« Junio 2009 | Inicio | Agosto 2009 »

Julio 29, 2009

Lo que dice “L´Osservatore” y lo que dice la Santa Sede

Si L´Osservatore Romano publica un artículo dedicado a la serie televisiva “Dr. House”, naturalmente la versión de los medios será: El Vaticano bendice a tal teleserie.

Diego Contreras | laiglesiaenlaprensa.com

El periódico turinés La Stampa era antes un diario “autorevole”, como se dice en Italia. Desde hace algún tiempo, con el actual director, el diario de la empresa de automóviles "Fiat" ha optado por la línea efectista, sobre todo en lo que se refiere a la información sobre la Santa Sede. El resultado es que escribe en ocasiones cosas impresentables (y aquí hemos recogido algunas), mientras que otras veces lo que pretende simplemente es crear “el caso”, producir temas sobre los que alimentar la polémica y llenar páginas.

Entre estos últimos ejemplos figuran sus “asombros” ante cualquier artículo que publique L’Osservatore Romano: esos textos escritos por redactores o colaboradores del diario vaticano (que firman con sus nombres y apellidos), se transforman enseguida en las páginas de La Stampa en la voz del Vaticano: “El Vaticano afirma que...”.

Si el diario vaticano pide a un académico de Francia, Alain Besancon, un artículo sobre Calvino, la noticia sobre ese texto será: “El Vaticano rehabilita Calvino: ‘reformador extraordinario’”. Si en su sección cultural publica el prólogo del reciente libro que un médico ha dedicado a la serie televisiva “Dr. House”, naturalmente la versión de La Stampa será: “El Vaticano bendice...”. Y si un colaborador hace una descripción elogiosa del cantante Bruce Springsteen, no hace falta mucha imaginación para deducir que lo presentará como un auténtico “endorsement” vaticano. Y eso por citar solo tres ejemplos de los últimos días.

Ese modo de adjudicar “al Vaticano” cada uno de los artículos que la redacción -dentro de su ámbito de autonomía- decide publicar, no es algo inocente: al final, se acabarán poniendo al mismo nivel esas informaciones con otras que sí expresan el punto de vista del Papa o de la Santa Sede sobre cuestiones más profundas. Estoy seguro que a La Stampa no sentaría nada bien que cada una de sus noticias o artículos se presentarán como “lo que dice la Fiat”.

Los testigos de Jehová, ¿cristianos?

De vez en cuando vale la pena volver sobre esta pregunta: ¿son cristianos los testigos de Jehová?

Fernando Pascual


De vez en cuando vale la pena volver sobre esta pregunta: ¿son cristianos los testigos de Jehová?

Para responder, necesitamos tener claro qué significa ser cristiano. Según un catecismo católico clásico, el verdadero cristiano “es el que está bautizado, cree y profesa la doctrina cristiana y obedece a los legítimos Pastores de la Iglesia” (San Pío X, Catecismo, n. 3).

Esta definición se refiere directamente a los católicos. Existen, al mismo tiempo, millones de personas que han sido bautizadas con las palabras mandadas por Cristo (en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo), pero que están separadas de la Iglesia católica por motivos doctrinales o de otro tipo. Son cristianos, pero no son católicos.

El Concilio Vaticano II explicaba que quienes han sido “justificados por la fe en el bautismo, quedan incorporados a Cristo y, por tanto, reciben el nombre de cristianos con todo derecho y justamente son reconocidos como hermanos en el Señor por los hijos de la Iglesia católica” (“Unitatis redintegratio” n. 3).

Dentro de los cristianos no católicos, hay numerosos grupos, y no es fácil clasificarlos de modo claro. Tenemos un grupo de cristianos que conservan la estructura jerárquica que viene de los apóstoles y muchos elementos semejantes a los católicos. Son verdaderas iglesias, aunque no obedecen al Papa de Roma y tienen algunas diferencias doctrinales. Este grupo son los ortodoxos.

Otros cristianos han perdido la estructura jerárquica (carecen de obispos ordenados de modo válido), y tienen diferencias más o menos profundas respecto de los dogmas católicos.

A pesar de las muchas diferencias entre los diversos grupos, se puede decir que en general todos los cristianos aceptan la existencia de un único Dios y de Tres Personas divinas (el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo), la Encarnación del Hijo (Jesucristo, Dios y Hombre verdadero), su Resurrección, y el sacramento del bautismo como necesario para la salvación.

Con estos datos, podemos entonces afirmar que los testigos de Jehová no son cristianos, precisamente porque niegan la Trinidad y, como consecuencia, no aceptan que Jesucristo sea verdadero Dios y verdadero Hombre.

Es importante recordarlo. No es cristiano alguien porque lleve una Biblia debajo del brazo, ni porque cite muchos pasajes de memoria, ni porque diga haber asistido a muchos cursos de doctrina bíblica. Para ser cristiano hay que creer en Jesucristo, el Hijo de Dios y el Hijo de María, aceptar en la fe el bautismo, y confesar que en Dios hay Tres Personas distintas.

Quien no llega a este núcleo mínimo que caracteriza a los cristianos, no es ni puede ser declarado cristiano. Por eso los testigos de Jehová no forman parte del Consejo Mundial de las Iglesias, una organización muy importante que agrupa a los cristianos no católicos que existen en el mundo.

Los testigos de Jehová no son cristianos, ni pueden decirse cristianos: ese nombre no les pertenece. Lo mejor sería, entonces, que se presenten de otra manera, para no engañar a la gente. Ello no quita que merezcan nuestro respeto. Los cristianos, además, podemos rezar por ellos, como podemos rezar por todos los hombres, y buscar que también ellos lleguen, algún día, a descubrir la verdad de nuestra fe en Cristo Salvador.

Los católicos de Obama

El gobierno de Obama y la prensa tienen obsesivo empeño en resaltar la condición de católicos de nuevos jueces y funcionarios: los casos de las “católicas” Sotomayor y Benjamin

Juan Claudio Sanahuja | Noticias Globales


Sonia Sotomayor. La Jueza Sonia Sotomayor, propuesta por el presidente Barack Obama para ocupar una vacante en la Corte Suprema de los Estado Unidos, confirmó el 16 de julio pasado, ante el comité de asuntos jurídicos del Senado, su ideología abortista cuando se refirió al aborto como “el derecho de una mujer a ponerle fin a su embarazo” (Life Site, 16-07-09; Life News, 16-07-09).

Aunque evitó definirse hasta último momento, apestillada por las preguntas de los senadores, dos días antes, Sotomayor había admitido que la sentencia de la Corte Roe vs Wade, que liberalizó el aborto en USA, defendía el “derecho a la privacidad” y que era una “reiterada jurisprudencia” de la Corte y, además, declaró que no consideraba definitiva la prohibición del aborto por nacimiento parcial (partial birth abortion)*, (Life Site, 14-07-09; Life News, 14-07-09, 16-07-09).

Así, Sotomayor no hizo más que confirmar la evidencia. En mayo, Cecil Roberts, presidente de Planned Parenthood (PP, vid NG 886, entre otros) había declarado sobre la nominación de Sotomayor: “Este histórico nombramiento da un claro mensaje de que el Presidente Obama entiende la importancia de asegurar que los magistrados de nuestra Corte Suprema respeten la jurisprudencia precedente y al mismo tiempo nuestras libertades civiles”.

El 21 de julio, la organización abortista NARAL (National Abortion Rights Action League) anunció que había llegado al convencimiento de que Sotomayor ofrecía suficientes garantías de estar a favor del aborto, (Life Site, 21-07-09, Life News, 21-07-09), y otra organización abortista, la National Latina Institute for Reproductive Health, a través de su directora ejecutiva Silvia Henríquez, hacía público su apoyo a la jueza de origen latino y “católico”, (Life Site, 21-07-09).

Por último, el boletín feminista Women's eNews (24-07-09) califica a la jueza de “pro choise (abortista) educada en una escuela católica”.

Regina Benjamin. No faltaron los entusiastas elogios cuando se supo que la Dra. Regina Benjamin, afroamericana, había sido nominada por Obama como Surgeon General, que es, entre otras cosas, el máximo responsable de la educación para la salud de USA. Médica rural, considerada como una “católica devota” y dedicada a los pobres. Distinguida por su labor humanitaria con la medalla Pro Ecclesia et Pontifice por Benedicto XVI; merecedora del premio National Caring Award, inspirado en la labor de la Madre Teresa de Calcuta. Antigua dirigente de la Asociación Médica de los Estados Unidos y de la Asociación Médica Católica.

Para el arzobispo dimisionario de Mobile, Mons. Oscar H. Lipscomb, "Benjamin es una persona que tiene un gran sentido de responsabilidad y es auténtica en su catolicismo”, y para el vicario general de la misma diócesis, Mons. Michael L. Farmer, “la Dra. Benjamin es una dama encantadora, notable y conocida por tender puentes con la comunidad”, (Life Site, 14/15-07-09; CNA, 13-07-09). Lipscomb la recomendó para el premio Pro Ecclesia et Pontifice.

Sin embargo, el New York Times (13 y 14-07-09) advertía que si bien en su clínica rural no se conocía que Benjamin hiciera abortos, repartía regularmente anticonceptivos, aún siendo católica. (Téngase en cuenta que mayoría de los anticonceptivos hormonales son abortivos, y que se incluyen arteramente en el concepto de “anticonceptivos” a la píldora del día después, a los parches, y a los inyectables, todos ellos con efectos abortivos, NG 22, 162).

Aunque Benjamin se ha negado a hacer declaraciones a la prensa, la portavoz de la Casa Blanca, Reid Cherlin, dijo al Miami Herald que Benjamin “apoya la posición del presidente sobre cuestiones de salud reproductiva”. A principios de este año, la Secretaria de Estado Hillary Clinton, confirmó de forma explícita que para la administración de Obama, el término “salud reproductiva” incluía el aborto, (NG 970).

Centre Daily Times (14-07-09) destaca pertenencia de Regina Benjamin a la asociación Physicians for Human Rights que promueve el supuesto derecho al aborto. El mismo medio afirma si bien en su clínica Benjamin no practica abortos, remite a quien lo pide a proveedores de abortos en Alabama.

Además, existen serias dudas sobre la postura de Benjamin ante la recomendación de la Asociación Médica Americana de que todos los estudiantes de medicina fueran instruidos sobre el aborto antes de recibir su título.

Como Surgeon General, Benjamin, encabezará el Health Benefits Advisory Committee, que decide qué servicios serán cubiertos en el plan de nacional salud. Esto, evidentemente, daría a Benjamin la última palabra sobre si la cobertura básica en el nuevo plan incluirá el aborto.

Hay que tener en cuenta que Obama, al presentar a la Dra. Benjamin, remarcó que está comprometida con el proyecto de reforma del sistema de salud que, según el plan del presidente incluirá el aborto, obligando a las aseguradoras públicas y privadas, (Life News 15/20-07-09). En el proyecto de ley que impulsa Obama (America's Affordable Health Choices Act-H.R. 3200), el aborto es considerado como esencial para la salud y será una prestación cubierta por todos los planes de salud.

En el curriculum de Benjamin, llama la atención que haya sido distinguida en 2008 por la MacArthur Foundation con el genius grant de 500.000 dólares. La MacArthur Foundation promueve el aborto, la esterilización y los contraceptivos a través de sus donaciones.

Para más datos, Benjamin es graduada en la Xavier University de New Orleans, otra institución católica que se apartó hace tiempo de la doctrina de la Iglesia.

Este año el Arzobispo de Nueva Orleans, Monseñor Alfred Hughes, no asistió a la ceremonia de graduación de esa universidad y reconvino por escrito a sus autoridades para que vuelvan a sus raíces católicas. La reacción del arzobispo fue provocada porque la Xavier University le otorgó un doctorado honoris causa a la abortista afroamericana Donna Brazile, ex asesora de Bill Clinton, ex jefa de campaña de Al Gore, actualmente comentarista de temas políticos de la CNN. Brazile se autocalifica de católica devota, (Life News 19-04-09; Life Site 24-04-09; vid. NG 972, 973, 981). FIN, 26-07-09

(*) El aborto por nacimiento parcial (partial birth abortion), consiste en inducir el parto de un niño no-nacido que ya es viable, y aspirarle el cerebro a través de una incisión en la base del cráneo, cuando la cabeza se encuentra aún dentro del vientre de la madre.

El hombre, ¿animal o espíritu?

El hombre no es solamente un animal. Pero también el hombre es animal. Podríamos decir que el hombre es animal espiritualmente y es espíritu “animalmente”.

Fernando Pascual


El hombre no es solamente un animal. Pero también el hombre es animal. Podríamos decir que el hombre es animal espiritualmente y es espíritu “animalmente”.

Estas afirmaciones nos ponen ante el misterio personal de cada uno de los hombres y mujeres de nuestro planeta, y sirven para evitar errores que se dan no pocas veces a la hora de explicar lo que es el hombre.

En efecto, algunos creen que el hombre es sólo un animal. Más desarrollado, más complejo, más problemático, más peligroso. Pero animal, al fin y al cabo.

Como los animales no son libres, tampoco son responsables de sus actos. Hacen lo que hacen porque no pueden no seguir sus instintos (que pueden ser más sencillos o más complejos). De lo contrario, habría que establecer tribunales para condenar a los animales que “hacen mal uso de su libertad”.

Si el hombre fuese simplemente un animal, cuando uno roba no debería ir a la cárcel. Quizá lo mejor, entonces, sería modificar aquella parte del cerebro que tiene dañada.

No hace muchos años, un profesor de filosofía de la Universidad de California, en San Diego, volvía a proponer que se “curasen” a ciertos criminales con medicinas o con operaciones neuronales, de forma que se les quitase totalmente su agresividad. Que esto se haga con un animal, es posible que muchos lo acepten. Sin embargo, no deja de suscitar inquietud el que tratamientos de este tipo puedan aplicarse, incluso con la fuerza, sobre aquellos hombres que sean definidos como “no normales”. Además, ¿quién dice que uno es o no es normal?

Pero el hombre también es animal. Es decir, vive en un mundo de sensaciones, de reflejos, de pulsiones instintivas, de gravitación universal y de oxígeno que entra por los pulmones para sostener el complejo sistema de nuestros órganos.

La “animalidad” no puede ser dejada de lado, como si fuésemos un espíritu, un ángel, que “usa” un cuerpo. Por desgracia, la tentación del angelismo ha tenido su fuerza en diversos momentos de la historia. Hoy, todavía, existen quienes dicen que el hombre no puede someterse a las leyes biológicas, porque es libre. Y, como es libre, puede hacer con su cuerpo lo que quiera.

Con ideas como estas es lógico que se fomente, por ejemplo, la contracepción, la esterilización, la amputación y venta de órganos (pues cada quien puede hacer con su cuerpo lo que quiera), la prostitución, la drogadicción y el alcoholismo, etc. Lo que pasa es que luego las leyes biológicas pasan la cuenta. Un hombre o una mujer que han “jugado” con su cuerpo como si fuese un muñeco al que se pueden quitar o poner piezas a gusto del consumidor, tarde o temprano se dará cuenta de que algo no funciona, de que se ha abusado no del cuerpo, sino de uno mismo, que es también cuerpo, animal, “de carne y hueso y un poco de pescuezo...”.

Por eso nos resulta vital comprender lo que somos. Somos animales espirituales y somos espíritus animales. O, en palabras clásicas, somos una unidad inseparable de alma y de cuerpo.

No podemos pensar alta matemática sin el apoyo fundamental (a nivel físico) de las neuronas del cerebro. No podemos hacer bien la digestión si estamos preocupados (a nivel espiritual) por algo que nos pase en la familia o en el trabajo.

También la oración, ese momento en el que elevamos lo más profundo de nuestro ser al Dios que nos ha creado y redimido, es realizada con todo nuestro ser, con el alma y con el cuerpo. Por eso los santos, en sus momentos de éxtasis, llegan incluso a elevarse sobre el suelo: el cuerpo participa de algún modo en las actividades superiores del espíritu.

Hay corrientes de pensamiento que quieren reducir al hombre a lo puramente animal. Hay otras corrientes que defienden un dualismo exagerado. Muy pocas, aunque las hay, son las voces que promueven un “angelismo” anacrónico.

Frente a estos reduccionismos, resulta imprescindible conocer al hombre, según el famoso mandato escrito en un templo griego: “conócete a ti mismo”. Un hombre que es espiritual y corporal, que escribe novelas y que se indigesta cuando toma fresas mal preparadas.

Sólo así respetaremos nuestra vida biológica y la de todos los que viven con nosotros (también la de los niños en el seno de su madre). Sólo así sabremos que somos algo grande, libertades e inteligencias, pero encarnadas, “animaladas”. Reconoceremos entonces que en cada uno de nuestros gestos y palabras, medibles físicamente, se esconde el misterio de un espíritu que inició su vida el día de su concepción y que espera vivir, eternamente, también con un cuerpo glorioso cuando llegue el día de la resurrección.

