir verdad, estaban también lejos de una victoria en todo el país y por ello la guerra estaba condenada a prolongarse indefinidamente. Sin esperarlo y sin que a ellos se les consultara, se decretó el alto de las hostilidades, con la supuesta amnistía después que entregaran sus armas, y la consiguiente odisea que muchos sufrieron hasta caer asesinados o tener que esconderse durante años como animales acorralados. Si de traición puede hablarse, ésta vino en realidad por parte de aquellos elementos del gobierno federal y estatal que no cumplieron lo prometido y se aprovecharon de la situación para agredir a los desarmados cristeros.
Y llegó el desbarajuste de los Arreglos y cada quien fue hijo de su madre, y comenzó la carnicería que hicieron los elementos secundarios del gobierno con mis antiguos compañeros de lucha.
No todos los oficiales federales eran inhumanos, y más de algún general del ejército advirtió del peligro a los cristeros. El general federal Figueroa, jefe de operaciones en Jalisco después de los arreglos, les aconsejaba:
Váyase muy lejos, lo matarán pronto; yo soy aquí el representante de la autoridad federal y le respondo con mi palabra de caballero que nada tiene que temer por mi parte; pero estos politiquillos locales siempre creerán hacer méritos ante México cometiendo tropelías como ésas. También satisfarán su deseo de venganza.
La obediencia de los jefes cristeros fue heroica, porque aunque no lo entendían ni sabían todos los motivos que había detrás, ellos obedecieron la orden de los obispos, que en realidad procedía de más arriba, de Roma, y que tenía una mira bastante más amplia para devolver al pueblo mexicano sus sacerdotes y el culto público con los sacramentos, pero que no contaba con la hostilidad tan acérrima de muchos de los gobernadores y demás fuerzas anticatólicas del país. Si dramática fue la guerra cristera, más lo fue lo que vino después de los arreglos, porque otros cristeros y otros mártires regaron con su sangre el suelo de la patria. La sangre de los mártires siempre ha sido semilla de nueva vida cristiana para la Iglesia.
Ciertamente se empezaron a reanudar los cultos, muchos sacerdotes pudieron volver, poco a poco a sus parroquias e iglesias, y con mil dificultades a ejercer su ministerio. Pero la deseada normalidad, el modus vivendi, sólo se fue logrando con la conjunción de dos factores: el pasar de los años y la desaparición de los perseguidores acérrimos de la Iglesia católica (Obregón, Calles, Portes Gil, Lázaro Cárdenas, Luis Morones, Tomás Garrido Canabal, Adalberto Tejada, Carrillo Puerto y otros caciques estatales). Ellos murieron y ya recibieron el juicio de Dios, mientras que la Iglesia -a la que pretendieron suprimir del suelo mexicano- salió fortalecida de la dura prueba y purificada con la sangre generosa de sus mártires.
La Segunda o el Rescoldo
Unos pocos grupos de cristeros reaccionaron de otro modo; al verse acorralados y perseguidos como alimañas, y después de ver cómo habían caído asesinados cobardemente la mayoría de los jefes, los sobrevivientes prefirieron vender caro el pellejo antes que caer asesinados y se fueron a las montañas donde reemprendieron la guerra de un modo más aislado, en condiciones de extrema pobreza, pues ya no contaban con el apoyo popular de antes. Ese segundo levantamiento de los cristeros supervivientes fue conocido como "La Segunda" o "El Rescoldo", entre 1932-38 hasta su desaparición con la muerte en las sierras de Durango del último jefe cristero, Federico Vázquez, en 1940.
Vivimos desde los Arreglos remontados en estas soledades cuidando de nuestras vidas y de nuestros bienes. No podemos acudir a determinados pueblos sin ser amenazados de muerte por los agraristas, que al vernos sin armas y sin garantías, cobardemente se aprovechan... Se nos dijo que lo pasado se olvidaba y que ahora todo mundo a vivir tranquilo en su trabajo. No hay derecho que nos tengan viviendo esta vida de zozobra y que como a perros rabiosos nos venga a matar todo un gobierno que ha ofrecido garantías.
La situación de la Iglesia después de 1929
La situación pública de la Iglesia apenas si había mejorado en algo pues se le seguían negando sus derechos y, por ello, en septiembre de 1932 el Papa Pío XI envió al episcopado y pueblo mexicano la encíclica Acerba Animi (la preocupación que nos embarga), en la que declaraba su honda preocupación por la situación de los católicos mexicanos: muchos edificios del culto no habían sido devueltos, permanecían cerrados o destinados a otros usos civiles; proseguía la persecución de sacerdotes, el destierro de obispos y la continuación de toda clase de atropellos según le pareciera al cacique regional o estatal, que gobernaba como sátrapa y actuaba como ladrón al amparo de unas leyes inicuas que el pueblo mexicano no había emanado. En pocas palabras, Portes Gil no había cumplido las promesas del gobierno en el tema de los “arreglos”. Sus sucesores en el cargo tampoco quisieron hacerlo, y así quien era el presidente, Abelardo L. Rodríguez (septiembre 1932 - diciembre 1934), se puso furioso ante la intervención del Papa y mandó publicar en los periódicos de la ciudad de México una diatriba altisonante, con frases como:
México no puede permitir que se inmiscuya en asuntos del Estado una entidad a la que no se le reconoce existencia dentro de nuestros principios legislativos, que establecen la separación absoluta de la Iglesia y del Estado; el gobierno actual, emanado de la revolución, entre cuyos principios se encuentra la liberación espiritual del pueblo y su desfanatización, “cuenta con el apoyo de las masas de país”, que no pueden tolerar el dominio de un poder extraño, respondiendo a la abierta incitación que se le hace al clero para provocar la agitación. Declaro que a la menor manifestación de desorden, el gobierno procederá con toda energía y resolverá definitivamente este problema que tanta sangre y sacrificio ha costado a la nación; estoy resuelto a que si continúa la actitud altanera y desafiante a que se refiere la reciente encíclica, se convertirán los templos en escuelas y talleres, para beneficio de las clases proletarias del país.