¿Qué efectos puede dejar el divorcio en los niños?

Recientes trabajos confirman los efectos adversos del divorcio en los niños.

Miguel Ángel Fuentes


Recientes trabajos confirman los efectos adversos del divorcio en los niños. Un estudio hecho público este mes por un centro privado de Estados Unidos, el 'National Bureau of Economic Research' (NBER), examina la situación de los niños que crecen en Estados donde es más fácil conseguir el divorcio.

En Is Making Divorce Easier Bad for Children? The Long Run Implications of Unilateral Divorce, Jonathan Gruber observa que en la mayoría de los estados norteamericanos ahora se permite el divorcio de forma unilateral: uno de los cónyuges puede obtener el divorcio sin el consentimiento del otro, basándose únicamente en la incompatibilidad matrimonial.

En el pasado las leyes estipulaban el divorcio sólo en casos determinados, tales como la infidelidad y el maltrato físico, y cuando había mutuo acuerdo. Estas leyes antiguas a menudo eran vistas como una carga financiera y emocional para las parejas en proceso de divorcio, lo que condujo a la introducción del divorcio sin culpa a finales de los años 60 y principio de los 70.

La fundación de investigación NBER indicaba que las normativas de divorcio unilateral han incrementado significativamente el índice de adultos en proceso de divorcio, en un 11,6%, y de niños que viven con un padre divorciado. De hecho, entre los niños, la probabilidad de vivir con una madre divorciada era un 14,5% mayor que con las leyes anteriores y un 11,1% mayor de vivir con el padre divorciado.

Gruber calculó el impacto de este divorcio más fácil sobre el bienestar de los niños. Comparó las circunstancias de los adultos en el caso de niños de estados donde el divorcio unilateral era posible, respecto a niños que vivían en estados donde éste no estaba permitido. Descubrió que la situación de los niños que vivían allí donde es posible el divorcio sin culpa era peor por varios motivos. Tienen una educación inferior, con un especial aumento de la probabilidad de abandonar los estudios primarios o secundarios. Asimismo viven en familias con bajos ingresos.

Los efectos sobre el matrimonio son especialmente interesantes. Los chicos que viven en estados donde el divorcio es más fácil es más probable que se casen antes, pero estos matrimonios prematuros terminan con mayor frecuencia en separación.

Gruber concluyó que hay dos factores principales del divorcio sin culpa que afectan a los niños: un aumento de la probabilidad de que un niño viva en una familia de divorciados, y un cambio en el poder de negociación de los dos esposos, incluso en parejas que no se rompen. Liberado de la obligación de llegar a un acuerdo mutuo sobre si divorciarse o no, el progenitor que desea acabar con el matrimonio puede emprender acciones que son más beneficiosas para sí mismo y menos para el otro y para sus hijos.

Un millón de niños afectados al año

El 'Washington Times', en un artículo publicado esta semana (20 febrero 2001), indicaba que un millón de niños y jóvenes en Estados Unidos se convierten en hijos de divorciados cada año, según el Centro Nacional de Estadísticas de la Salud.

El diario citaba al doctor Michael Katz, psicólogo clínico en Southfield, Michigan, que ha trabajado con hijos de divorciados durante 30 años. Katz comentaba que estos niños presentan regularmente cuatro conductas negativas típicas: mienten excesivamente, tienen un bajo nivel de aprendizaje, falta de asunción de responsabilidad del propio comportamiento y dificultad de concentración.

Mientras que muchos chicos, independientemente de su preparación anterior, pueden presentar estas conductas, el doctor Katz dijo que los hijos de divorciados se resisten a muchas formas tradicionales de terapia y disciplina familiar.

En cualquier caso, algunos arguyen que es mejor para los chicos que sus padres se divorcien, de manera que puedan salir de un ambiente familiar lleno de tensiones y conflictos. Pero otro estudio reciente rebate este argumento.

Paul R. Amato -en un artículo titulado 'What Children Learn From Divorce', en 'Population Today' (enero), publicación del 'Population Research Bureau'- afirmaba que aunque es bien conocido que aquellos que experimentan un divorcio de los padres corren un riesgo elevado de que sus propios matrimonios fracasen, no se ha encontrado una explicación a este comportamiento.

Con el fin de examinar el asunto, Amato y otros investigadores han realizado un estudio, iniciado en 1980, basado en una muestra de 2.034 personas casadas. Se analizaron los casos de 335 hijos ya adultos, casados por primera vez. 68 de estos hijos habían sufrido un divorcio de los padres. Otros 75 hijos adultos habían experimentado altos niveles de discordia matrimonial en su niñez, pero no habían tenido la experiencia de un divorcio de los padres. Estas personas fueron comparadas con 192 hijos adultos que no habían experimentado ni un divorcio de los padres, ni altos niveles de discordia mientras sus padres estaban casados. De los 335 hijos adultos que se habían casado, 66 se divorciaron antes de 1997.

Los resultados muestran que la intención de divorciarse entre los hijos adultos era elevada en los casos en el que los padres habían tenido un matrimonio discordante o que finalizó en divorcio. El índice de divorcio actual entre los hijos adultos, en cualquier caso, se elevaba solamente si los padres se habían divorciado.

El artículo termina observando que la investigación sugiere que es la actual finalización del matrimonio, más que las difíciles relaciones familiares que preceden a la disolución matrimonial, la que afecta a la estabilidad matrimonial posterior de los hijos, y que su transmisión se produce principalmente porque se socava la capacidad de los hijos a comprometerse a una permanencia matrimonial.

Declaración sobre el matrimonio

Ante la creciente evidencia que muestra los efectos perjudiciales del divorcio, líderes religiosos en Estados Unidos emitieron una declaración conjunta sobre el matrimonio el pasado mes de noviembre. El documento 'A Christian Declaration on Marriage', fue firmado por el obispo Anthony O'Connell, presidente de la Comisión de Matrimonio y Vida Familiar de la Conferencia Episcopal Católica de Estados Unidos; Richard Land, presidente de la Comisión de Ética y Libertad Religiosa de la Convención Baptista del Sur; Robert Edgar, secretario general del Consejo Nacional de las Iglesias de Cristo; y el obispo Kevin Mannoia, presidente de la Asociación Nacional de los Evangélicos.

La declaración afirma que 'creemos que el matrimonio es la santa unión de un hombre y una mujer en la que ellos se comprometen, con la ayuda de Dios, a construir una amorosa, entregada, y fiel relación que durará toda la vida'.

También afirman que 'parejas, iglesias y toda la sociedad tienen interés en el bienestar de los matrimonios. Cada uno, por lo tanto, tiene sus propias obligaciones en la preparación, fortalecimiento, apoyo y reanudación de los matrimonios'.

Estos líderes indicaban que las tres cuartas partes de los matrimonios en Estados Unidos son celebrados por el clero. Por lo tanto, las iglesias están en una posición privilegiada para pedir un compromiso más fuerte en la unión matrimonial, y también están en disposición de proporcionar 'ministros que tengan experiencia y puedan influir para dar marcha atrás al curso de la cultura actual'.

Sin embargo, este esfuerzo ecuménico en la promoción del matrimonio se estropeó por el anuncio, hecho poco después de la publicación del documento, de que Robert Edgar, secretario general del Consejo Nacional de las Iglesias, retiraría su firma. Según informaba Associated Press (17 noviembre), Edgar tomó esta decisión porque pensó que el documento podría ser interpretado como un ataque a las parejas homosexuales.

Según AP, las iglesias miembros del Consejo Nacional de las Iglesias se encontraban divididas sobre el tema de los matrimonios del mismo sexo y la homosexualidad, y el consejo no tenía una postura oficial sobre ello. Pero el consejo apoya los derechos civiles para homosexuales, lesbianas, bisexuales y transexuales.

Si ni siquiera las Iglesias cristianas pueden unirse en la defensa del matrimonio, no nos puede sorprender que la sociedad secular y la cultura contemporánea sean hostiles a la familia tradicional. Es de esperar que la continuación de los estudios de los investigadores convenzan finalmente a la opinión pública del poder destructivo del divorcio y esto lleve a un cambio de las leyes actuales.

¿Otra virtud más?

Existen muchas virtudes. Las primeras, las teologales; fe, esperanza y caridad, de la que la caridad es la reina. Luego vienen las cardinales, prudencia, justicia, fortaleza y templanza. Humanas y magníficas. Luego hay muchas, alguna de ellas, como la humildad, que no me explico que no figure entre las cuatro –cinco con ella– cardinales. Tal vez porque sea una delicadísima mezcla de las otras cuatro.

Tomás Alfaro Drake


Existen muchas virtudes. Las primeras, las teologales; fe, esperanza y caridad, de la que la caridad es la reina. Luego vienen las cardinales, prudencia, justicia, fortaleza y templanza. Humanas y magníficas. Luego hay muchas, alguna de ellas, como la humildad, que no me explico que no figure entre las cuatro –cinco con ella– cardinales. Tal vez porque sea una delicadísima mezcla de las otras cuatro. Y podríamos hacer una lista interminable, empezando por aquellas que en las bienaventuranzas merecen las promesas de Cristo. La limpieza de corazón, pariente de la templanza, la mansedumbre, caridad y fortaleza para responder al mal con el bien, misericordia, paz, etc. Hay una, poco conocida y menos usada, que es la benedicencia –hablar siempre bien de los demás, decir cosas agradables de ellos–, hermana pequeña, pero guapísima, de la caridad y muy barata de practicar.

Por eso me parece excesivo intentar incrementar la lista de virtudes. ¡Otra más! Éramos pocos y parió abuela. Pero leyendo un libro de Simone Weil (no confundir con Simone Veil, eurodiputada francesa del partido socialista. Simone Weil fue una intelectual judía, muerta hacia 1943, que, sin llegar a convertirse al cristianismo, se acercó tanto a él que se hizo cristiana) me he encontrado con una virtud que no esperaba, que nunca hubiese considerado como tal y que ahora me parece magnífica: la atención. Es muy frecuente que vayamos por la vida como una maleta. Más aún, como unos calcetines, enrollados sobre sí mismos, dentro de una maleta, dentro del maletero del coche, mientras éste pasa por paisajes maravillosos. Se nos pasa la vida distraídos en mirarnos el ombligo en vez del alma, sin fijarnos en tanta belleza como hay fuera de nosotros y puede haber en nuestra alma. Si viviésemos atentos, seríamos poetas, seríamos místicos.

Pero, aparte de la atención al mundo que nos rodea, la más importante de las atenciones es a eso que hay dentro de nosotros y que es más íntimo que lo más íntimo de nosotros mismos. Eso que guarda intacta nuestra inocencia aunque creamos que nos la hemos dejado a jirones en el mundo.

Eso que es el centro de gravedad alrededor del que gira todo lo que somos. Eso que nos pone en contacto con todos los hombres de todos los tiempos. Atención a Dios. A Dios Padre. Si fuésemos atentos, nos daríamos cuenta del abrazo continuo de Dios Padre por todas partes. Que el aire que respiramos está lleno de su presencia. Que la brisa que nos acaricia está impregnada de su amor y su misericordia. A Dios Hijo. Si fuésemos atentos, notaríamos la mano de Cristo en nuestro hombro en todo momento.

Tranquilizadora, sedante, amiga. Notaríamos su latido. Levantaríamos la vista y veríamos su rostro, apacible, sonriente, profundo. Agradeceríamos que nos haya regalado la salvación. A Dios Espíritu Santo. Si fuésemos atentos no se nos pasarían de largo sus inspiraciones, sus sugerencias. Oiríamos su susurro en nuestros oídos, suave y enérgico, insinuante y categórico, suplicante y firme a la vez. Siempre tranquilizador, aunque nos pida cosas heroicas.

Hay gente que dice: Yo nunca he oído a Dios. ¿Cómo vamos a oírle si no entrenamos la virtud de la atención? Un amigo mío me invitó un día a un aguardo de jabalís en su finca. Yo, que nunca me había visto en esta situación, decidí tomármelo con el máximo interés. Era una noche helada de luna llena del mes de febrero en una finca de los montes de Ávila. Yo estaba quieto, congelado, atento a todo ruido para oír entrar al jabalí al ir a beber a la charca. El campo nocturno hervía de pequeños ruidos, pero ninguno especial. De pronto mi amigo, tocándome en el hombro, me hizo ostentosos gestos con la boca. AHÍ ESTÁ EL JABALÍ –me decía sin emitir un solo sonido mientras señalaba con el dedo hacia un lugar próximo a mí. Escuché con más atención. NO OIGO NADA –dije con similares movimientos de la boca. Yo no oía nada, pero el jabalí sí oyó nuestros “silenciosos” movimientos. Con un bufido, a menos de tres metros de mí, echó a correr rompiendo monte. Lo había tenido a mi lado sin siquiera enterarme. Mi amigo, que estaba entrenado, lo había oído. Yo no. Me dijo más tarde que al jabalí no se le oye nunca. Se oye su silencio. Se descubren sus signos. El campo se calla por donde pasa. Un grillo deja de cantar. Un pájaro sale volando. Eso es todo. Hay que aprender a percibirlo.

Si fuésemos atentos sentiríamos a Dios aunque no estuviésemos atentos. Viviríamos en la atención. En una atención supraconsciente. Dios estaría atento en nosotros.

Como estas ideas nacen de Simone Weil, que no de mí, no quiero dejar de reseñar aquí algunas frases de la fuente original de las mismas. Están sacadas de un libro suyo que se llama “La pesateur et la grâce” (Creo que está editado en español, pero no estoy seguro). El propio libro no es más que una recopilación de frases. Yo no he hecho más que poner juntas algunas de ellas, por lo que pueden parecer un poco desconexas entre sí. Pero creo que no tienen desperdicio para ilustrar esa virtud que a mí me ha descubierto: La atención.

Tratar de remediar los fallos a base de atención, no de voluntad. La voluntad no actúa sino sobre algunos movimientos de algunos músculos, asociados a la representación del desplazamiento de objetos próximos. Yo puedo querer poner mi mano plana sobre la mesa. Si la pureza interior o la inspiración o la verdad del pensamiento estuviesen necesariamente asociadas a actitudes de este tipo, podrían ser objeto de la voluntad. Como no es así, no podemos hacer otra cosa que implorarlas. Implorarlas es creer que tenemos un Padre en los cielos. ¿O cesar de desearlas? ¿Qué hay peor que eso? La súplica interior es lo único razonable porque evita agotar los músculos que no tienen nada que ver en el asunto. ¿Qué hay más estúpido que agotar los músculos y apretar las mandíbulas a propósito de la virtud o de la poesía [...]? La atención es una cosa completamente diferente. El orgullo es uno de esos agotamientos. Hay una falta de gracia (en el doble sentido de la palabra) en el orgulloso. Es el efecto de un error. Hay esfuerzos que tienen un efecto contrario al buscado (ejemplo: devotos amargados, falsos ascetismos, ciertas devociones, etc.). Otros son siempre útiles, incluso si no se consigue nada.

¿Cómo distinguirlos? Tal vez: Los primeros están acompañados de la negación (mentirosa) de la miseria interior. Los segundos de la atención concentrada continuamente en la distancia entre lo que se es y lo que se ama.

La atención, en su más alto grado, es lo mismo que la oración. Presupone la fe y el amor. La atención sin el menor grado de mezcla, es oración. La oración está hecha de atención. La oración es la orientación hacia Dios de toda la atención de que el alma es capaz. La calidad de la oración está para muchos en la calidad de la atención. La calidez del corazón no puede suplirla. Sólo la parte más elevada de la atención entra en contacto con Dios, cuando la oración es lo bastante intensa y pura como para que el contacto se establezca; pero toda la atención debe estar orientada hacia Dios.

La atención extrema es lo que constituye en el hombre la actitud creadora y no hay atención extrema que no sea religiosa. La cantidad de genio creador de una época es rigurosamente proporcional a la cantidad de atención extrema y, por tanto, de auténtica religiosidad de esa época. (Me parece que hoy en día vivimos en un mundo con un terrible déficit de atención y, por tanto, de auténtica religiosidad)

La atención está unida al deseo. No a la voluntad, sino al deseo. O más exactamente, al consentimiento.

Liberamos energía en nosotros mismos. Pero se aprisiona de nuevo incesantemente. ¿Cómo liberarla toda? Tenemos que desear que eso sea hecho en nosotros. Desearlo verdaderamente. Simplemente desearlo, no intentar lograrlo. Porque toda tentativa en ese sentido es vana y se paga cara. En semejante labor, todo lo que llamo “yo” debe ser pasivo. Se requiere de mí la atención plena, esa atención tan plena que el “yo” desaparece. Privar de la luz de la atención a todo lo que llamo “yo”es orientarla hacia lo inconcebible.

Una inspiración divina opera infaliblemente, irresistiblemente, si no se aparta de ella la atención. Si no se la rechaza. No hay que hacer una elección a su favor, basta con no rechazarla y reconocer que está.

La atención orientada con amor hacia Dios (o, en menor grado, a hacia todo lo auténticamente bello) hace inevitables cosas imposibles. Esa es la acción no actuante de la oración en el alma. Hay comportamientos que velarían esta atención si se produjesen y que, recíprocamente, esta atención hace imposibles. Los valores auténticos y puros de la verdad, la belleza y el bien se producen, en la actividad de un ser humano, por un solo y único acto, una cierta aplicación sobre el objeto de la plenitud de la atención.

El poeta produce belleza por la atención fija sobre lo real. Lo mismo con el acto de amor. Saber que ese hombre que tiene hambre y sed existe realmente, tanto como yo –eso basta, el resto se sigue por sí mismo.

El mejor apoyo de la fe es la garantía de que si pedimos pan al Padre, no nos dará piedras. Al margen incluso de toda creencia religiosa explícita, cuantas veces un ser humano realiza un esfuerzo de atención con el único propósito de hacerse más capaz de captar la verdad, adquiere esa mayor capacidad, aun cuando su esfuerzo no produzca ningún fruto visible. Un cuento esquimal explica así el origen e la luz: «El cuervo, que en la noche eterna no podía encontrar alimento, deseó la luz y la tierra se iluminó».

Si hay verdadero deseo, si el objeto del deseo es realmente la luz, el deseo de luz produce luz. Hay verdadero deseo cuando hay esfuerzo de atención. Es realmente la luz lo que se desea cuando cualquier otro móvil está ausente. Aunque los esfuerzos de atención fuesen durante años aparentemente estériles, un día, una luz exactamente proporcional a esos esfuerzos inundará el alma. Cada esfuerzo añade un poco más de oro a un tesoro que nada en el mundo puede sustraer.

Los esfuerzos inútiles realizados por el cura de Ars durante largos y dolorosos años para aprender latín, aportaron sus frutos en el discernimiento maravilloso que le permitía percibir el alma misma de los penitentes detrás de sus palabras. Incluso detrás de su silencio. La atención es un esfuerzo; el mayor de los esfuerzos quizá, pero un esfuerzo negativo. Por sí mismo no implica fatiga. Cuando la fatiga se deja sentir, la atención ya casi no es posible, a menos que se esté bien adiestrado; es preferible entonces abandonarse, buscar un descanso y luego, un poco más tarde, volver a empezar, dejar y retomar la tarea como se inspira y se espira. Veinte minutos de atención intensa y sin fatiga valen infinitamente más que tres horas de esa dedicación de cejas fruncidas que lleva a decir con el sentimiento del deber cumplido: «he trabajado bien».

Pero, a pesar de las apariencias, es también mucho más difícil. Hay algo en nuestra alma que rechaza la verdadera atención mucho más violentamente de lo que la carne rechaza el cansancio. Ese algo está mucho más próximo del mal que la carne. Por eso en la oración, cuanto más estemos deseando levantarnos y dejarla, más debemos mantenernos firmemente anclados a ella. Por eso, cuantas veces se presta verdadera atención, se destruye algo del mal que hay en uno mismo. Si la atención se enfoca en ese sentido, un cuarto de hora de atención es tan valioso como muchas buenas obras.

Los bienes más preciados no deben ser buscados, sino esperados. Pues el hombre no puede encontrarlos por sus propias fuerzas y, si se pone en su búsqueda, sólo encontrará en su lugar falsos bienes, cuya falsedad no sabrá discernir.

No es sólo el amor a Dios lo que tiene por sustancia la atención. El amor al prójimo, que como sabemos es el mismo amor, está formado de la misma sustancia. Los desdichados no tienen en este mundo mayor necesidad que la presencia de alguien que les preste atención. La capacidad de prestar atención a un desdichado es cosa muy rara, muy difícil; es casi –o sin casi– un milagro. Casi todos los que creen tener esta capacidad, en realidad no la tienen. El ardor, el impulso del corazón, la piedad, no son suficientes. La plenitud del amor al prójimo estriba simplemente en ser capaz de preguntar: «¿cuál es tu tormento?», es saber que el desdichado existe, no como una unidad más en una serie, no como ejemplar de una categoría social que porta la etiqueta «desdichados», sino como hombre, semejante en todo a nosotros, que fue un día golpeado y marcado con la marca inimitable de la desdicha. Para ello es suficiente, pero indispensable, saber dirigirle una cierta mirada. Esta mirada es, ante todo, atenta; una mirada en la que el alma se vacía de todo contenido propio para recibir al ser al que está mirando tal cual es, en toda su verdad. Solo es capaz de ello quien es capaz de atención.

¿No es un hallazgo magnífico el de la virtud de la atención?

Julio 28, 2009

De Rodríguez

La vida eremítica del Rodríguez consigue que terminemos por sacar nuestros gestos de plantígrados, esto es: beber el agua directamente de la botella, comer reiterativamente productos de conserva, construir con los platos sucios una peligrosa montaña de loza…

Miguel Aranguren | www.miguelaranguren.com


Mi mujer y mis hijos se fueron a la costa hace un par de semanas, alejándose del ambiente viciado de una ciudad que se quema al sol de julio. Yo, claro, estoy de Rodríguez. Es decir, de amo y señor de mi casa, una casa vacía en la que ni siquiera se adivinan las risas, las carreras y los llantos que los pequeños regalan a todas horas. Una casa en la que me falta mi mujer, que es el corazón de todo hogar. Y voy de mi mesa de despacho al dormitorio, del dormitorio a la cocina, de la cocina a mi mesa de despacho… como los felinos enjaulados, que gastan el perímetro de su prisión de tanto buscar una salida.

No es que la casa se me caiga encima. Aprovecho estas últimas semanas del mes para acelerar mi trabajo con el fin de disfrutar de un agosto sin otras cargas que las demandadas por mi familia. Sin embargo, soy un mal Rodríguez. Para cocer un poco de arroz, utilizo dos y hasta tres cacerolas. Y la ropa usada se va acumulando en la cesta, a la espera de unas manos invisibles que la lleven a la lavadora. Por no hablar de mi cama, hecha cada día “a la francesa” (un tirón enérgico de la punta de la sábana antes de dar el ejercicio por concluido).

La vida eremítica del Rodríguez consigue que terminemos por sacar nuestros gestos de plantígrados, esto es: beber el agua directamente de la botella, comer reiterativamente productos de conserva, construir con los platos sucios una peligrosa montaña de loza… Nuestra negación masculina para la soledad ya se contó en el Génesis, es decir, en el comienzo de la Historia. Incluso permitimos que Dios nos arrancara una costilla para modelar a nuestra compañera. Y los Evangelios hablan también de la rotundidad con la que Jesús definió y defendió la ligazón matrimonial. La compañía, el matrimonio es, por tanto, no sólo necesario para la perpetuación de la especie sino muy saludable, especialmente para el hombre.

En ocasiones, sobre todo cuando uno se encuentra hastiado del curso, deseo estos días de pretendida paz, en los que la ausencia de mi esposa y de mis hijos me permite escribir sin freno, dibujar y pintar a mi gusto, escuchar música y ver la tele con los pies encima de la mesa. Pero me bastan unas horas de estas licencias para echar de menos las órdenes de la que maneja la intendencia, la jarana de los niños, los llantos, los ladridos del perro y el maullar infantil de nuestro gato gris.

La monja Schumacher y la fantasía veraniega

El mismo día en que Benedicto XVI tuvo el accidente doméstico que le causó la fractura de la muñeca, las agencias de noticias se hacían eco de un episodio singular. La policía de tráfico detuvo por exceso de velocidad en la autopista Turín-Aosta, a un coche en el que viajaban tres monjitas.

Diego Contreras | laiglesiaenlaprensa.com


El mismo día en que Benedicto XVI tuvo el accidente doméstico que le causó la fractura de la muñeca, las agencias de noticias se hacían eco de un episodio singular. La policía de tráfico detuvo por exceso de velocidad en la autopista Turín-Aosta, a un coche en el que viajaban tres monjitas. Las religiosas justificaron sus 180 kilómetros por hora afirmando que estaban preocupadas por el incidente del Papa, del que habían oído en la radio. La noticia apareció al día siguiente en los principales periódicos, incluso fuera de Italia.

A pesar de la peregrina explicación, debo reconocer que las anónimas monjitas me cayeron enseguida simpáticas. Supuse que, sin duda, deberían de ser jóvenes y que viajaban en un buen coche, tal vez prestado, y que gracias a la proverbial flexibilidad italiana, las monjas habrían salido bien paradas. Mis previsiones, sin embargo, estaban equivocadas: según la prensa, se trataba de un modesto Ford Fiesta, la monja conductora no era tan jovencita (A.M, 56 años) y la piadosa excusa no le había impedido la multa (375 euros más un mes sin carnet de conducir). A.M, sin embargo, recurrirá...

Pero lo más curioso del caso es que todo parece indicar que se trata de una noticia inventada. La policía de tráfico ha emitido un comunicado en el que se afirma que la noticia carece de todo fundamento. No consta en ninguna parte. Y pensar que el telediario del segundo canal de la Rai ha entrevistado incluso al abogado de la monja... Bien, estamos en verano y tenemos necesidad de noticias de interés humano. “Se non è vero, è ben trovato!”

¿Quiénes dirigen la historia humana?

El mundo no está en manos del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, ni del Parlamento Europeo, ni de la Asamblea General de las Naciones Unidas, ni de la NATO, ni de la Organización de los Estados Americanos, ni de otros grandes y complejos organismos internacionales y alianzas militares.

Fernando Pascual


El mundo no está en manos del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, ni del Parlamento Europeo, ni de la Asamblea General de las Naciones Unidas, ni de la NATO, ni de la Organización de los Estados Americanos, ni de otros grandes y complejos organismos internacionales y alianzas militares.

El mundo no está en manos del presidente del país más poderoso del mundo, ni del partido político que dirige los destinos de la nación más poblada, ni de los Siete, Ocho, o más, estados superindustrializados.

El mundo no está en manos de la Banca Mundial, ni del Fondo Monetario Internacional, ni de los grandes Bancos, ni de la bolsa en sus complejos sistemas de manejar dinero.

El mundo no está en manos de los productores y vendedores de armas, ni de quienes en sus bases almacenan bombas atómicas suficientes para destruir varias veces el planeta.

El mundo no está en manos de los que controlan el comercio internacional, ni de quienes tienen las “patentes” de las semillas del futuro, ni de los que saben cuánta agua queda y por cuánto tiempo.

El mundo no está en manos de los científicos que inventan vacunas, que analizan el clima, que construyen teorías, que proyectan complejos y magníficos aparatos caducos y pasajeros.

El mundo no está en manos de los periodistas, ni de las páginas más poderosas de internet, ni de los que escriben novelas leídas por millones de personas, ni de los productores de cine.

El mundo no está en manos de las mafias, ni de los traficantes de droga, ni de los que hacen negocio con los secuestros, ni de las mil formas de crimen organizado.

El mundo ha estado, está y estará siempre en las manos de Dios. Aunque guarde silencio, aunque parezca esperar desde un “trono lejano”, aunque no sintamos su mirada, aunque no reconozcamos su presencia, aunque algunos nieguen su existencia.

El mundo ha estado, está y estará en las manos de Dios sobre todo cuando su Amor lo lleva a la locura de la misericordia: cuando entrega al Hijo que se encarna en una Virgen nazarena, cuando permite que sea juzgado y condenado por quienes son frágiles creaturas deslumbradas por las condecoraciones huecas de los reinos de este mundo.

Dios dirige la historia humana, aunque no lo sintamos, aunque no lo sepamos, aunque lo olvidemos. Junto a Dios, también son directores de la historia cientos, miles de hombres y mujeres de todos los tiempos y de todos los rincones del planeta, que saben rezar, que saben amar, que saben servir, que saben leer y vivir el Evangelio.

Han reconocido que “el verdadero poder es el poder de la gracia y la misericordia” (Benedicto XVI, 24 de julio de 2009). Han descubierto en Cristo al Cordero que quita el pecado del mundo y que dirige la historia humana. Lo han adorado en el gran misterio de la Eucaristía. Lo han invocado en el Sacramento de la penitencia. Lo han descubierto presente en la Iglesia, en el Papa, en los obispos y sacerdotes buenos.

Dios con ellos, y ellos con Dios, dirigen la historia humana. Y repiten, con la sencillez y la fuerza de los primeros cristianos: “¡Amén! ¡Ven, Señor Jesús!” (Ap 22,20).

El mejor regalo de bodas

«¿Por qué no puedo tener relaciones sexuales antes de casarme? -me preguntó Alex. Te juro que amo muchísimo a mi novia; no la cambiaría por nada ni nadie. Ya llevamos dos años de novios, ¡es el amor de mi vida! ¿Qué más da si lo hacemos ahora por primera vez?»

Adolfo Güémez


«¿Por qué no puedo tener relaciones sexuales antes de casarme? -me preguntó Alex. Te juro que amo muchísimo a mi novia; no la cambiaría por nada ni nadie. Ya llevamos dos años de novios, ¡es el amor de mi vida! ¿Qué más da si lo hacemos ahora por primera vez?»

Estas inquietudes no pertenecen solamente a Alex. Casi todos -hombres o mujeres- las experimentamos alguna vez, obligándonos a dar una respuesta: sí o no. Pero, ¿de verdad les hemos dado una solución convincente? Por eso, hoy te invito a no tener miedo de ver las cosas con claridad, analizando junto conmigo 5 razones por las que es mejor esperar a tener relaciones sexuales una vez que estés casado o casada.

Es lo normal, todos lo hacen: Puede ser que tener relaciones sea lo común pero, ¿de verdad crees que sea lo normal? El sexo implica la responsabilidad de un posible embarazo. Por ello, lo normal es que se dé en un ambiente donde se asegure el desarrollo y la educación del niño, y estas condiciones sólo se cumplen en el matrimonio.

Por ti soy capaz de todo: Ni tú ni yo hemos nacido con una etiqueta de «úsese y tírese». Ni tú ni yo ni nadie podemos ser instrumentos que otras personas utilizan para divertirse o sacar un provecho. Por ello, si tu pareja te ama de verdad, será capaz de hacer cualquier sacrificio por ti. Uno de los principales será el de esperar a tener relaciones sexuales hasta el matrimonio, pues sólo así tendrás la seguridad de que te quiere por lo que eres, y no por el cuerpo que tienes.

Si me amas, demuéstramelo: El amor y el respeto auténticos siempre se identifican. Te ama más quien más te respeta, pues requiere más amor el dominarse que el dejarse llevar por la pasión. De ahí que las parejas que esperan hasta el matrimonio para tener relaciones sexuales, se amen mucho más y den una mayor garantía de felicidad. La verdadera muestra de amor no es el sexo, sino el respeto mutuo: ¡demuéstrale con eso cuánto la(o) amas!

Quiero entregarme totalmente: Todos sentimos en nuestro interior unas ganas tremendas de entregarnos a quien amamos. Pero ojo, la entrega o es total, o no es entrega. La relación sexual prematrimonial no es más que un pedazo del pastel de la donación. En el matrimonio, en cambio, la entrega es de verdad total, pues implica el juramento de estar juntos para siempre, «en las buenas y en las malas».

Necesito una seguridad: El modo de mantener tu relación no es entregándote al sexo. Todo lo contrario: uno de los pilares que garantiza la duración de una pareja es precisamente la continencia, que es la virtud que te hace capaz de contener y refrenar tus deseos cuando te impiden alcanzar tus metas más altas. Es así que aprender a esperar se convierte en una piedra fundamental para cualquier relación seria. Y es que, si antes de casarte no eres capaz de domar tus emociones, ¿quién te garantiza que lo harás cuando ya estés casado(a) y se te presente otra oportunidad?

Por todo esto, el mejor regalo de bodas que le puedes hacer a tu pareja es tu virginidad. Ella es un obsequio que concedes a quien te plazca, pero una vez que la dejas ir, jamás vuelve. ¡Guárdala para ese momento maravilloso! Más que un viaje, una casa, una luna de miel paradisíaca, lo mejor que le puedes ofrecer a tu esposa(o) es una intimidad «sin estrenar».

Sembrar de dentro hacia fuera… una reflexión sobre Michael Jackson

Michael Jackson intentó sanar al mundo, pero no pudo sanarse a sí mismo. En su vida reinó el oropel de la vanidad y la vida placentera. Como él, muchos siguen el camino ancho de la perdición en este mundo que gira y gira y no sabe hacia dónde ni por qué lo hace.

Juan Antonio Ruiz J.


Me encontraba surcando prados y montes en un tren. Siempre me ha fascinado un viaje de estas características, pues contemplas en pocos momentos una gran diversidad de paisajes. Paisajes que son no solamente geográficos, sino también humanos.