El arzobispo Leopoldo Ruiz y Flores a continuación publicó el texto completo de la encíclica papal, haciendo ver que allí no había ninguna incitación a la rebelión contra el gobierno, sino que era el análisis de una situación real. Entonces el gobierno procedió a desterrarlo del país, y en un tren especial fue llevado a Laredo, donde el cónsul de los Estados Unidos se presentó a recibirlo. El discurso y la actitud agresiva del presidente Abelardo L. Rodríguez y su gabinete anticatólico, que nada más esperaban una ocasión para actuar en contra de la Iglesia, motivó entonces a que los gobernadores de varios Estados empezaran a legislar sobre la cuestión religiosa, limitándose otra vez hasta el extremo el número de sacerdotes y sentando condiciones de actuación ridículas e imposibles de cumplir (los sacerdotes tenían que estar registrados, tenían que tener 40 años de edad, tenían que contraer matrimonio civil para ejercer, etc.).
Se estipuló que un solo sacerdote debía fungir por cada veinte mil fieles en Morelos, en Chihuahua y Veracruz uno por cada cien mil, y así en casi todos los Estados, porque eran gobernados por individuos del partido institucional emanado de la revolución, el PNR fundado en 1929 por Calles, que después cambió las siglas en PRI. Todos ellos enemigos declarados de la Iglesia, cargados de prejuicios y de ideología, con una voluntad de mortificar y lastimar el sentimiento católico de la nación que tenía que soportarlos. Esta era la situación en 1934 cuando salió elegido el nuevo presidente, Lázaro Cárdenas, pero no empezó a cambiar sustancialmente sino hasta la llegada del presidente Manuel Ávila Camacho, en 1940, cuando se dejaron de aplicar algunas de las leyes más injustas y contrarias a la Iglesia, en un país que contaba con más del 95% católico de sus habitantes.
1929 – 2009: 80 años después de los arreglos México necesita recordar su historia –que es conocer la verdad—para no olvidar, pero con ánimo sereno, sin necesidad de abrir viejas heridas y con el deseo de que no se repitan errores del pasado. En todo y por encima de todo, contamos con la protección de Cristo Rey y de María de Guadalupe sobre sus hijos.
Y ¿quién es Juan Diego? Se estrenó sobre los palcos con diez años y su voz no ha parado de cantar. Actualmente tiene 21 años y sigue cantando. Pero, lo que hace especial a Juan Diego, es su tenacidad y su visión de la vida.
Por Juan Jesús Riveros
José María Pemán tiene unos versos que expresan la verdadera forma de vivir: «Todo el arte de vivir/ con paz y resignación /está en saber alegrarse /con cada rayo de sol».
La vida es para ser feliz y alegrarnos, aunque todo parezca que va al revés. «Abrirse a la vida a pesar de las dificultades, agradecer lo que uno tiene y pensar en positivo, porque si tienes un problema siempre va a haber una solución», es lo que decía Juan Diego Alarcón cuando tenía trece años.
Y ¿quién es Juan Diego? Se estrenó sobre los palcos con diez años y su voz no ha parado de cantar. Actualmente tiene 21 años y sigue cantando. Pero, lo que hace especial a Juan Diego, es su tenacidad y su visión de la vida.
Nacido en Quito, Ecuador, en 1987, teniendo él tres años, su familia se trasladó a Santiago de Chile. Hasta ese momento parecía un niño normal. Sólo padecía de cierta dificultad al subir las escaleras que los médicos diagnosticaron como “Distrofia Muscular Duchenne”.
Esta enfermedad debilita los músculos hasta hacerlos tan débiles que ya no sostienen el propio cuerpo, deforma las extremidades poco a poco, y lleva a problemas respiratorios, del corazón, etc. Esta situación afectó mucho a toda la familia, pero, en ese momento fue cuando comenzó el gran desafío de Juan Diego.
Aficionado de las canciones de Topo Gigio y Mazapán, poco a poco fue descubriendo el talento que tenía y cómo podía sacarle el mayor provecho.
A los siete años comenzó a usar silla de ruedas; las continuas caídas por debilidad hacía necesario dar este paso. Estudiaba en el International Preparatory School, de Santiago de Chile.
La alegría que irradiaba lo llevó a hacerse muchos amigos. Para él lo más importante era cantar. Y ¿la enfermedad? Nunca fue algo negativo: «yo no me pregunto por qué a mí, sino para qué a mí», dice él mismo.
Comenzó a asistir a sesiones de terapia en el Instituto Teletón, donde conoció a Gerson, muchacho peruano que se encargaba de su cuidado físico, y que también era amante de la música. Compartiendo mucho tiempo juntos, aprovechaban para cantar y lo que parecía un pasatiempo se convirtió en un desafío.
Con diez años, comenzó a cantar en público. En la cena de despedida de un Seminario de Distrofia Muscular en Estados Unidos le tocó entonar: “Yo creo que puedo volar”.
Después, compartió escenario con el cantante Alberto Plaza, en su gira por Ecuador, donde aprovecharon para ir a la Fundación Guayasamín, donde dedicaron sus canciones a un grupo de personas discapacitadas.
De aquí, Juan Diego sacaría la idea de comenzar la “Casa de la Alegría”, lugar donde se pueden presentar conciertos, teatros, etc. con todas las posibilidades para los minusválidos, y su propia fundación, "Fundación Juan Diego, más allá de las estrellas", para integrar y promocionar a personas con alguna discapacidad.
En el año 2001, lanzó en Ecuador su primer disco, titulado “Más allá de las estrellas”. Este sería el comienzo de una serie de acontecimientos: fue segundo lugar en el concurso literario "The Goic Peace", organizado por la Unesco; el Congreso Nacional de Ecuador lo condecoró como ejemplo para la humanidad; la Organización Mundial de la Salud lo condecoró con el premio “Campeón de la Salud”; ha cantado en varios países: participó en el Día Mundial de la Discapacidad, fue invitado a cantar en la elección de la Miss Quito, fue invitado a Francia para participar en el Teletón…
Es más, el pasado 17 de diciembre presentó su segundo disco: “…Y sigo” (que en la contratapa continúa: “…gracias a Dios”)…
Cada día es un nuevo amanecer. Las dificultades siempre estarán ahí, pero la alegría con que las afrontamos son la señal que siempre podemos ir adelante; son la señal de que el futuro siempre será mejor; son la señal de que hay alguien que nos ama y que nos espera con los brazos abiertos. No importa cómo estemos hoy, ni el peso del fardo que llevamos. Como Juan Diego, siempre podemos ir más allá de las estrellas.
Fuente: http://www.juandiego.com/
El Presidente de E.U. utiliza su puesto para seguir una agenda unilateral sin compromiso tanto con respecto al aborto como a los derechos de la conciencia. En la opinión estadounidense se habla de que él no trata de destruir a sus enemigos sino de conquistarlos usando un lenguaje conciliatorio, contrario a sus acciones.
Por Norma Mendoza Alexandry
El pasado 17 de mayo, la Universidad Católica de Notre Dame decidió conferir un doctorado honoris causa al Presidente de los Estados Unidos, Barack Hussein Obama.
Este título honorario causó una espectacular polémica. La razón es una gran frontera ideológica: el aborto.
En realidad el tema del aborto no es un tema solamente religioso Esto está confirmado por el Presidente Emérito de la Pontificia Academia para la Vida, Monseñor Elio Segreccia, quien expone el hecho de que los temas sobre los que el mundo católico intenta dar su contribución son temas no difundidos como preceptos religiosos, son temas que tienen que ver con los derechos fundamentales del hombre como el derecho a la vida y su respeto, con la unidad del matrimonio y la familia.
El hecho de que sean los católicos quienes los defienden, no hacen que estén menos cargados de valor humano o que la defensa de los católicos tenga una racionalidad menor.
Veamos resumidamente los antecedentes de la Universidad Católica Notre Dame y de su Presidente.
Fue fundada en 1842 por el reverendo Edward Sorin de la Congregación de la Santa Cruz. Es una universidad nacional independiente en Notre Dame, Ind., a 90 millas de Chicago. La misión de la universidad, según sus estatutos, alentar una forma de vida en consonancia con la vida cristiana manifestada en la oración, la liturgia y el servicio.
El carácter de la comunidad católica presupone que ninguna investigación genuina por la verdad en el orden humano o en el orden cósmico es ajena a la vida de fe.
Busca las dimensiones religiosas de todo conocimiento humano y adicionalmente, la formación de una comunidad auténticamente humana en gracia por el Espíritu de Cristo.
El sacerdote John I. Jenkins es actualmente el 17º Presidente de esta universidad, desde julio, 2005. Actualmente el padre Jenkins es miembro de la junta de “Millenium Promise”, una organización anti-pobreza que apoya la distribución de condones y el establecimiento de servicios de aborto legal, principalmente en comunidades africanas pobres en Uganda.
El Rev. Jenkins declaró acerca de la invitación al Presidente: “Estamos complacidos de que el Presidente Obama continúe la tradición en Notre Dame al hablar de temas significativos […] Vamos a honrar al Sr. Obama como un líder inspirador que encara muchos retos… Es especialmente significativo que lo oigamos de nuestro primer presidente afro-americano. Por supuesto que esto no significa que apoyemos todas sus posturas. La invitación al Presidente Obama para ser nuestro orador en la inauguración de cursos no debe ser tomada como condonación o promoción de sus posturas en temas específicos en relación con la protección de la vida humana, incluyendo el aborto y la investigación de células embrionarias…”.
Los acontecimientos en la universidad en cuestión nos llevan a preguntarnos por qué las protestas y el revuelo. En el corto tiempo que el Presidente estadounidense lleva las riendas suprimió la “Mexico City Policy” (Política de la Ciudad de México) y forzó a los contribuyentes a financiar a grupos extranjeros para promover y efectuar abortos en otras naciones.
Restauró los fondos por 50 millones de dólares a la United Nations Population Fund, UNFPA (Fondo de Población de las Naciones Unidas). Esta organización se dedica únicamente a la promoción del aborto y ha sido comprobado que trabaja cercanamente con oficiales para el control de la población en China, quienes han impuesto el aborto forzado y esterilizaciones involuntarias en mujeres y hombres a quienes violen la regla de ‘un-solo-hijo’.
Nombró a la conocida feminista radical Melanne Verveer como Embajadora Plenipotenciaria de Asuntos Mundiales de la Mujer. El Presidente Obama además ha trabajado para suprimir la protección a trabajadores de la salud, forzándolos a colaborar en abortos a riesgo de perder sus puestos de trabajo.
Nombró a la Sra. Kathleen Sebellius como jefa del Departamento de Salud y Servicios Humanos; ella y el conocido George Tiller han trabajado juntos a favor del aborto hasta los últimos meses previo a su nacimiento (ó late term abortion). Ha dedicado fondos federales a la investigación de células embrionarias (ó embrionic stem cell research) a expensas de seres humanos indefensos. Esto con respecto a acciones nacionales.