Esa tarde tenía delante un horizonte humano precioso y conmovedor: un grupo de niños pequeños.

¿Alguno ha estado alguna vez en un jardín de infancia durante el recreo? Es increíble ver el universo que se crean en el arenero peleando en el oeste contra el malvado forajido o en un viaje en el espacio, destruyendo enemigos de Marte. Los chicos de mi tren intentaban salvar de las garras de un pirata tuerto a una bella doncella.

Poco a poco, los niños iban conquistando el vagón transformado en barco, mientras que los viajeros, convertidos forzosamente en espectadores, disfrutábamos con sus hazañas.

Al bajarme del tren saludé a los niños y éstos se escondieron, tímidos, tras las faldas de su madre. A pesar de todas las aventuras vividas, los piratas seguían siendo unas pequeñas criaturas indefensas.

¡Cuánto nos conmueven los niños! Y ¡cuánto nos llenan de esperanza el verles crecer y formarse hombres maduros! El problema que afrontarán, sin embargo, no resulta sencillo. La sociedad está impregnada de odio, dificultades, consumismo exacerbado. Todo parece que, cuando crezcan, se toparán con un problema irresoluble y que les hará caer en desgracia. ¿Qué hacer, pues?

Muchos han intentado dar una solución lógica y eficaz. Uno de ellos, muy recordado en estos días, ha sido Michael Jackson.

El así llamado “Rey del Pop” propone en una de sus canciones, titulada Heal the world, crear un mundo mejor para vivir, y para los niños sobre todo, a través del amor. Dicho así, no hay un guapo que se decida a contradecirle; tiene toda la razón.

El problema radica en que este señor parece no haber vivido aquello que tan hermosamente cantaba. Los escándalos sobre su presunta pederastia y abuso de menores han llenado los titulares de los periódicos y las cadenas televisivas. Así, de ser el ídolo de muchos, pasó a ser un monstruo para casi otros tantos, incluso en lo físico.

Entonces, ¿cuál es pues el problema? Sí, debemos sanar al mundo, pero no de forma superficial. Es fácil proferir palabras bonitas y luego hacer lo que se me pega mi regalada gana.

No, éste no es el punto. Ese mundo necesitado debe entenderse como un nosotros. La medicina debe curarnos el corazón y el alma y así cambiaremos el mundo. Primero nosotros, después a los demás. Si el mismo Michael Jackson hubiese recordado sus canciones, se habría dado cuenta que Man in the Mirror, otra melodía suya, ya lanzaba el slogan del cambio: If you want to make the world a better place, take a look at yourself and make the change («si quieres hacer del mundo un lugar mejor, mírate a ti mismo y haz el cambio»).

En efecto, de nada sirve quejarse de los males de nuestra sociedad: «¡Ay que ver la violencia, el Gobierno, mira que…!». Y ¿tú, en qué arrimas el hombro? Alguno lo ha sintetizado diciendo “mal de muchos, epidemia”. Y la epidemia del desaliento es terrible en todos los aspectos.

Si analizamos, pues, la solución que podríamos dar, a mí me viene la idea de no buscar tres pies a un gato que ya camina perfectamente con sus cuatro patas. Es decir, basta con cada día realizar lo que debemos; a lo nuestro con alegría. ¿Aún no lo captas? Bueno, pues el estudiante, a estudiar; el médico, a curar; el obrero, a trabajar; el futbolista, a meter goles; y así cada uno en su propia condición, pero siempre con amor y esfuerzo, sabiendo que aquello que uno haga bien, ayuda a la causa del género humano.

Mira que el mismo Cristo nos dio el ejemplo. Él vino a la tierra para compartir toda nuestra condición, fuera del pecado: trabajó, durmió, tuvo amigos, sintió hambre y sed, etc., incluso, digo yo, habrá jugado algo. Y, de esta manera, podemos pensar que si Cristo, siendo Hijo de Dios, hizo todo ello y de esa manera nos salvó, eso significa que mi día cotidiano es una gran oportunidad para construir un mundo mucho mejor.

Había un poeta, Marcos Blanco, que en su poesía Sembrador, ponía en la boca de su personaje la filosofía de lo que debería de ser el lema del que quiera ser un auténtico humano:

“¡Hay que luchar por todos los que no luchan!
¡Hay que pedir por todos los que no imploran!
¡Hay que hacer que nos oigan los que no escuchan!
¡Hay que llorar por todos los que no lloran!
Hay que ser cual abejas que en la colmena
fabrican para todos dulces panales.
Hay que ser como el agua que va serena
brindando al mundo entero frescos raudales.
Hay que imitar al viento, que siembra flores
lo mismo en la montaña que en la llanura:
y hay que vivir la vida, sembrando amores,
con la vista y el alma siempre en la altura”.

Michael Jackson intentó sanar al mundo, pero no pudo sanarse a sí mismo. En su vida reinó el oropel de la vanidad y la vida placentera. Como él, muchos siguen el camino ancho de la perdición en este mundo que gira y gira y no sabe hacia dónde ni por qué lo hace. No son capaces de preguntarle a ese “hombre del espejo”, a cada uno, qué tiene que mejorar para poder luego exigir un cambio en los demás.

Tratemos, pues, de luchar día a día en nuestro común esfuerzo por levantar y sacar adelante aquello que deseamos que los que viven en nuestro entorno nos transmitan. Y no debe importarnos la edad que tengamos: siempre podemos llevar a cabo muchísimas cosas. Basta proponérselo y organizarse. Que en nuestra boca se susurre siempre las palabras del poeta-sembrador: «¡Hay que vivir sembrando! ¡Siempre sembrando...!».

Julio 14, 2009

Que se casen los curas

La práctica de exigir el celibato a quienes querían ordenarse, se procuró desde los inicios de la Iglesia. Y aunque frecuente, no era todavía obligatoria.

Alejandro Cortés González-Báez


He de reconocer una cierta extrañeza por el empeño que ponen –algunas de esas personas que nunca faltan– de que los sacerdotes contraigamos nupcias, quizás considerando que, como la felicidad sólo se puede alcanzar dentro del matrimonio, los sacerdotes no podemos conseguirla, y tampoco podemos llegar a la maduración afectiva.

Esto me resulta tan curioso como afirmar que los casados, por el hecho de serlo, sí han alcanzado dicha madurez y felicidad. Y desde este momento quiero dejar muy claro que considero a la mujer como la mejor compañera del hombre para compartir una vida de ayuda mutua, donde ella sirve de soporte, brindando un amor incomparable. Esto lo digo en serio.

Además me siento obligado a aclarar algo que, sin duda, le romperá los esquemas a más de uno. Dentro de la doctrina católica más pura el Sacramento del Orden Sacerdotal no se contrapone al Sacramento del Matrimonio, de forma que, “sacramentalmente”, no hay obstáculos para que los ministros sagrados, diáconos, sacerdotes y obispos, pudiéramos unirnos, en este valle de lágrimas, a una encantadora mujer.

Ahora bien, conviene señalar que hasta aquí nos estamos moviendo dentro de la teología sacramental, la cual es sólo una parte del cuerpo doctrinal profesado por la Iglesia; pero no comprende todos los aspectos que fundamentan la vida de la misma. Así pues, junto a ella encontramos la Teología Fundamental, la Dogmática, la Litúrgica, la Moral, la Ascética, la Mística, el Derecho Canónico y la Práctica Pastoral.

De esta forma, se entiende que no todo lo que es posible desde un aspecto, resulte conveniente desde otros. Por lo aquí dicho, queda claro que sí podría haber sacerdotes casados, pero la exigencia de separar definitivamente estos dos Sacramentos, es de tipo ascético y prudencial práctico. No todo lo que está permitido es conveniente. Y si no queda claro, pregúnteselo a los gorditos.

Por principio, consideremos cómo la Iglesia, con el fin de atender las necesidades espirituales de sus fieles, se ha organizado principalmente de acuerdo a un sistema territorial. Así pues, la Santa Sede divide al mundo en diócesis, nombrando a Obispos para que las dirijan, enseñen y santifiquen. A su vez, estos Prelados escogen entre sus sacerdotes a los que deben responsabilizarse de los territorios en los que se subdividen las diócesis, esto es las parroquias. A dichos sacerdotes los conocemos como “el párroco o señor cura”. Y trabajando con los párrocos pueden haber otros sacerdotes, por ejemplo: los vicarios.

Lo común es poder descubrir en todo el mundo bastantes más taxistas y médicos que sacerdotes, y entre éstos, encontramos a algunos ancianos y enfermos, ya que a algunos les ha tocados recorrer muchos kilómetros y por pura terracería. Por otra parte, en todas las diócesis existen pueblos, rancherías, ejidos y barrios de pobreza inhumana que han de recibir el mensaje y el apoyo del Evangelio.

Esta compleja realidad convierte a los Señores Obispos en auténticos ajedrecistas quienes mueven a sus sacerdotes para poder atender a quienes se han gastado en el servicio de los fieles. Señores pasajeros, habiendo sobrevolado el mapa de la pastoral, pidamos indicaciones a la torre de control para poder aterrizar:

1- Imagínense nada más la alegría o gozo que llenaría el alma de la esposa de un sacerdote quien, siendo madre de algunos hijos estudiando desde el kínder hasta la preparatoria, su maridito le llegara con la noticia de que han de cambiar a los hijos de sus escuelas porque el Señor Obispo lo acaba de nombrar párroco de la Coronación en el pueblo de San Martín de las Palomas, municipio de “Xicoltenahlpan” de las Tunas.

2- Ahora bien, pensemos que el cambio de parroquia se da dentro de la misma ciudad, pero a la colonia “Colinas de Vista Hueca”, esto es, en la zona de los basureros municipales; habiéndose enterado ella –por medio de la esposa del párroco de la Paz– que al Padre Hermenulfo, que se ordenó hace apenas cuatro años, le encargaron la Parroquia de la Hacienda del Duque –uno de los mejores barrios de la Ciudad–, cuando su marido tiene ya veinticuatro años como sacerdote.

3- ¿Pueden Ustedes suponer lo que sucedería en un pueblo, si la esposa del Señor Cura fuera chismosa?

4- ¿Cómo sería el trato del Sacerdote con su media naranja si ésta fuera celosa?: “¿Me puedes aclarar por qué estás dedicando tanto tiempo a las catequistas, eh?”; o: “Ya no me está gustando que seas el director espiritual de tantas señoras”.

5- ¿Con qué autoridad podría un sacerdote animar a sus feligreses a ser virtuosos si resultara que su propio hijo (haciendo mal uso de su libertad) fuera parrandero y jugador?

6- ¿Cuántas críticas despertaría un sacerdote cada vez que su mujer estrenara un vestido o saliera con toda la familia de vacaciones y hasta dónde le parecería correcto a su comunidad que los llevara a pasear?

7- ¿Qué sucedería en una Iglesia donde, algunos domingos no hubiera misas porque el sacerdote tuvo que llevar a su suegro, a su esposa o a sus hijos al médico?

8- ¿En qué situación se encontrarían dos o más sacerdotes quienes, teniendo que vivir juntos, sus esposas o sus hijos no se llevaran bien, sino todo lo contrario?

9- ¿Pueden ustedes imaginar los comentarios de la familia de la esposa de un clérigo si llegaran a enterarse de los clásicos conflictos matrimoniales, o porque no los ayudó como ellos esperaban, dadas las condicionantes de su ministerio pastoral; o porque simplemente cayó en la cuenta de que suelen abusar de él?

10- La situación de casado exigiría a un sacerdote una serie de compromisos sociales como reuniones, bailes, visitas familiares, asistencia a las reuniones de padres de familia de las escuelas de sus hijos, etc., que lo llevarían necesariamente a descuidar su ministerio.

11- La experiencia nos demuestra que la convivencia diaria de un sacerdote puede tener un carácter un poco difícil y esto puede provocar la pérdida del respeto, incluso de su misma esposa.

La práctica de exigir el celibato a quienes querían ordenarse, se procuró desde los inicios de la Iglesia. Y aunque frecuente, no era todavía obligatoria. Sin embargo, ya en el siglo III, en el Concilio de Elvira (España) se exigió como requisito indispensable a los futuros sacerdotes. No llego a comprender cómo se las arreglarían los Obispos de los primeros siglos de la cristiandad, cuando todavía se admitían a clérigos casados, pero me parece perfectamente lógico que llegaran a la conclusión de cambiar tal disciplina por las normas actuales, siguiendo el consejo de San Pablo cuando nos dice en su primera carta a los Corintios: “El no casado se preocupa de las cosas de Dios, de cómo agradarle”.

Por otra parte, todos sabemos desde niños que los sacerdotes no se casan, de esta manera nadie podría, después de tantos años de estudio y preparación, llamarse engañado afirmando que él se enteró de dicha disposición ya siendo sacerdote.

Pero vayamos, en definitiva, a las causas de fondo sobre la hermosa y valiosísima práctica del celibato sacerdotal según un texto de la Santa Sede: “se permanecería en una continua inmadurez, si el celibato fuese vivido como “un atributo que se paga al Señor” para acceder a las Órdenes (Sagradas) y no más bien como un “don”, que se recibe de su misericordia, como elección de libertad y grata acogida de una particular vocación de amor por Dios y por los hombres (cf. Directorio para el Ministerio y la Vida de los Presbíteros, de la Sagrada Congregación para el Clero, del 31 de enero de 1994, número 59).

Si de todo sacerdote se espera santidad, la mujer de un sacerdote tendría que ser doblemente santa. Es decir, no resultaría tarea fácil conseguir tantas lindas mujeres llenas de virtudes y encantos, capaces de servir como modelos de esposas, repletas de visión sobrenatural y prudencia, para poder cumplir con las exigencias de un matrimonio doblemente exigente, durante toda su vida.

Por lo tanto, a todos aquellos interesados en ayudarnos para que nos podamos casar, les damos las más sinceras gracias, pero como dicen por ahí: “no me ayudes compadre”.

Los cinco deberes de un líder

Ser líder es apasionante; pero no es fácil. El líder debe cargar con la responsabilidad de dirigir a los demás. He aquí 5 tareas que le ayudarán a lograrlo efectivamente.

Adolfo Güémez


Ser líder es apasionante; pero no es fácil. El líder debe cargar con la responsabilidad de dirigir a los demás. He aquí 5 tareas que le ayudarán a lograrlo efectivamente.

1. Dar libertad: sólo un auténtico líder es capaz de tomar a sus colaboradores y dirigirlos como personas. Para él, los demás se merecen su respeto y su confianza, y por ello los deja actuar con libertad. Les permite ser ellos mismos, pensar, opinar, decidir, trabajar, luchar. Esto, por supuesto, exige de él un gran sentido de la realidad y de humildad.

Sentido de la realidad para verse él mismo realizado a través de las acciones de sus hombres y para sentirse comprometido con sus posibles éxitos o fracasos. Pero también para despertar en cada uno de ellos la propia responsabilidad de cara al proyecto común. Sentido de humildad para saberse retirar a una acción más callada, menos vistosa y aplaudida, pero decisiva en la marcha de cualquier empresa o institución. El maestro de ceremonias es el más visto en un evento, pero es el organizador el que lo planea y dirige. Sin esa planeación, toda actividad carecería de atracción, armonía y unidad.

2. Formar a sus colaboradores: para que sus hombres puedan actuar con libertad necesitan ser formados, adiestrados y educados en el campo específico de su acción. Formar a estos hombres es uno de los más importantes deberes del líder.

Cuando no hay formación, surge espontáneamente o bien una oposición, o bien una falsa idea de la obra que se ha de realizar. Un colaborador sin instrucción puede tener muy buena voluntad, pero actuará siempre a su aire, juzgando las cosas según sus criterios. Así, un director tendrá en sus manos a personas que causan mayores problemas que realizaciones. De aquí que un auténtico líder esté siempre dispuesto a dedicar su tiempo a la formación de los demás.

3. Potenciar a sus hombres: el líder debe poseer una visión nítida tanto de los fines a lograr, como de los hombres con que cuenta para ello. Por esto, después de formarlos, situará a cada hombre en el lugar donde puede rendir más y hacer más fructífera su acción personal. De esta forma, tanto cada uno, como el proyecto entero, se potencian y realizan.

4. Continua revisión: continua, sí, pero no opresiva. Revisar no implica una intromisión, sino una educación; educación que comprende dirección, corrección, rectificación. El director, sin llegar a estorbar la labor de su colaborador, debe estar presente en todo. Al poseer la visión de conjunto, él es el único que puede asegurar que todo sigue un curso unitario hacia un objetivo común.

5. Delegar: es decir, seguir una jerarquía lógica. El líder debe proyectarse delegando aquello que puede a sus colaboradores inmediatos. Tener una actitud de omnipotencia es una tentación muy difundida y en la que se sucumbe fácilmente. Ella nos lleva a ver con ojos de desaprobación todo cuanto hace un subordinado, y más aún si éste es más joven. Por el contrario, el verdadero líder poseerá una actitud de confianza, creando seguridad en sí mismos en cada uno de sus colaboradores.