En el ámbito internacional dentro de la ONU, ha promovido un lenguaje anti-familia y “se encamina hacia un ataque global contra el no-nacido” (Cf. Austin Ruse (Activista católico pro-familia norteamericano, Abril 2009), esto, cambiando algunos documentos en las Naciones Unidas e introduciendo un lenguaje de “derechos reproductivos” y “salud reproductiva” en los tratados. Todo esto, mediante órdenes ejecutivas a los contribuyentes.
He aquí la raíz del escándalo en la Universidad de Notre Dame. Las protestas fueron múltiples; la organización “Cardinal Newman Society” recabó la cantidad de 360,000 firmas oponiéndose a la visita del Sr. Obama a la Universidad. También se sumaron a la protesta 50 obispos norteamericanos y finalmente la Sra. Mary Ann Glendon, una de las intelectuales católicas de mayor prestigio mundial, rechazó el galardón que la Universidad de Notre Dame le había concedido en protesta por el doctorado honoris causa que este centro de estudios conferiría al Presidente Obama.
Glendon rechazó la llamada “Laetare Medal” que le sería impuesta en la misma ceremonia a la que fue invitado el Presidente de E. U. A.
Ella mencionó el “Mandato de Obispos” 2004 sobre los “Católicos en la Vida Política” que indica que “las instituciones católicas no deben honrar a aquéllos que actúan en desafío a nuestros principios morales fundamentales”;… “a tales personas no se les deberían conceder premios, honores o plataformas que pudieran sugerir un apoyo a sus acciones” –y continúo- “es debido a esto que he llegado a la conclusión de que no puedo aceptar la Laetare Medal ni participar en la ceremonia del 17 de mayo, 09”.
El Presidente Obama, por su parte, habló de encontrar un “common ground” (ó campo en común), “reconociendo que nuestros destinos están unidos, como el Dr. King dijo: en un solo lazo de destino”.
Más adelante se refirió a que el debate sobre el aborto no debe desaparecer ya que el tema es complejo y aún contradictorio. El hecho es -continuó- que “los dos puntos de vista son irreconciliables. Cada uno va a dar a conocer sus argumentos al público con pasión y convicción. Pero por supuesto que podemos hacerlo sin reducir a aquellos con diferentes puntos de vista a una caricatura”.
Este discurso provocó una profunda división estudiantil; algunos gritaron: “Yes, we can” (sí podemos), pero muchos otros portaban sobre su gorro la imagen de una Cruz y a los lados dos pequeños pies, simulando los de un pequeño bebé.
Un profesor que escuchó el discurso, opinaba que el discurso merecía una “A” de calificación, sin embargo sólo fue un discurso, porque sería distinto si el Presidente actuara conforme a lo dicho esforzándose por encontrar un “common ground” escuchando los puntos de vista de la gente, pero él es solamente un político de Chicago con la mira de establecer una agenda para cambiar el sistema social norteamericano.
El profesor y muchos norteamericanos opinan que no es este cambio el que necesita Estados Unidos. El discurso fue en su mayor parte referido a sí mismo y a su futuro como Presidente y no a los estudiantes y su futuro. Fue un discurso de campaña tratando de ganar adeptos a sus propios puntos de vista.
En el Vaticano, del 1 al 5 de mayo se reunió la Plenaria de la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales sobre el tema: “La Doctrina Social Católica y los Derechos Humanos”.
Algunos de los expositores, además de su Presidenta, la Sra. Mary Ann Glendon, fueron el Premio Nobel Joseph Stiglitz, el arzobispo francés Roland Minnerath y el sacerdote belga Michael Schooyans. Este último dedicó la segunda parte de su ponencia a analizar el “mesianismo” de Obama y Blair que a su juicio es devastador no sólo en el campo de los derechos humanos sino también en el campo religioso.
“Barack Obama reintroduce el derecho a discriminar, a poner de lado a algunos seres humanos. Con él, el derecho de cada individuo humano a la vida y a la libertad no se reconoce más, ni mucho menos se protege. El Presidente Obama contesta, en consecuencia, la argumentación que ha sido invocada por sus mismos hermanos de raza en el momento en que reivindicaban, con justicia, que fuese reconocido el derecho de todos a la misma dignidad, a la igualdad y a la libertad. En su variante prenatal, el racismo ha sido restaurado en los Estados Unidos”.
El escándalo en Notre Dame es una cuestión de vida o muerte. El Presidente de E.U. utiliza su puesto para seguir una agenda unilateral sin compromiso tanto con respecto al aborto como a los derechos de la conciencia. En la opinión estadounidense se habla de que él no trata de destruir a sus enemigos sino de conquistarlos usando un lenguaje conciliatorio, contrario a sus acciones. En palabras del Rev. Michael Schooyans: “El nuevo Presidente arrastra así el derecho en un proceso de regresión que altera la calidad democrática de la sociedad que lo ha elegido…”.
Preveamos como País soberano el peso de las decisiones del poderoso País vecino ya que no será sorpresivo que en breve dentro de la ONU, el aborto sea presentado como un “nuevo derecho humano”, lo que en consecuencia traerá la inclusión de otros “nuevos derechos” subjetivos como la eutanasia, la homosexualidad, la droga, etc.
En este escándalo se puso en duda y como ejemplo negativo de la actuación de una Universidad Católica de prestigio. Preparémonos para lo que vendrá después y las repercusiones.
Hagamos todo lo que esté a nuestro alcance para evitar una ruptura matrimonial. Para perseverar en el amor matrimonial hasta le muerte es preciso el consejo de las “3 des”: Dios, Diálogo y Detalles.
Por Ricardo Ruvalcaba
1.¿Estás dispuesto a dar la vida por tu hijo? Si un asesino entra a tu casa para hacer daño a tus hijos, ¿tú qué harías? ¿Darías la vida con tal de salvar a tus hijos? El divorcio es ese asesino que entra a tu casa para dañar a los tuyos. Cuando se presente la tentación del divorcio será el momento de dar la vida por tus hijos. No seas tú ese maleante que lastime a tus seres queridos. El divorcio es el cáncer de la sociedad. Es la bomba atómica de la felicidad familiar y personal.
2.“Haz a los demás lo que quieras que hagan contigo”. Si a ti, como hijo, no te hubiera gustado que tus papás se separaran, no le hagas eso a tus hijos.
3.Cambiar de actitud es la respuesta. No es necesario cambiar de pareja, sino cambiar de actitud. La solución no está en una tercera persona, sino en cambiar tú mismo. Toda convivencia a la larga trae problemas, pero mil problemas nunca deben hacer una duda de perseverar en el compromiso adquirido.
En ocasiones el divorcio es inevitable porque entra en juego la libertad de dos personas; basta que uno quiera marcharse para que la separación sea inevitable. Hagamos todo lo que esté a nuestro alcance para evitar una ruptura matrimonial. Para perseverar en el amor matrimonial hasta le muerte es preciso el consejo de las “3 des”: Dios, Diálogo y Detalles.
La defunción de una lengua puede ser una pena: una lengua rica en términos y expresiones, con sus sentidos ocultos, su tradición, su experiencia de maestra… siempre tiene cierto gracejo; incluso belleza. Y no es agradable ver cómo se extingue la belleza o la riqueza.
Por Ignacio María Rubio
Las cosas pasan, el tiempo engulle lo que un día fue y ahora ya no es. Las personas, los tiempos… mueren. Pero, ¿mueren las lenguas?
La defunción de una lengua puede ser una pena: una lengua rica en términos y expresiones, con sus sentidos ocultos, su tradición, su experiencia de maestra… siempre tiene cierto gracejo; incluso belleza. Y no es agradable ver cómo se extingue la belleza o la riqueza.
La muerte o el fin de cualquier cosa puede ser algo provocado. Pero esto es una salida del orden, como lo sería el asesinato de una persona o un aborto. El orden se suele expresar como algo “natural”. Las lenguas pueden morir por represión violenta, pero también por muerte natural. Siento un mayor respeto por aquellas que siguen el orden, lo natural. Son el origen y la causa de nuestra cultura, de nuestra sociedad y de nuestra política. Nosotros simplemente las hemos hecho evolucionar o degenerar, dependiendo de cada caso y lugar. Entra aquí el dedo del “progreso”(¿o es más bien retroceso?) ahora tan en boga. Uno de los casos de mayor relevancia al hablar de lenguas fallecidas de muerte natural es el del griego clásico, como cuna de la civilización occidental.
¿Y el latín? Al tocar este punto nos adentramos en un cementerio en que se observa una lápida arrinconada: “aquí yace la sabiduría de nuestros antepasados, la transmisora de nuestra cultura, de nuestra identidad y de nuestras costumbres. Aquí sepultada bajo la tierra está la madre de nuestras letras, de nuestras leyes y de nuestros nombres. Hic latina lingua iacet.. Y quizá, y sólo quizá, encontremos a una o dos personas lamentándose ante la lápida por la suerte que nos toca sufrir a los que vemos a nuestra madre ultrajada. Los más, quizá y sólo quizá, tendrán una “compasión erudita” como la del fuerte para con el débil o la del “moderno” para con las ideologías superadas.
En una sociedad en la que sólo importa el progreso en aquellos aspectos en los que favorezcan el bienestar materialista e inhumano, el latín no tiene cabida. Debe resignarse a esa compasión que le irá poco a poco esquinando y humillando en el cementerio de las lenguas olvidadas. Se trata de una pobre lengua asesinada. Es una pena. La estamos asesinando precisamente cuando más necesitamos de ella. Y lo más horrendo de este crimen, es que, precisamente a los que debemos sujetar este salva vidas en medio de la tempestad de ideologías de nuestro mundo, simplemente nos llegue a importar un bledo. Porque el latín no es sólo una lengua, sino un influjo sanador en la mente y voluntad de todo el que se dedica a su estudio. Podríamos decir que tiene un valor incluso “espiritual”.
El latín es una lengua austera, armoniosa, sencilla y rica a una vez. Por eso choca obligatoriamente con la divinización del placer fácil y burdo al que nuestra sociedad actual quema sus inciensos. Tiene una belleza que le es propia y una tradición (experiencia) que le han dado sus milenios de vida y difusión. Pero ciertamente hoy no interesa lo uno ni lo otro. Y es una pena. Probablemente sea más que nunca necesario…
“La eternidad da sentido a la vida” (Antoine de S. Esupery) También en el caso de una lengua… Las palabras permanecen. Y una lengua va a seguir viviendo mientras se use, se cuide y se ame. Lo que le da sentido a esta gran lengua es esa pizca de eternidad que le regalamos al hablarla.
Un buen humanista, ¡perdón!, un humanista decente, no puede menos que defenderla.
El día 3 de mayo se celebró el día internacional de la libertad de prensa. Recordamos pues a todos aquellos que escriben en los periódicos con plena libertad. Pero es un día para pensar también en el periodismo y en su finalidad específica. ¿Qué es lo que un periodista debe buscar cuando escribe en una columna? ¿Qué busca el lector?
Por Javier Gaxiola, L.C.
El día 3 de mayo se celebró el día internacional de la libertad de prensa. Recordamos pues a todos aquellos que escriben en los periódicos con plena libertad. Pero es un día para pensar también en el periodismo y en su finalidad específica. ¿Qué es lo que un periodista debe buscar cuando escribe en una columna? ¿Qué busca el lector?