Esto exige de todos una buena programación, una excelente comunicación, y una serena puesta en común de los propios puntos de vista. A mayor comunicación y programación, mayor eficacia. Donde no hay vínculos de comunicación, de diálogo, no hay delegación efectiva; donde no hay programación, habrá confusión; donde no hay comunicación, habrá tensión.

Algo peor que ser injustos…

¿Es mejor cometer injusticia o padecer injusticia? La pregunta está presente en un diálogo de Platón, el “Gorgias”. En el fondo, se trata de descubrir quién “gana más” (o quién pierde menos): el que logra imponerse con sus trampas, o la víctima que sufre desde la prepotencia de otros.

Fernando Pascual


¿Es mejor cometer injusticia o padecer injusticia? La pregunta está presente en un diálogo de Platón, el “Gorgias”. En el fondo, se trata de descubrir quién “gana más” (o quién pierde menos): el que logra imponerse con sus trampas, o la víctima que sufre desde la prepotencia de otros.

La respuesta platónica resulta difícil de aceptar. Se construye desde el análisis de cuatro posibilidades. ¿Cuáles? La primera, cometer injusticia sin ser castigado por ello. La segunda, cometer injusticia y recibir un castigo. La tercera, padecer injusticia. La cuarta, no sufrir ninguna injusticia y vivir de modo honesto.

Para Sócrates, tal y como lo presenta Platón, lo mejor es no padecer injusticia y vivir de modo justo. Lo peor, en cambio, es vivir en la injusticia sin recibir ningún castigo.

De las otras dos posibilidades que quedan, sería mejor padecer injusticia que cometer injusticia y ser corregido.

Si comparamos la situación de quienes cometen injusticia, de nuevo lo peor es cometerla sin ser castigado, y sería mejor cometerla y sufrir un castigo. ¿Por qué? Porque el castigo, en principio, repara el mal y permite al hombre injusto iniciar un camino de cambio, de curación, de ruptura con su pasado y de satisfacción por sus culpas.

Para muchos este discurso resulta abstracto, incluso irrealista. Hay quienes viven con el deseo de eludir cualquier mal, incluso a costa de cometer injusticias más o menos “discretas” (lo suficiente como para no ser descubiertos). Otros pisotean las normas más elementales de la justicia para conseguir un mejor puesto de trabajo, para vencer las elecciones, para destruir a un “adversario”, para ganar competividad en el mercado, para enriquecerse, para vengarse, para controlar el mundo de la prensa, etc.

Además, esas personas injustas buscan estrategias y trucos para evitar policías o testigos que puedan descubrir la injusticia cometida y llevarles a la cárcel o a castigos más o menos dolorosos.

Quienes así actúan no se percatan de que dañan profundamente sus almas y que permiten que el mal avance en la sociedad. Porque, aunque nos parezca locura, sigue siendo verdad que la injusticia daña mucho más a quien la comete que a quienes la sufren.

Quien ha llegado a actuar como verdugo necesita escuchar la voz molesta de un Sócrates que le invite a entregarse, a pedir perdón, a romper con su pasado, a dejarse limpiar de su culpa. Quien es víctima, necesita recordar que su “derrota” es victoria si sabe no dejarse llevar por el odio, si perdona, si mantiene el corazón en el camino de la justicia y de la vida honesta.

Algún día veremos claro lo que vale realmente. Ser injusto puede ofrecer ganancias aparentes, pero nunca mejora lo más íntimo del corazón humano. Ser justo es ganar siempre, aunque a los ojos de la “historia” uno aparezca como derrotado.

En realidad, nunca será derrota vivir en la verdad, ni resulta “derrota” ser corregido para arrancar del propio interior las heridas que toda injusticia provoca en quien la comete.

Sócrates, y tantos miles de justos del pasado y del presente, nos lo recuerdan con sus palabras y con su vida. Su voz merece ser oída, si queremos construir un mundo un poco mejor, más justo y más feliz.

Bibliotecas

A pesar de que sean muchísimos más los que se junten a ver los juegos de pelotas -como en otros tiempos las cuadrigas, el circo, las fieras- las bibliotecas se mantienen a través de los milenios.

Jorge Bernabé Lobo


A principios de este siglo, un periodista escribió una nota que ahora nos llama la atención. Decía que había observado algo insólito, inexplicable, increíble por lo irrazonable: resulta que a las canchas en las que grupos de muchachos se divertían jugando a la pelota, iba bastante público a pesar de que cobraran entrada para verlos; mucho más público del que acudía a las bibliotecas, a pesar de que en las bibliotecas, además de no cobrarse nada por entrar, se podía realizar una tarea -estudio, aprendizaje, pasatiempo, instrucción, investigación- de alto valor para el propio interesado. El periodista mostraba el hecho como inexplicable por lo absurdo que resultaba.

Ahora lo encontramos perfectamente natural y comprensible. Este siglo -cambalache problemático y febril- nos ha acostumbrado a ver que el hombre no se guía por su raciocinio, por la lógica, sino por las pasiones. Y a pesar de que las pasiones sean apetitos desordenados del ánimo, el hombre de este siglo se las echa encima muy campante, sin siquiera ruborizarse. Una tremenda distancia espiritual nos separa de aquel faraón egipcio que en la puerta de su biblioteca escribiera: “tesoro de los remedios del alma”. Hasta las alocadas y atolondradas pasiones tendrían su remedio entre el tesoro de los libros, fuentes de serena sabiduría.

Llama la atención, sí, la escasa afluencia de lectores a las bibliotecas, cada día menor. Pero es un público valioso y persistente. A pesar de que sean muchísimos más los que se junten a ver los juegos de pelotas -como en otros tiempos las cuadrigas, el circo, las fieras- las bibliotecas se mantienen a través de los milenios.

Debemos congratularnos y festejar cuando los Gobernantes se acuerden de abrir. Construir, modificar y remodelar las bibliotecas; sobre todo puede ser un lugar en donde nuestros hijos, jóvenes, adultos y ancianos puedan protegerse con mayor seguridad del flagelo de la gripe o pandemia y es un día para la parsimonia con que cuentan el paso del tiempo las instituciones trascendentes. Que este regocijo y propuesta o invitación sea motivo propicio para que recordemos su existencia, para que nos hagamos cargo de nuestra obligación de conservarla, ampararla, mejorarla; para que tomemos conciencia de los aportes de saber que ella puede brindarnos. Convite que hago en nombre de la cultura, como también plasmo votos porque en las bibliotecas hallen apropiados lugares de trabajo quienes por alguna falencia física no puedan tenerlo en puestos en los que se precisa de todas las aptitudes del cuerpo.

Crisis, capitalismo y tópicos

En la crisis tiene “su parte” de culpa el capitalismo, representado por las multinacionales; pero no menos las izquierdas, las derechas, los sindicatos, el exacerbado egoísmo y la estupidez humana a todos los niveles.

Alejo Fernández Pérez


La edición del periódico español El Mundo del 6 de junio de 2009 decía que lo siguiente: “El 80% de la culpa de la crisis es del capitalismo”. Y el otro 20% también. Y ¡ahí queda eso!

Y qué bien quedamos cuando hablamos, siguiendo la corriente de lo político y socialmente correcto. No importa la verdad o la mentira, importa ser aplaudidos. O el miedo a disentir.

En la crisis tiene “su parte” de culpa el capitalismo, representado por las multinacionales; pero no menos las izquierdas, las derechas, los sindicatos, el exacerbado egoísmo y la estupidez humana a todos los niveles. Suelte usted una memez agradable a los oídos de un grupito y rápidamente se expandirá por el “mundo mundial”.

Desde hace tiempo existe un odio irracional al capitalismo, a los empresarios y a los ricos en general, tanto da que lo sean en dinero como en fama, inteligencia o cualquier otra excelencia como la religión. Se odia a quienes sobresalen. Pero…

Es el mundo capitalista, USA, Canadá, Reino Unido, Francia, Alemania, etc., donde los obreros han llegado al mayor grado de riqueza jamás habido. Es a los países capitalistas a donde emigran los pobres del tercer mundo -jamás a los socialistas-. Todas las naciones ansían implantar multinacionales en sus territorios. Son los capitalistas y empresarios quienes crean puestos de trabajos “reales”, exponiendo sus intereses. Y, sobre todo, “el capitalismo” ha traído la democracia y la libertad, dentro de las posibilidades humanas.

Para ayudar a los necesitados, los capitalistas ponen el dinero y la Iglesia sus incomparables organizaciones. Por contra, al progresismo se le llena la boca atribuyéndose la exclusividad de la defensa de los obreros y necesitados, sin que sepamos por qué, pues cada vez que han gobernado en un país, el paraíso prometido concluyó en muertes, miserias y falta de libertades; por esto las palabras y actitudes irracionales, fanáticas, llenas de odio o desprecio no deben ser toleradas, y menos aplaudidas.

Esto no significa que el capitalismo esté libre de graves defectos. En el plano religioso y moral sus consecuencias son de tanta gravedad como las provocadas por la progresía y los “sin Dios”. Pero en compensación, han aportado al bienestar de la humanidad más que ningún otro sistema político, guste o no.

Paradojas de la eutanasia

Intentemos aclarar lo que se entiende por eutanasia, pues bajo esa misma palabra se encuentran, en ocasiones, conceptos muy distintos.

Fernando Pascual


Crece continuamente el número de enfermos incurables y de ancianos que no pueden valerse por sí mismo. Aumentan los casos de niños, jóvenes o adultos que se encuentran en situaciones de invalidez irremediable. Todo ello suscita un sinfín de gestos de solidaridad, de apoyo, de altruismo. Pero no han faltado, en diversos lugares del mundo y con gran difusión de algunos medios de información, algunos casos en los que se ha pedido el recurso a la eutanasia.

Estas peticiones de eutanasia muchas veces no son sino una forma de pedir ayuda y compañía. Hay quienes, sin embargo, las aprovechan para promover la así llamada “dulce muerte” (eso es lo que significa, etimológicamente, “eutanasia”).

Intentemos aclarar lo que se entiende por eutanasia, pues bajo esa misma palabra se encuentran, en ocasiones, conceptos muy distintos. Para algunos “eutanasia” significaría renunciar a una intervención sanitaria que alargue el proceso de muerte a través de sufrimientos muy altos y sin ninguna esperanza de curación. Renunciar a un tratamiento de este tipo, de por sí, no es eutanasia, como veremos al definir de modo más preciso esta palabra. Debe quedar claro que en esos casos hay que mantener aquellos cuidados mínimos que merece todo enfermo, como son la limpieza, la hidratación y nutrición, además (y es algo sumamente importante) de ofrecer nuestro cariño y cercanía.

Para otros, la eutanasia consiste en un “acto positivo” orientado directamente a provocar la muerte del enfermo para evitar sus sufrimientos. Este “acto positivo” puede ser de dos tipos. El primero consiste en producir la muerte con sustancias químicas (envenenamiento), o por asfixia, o por otros caminos que, en circunstancias normales, serían considerados directamente como actos homicidas. El segundo tipo consiste en omitir un tratamiento proporcionado a la situación del enfermo (por ejemplo, el oxígeno para ayudar una insuficiencia respiratoria) o en dejar de ofrecer lo que cualquier ser humano necesita para vivir: agua y comida. En este segundo caso nos encontramos ante un homicidio producido como consecuencia de una omisión culpable de una ayuda que debe ser ofrecida a cualquier ser humano (también al enfermo).

Estos dos tipos de “actos positivos” tienen un objetivo claramente “homicida”, si entendemos con honestidad “homicidio” como el acto con el que se pretende causar la muerte de otro ser humano. Tanto en la acción que busca matar como en la “omisión activa” que provoca directamente la muerte de una persona que sufre, nos encontramos con que otras personas (familiares, amigos, personal sanitario) cometen un delito, asesinan a un enfermo.

Hemos de tomar con seriedad lo que significaría legalizar la eutanasia en esta segunda acepción (eliminación de personas que sufren diversas patologías físicas o psíquicas a través de acciones u omisiones orientadas directamente a esa eliminación). Significaría que en un estado de derecho algunas personas reciben el permiso de eliminar a otros seres humanos.

Hemos de añadir aquí que ni siquiera la petición de un enfermo o de otro ser humano deprimido o desesperado que suplica que alguien acabe con su vida puede ser motivo para permitir que se cometa el homicidio (en este caso, homicidio consentido) de un miembro de la sociedad. Aunque el homicidio consentido sea visto en algunas leyes como menos grave que el homicidio contra la voluntad de la víctima, no deja de ser un grave desorden social: un individuo recibe el poder de terminar con la vida de otro.

Además, si se legalizase el derecho a un suicidio asistido se crearía una situación paradójica ante las dos modalidades en las que se podría aplicar tal “derecho”, como recordaba recientemente Ignacio Carrasco de Paula. En la primera, que sería la más “aceptable”, los legisladores pondrían una serie de límites o condiciones al mismo, de forma que no cualquier ciudadano podría tener acceso al suicidio asistido. En esta situación, el “médico” o el juez encargado de “ejecutar” el homicidio-consentido determinaría si alguien (un “ejecutor”) puede o no matar a quien pide la muerte, por lo que la ley daría al ejecutor un enorme poder sobre la vida de otros seres humanos.

En la segunda, la que casi nadie aceptaría, bastaría una petición de suicidio asistido sin ninguna condición para que alguien estuviese obligado a ejecutarla. ¿No se violaría de este modo la voluntad de quienes piensan que es injusto matar a otro simplemente porque este otro lo pida? En otras palabras, aceptar esta segunda opción significaría imponer por ley el que uno pueda mandar a otro el cometer un homicidio consentido.

Ante estos problemas relativos a la eutanasia necesitamos recordar cuál es la esencia de la ley y la justicia. Una ley es justa sólo si se basa en el respeto y la defensa de los derechos fundamentales de todos los seres humanos que conforman la sociedad. Si se legaliza la eutanasia (el homicidio de algunos individuos por parte de otros, con o sin petición de los mismos), el estado otorgaría el permiso para que pueda ser violado el derecho a la vida de algunas personas, un derecho sobre el que se construyen todos los demás derechos que deben ser reconocidos en una sociedad que pretenda vivir con un mínimo de justicia.

Lo correcto, entonces, es promover el derecho a la vida de todos a través de la prohibición de la eutanasia entendida como acción u omisión destinada a provocar la muerte de un ser humano. Esta prohibición debe ir acompañada por una cultura de la asistencia a los enfermos y a los desesperados. Su dolor no debe ser motivo de abandono, sino invitación a la ayuda, a la solidaridad, al respeto, virtudes que muestran el nivel cívico y progresista de aquellas culturas que las asumen como propias.

El Hacedor de Alephs

Porque un Aleph es algo y Cristo es alguien. En Él está todo lo visible y lo invisible, todas las cosas que hay entre el cielo y la tierra que ni nuestra filosofía ni nuestra ciencia pueden siquiera soñar. Un Aleph resume tres dimensiones y el tiempo hacia el pasado y Cristo recapitula el cosmos infinito con todas sus infinitas dimensiones y jerarquías de tiempos dentro de tiempos, presentes, pasados, futuros.

Tomás Alfaro Drake


Jorge Luis Borges escribió un inquietante relato que lleva por título “El Aleph”.

Aleph es la primera letra del alfabeto hebreo. Pero en ese relato de Borges, esa palabra significa otra cosa. Borges llama Aleph a un “lugar donde están sin confundirse, todos los lugares del orbe vistos desde todos los ángulos”. Todo el universo, todo lo que ha sido y lo que es. Y el propio Borges lo encuentra en el escalón diecinueve de una escalera de un sótano de una casa de la calle Garay en Buenos Aires. Así nos lo describe:

Cerré los ojos, los abrí. Entonces vi el Aleph.

Arribo, ahora, al inefable centro de mi relato; empieza, aquí, mi desesperación de escritor. Todo lenguaje es un alfabeto de símbolos cuyo ejercicio presupone un pasado que los interlocutores comparten; ¿cómo transmitir a los otros el infinito Aleph, que mi temerosa memoria apenas abarca? Los místicos, en análogo trance, prodigan los emblemas: para significar la divinidad, un persa habla de un pájaro que de algún modo es todos los pájaros; Alanus de Insulis, de una esfera cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna; Ezequiel, de un ángel de cuatro caras que a un tiempo se dirige al Oriente y al Occidente, al Norte y al Sur. (No en vano rememoro esas inconcebibles analogías; alguna relación tienen con el Aleph.) Quizá los dioses no me negarían el hallazgo de una imagen equivalente, pero este informe quedaría contaminado de literatura, de falsedad. Por lo demás, el problema central es irresoluble: la enumeración, siquiera parcial, de un conjunto infinito. En ese instante gigantesco, he visto millones de actos deleitables o atroces; ninguno me asombró como el hecho de que todos ocuparán el mismo punto, sin superposición ni transparencia. Lo que vieron mis ojos fue simultáneo: lo que transcribiré, sucesivo, porque el lenguaje lo es. Algo, sin embargo, recogeré.