El hombre de hoy se afana por encontrar la verdad de las cosas, aunque este conocimiento le cueste. Pero esto tiene historia. El periodismo es un medio de comunicación que nace como respuesta a este deseo del hombre. Saber la realidad de los hechos. Es importante tenerlo en cuenta y recordarlo. Porque al fin y al postre, la finalidad del periodismo es eso: dar a conocer a los hombres la verdad sin añadidos ni recortes. Cuando la verdad es tergiversada para alcanzar intereses mezquinos y personales, es entonces cuando el periodismo se convierte en una farsa.
El problema está en que se ha confundido la identidad del periodista. Parece que casi todo conspira contra la búsqueda de la verdad. Y este medio, que había nacido como un símbolo patente de la libertad, es a menudo uno de los más manipulados. El periodista deja de ser un observador, y se conforma menudo con inventarse la historia. Tiene en sus manos un instrumento muy poderoso y a veces sucumbe a la tentación de utilizarlo para lograr objetivos alejados de la verdad y la objetividad. La competencia, el ansia de protagonismo, dramatizar los hechos en detrimento de la verdad, hacen que ésta simplemente no se llegue a conocer. Entonces resulta más fácil unirse a la campaña universal de la calumnia y la crítica.
Hace algunos años se escribió en Munich un código para los periodistas, con una serie de cánones universales. Es conocida como La "Carta de Munich". Fue aprobada en 1971, y aceptada por las dos más importantes organizaciones de periodistas del mundo en aquel momento, la Federación Internacional de Periodistas (FIP) y la Organization Internationale des Journalistes (OIJ). En este documento se menciona que todo periódico debe ser honrado con sus lectores. Ningún reportaje es bueno, si el autor retiene informaciones esenciales. Es verdad que hay libertad de expresión, pero ello no quiere decir que todos somos libres de engañar. Sobre todo cuando de lo que hablamos es de un periódico, que debería servir a la gente como una excelente fuente informativa.
La declaración de Munich, firmada en 1971, decía que la misión de la información conlleva necesariamente unos límites que ellos mismos, los periodistas, deben imponerse espontáneamente. La primera misión de un periódico es la de decir la verdad. Y decir la verdad implica decirla toda. Si no, se convierte en una verdad a medias. Y una verdad a medias es en la mayoría de los casos una mentira.
Algunos periodistas se lo toman a juego y son de los que piensan que no vale la pena dejar “que la realidad te arruine un gran reportaje”. Hay otros más descarados como Mark Twain cuando decía: “Reúne primero los datos, que ya tendrás tiempo luego de distorsionarlos como te plazca”. Esto nos debe llevar a una reflexión. Cuando leemos el periódico, hemos de hacerlo con sentido crítico. No significa desconfiar totalmente de los periódicos, pero tengamos en cuenta estas deficiencias. Sepamos abrir los ojos al leer las noticias. Prescindir de los comentarios gratuitos, y buscar ante todo la verdad. Es entonces cuando el periodismo cumple con su principio más fundamental: que la verdad sea conocida.
El artículo 5 de la CEDAW requiere de los países firmantes que “modifiquen los patrones sociales y culturales de conducta de hombres y mujeres…con objeto de lograr la eliminación…de todas las prácticas basadas en…funciones estereotipadas de hombres y mujeres”.
Por Norma Mendoza Alexandry
nmendoza_alexandry@hotmail.com
En la generación pasada la familia regía las vidas de los seres humanos. Era normal provenir de una familia numerosa en donde los roles estaban claramente definidos: el padre trabajador que proveía el sustento y la madre siempre ocupada con los problemas y situaciones que se presentaban en la rutina diaria en familia.
Los niños eran generalmente un derivado del casamiento de su padre con su madre y una gran cantidad de cónyuges permanecían casados la mayor parte de sus vidas.
El Día de la Madre era una gran fecha donde la familia se reunía en casa y agradecía la dedicación, entereza, paciencia, perseverancia y atenciones de la madre hacia sus hijos y hacia su esposo.
Sin embargo, durante más de cuarenta años la familia ha estado bajo constantes embates. Cuando en los años 60’s y 70’s algunas mujeres comenzaron a atacar las normas culturales existentes, no lo hicieron con la intención de destruir a la familia pues sus protestas no eran anti-matrimonio. Querían cambios que incluyeran mayores oportunidades para la mujer.
Pero ya desde aquellos años en el ámbito internacional surgieron voces de un feminismo radical que hablaba del “patriarcado” como opresor de la mujer y se difundieron ideas tales como: “La institución del matrimonio es el vehículo principal para perpetuar la opresión de las mujeres. Es a través del papel de esposa que la subyugación se mantiene” (Marlene Dixon, Universidad de Chicago, EUA).
Aún más, el matrimonio era referido como una “práctica esclavizante” que necesitaba ser destruida para dar paso a la igualdad entre mujeres y hombres.
La siguiente generación de feministas radicales subió a las tribunas de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Allí, ante las naciones del mundo podía difundirse más ampliamente el mensaje anti-familia a través de documentos oficiales y tratados tales como la “Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Contra la Mujer” (CEDAW).
Cuando ésta es ratificada, además del deber de elaboración de Informes tetra-anuales, se asignan consejeros que demandan cambios a los países cuyo objetivo final es la disolución familiar y hacer a un lado a quienes se opongan. Los “derechos de la mujer” son promovidos como “derechos humanos” e incluyen el aborto disfrazado de “derechos a la salud reproductiva”.
Al día de hoy ¿se conoce a ciencia cierta en qué consiste ser madre? Tal parece que ser madre implica obligaciones, a veces no deseadas. Para un niño(a), maternidad implica una contraparte: la paternidad, esto es, un comienzo, un principio y a la vez un desarrollo y dos ejemplos complementarios.
Cuando escudriñamos antropológicamente qué es el matrimonio, éste ha sido durante muchos años una institución que evoluciona; el matrimonio es un regalo para la sociedad ya que deja siempre una base sólida para la siguiente generación.
El matrimonio une las tres dimensiones de la paternidad / maternidad: biológica, social y legal en una sola dimensión a favor de su descendencia. El matrimonio otorga al hijo el siguiente mensaje: el hombre y la mujer de cuya unión sexual tú naciste, van a estar contigo mientras crezcas para nutrirte y amarte.
El matrimonio también comunica a la sociedad que por cada niño que nace, existen una madre y un padre reconocidos, responsables tanto del niño(s) como mutuamente.
Las mujeres no somos un conjunto o un grupo manejable al antojo de gobiernos o transnacionales. Las mujeres provenimos de diferentes lugares, con educación disímil y formas de actuar distintas. Pero el entendimiento de nuestro papel en sociedad es lo que debe unirnos. Las mujeres tenemos el importante papel del balance de la familia, la comunidad, la Nación y el mundo. Podemos ser exitosas en el hogar, en instituciones educativas y hacer carreras y también estar satisfechas con nosotras mismas.
Aunque dichos distintivos por generaciones han sido valorados, hoy esas mismas características únicas están siendo agredidas. En la ONU, el Tratado “CEDAW” reta las leyes, la política y la cultura de las naciones soberanas.
Mediante ese Tratado los países deben reportar el modo en que implementan el contenido protocolario a un Comité revisor que impone sus requerimientos. Algunos de éstos han sido: dirigir a los gobiernos hacia la legalización de la prostitución, aunque el CEDAW no lo especifique; 37 gobiernos pro-vida han sido instruidos para cambiar sus leyes sobre el aborto, aunque en el Tratado mismo éste no se mencione; Polonia ha sido frecuentemente cuestionado debido a su gobierno a favor de la vida; Irlanda fue criticado por permitir que la Iglesia Católica tenga fuerte influencia en las políticas públicas; Libia fue prescrita a reinterpretar el Corán para ajustarse a las reglas del Comité; urgió a México a proveer acceso rápido y facilitar el aborto; comunicó a la Rep. Checa que sus medidas proteccionistas al embarazo y la maternidad eran sobre-protectoras; declaró a Bielorusia que no aprobaba la prevalencia de estereotipos de roles sexuales y por la introducción de símbolos tales como el Día de la Madre y el Premio a la Madre que promueve en la mujer los roles tradicionales.
El 18 de diciembre de 1979 la ONU aprobó la Convención “CEDAW”. El 17 de julio de 1980 México firma esta Convención y su ratificación entra en vigor el 3 de septiembre de 1981. Más tarde el 15 de junio del 2001 México aprueba también el Protocolo Facultativo CEDAW mediante el impulso y señalamiento de “urgencia” de hacerlo, de la Lic. Patricia Olamendi y del apoyo del Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres).
Con esto México se comprometió a consagrar en su legislación la igualdad del hombre y de la mujer: “con ello se aceptó que el logro de la igualdad radica en el adelanto de las mujeres, en su empoderamiento y en su desarrollo” –declaraciones de la Lic. Patricia Espinosa, expresidenta del Inmujere– y más adelante ella continúa diciendo: “…nuestras leyes secundarias incumplen tanto los tratados como la misma Constitución, dado que violan el principio de igualdad de género y los derechos de las mujeres a la educación, a la salud, a participar en la toma de decisiones y a disfrutar de una vida libre de violencia…las más graves violaciones se dan en el ámbito de las relaciones familiares” (1).
Este año 2009 se efectuó en la ONU la 53ª Sesión de la “Commission on the Status of Women” o Comisión sobre el Status Jurídico y Social de la Mujer (2-14 Marzo 2009).
Allí México presentó dos documentos a través de su representante la Lic. Rocío García Gaytán, presidenta en turno del Inmujeres. En estos documentos se habla de los esfuerzos con objeto de crear un marco institucional de los Estados para consolidar la “perspectiva de género” en los deberes institucionales, con su inclusión en políticas públicas y la inserción de la mujer en los niveles de toma de decisiones. Demanda además evitar que se perpetúe “la percepción estereotipada de los hombres como sostén de la familia y las mujeres como responsables de otorgar cuidados y las consecuencias negativas que esto acarrea para la participación de las mujeres en educación, en el mercado laboral y en la vida pública” (2).
El artículo 5 de la CEDAW requiere de los países firmantes que “modifiquen los patrones sociales y culturales de conducta de hombres y mujeres…con objeto de lograr la eliminación…de todas las prácticas basadas en…funciones estereotipadas de hombres y mujeres”.
En ambos documentos presentados por México en la ONU durante la CSW se inscribe que: “Se busquen superar los estereotipos de género”. La maternidad es claramente una de las “funciones estereotipadas” de las mujeres que la CEDAW intenta eliminar.
Notas al pie:
1. Coloquio nacional para el análisis de la aplicación del Protocolo Facultativo de la CEDAW. Inmujeres, 2002.
2. García Gaytán R. Declaraciones en la ONU, 53ª sesión Commission on the Status of Women, Marzo 2009
El mundo de internet deja abiertos amplios espacios a la participación de los usuarios. ¿Cómo valorar estas posibilidades desde el punto de vista de la fe católica? ¿Son una ayuda o pueden crear situaciones problemáticas a la hora de comprender la doctrina de Cristo y de vivir mejor las enseñanzas de la Iglesia?
Por Fernando Pascual, L.C.
El mundo de internet deja abiertos amplios espacios a la participación de los usuarios. Blogs, foros, facebook, noticias comentadas, viven gracias a las ideas, dudas, propuestas, de miles de personas que intervienen sobre los temas más variados.
¿Cómo valorar estas posibilidades desde el punto de vista de la fe católica? ¿Son una ayuda o pueden crear situaciones problemáticas a la hora de comprender la doctrina de Cristo y de vivir mejor las enseñanzas de la Iglesia?