En la parte inferior del escalón, hacia la derecha, vi una pequeña esfera tornasolada, de casi intolerable fulgor. Al principio la creí giratoria; luego comprendí que ese movimiento era una ilusión producida por los vertiginosos espectáculos que encerraba. El diámetro del Aleph sería de dos o tres centímetros, pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminución de tamaño. Cada cosa (la luna del espejo, digamos) era infinitas cosas, porque yo claramente la veía desde todos los puntos del universo. Vi el populoso mar, vi el alba y la tarde, vi las muchedumbres de América, vi una plateada telaraña en el centro de una negra pirámide, vi un laberinto roto (era Londres), vi interminables ojos inmediatos escrutándose en mí como en un espejo, vi todos los espejos del planeta y ninguno me reflejó, vi en un traspatio de la calle Soler las mismas baldosas que hace treinta años vi en el zaguán de una casa en Fray Bentos, vi racimos, nieve, tabaco, vetas de metal, vapor de agua, vi convexos desiertos ecuatoriales y cada uno de sus granos de arena, vi en Inverness a una mujer que no olvidaré, vi la violenta cabellera, el altivo cuerpo, vi un cáncer en el pecho, vi un círculo de tierra seca en una vereda, donde antes hubo un árbol, vi una quinta de Adrogué, un ejemplar de la primera versión inglesa de Plinio, la de Philemon Holland, vi a un tiempo cada letra de cada página (de chico, yo solía maravillarme de que las letras de un volumen cerrado no se mezclaran y perdieran en el decurso de la noche), vi la noche y el día contemporáneo, vi un poniente en Querétaro que parecía reflejar el color de una rosa en Bengala, vi mi dormitorio sin nadie, vi en un gabinete de Alkmaar un globo terráqueo entre dos espejos que lo multiplicaban sin fin, vi caballos de crin arremolinada, en una playa del mar Caspio en el alba, vi la delicada osatura de una mano, vi a los sobrevivientes de una batalla, enviando tarjetas postales, vi en un escaparate de Mirzapur una baraja española, vi las sombras oblicuas de unos helechos en el suelo de un invernáculo, vi tigres, émbolos, bisontes, marejadas y ejércitos, vi todas las hormigas que hay en la tierra, vi un astrolabio persa, vi en un cajón del escritorio (y la letra me hizo temblar) cartas obscenas, increíbles, precisas, que Beatriz había enviado a Carlos Argentino, vi un adorado monumento en la Chacarita, vi la reliquia atroz de lo que deliciosamente había sido Beatriz Viterbo, vi la circulación de mi oscura sangre, vi el engranaje del amor y la modificación de la muerte, vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, y en la tierra otra vez el Aleph y en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo.

Sentí infinita veneración, infinita lástima”.

Pues bien, yo conozco algo mucho mayor que un Aleph. Si el gran escritor Jorge Luis Borges dice, al empezar a describir su Aleph: empieza, aquí, mi desesperación de escritor, imagínese la mía de mal escritor ante algo tan grande.

Lo que yo conozco no es algo para iniciados, como el Aleph de Borges, que sólo algunos elegidos pueden contemplar. Esta magnificencia la puede ver quien quiera, casi en cualquier momento.

Estaba, unos momentos antes de escribir estas líneas, delante de mí, expuesto a la contemplación de decenas de personas. Generalmente está oculto en un cofre pero a veces se expone para nuestra contemplación. Yo, hace unos momentos, lo he visto expuesto, pero es, si cabe, más impresionante cuando está oculto a las miradas, en su cofre.

Me estoy refiriendo al Santísimo Sacramento, expuesto o en el sagrario. Porque en cada sagrario del mundo está Jesucristo. Y en Él se recapitulan todas las cosas. La antigua creación y la nueva creación. Los viejos cielos y los nuevos. La tierra vieja y la nueva. Es a Él al que miraba el ángel de Ezequiel con sus cuatro caras simultáneamente orientadas a Oriente, Occidente, Norte y Sur. Si se abre un sagrario cerrado se ve sólo un copón lleno de formas consagradas.

Si se expone, los ojos de la carne ven sólo un círculo de pan blanco. Pero cuando el sagrario está cerrado, dentro, mientras nadie lo mira, hay algo más que un Aleph. Está Cristo, el Alfa y el Omega, el Aleph y el Tav, el Señor de la Historia, el Principio y el Fin. Hay mucho más que un Aleph.

Porque un Aleph es algo y Cristo es alguien. En Él está todo lo visible y lo invisible, todas las cosas que hay entre el cielo y la tierra que ni nuestra filosofía ni nuestra ciencia pueden siquiera soñar. Un Aleph resume tres dimensiones y el tiempo hacia el pasado y Cristo recapitula el cosmos infinito con todas sus infinitas dimensiones y jerarquías de tiempos dentro de tiempos, presentes, pasados, futuros. Y todo eso, en cada instante, Cristo se lo está presentando, redimido de todas sus culpas, al Padre. En Él hay futuribles y pasados que pueden rescribirse por el arrepentimiento. En Él vemos la victoria final de nuestro Dios. En Él todas las culpas han sido perdonadas y todos los perdones renovados. Un Aleph muestra, pero no tiene ningún poder para actuar, mientras que Él actúa, hace.

Es el Hacedor, el único Hacedor. El Hacedor de todo lo que pueda haber en un Aleph. El Hacedor de Alephs y el Aleph Hacedor. Un Aleph es sordo a las súplicas de los hombres mientras el Hacedor de Alephs escucha. No obedece, porque no está a nuestro servicio. Escucha nuestros anhelos –los escruta, pues ve hasta el fondo de nuestras almas– y, si le dejamos, nos concede lo que necesitamos, no lo que deseamos. Ambos anhelos rara vez coinciden. Un Aleph sólo se observa. El Aleph Hacedor nos transforma.

No hay nada extraño, para la ciencia del siglo XX, el siglo de la física cuántica, en el hecho de que al abrir un sagrario no se vea al Hacedor de Alephs, sino sólo algo que parece un trozo de pan. Bien saben los científicos, que conocen la física cuántica, que cuando un suceso que contiene en sí distintas posibilidades es expuesto a la observación, sólo una de ellas subsiste a la apreciación de los sentidos y los aparatos de medida. Por eso no es de extrañar que al abrir el sagrario sólo se vea algo que parece pan. Pero Jesucristo, el Aleph Hacedor, donde los espacios, las dimensiones y los tiempos se conjugan, se tejen y entretejen en madejas sólo por Él descifrables, actúa sobre nosotros y nos transforma, lo mismo cuando le vemos como pan que cuando está desplegado, fuera de nuestra vista, en sus infinitas y magníficas dimensiones.

Los poetas llegan siempre antes que los científicos donde los místicos ya han llegado. Que Dios puede borrar el pasado y rescribirlo en una nueva creación, es algo que los cristianos sabemos por la Revelación y que algunos místicos han sentido en lo más profundo de su ser. Después, un día, un poeta que tras una vida turbulenta encontró el arrepentimiento, Oscar Wilde, dijo:

Claro está que el pecador debe de arrepentirse. Pero, ¿por qué? Sencillamente porque de otra forma no podría comprender lo que ha hecho. El momento del arrepentimiento es el momento de la iniciación. Más que eso. Es el medio por el que uno altera su pasado. Los griegos lo tuvieron por imposible. A menudo dicen en sus aforismos gnómicos: <>. Cristo mostró que hasta el pecador más vulgar puede hacerlo”.

Sólo la ciencia faltaba a la cita. Pero parece que ha llegado. De la mano también, cómo no, de la física cuántica. Recientes experimentos de óptica cuántica demuestran, hasta donde la ciencia puede demostrar algo, que en determinadas condiciones, la causa puede ser posterior al efecto. Si esto es así, y parece que lo es, la Revelación, los místicos y los poetas tendrían razón a un nivel mucho más literal que lo que se podría imaginar.

El inconcebible y secreto universo conjetural del que habla Borges, todo él, entero, y sus infinitas alternativas no realizadas, pueden ser un enorme entramado de ecuaciones cuánticas que desborda cualquier imaginación. El Gran Matemático y Señor de la Historia se ha valido de estas ecuaciones para hacer posible la Redención en Cristo, para reescribir el mejor pasado, latente entre millones en cada retazo de pasado, cuando ya no haya futuro. Él, quedándose con nosotros hasta el fin de los tiempos, se ha desdoblado en una red de Alephs Hacedores que abraza todo el mundo y que, con ayuda de la libertad de los hombres, recreará una Historia, donde todo empiece y acabe mejor que si no hubiese habido Pecado Original. También esto lo anticipa la Liturgia de Pascua de Resurrección cuando dice algo así como:

¡Oh feliz culpa, que mereciste tal Salvador!

¿Un sueño? ¿Una visión? ¿Realidad? Lo sabremos cuando nuestros ojos puedan contemplar cara a cara el Rostro en el que todas las ecuaciones están resueltas y en el que todas las preguntas y todos los porqués están respondidos. Mientras tanto tenemos que vivir con una mente y un corazón abiertos a las sorpresas de un Dios respetuoso con nuestra razón pero inmensamente más grande que ella. Asomados, colmados de maravilla, sobre los abismos de luz del Misterio en los que nuestra razón no puede penetrar sino sólo mojarse hasta donde da pie el océano que se extiende delante de ella. Abiertos a la contemplación de la belleza del Misterio, para poder sumergirnos en Él cuando todo sea eterno presente.

Hasta aquí mi desesperado intento de balbucear una miserable descripción de una maravilla que, escondida o expuesta, puedo contemplar a diario.

Síntesis de la carta encíclica Caritas in Veritate, sobre el desarrollo humano integral en la caridad y en la verdad

Resumen de la carta encíclica La caridad en la Verdad, del Papa Benedicto XVI

Oficina de prensa de Santa Sede


La Encíclica Caritas in Veritate consta de una introducción, seis capítulos y una conclusión y está fechada el 29 de junio de 2009, solemnidad de San Pedro y San Pablo.

En la Introducción el Papa recuerda que la caridad es "la vía maestra de la doctrina social de la Iglesia". Por otra parte, dado el "riesgo de ser mal entendida o excluida de la ética vivida" advierte de que "un cristianismo de caridad sin verdad se puede confundir fácilmente con una reserva de buenos sentimientos, provechosos para la convivencia social, pero marginales".

"El desarrollo (...) necesita esta verdad", escribe Benedicto XVI y analiza "dos criterios orien¬tadores de la acción moral: la justicia y el bien común. (...) Todo cristiano está llamado a esta caridad, según su vocación y sus posibilidades de incidir en la polis. Ésta es la vía institucional del vivir social".

El primer capítulo está dedicado al "Mensaje de la "Populorum progressio" de Pablo VI que "reafirmó la importancia imprescindible del Evangelio para la construcción de la sociedad según libertad y justicia". "La fe cristiana -escribe Benedicto XVI- se ocupa del desarrollo no apoyándose en privilegios o posiciones de poder (...) sino solo en Cristo". El pontífice evidencia que "las causas del subdesarrollo no son principalmente de orden material". Están ante todo en la voluntad, el pensamiento y todavía más "en la falta de fraternidad entre los hombres y los pueblos".

"El desarrollo humano en nuestro tiempo" es el tema del segundo capítulo. "El objetivo exclusivo del beneficio, cuando es obtenido mal y sin el bien común como fin último -reitera el Papa- corre el riesgo de destruir riqueza y crear pobreza" Y enumera algunas distorsiones del desarrollo: una actividad financiera "en buena parte especulativa", los flujos migratorios "frecuentemente provocados y después no gestionados adecuadamente o la explotación sin reglas de los recursos de la tierra". Frente a esos problemas ligados entre sí, el Papa invoca "una nueva síntesis humanista", constatando después que "el cuadro del desarrollo se despliega en múltiples ámbitos: (...) crece la riqueza mundial en términos absolutos, pero aumentan también las desigualdades (...) y nacen nuevas pobrezas".

"En el plano cultural -prosigue- (...) las posibilidades de interacción" han dado lugar a "nuevas perspectivas de diálogo", (...) pero hay un doble riesgo". En primer lugar "un eclecticismo cultural" donde las culturas se consideran "sustancialmente equivalentes". El peligro opuesto es el de "rebajar la cultura y homologar los (...) estilos de vida". Benedicto XVI recuerda "el escándalo del hambre" y auspicia "una ecuánime reforma agraria en los países en desarrollo".

Asimismo, el pontífice evidencia que el respeto por la vida "en modo alguno puede separarse de las cuestiones relacionadas con el desarrollo de los pueblos" y afirma que "cuando una sociedad se encamina hacia la negación y la supresión de la vida acaba por no encontrar la motivación y la energía necesarias para esforzarse en el servicio del verdadero bien del hombre".

Otro aspecto ligado al desarrollo es el "derecho a la libertad religiosa. La violencia - escribe el Papa-, frena el desarrollo auténtico" y esto "ocurre especialmente con el terrorismo de inspiración fundamentalista".

"Fraternidad, desarrollo económico y sociedad civil" es el tema del tercer capítulo, que se abre con un elogio de la experiencia del don, no reconocida a menudo, "debido a una visión de la existencia que antepone a todo la productividad y la utilidad. (...) El desarrollo, (...) si quiere ser auténticamente humano, necesita en cambio dar espacio al principio de gratuidad", y por cuanto se refiere al mercado la lógica mercantil, ésta debe estar "ordenada a la consecución del bien común, que es responsabilidad sobre todo de la comunidad política".

Retomando la encíclica "Centesimus annus" indica "la necesidad de un sistema basado en tres instancias: el mercado, el Estado y la sociedad civil" y espera en "una civilización de la economía". Hacen falta "formas de economía solidaria" y "tanto el mercado como la política tienen necesidad de personas abiertas al don recíproco".

El capítulo se cierra con una nueva valoración del fenómeno de la globalización, que no se debe entender solo como "un proceso socio-económico". (...) La globalización necesita "una orientación cultural personalista y comunitaria abierta a la trascendencia (...) y capaz de corregir sus disfunciones".

En el cuarto capítulo, la Encíclica trata el tema del "Desarrollo de los pueblos, derechos y deberes, ambiente". "Gobierno y organismos internacionales -se lee- no pueden olvidar "la objetividad y la indisponibilidad" de los derechos. A este respecto, se detiene en las "problemáticas relacionadas con el crecimiento demográfico".

Reafirma que la sexualidad no se puede "reducir a un mero hecho hedonístico y lúdico". Los Estados, escribe, "están llamados a realizar políticas que promuevan la centralidad de la familia".

"La economía -afirma una vez más- tiene necesidad de la ética para su correcto funcionamiento; no de cualquier ética sino de una ética amiga de la persona". La misma centralidad de la persona, escribe, debe ser el principio guía "en las intervenciones para el desarrollo" de la cooperación internacional. (...) Los organismos internacionales -exhorta el Papa- deberían interrogarse sobre la real eficacia de sus aparatos burocráticos", "con frecuencia muy costosos".

El Santo Padre se refiere más adelante a las problemáticas energéticas. "El acaparamiento de los recursos" por parte de Estados y grupos de poder, denuncia, constituyen "un grave impedimento para el desarrollo de los países pobres". (...) "Las sociedades tecnológicamente avanzadas -añade- pueden y deben disminuir la propia necesidad energética", mientras debe "avanzar la investigación sobre energías alternativas".

"La colaboración de la familia humana" es el corazón del quinto capítulo, en el que Benedicto XVI pone de relieve que "el desarrollo de los pueblos depende sobre todo del reconocimiento de ser una sola familia". De ahí que, se lee, la religión cristiana puede contribuir al desarrollo "solo si Dios encuentra un puesto también en la esfera pública".

El Papa hace referencia al principio de subsidiaridad, que ofrece una ayuda a la persona "a través de la autonomía de los cuerpos intermedios". La subsidiariedad, explica, "es el antídoto más eficaz contra toda forma de asistencialismo paternalista" y es más adecuada para humanizar la globalización".

Asimismo, Benedicto XVI exhorta a los Estados ricos a "destinar mayores cuotas" del Producto Interno Bruto para el desarrollo, respetando los compromisos adquiridos. Y augura un mayor acceso a la educación y, aún más, a la "formación completa de la persona" afirmando que, cediendo al relativismo, se convierte en más pobre. Un ejemplo, escribe, es el del fenómeno perverso del turismo sexual. "Es doloroso constatar -observa- que se desarrolla con frecuencia con el aval de los gobiernos locales".