Pensemos, por ejemplo, en algunos foros católicos. Llegan allí personas que expresan sus dudas, sus ideas, sus propuestas. Otros responden, algunos con buena formación, otros con errores más o menos graves. El resultado puede ser confuso o claro: todo depende de quiénes escriben y cómo lo hacen.
Así, encontramos en los foros temas como los siguientes: “¿vale el bautismo de los niños? ¿Tiene sentido el celibato en el mundo moderno? ¿Por qué la Iglesia se opone al uso de preservativos? ¿No habría que disolver las conferencias episcopales? ¿Todo lo que dice la Biblia vale igual? ¿Por qué Dios creó a Judas si sabía que iba a traicionar a Cristo? ¿Por qué no vender los tesoros de la Iglesia para dar comida a los pobres? ¿Qué ocurriría si el Papa negase un dogma del Credo? ¿Hay que dar siempre limosna a los pobres que encontramos por la calle?”
La cantidad de preguntas y de temas que se plantean es casi infinita, como también la variedad de respuestas que se ofrecen.
Con personas preparadas, con católicos que han estudiado su fe y que la aman, las respuestas y las conversaciones pueden ser provechosas y enriquecer a muchos (participantes o lectores “pasivos”). Especialmente si la sana doctrina está unida a la caridad: poco logra un forista bien preparado pero lleno de actitudes intolerantes y agresivas hacia quienes tienen dudas o errores en su mente débil y confundida.
La situación es muy distinta si la mayoría de los participantes no tienen casi formación católica o si albergan en su corazón ideas erróneas sobre su fe. Al dar respuestas, al contribuir a las discusiones, lo único que harán es confundir más a personas ya de por sí llenas de dudas. Al leer la participación de quien se declara católico pero no lo es a fondo, esas personas darán por buenas respuestas imprecisas o erróneas, en ocasiones claramente contrarias a la fe.
Ocurre, en otros casos, que el mismo modo de plantear las preguntas y de someterlas a la discusión lleva a dos peligros no siempre puestos en evidencia.
El primero consiste en afrontar los temas de la fe según una mentalidad “democrática”. ¿Cómo ocurre esto? El foro, el chat, la apertura a las participaciones, aceptan como “regla” que cada usuario puede dar libremente su opinión, expresar sus dudas o sus intuiciones, en el respeto de algunas normas de comportamiento, de “etiqueta”. Poco a poco casi todo el mundo de la fe es visto como espacio abierto a la discusión, en el que unos dicen una cosa, otros la opuesta, y no falta quien se declara “católico abierto” o “católico maduro” porque se siente “preparado” para negar elementos esenciales de la Revelación que nos llega a través de Jesucristo.
Es triste constatar, por ejemplo, la presencia de foristas en internet que, apoyados en libros erróneos o en profesores “católicos”, van contra la doctrina del pecado original, de la Redención, de la divinidad de Cristo, del origen sobrenatural de la Iglesia; o contra el celibato sacerdotal, la infalibilidad del Papa, la indisolubilidad del matrimonio; o que están a favor del aborto, del divorcio, del disenso de la Iglesia. Otros rechazan el Concilio Vaticano II como si fuera obra del diablo, o critican todas las reformas litúrgicas aprobadas por el Papa y los obispos que actúan legítimamente. Otros toman actitudes sincretistas, y mezclan con plena paz de la conciencia ideas del Evangelio con enseñanzas budistas. No faltan quienes tienen la costumbre de despreciar, ironizar, incluso insultar a obispos, a sacerdotes, a religiosos o a laicos de modo sistemático, y crean una mentalidad de “partido”: los que piensan como ese forista o ese autor de un blog, los que están en contra.
El resultado de un fenómeno tan caótico es desolador, y refleja en parte (porque los foristas son, por ahora, un porcentaje pequeño de personas) la confusión en la que viven millones de bautizados.
El segundo peligro surge cuando algunos suponen que recurrir a una página de internet sería suficiente para resolver las propias dudas en temas religiosos. Esto sería verdad en parte si la página (foro, blog, etc.) contase, como dijimos antes, con personas bien preparadas, con moderadores atentos y disponibles, y con una dirección dotada de auténtico sentido de Iglesia.
Pero eso no basta, pues muchas de esas dudas podrían resolverse simplemente y con mayor seguridad a través de la lectura de la Biblia, del Catecismo de la Iglesia católica, de los documentos de los Papas y de los Concilios. Recurrir a un foro para preguntar si Cristo murió por los pecados del mundo o sólo para dar ejemplo es insuficiente, cuando tal doctrina queda clara si se acude al propio párroco, a un catequista bien formado o a los numerosos documentos de la Iglesia.
Ocurre, por desgracia, que algunos sacerdotes no enseñan la sana doctrina, o que llegan incluso a defender ideas heréticas. Pasó desde los inicios de la Iglesia, pasa ahora y, tristemente, es muy probable que siga pasando en el futuro. Pero también es verdad que la acción del Espíritu Santo en el Papa, en los obispos, en los sacerdotes y religiosos, en miles y miles de catequistas y agentes de pastoral, garantiza la sana doctrina y la ofrece a todas aquellas personas de buena voluntad que quieren conocer el camino enseñado por Jesucristo.
Conservar la fe católica es posible desde un uso inteligente y ponderado de las nuevas posibilidades que ofrece el mundo participativo de internet. Conocer las riquezas y los límites de ese mundo permitirá discernir cuándo un foro o un chat sirve de ayuda y cuándo es mejor dejarlo de lado para invertir el propio tiempo en lecturas serias y en momentos de diálogo fecundo con quienes, por su amor a Cristo y a la Iglesia, ofrecen con sus labios y con su corazón la auténtica doctrina de nuestra fe católica.
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