El Papa afronta a continuación al fenómeno "histórico" de las migraciones. "Todo emigrante, afirma, "es una persona humana" que "posee derechos que deben ser respetados por todos y en toda situación".

El último párrafo del capítulo lo dedica el Pontífice "a la urgencia de la reforma" de la ONU y "de la arquitectura económica y financiera internacional". Urge "la presencia de una verdadera Autoridad política mundial" (...) que goce de "poder efectivo".

El sexto y último capítulo está centrado en el tema del "Desarrollo de los pueblos y la técnica". El Papa pone en guardia ante la "pretensión prometeica" según la cual "la humanidad cree poderse recrear valiéndose de los 'prodigios' de la tecnología". La técnica, subraya, no puede tener una "libertad absoluta".

El campo primario "de la lucha cultural entre el absolutismo de la tecnicidad y la responsabilidad moral del hombre es hoy el de la bioética", explica el Papa, y añade: "La razón sin la fe está destinada a perderse en la ilusión de la propia omnipotencia". La cuestión social se convierte en "cuestión antropológica". La investigación con embriones, la clonación, lamenta el Pontífice, "son promovidas por la cultura actual", que "cree haber desvelado todo misterio". El Papa teme "una sistemática planificación eugenésica de los nacimientos".

En la Conclusión de la Encíclica, el Papa subraya que el desarrollo "tiene necesidad de cristianos con los brazos elevados hacia Dios en gesto de oración", de "amor y de perdón, de renuncia a sí mismos, de acogida al prójimo, de justicia y de paz".

“God is back”, dicen dos periodistas de The Economist

Los autores de "Dios ha vuelto" sostienen una tesis bien concreta: “no estamos de acuerdo con los laicos europeos que defienden la idea de que Dios ha muerto o sea algo superfluo, o que modernidad y religión resulten incompatibles”.

Diego Contreras
Laiglesiaenlaprensa.com


Leo en varios lugares que está teniendo mucho eco en ámbito anglosajón un libro, publicado por dos periodistas de The Economist, en el que se afirma que el “revival” mundial de la fe religiosa está cambiando el mundo (menos Europa). El libro “God is back” (The Penguin Press, 405 pág.) está escrito a cuatro manos por el director del semanario británico, John Micklethwait, y el responsable de la delegación de Washington, Adrian Wooldridge. El primero es católico; el segundo se declara ateo.

Los autores de "Dios ha vuelto" sostienen una tesis bien concreta: “no estamos de acuerdo con los laicos europeos que defienden la idea de que Dios ha muerto o sea algo superfluo, o que modernidad y religión resulten incompatibles”. La realidad, subrayan, es que “la religión está jugando un papel cada vez más importante en la vida pública e intelectual”.

Una de las razones de ese creciente papel es que con la modernidad se ha consolidado el pluralismo religioso, de modo que la religión es cada vez más una cuestión de elección. De ahí que (y no hay que olvidar la publicación para la que escriben los autores) “el renacer de la religión está causado por los dos elementos que motivaron el éxito de la economía de mercado: la competencia y la elección”. Según argumenta el ensayo, la década de los setenta jugó un papel importante en este renacer de la religión, con la revolución de Irán, la elección de un Papa polaco portador de un mensaje muy fuerte, la llegada del primer presidente USA born-again (Reagan), el crecimiento del fundamentalismo hindú en India, etc.

Desde luego, solo se puede dar un juicio sobre la obra después de haberla leído, pero resulta interesante saber que el libro pone de relieve estos temas, que contradicen ciertas ideas dominantes de la vieja Europa. Y lo hace con observaciones que resultan incluso obvias: por ejemplo, que la difusión de las biotecnologías, el progreso de la técnica y de la ciencia está haciendo que los debates religiosos aumenten, no que disminuyan.

"El hombre", ¿llegó a la luna?

El 20 de julio de 2009 se cumplen 40 años desde que “el hombre” llegó a la Luna. Algunos, una minoría exigua pero que se hace oír, niegan el hecho.

Por Fernando Pascual


El 20 de julio de 2009 se cumplen 40 años desde que “el hombre” llegó a la Luna.

Algunos, una minoría exigua pero que se hace oír, niegan el hecho. La inmensa mayoría aceptamos que el 20 de julio de 1969 los astronautas Neil Armstrong y Edwin Aldrin pusieron su pie en la Luna. Luego, otros vuelos espaciales alcanzaron la misma meta, que quizá se repita en un futuro no lejano.

¿Resulta lícito decir que “el hombre” llegó hace 40 años a la Luna? La fórmula expresa una idea sencilla e importante: en los astronautas que viajaron en el Apolo 11 estaríamos representados, en cierta manera, todos los seres humanos.

Es cierto que quienes pisaron la Luna fueron muy pocos. Es cierto también que se trataba de personas con muchas cualidades, que habían sido entrenados largo tiempo, que estaban apoyadas por un numeroso equipo de expertos y cantidades enormes de dinero. Detrás de aquellos astronautas había muchos hombres y mujeres.

Pero decir que “el hombre” llegó a la Luna, ¿no es un poco excesivo? ¿Representaban aquellos personajes a la humanidad? ¿Sus paseos lunares han influido en la historia? ¿Han cambiado la suerte de quienes viven en un rincón perdido de las selvas amazónicas, de las sabanas africanas, de los barrios de las megalópolis de Asia, América o Europa?

La respuesta llega a ser positiva si reconocemos que, en maneras a veces muy humildes, lo que hace cualquier hombre o cualquier mujer afecta a toda la humanidad. Es decir, lo que ocurrió el 20 de julio de 1969, como lo que pasó hace miles de años y como lo que pasa ahora, tiene una relevancia que nos afecta a todos.

¿También los hechos pequeños, las acciones sencillas, los actos humildes de un niño que juega en la calle, de una anciana que cuenta sus historias de siempre, de un trabajador que sube por una escalera destartalada, de un oficinista que pone orden entre los papeles del despacho?

Los hechos “grandes” nos impresionan y nos llenan de admiración. Los astronautas llevaron a cabo una gesta inolvidable. Por eso muchos, aunque tal vez no todos, nos sentimos “representados” por ellos.

Pero también podemos sentirnos representados por tantos actos hermosos y sencillos de la “gente corriente”. O, tristemente, nos sentimos afectados por injusticias enormes o por traiciones pequeñas cometidas por otros hombres y mujeres del ayer o del hoy.

Por eso, podemos decir que “el hombre” ha llegado a la Luna. Como también es lícito afirmar que “el hombre” ha construido pirámides, ha levantado campos de concentración o ha ayudado a los heridos bajo la bandera de la Cruz Roja o de la Media Luna Roja.

Es misterioso hasta dónde llega la solidaridad humana, pues lo que otros hacen nos afecta a todos: en el mal que llena de tristeza los corazones; y en el bien que se derrama como un bálsamo bueno que nos permite participar, en cierto modo, del amor infinito del Dios que nos creó con un alma espiritual, un cuerpo frágil, y un destino eterno, más “lejano” y mucho más hermoso que la Luna...

Julio 07, 2009

Los católicos y los métodos anticonceptivos

¿Por qué tantos católicos no aceptan esta enseñanza? Se pueden dar respuestas mejores o peores, según la perspectiva que se adopte para analizar esta situación.

Por Fernando Pascual


Muchos esposos católicos usan anticonceptivos. Al actuar así, con mayor o menor conciencia, van contra la doctrina de la Iglesia, expuesta en diversos documentos, sobre todo en la encíclica “Humanae vitae” del Papa Pablo VI (1968).

Según nos enseña la moral católica, es inmoral el uso de métodos anticonceptivos por el hecho de que alteran la naturaleza y el sentido propio del acto conyugal, un acto que debería ser expresión del amor entre los esposos abierto a la llegada de los hijos que Dios pueda enviar.

¿Por qué tantos católicos no aceptan esta enseñanza? Se pueden dar respuestas mejores o peores, según la perspectiva que se adopte para analizar esta situación.

Algunos harán un análisis en clave sociológica: en muchos países la mayoría de la población acepta como “normal” el uso de los anticonceptivos, y los católicos se ajustan y acomodan a la mentalidad dominante.

Otros hablarán de motivos económicos: los esposos, en sus primeros años de matrimonio, suelen verse apurados por la falta de dinero. Sienten la presión de tener que pagar la casa y mantener un nivel de vida “aceptable”. Por lo mismo, los dos trabajan. En esa situación, pensar en un hijo parece imposible, y se recurren a los métodos anticonceptivos “más seguros”.

Otros señalarán causas psicológicas: las parejas suelen desear unos primeros años de matrimonio sin las angustias y las responsabilidades que surgen con el nacimiento de cada hijo. O prefieren madurar y asentar la relación de pareja. O buscan vivir la belleza de los primeros meses de recién casados con más tranquilidad y sin un hijo “precoz” que altere completamente la convivencia conyugal.

Pero es importante no olvidar las causas más profundas de este hecho. La primera radica, en muchos casos, en un desconocimiento de la enseñanza católica y de los motivos de la misma. Lo cual ocurre porque los jóvenes no han recibido una catequesis completa sobre el tema, o porque nunca se les ha enseñado que el uso de anticonceptivos es pecado mortal, o porque tras haber escuchado una buena explicación han optado por rechazarla.

Por desgracia, no faltan casos de agentes pastorales o incluso sacerdotes que no enseñan la verdadera doctrina católica sobre este tema, y así confunden, desorientan y engañan a los fieles. Ante esta situación, hay que renovar la oración a Dios para que envíe a su Iglesia santos sacerdotes y para que los mismos católicos sepan distinguir lo que es buena doctrina y lo que es la opinión errónea de quien ya no vive en la verdad de la fe que debería profesar.

Otra causa profunda está en la falta de fe y de esperanza. Cuando hay fe en Cristo y en la Iglesia, cuando los corazones se ponen en las manos de Dios, la enseñanza moral de la Iglesia es vivida con seriedad, desde convicciones alegres: Dios, si pide algo, es para nuestro bien, y nos ayudará a asumir plenamente la enseñanza moral que es parte de nuestra coherencia cristiana.

Una tercera causa, muy relacionada con la anterior, se esconde en el miedo. Para algunos, la llegada del hijo es considerada como un drama, algo que crea inseguridad, problemas, vacilaciones. En cambio, quien confía, quien comprende lo maravilloso que es colaborar con el Padre en la transmisión de la vida, puede no sólo superar esos miedos, sino alegrarse profundamente cada vez que inicia un nuevo embarazo y hay que reorganizar toda la vida familiar para acoger de la mejor manera posible al recién llegado.

Las familias católicas pueden hacer mucho para educar a los niños y a los jóvenes en el auténtico espíritu cristiano que lleva a abrirse a la llegada de la vida. Gracias a Dios, es posible encontrar hogares que están abiertos a la vida, abiertos al amor, abiertos a la Iglesia, abiertos a Dios.

En esos hogares, si Dios así lo quiere, el amor de los esposos llega a ser bendecido por la llegada de hijos. Serán pocos o muchos, no importa. Lo que sí importa es que cada uno sea amado en sí mismo, y que su llegada haya sido posible porque los esposos, sin usar trampas ni anticonceptivos, con una paternidad auténticamente responsable y llena de esperanza, han sabido amarse y darse por completo entre sí.

Viven así la fecundidad esponsal que es “el fruto y el signo del amor conyugal, el testimonio vivo de la entrega plena y recíproca de los esposos” (Juan Pablo II, “Familiaris Consortio” n. 28). Esa fecundidad explica la existencia de millones y millones de hijos, que recibimos el amor de Dios desde la generosidad alegre de unos padres que se aman y que nos aman.

Julio 06, 2009

Solos en el tumulto

En ocasiones parecemos reflejos de mister Bean, capaz de enviarse cien correos electrónicos a sí mismo para sentirse un poco acompañado.

Por Miguel Aranguren
www.miguelaranguren.com


Los índices de soledad se multiplican a la par que evoluciona la electrónica. Cuando paseo por la calle, me asombra el empleo desenfrenado del móvil, con motivo o sin él, gente que llama, que recibe llamadas, que rompe hasta los silencios sacros con una melodía fuera de lugar, que escribe mensajes, que lee mensajes...

Los psiquiatras hablan de estas dependencias novísimas, de la floración de enfermedades obsesivas que tienen a la soledad, una soledad de tumultos, como protagonista.

En ocasiones parecemos reflejos de mister Bean, capaz de enviarse cien correos electrónicos a sí mismo para sentirse un poco acompañado.

Patético pero real, a ver si no de dónde salen esas conversaciones a triple banda en internet, en las que suplantamos personalidades variopintas y somos capaces de confesar incluso aquello que no conoce ni nuestra sombra.

El móvil, también el de última generación, ni siquiera imita el calor de la sangre, del tacto, del dulce aliento, pero hay familias que sólo se tratan a través de él, larguísimas conversaciones metalizadas por un satélite, por más que los hermanos vivan bajo los humos de la misma ciudad.

Es la soledad de quien se considera rodeado de amigos porque su bandeja revienta de mensajes encadenados, de aquel a quien le llega un chiste y es capaz de remitirlo a más de quinientas direcciones, muchas de las cuales no tienen cara ni alma. El hombre sin rostro, sin dudas, sin compromisos, sin pesares asciende una montaña de risas, de sonidos, de soledad mientras tú y yo nos vamos a tomar el aperitivo para charlar de todos estos años, viejo.

Una vida más sabrosa

La palabra disciplina a veces nos rechina en los oídos. Nos recuerda las imágenes de una maestra dándole reglazos a un niño travieso, o de un militar serio y bien erguido. Sin embargo, está es una imagen viciada de la virtud de la disciplina, que más bien consiste en el modo en que cada uno vive su propia vida.

Por Adolfo Guémez


Conseguir lo que se quiere no es siempre fácil. De hecho, las cosas que más anhelamos suelen ser las más costosas. Y si uno realmente ha hecho la decisión de obtenerlas, no es difícil que llegue a convencerse de la necesidad de una disciplina que le auxilie en el logro de sus objetivos.

La palabra disciplina a veces nos rechina en los oídos. Nos recuerda las imágenes de una maestra dándole reglazos a un niño travieso, o de un militar serio y bien erguido. Sin embargo, está es una imagen viciada de la virtud de la disciplina, que más bien consiste en el modo en que cada uno vive su propia vida.

¿A la misma hora o cuando me dé la gana?

No cabe duda que el mundo está lleno de contrastes. Y el tema de la disciplina no es una excepción. Un primer extremo nos lo describe Mark Twain en su célebre libro Las aventuras de Tom Sawyer. En un momento, Tom busca convencer al reticente Huckleberry Finn de que si regresaba a vivir con la viuda de Douglas, su vida sería mejor.

Después de varios argumentos, recurre a una carta desesperada: «Si haces la prueba un poco más de tiempo, ya verás cómo acaba de gustarte.» Huck, un niño acostumbrado a vivir a sus anchas, sin horario ni exigencias, le respondió a bocajarro: «¡Gustarme! Sí, ¡como me gustaría un brasero si tuviera que estar sentado encima el tiempo que fuera necesario!» Y con esto continuó su vida abandonada e incontrolada.

Esa es la tipificación exacta de una persona indisciplinada: cualquiera hábito o rutina le resulta insoportable. A veces esto puede resultarnos atractivo, pero en realidad, la espontaneidad salvaje en todo lo que hacemos no nos hace más felices. Por el contrario, la vida es hermosa porque a cada paso nos ofrece las oportunidades para conquistar nuestros ideales. Esto no quiere decir que una vida disciplinada nos debe llevar al otro extremo.

Se cuenta que Emmanuel Kant, filósofo alemán, todos los días seguía un horario exactísimo y muy metódico. Su puntualidad era tal, que la gente de su pueblo podía ajustar su reloj cuando lo veía dar su ordinario paseo por las tardes. Creo que el profesor Kant exageraba un poco… una cosa es vivir una vida disciplinada, y otra hacer de la vida una disciplina pura y dura. Pero esto tampoco le quita ningún valor a la virtud de la que estamos hablando.

Y entonces, ¿qué?

Entonces hay que lograr un equilibrio. Por un lado, tu vida debe estar llena de espontaneidad y creatividad. Por otro, ha de estar acompañada de una buena disciplina.

El modo más fácil de formarla es con el cumplimiento fiel de los compromisos que cada día nos presenta: tender la cama, ser puntual a las citas, mantener un orden en las cosas, comer a mis horas… Tu lema debe ser: prudente en determinar, diligente en ejecutar.

La disciplina no está peleada con la alegría, sino con la dejadez y el abandono. Haz la prueba y verás que con un poco de ella, tu vida sabrá mejor.

Todo el mundo conoce el tipo representativo de la falta de insubordinación: el del individuo inadaptable a la vida social, en el corazón de una indisciplina que expresa, en última instancia, una carencia absoluta de dominio sobre sí. Afortunadamente, este tipo es la excepción. Por muy evidentemente preferible que sea para él la docilidad, ésta no deja de ofrecer grave inconveniente de deliberar el psiquismo superior y favorecer la inercia, llegando incluso a suprimir la actividad de la facultad discernidora.

Los indisciplinados comenten por sí mismo faltas, delitos y aun crímenes. También los cometen los dóciles, los que no saben reaccionar ante los ejemplos perniciosos, ni resistir a las sugestiones, ni hacer frente a la intimidación. Para éstos la última persona que les hable “tiene la razón”. Tal o cual honrado empleado, de irreprochable conducta hasta hoy, y al que vemos, con estupor, incurrir en grandes extravíos, es un ser dócil. He aquí por qué es muy conveniente cultivar la independencia individual.

Tanto en los detalles como en las grandes líneas de vuestra vida habéis de procurar por vosotros mismos y a la luz de vuestra sabiduría, de vuestra experiencia y de vuestro juicio, la orientación que debéis de imprimir a vuestras acciones. Tened en cuenta las advertencias, Solicitadlas incluso, si emanan de personas calificadas para poder iluminar vuestra decisión, pero reservad ésta para el último momento.

Preguntaos por qué obráis de tal o cual manera y comprobad si los móviles de vuestra conducta se ajustan perfectamente a vuestros principios directivos, a vuestras profundas intenciones, a vuestra integridad psíquica o a vuestro intereses, averiguad se satisfacéis vuestra propia voluntad o la ajena. Pronto descubriréis la parte heterosugestión o de afán de aprobación que ha contribuido un momento de inatención. Reflexiones de este género os ayudarán más circunspectos en lo futuro.

Vuestro cambio de carácter será verosímilmente notado y comentado; pero esto no debe ejerce en vosotros in fluencia alguna. Persistid en vuestros propósitos, sean cuales fueran los comentarios que vuestra mudanza de carácter haya motivado. Vuestra actitud serena, ponderada, pero inflexible, modificará poco a poco la del ambiente en el que viváis.

¿Saber por saber o formarse para saber?

Hacen falta no personas que saben mucho, sino personas que han sabido aprender. No personas que sólo estudian para su propio provecho, sino personas que son conscientes de que a su lado hay otros seres humanos que le piden una mano de ayuda.

Por Juan Pablo Rendón


Nadie puede tener toda la ciencia en su cabeza. Se conocen personas que quieren conseguirlo y es admirable su esfuerzo y aquello que pueden lograr, pero desafortunadamente no lo pueden tener todo en la memoria.

En el siglo XV y XVI se conseguía saberlo todo, pero a base de mucha garra y sincero deseo. Muestra de ello es el gran Leonardo Da Vinci, el hombre universal: pintor, escultor, científico –estudios de anatomía, botánica, vuelo de aves…– ingeniero, músico. Los conocimientos que se tenían del mundo ya eran muchos pero no tantos como comprobamos en nuestro siglo. De igual forma en el siglo XVIII se logró hacer un compendio de toda la sabiduría conocida por medio de la enciclopedia.

Aunque era difícil estudiarla se convertía en una tarea posible. Resultaron veintiocho volúmenes de todo el saber humano. Fue un trabajo arduo pero lo lograron.

Si antes se logró, ¿por qué ahora no? Es difícil que alguien se haga esta pregunta. Lógicamente casi todo nuestro saber hasta el momento presente ya está escrito, pero es sumamente difícil que un hombre lo pueda saber todo.

Si una persona logra ser arquitecto, es probable que pueda estudiar también medicina. Podrá de igual forma sacar su título de abogado, pero… ya se le está acabando la vida. Ha logrado cubrir tres campos del saber, pero aún le falta mucho para saberlo todo.

En medio de tantos “gritos” (moda, libertad, dinero, naturaleza, deporte…) hay uno que es más sonoro y sobresale por encima de los otros; éste es el de la formación.

Para no ser un extraño en este mundo es necesaria la formación. Somos hijos de nuestro tiempo y debemos estar en él con conciencia de lo que somos. No es correcto tomar una actitud indiferente, apática. Por eso vemos que esta tendencia a tener una buena formación es cada día más común y corriente. No se necesitan muchas técnicas ni métodos para comprender lo importante que es.

La mayoría de las personas lo saben y viven dándole gran importancia a esta realidad. Pero ¿saber por saber? No, la clave está en saber, saber. En medio de tanta información te ahogas, es necesario aprender a saber. Miles de datos giran alrededor de nosotros: cifras, estadísticas, esquemas, resultados, aspectos comprensibles, etc. Todo esto es llamativo y sería muy interesante tenerlo bajo nuestro dominio, pero a veces estás expuesto a ser un objeto manipulable por información externa y quizá errónea.

Cada persona que quiera progresar, que quiera ser útil en esta vida tan corta que tenemos, debería tener su propia “fire walt” a ejemplo de los usuarios de Internet. No dejarás que te formen otros, como muchos desean. Tú mismo eres quien te debes formar, eres tú quien te construyes poco a poco utilizando aquellos materiales que más te sirvan.

Tú como persona humana eres única, tú decides cuáles son tus intereses, cual será tu carrera, cuales serán tus estudios. Cada vez está más de moda el especializarse y es lo más correcto, pero sin dejar de tener unos conocimientos generales que objetivamente están bien. La formación que recibas te realizará como persona, pero no sólo eso, así podrás aportar con tu porción de información en muchos campos.

Hacen falta personas preparadas, no personas que saben mucho, sino personas que han sabido aprender. No personas que sólo estudian para su propio provecho, sino personas que son conscientes de que a su lado hay otros seres humanos que le piden una mano de ayuda. No es simple filantropía, es ley natural, es la forma de vivir junto a los otros seres que también han sido pensados por el creador.

No te realizarás solo, de forma individual y egoísta. Tú puedes dar aquello que con tu esfuerzo has podido lograr. Eso perdurará en el tiempo, eso llegará a la eternidad. ¿Qué corazón humano estará vacío si vive su propia vida con la intención de buscar profundas alegrías en los rostros y en los corazones?

Esto parece una invitación como muchas otras: lo es y está de tu parte aceptarla, está de tu parte ser una persona a la que se le puede agradecer. Tu formación depende de ti, pero recuerda que no sólo es para ti. ¿Acaso no habrá otro faro que ilumine el mundo lleno de tanta oscuridad?

24 horas en la vida de un monje

Haciendo eco al famoso libro Veinticuatro horas en la vida de una mujer, del escritor austriaco Stefan Zwieg, el prior de la abadía francesa de Ligugé, Jean-Pierre Longeat, narra en este libro lo que sucede en la jornada cotidiana de un monje y pone énfasis en lo que hay detrás de ella, es decir, en la teología del monacato, de la vida contemplativa, del camino perfecto hacia la santidad.

Por Jaime Septién
www.jaimeseptien.com


Haciendo eco al famoso libro Veinticuatro horas en la vida de una mujer, del escritor austriaco Stefan Zwieg, el prior de la abadía francesa de Ligugé, Jean-Pierre Longeat, narra en este libro lo que sucede en la jornada cotidiana de un monje y pone énfasis en lo que hay detrás de ella, es decir, en la teología del monacato, de la vida contemplativa, del camino perfecto hacia la santidad.

Ante la acelerada y vertiginosa pérdida del valor del silencio, de la humildad, de la obediencia y de la oración, así como de la vida en comunidad en el mundo moderno, un monasterio —sea masculino o femenino— es un gran faro de esperanza.

Los monjes y las monjas de clausura no solamente santifican sus vidas en el amor a Dios; también sostienen la marcha de la humanidad, rezando por todos. Una vida fascinante, despreciada por la gran prensa, pero cada día más necesaria para recuperar el sentido de la vida.

Una jornada extenuante

La oración, el trabajo y la lectura forman el trípode que sostiene al monacato. Se trata de una experiencia única entre las que conforman la vida de los hombres.

Solamente la fe puede hacer estos milagros vivientes. Una jornada extenuante, con poco sueño, con mucho trabajo y con oración constante. «A pesar de que los monjes permanecen relativamente activos, todas sus acciones están al servicio del proyecto comunitario», escribe el prior Longeat. Y agrega: «(Los monjes) No buscan su propio interés ni su satisfacción inmediata, sino que ponen todo su empeño y determinación en el logro de la misión sagrada».

Para los monjes (y, en extensión, las monjas) de clausura, la oración, el trabajo y el recogimiento individual están orientados siempre hacia un mismo fin: la búsqueda de Dios en medio del mundo, «hasta el punto que podría decirse que su vida constituye un auténtico laboratorio del misterio humano». Un misterio que tiene que ver con el vencimiento de las tentaciones (sobre todo la del «demonio del mediodía», cuando a un monje le ataca el sinsentido de su actividad) y el dominio del complejo mundo de las pasiones. «El trabajo sobre las pasiones es un aspecto fundamental de la vida ‘activa’ del monje que le permite contemplar la pureza del corazón y vivir la unión de amor con Dios y el prójimo, lo cual constituye el objetivo último de la vida humana».

Vivir una vida buena

Obediencia, humildad y silencio tienen una importancia fundamental en la vida monacal, sobre todo porque «la vida monástica sólo aspira a valorar el mensaje de Cristo». ¿Cómo valorar tan grande mensaje? Viviendo en comunidad. Es ahí donde «los monjes testifican claramente la posibilidad de una relación interpersonal que es, al mismo tiempo, un camino espiritual». Vivir con los hermanos y atendiendo a Dios, escuchando su Voluntad, haciendo camino por el bien, es un ideal perfectamente cumplible. Tanto así que los monasterios se han convertido en lugares de visita frecuente por parte de muchas personas, desde ejecutivos y empresarios hasta políticos y hombres y mujeres, que quieren reencontrar sus raíces. Porque en la raíz de todo está Dios.

Muchos preguntan por el secreto de esta felicidad. Quizá pueda resumirse en la humildad. «La humildad bien entendida permite crecer en el verdadero amor en el núcleo de las relaciones, en las que triunfa esta libertad interior que permite llegar a lo más profundo de la experiencia», escribe el prior Longeat. Más adelante resume: «Lo esencial de la tesis monástica es que el corazón del monje permanezca limpio para que sus acciones se atengan a Dios».

PRIOR JEAN-PIERRE LONGEAT. Veinticuatro horas en la vida de un monje. Kairós, Barcelona, 2008.

El placer y la ética

Según grandes pensadores del mundo antiguo y del mundo moderno, el placer sería el fin de la vida ética. Es decir, vivir bien consistiría en disfrutar lo más posible, en evitar dolores inútiles, en sacarle a la existencia todo su jugo de gustos y de satisfacciones, de éxitos y de alegrías.

Por Fernando Pascual


Según grandes pensadores del mundo antiguo y del mundo moderno, el placer sería el fin de la vida ética. Es decir, vivir bien consistiría en disfrutar lo más posible, en evitar dolores inútiles, en sacarle a la existencia todo su jugo de gustos y de satisfacciones, de éxitos y de alegrías.

La doctrina filosófica que defiende estas tesis recibe el nombre de hedonismo. Ya en el mundo griego hubo hedonistas famosos. Entre ellos destaca Epicuro (siglos IV-III a.C.). Para Epicuro, la filosofía tiene que ayudarnos a ser felices, es decir, a disfrutar al máximo y con una buena dosis de buen gusto.

Es interesante notar que para Epicuro y su escuela no todo placer es “bueno”, pues hay placeres que nos producen grandes dolores. Pensemos, por ejemplo, en un festín que nos ha costado mucho dinero y que luego nos causa dolores de estómago y discusiones en la familia. Por eso Epicuro decía que lo mejor sería buscar placeres “tranquilos” y “naturales”, que no causen problemas ni provoquen enfermedades. Es mejor un placer sencillo y asequible, como un vaso de agua fría en una tarde de verano, que no una botella de tequila costosa y no siempre saludable.

Pero la teoría de Epicuro se ha encontrado siempre con un gran problema: ¿qué hacer cuando el deseo nos pide placeres intensos y peligrosos? Epicuro diría que hay que aguantarse para orientar nuestro deseo hacia placeres futuros y más sencillos. Pero si uno no sabe si vivirá mañana... Por eso el epicureísmo fue muy criticado, especialmente porque el dinamismo del placer lleva consigo el ir más allá del orden, incluso más allá del respeto a los demás y a uno mismo.

Platón (siglos V-IV a.C.) ya se había dado cuenta de este problema antes de Epicuro, e hizo un análisis muy interesante del dinamismo del placer. En uno de sus diálogos, el Gorgias, Platón explicaba cómo hay quienes buscan el placer como si fuesen toneles agujereados. Quien vive de este modo piensa que la felicidad consiste en llenar y satisfacer continuamente su deseo, y si el deseo es insaciable porque el alma o el “tonel” se vacía, habría que buscar nuevas experiencias, gustos y caprichos de modo indefinido. ¿Puede ser feliz alguien así, se preguntaba Platón? ¿Y qué pasa cuando se acaba el dinero o llega una enfermedad?

El hedonismo antiguo tuvo un cierto éxito, pero sufrió un duro golpe con las ideas de Platón, de Aristóteles y, sobre todo, del cristianismo. En el mundo moderno, sin embargo, el hedonismo ha resurgido con fuerza. En especial a partir del siglo XVII y del movimiento de los libertinos en Europa.

Uno de los filósofos que más ha promovido el hedonismo fue el inglés Jeremy Bentham (1748-1832). Para Bentham, el hombre está determinado por el principio de utilidad, que nos dice que todo lo que hacemos es para conseguir un placer o para evitar un dolor. Esta teoría ha recibido el nombre de utilitarismo, y fue defendida por John Stuart Mill (1806-1873) y, en la actualidad, por el filósofo australiano Peter Singer (nacido en 1946).

Algunas teorías del siglo XX han llevado a la difusión del hedonismo. Por un lado, la propuesta psicológica de Sigmund Freud (1856-1939) dio una enorme importancia al instinto sexual o libido como fuente de las principales actividades del hombre, en una búsqueda continua por satisfacerse al máximo. Por otra, una serie de intelectuales promovieron la “revolución sexual”, es decir, una cultura en la que el placer sexual fuese visto como un fin en sí mismo, sin tener que depender de la familia o de la procreación. Entre los principales promotores ideológicos de la revolución sexual podemos mencionar a Wilhelm Reich (1897-1957) y a Herbert Marcuse (1898-1979).

Al mismo tiempo, durante la segunda mitad del siglo XX se alcanzó un alto nivel de bienestar en los países más desarrollados. Esto ha facilitado un estilo de vida más lleno de objetos, de facilidades, incluso de caprichos. La difusión de las técnicas anticonceptivas permitieron que el sexo fuese cada vez menos “peligroso”, es decir, más liberado de las responsabilidades ante la concepción de futuros hijos. El aborto, por su parte, se difundió como solución a embarazos no deseados y como medio para que ningún hijo “estropease” los deseos y proyectos de los adultos.

El resultado de estos fenómenos son manifiestos: millones de adolescentes, jóvenes y adultos orientan todas sus opciones a la búsqueda de lo placentero y de lo fácil. Rehuyen, además, aquellos compromisos o modos de vivir que impliquen sacrificios o renuncia. Muchos de ellos viven de un modo egocéntrico, con un deseo desenfrenado de satisfacer los propios caprichos. El uso de la sexualidad como fuente de placeres sin responsabilidades, de la droga, del alcohol, de los instrumentos y juegos tecnológicos, son sólo expresión de una cultura hedonista.

A pesar de que parece que el hedonismo sea una mentalidad en auge, hay algo en el interior de cada ser humano que nos deja inquietos y nos invita a otros horizontes. Si millones de personas viven obsesionadas por la conquista de sus gustos, otros millones de personas trabajan y luchan cada día para cuidar a sus hijos o a sus padres, para promover la justicia social y el respeto de los más débiles, para ayudar a las mujeres a no abortar, para sostener a las familias pobres en su esfuerzo por salir de la miseria y conquistar condiciones de vida más dignas.

Entonces, ¿cómo superar la mentalidad hedonista? ¿Qué hacer para no llegar a ser prisioneros del placer? El hedonismo pierde toda su fuerza cuando dejamos al amor triunfar dentro de nosotros mismos. Si el hedonismo nos hace egocéntricos y nos esclaviza a lo inmediato, el amor nos lleva a poner, como fulcro de nuestra atención, al otro, al bien de aquellos seres a los que queremos sinceramente, a los que deseamos una realización plena.

Sólo entonces nos daremos cuenta de que el no hedonista es realmente feliz. O, en otras palabras, que el renunciar a la búsqueda de placeres egoístas nos abre las puertas a dimensiones superiores y más profundas, que llegan a producir una felicidad que no dependen del simple juego de satisfacción/insatisfacción que es propio de una vida de sentidos Nos lleva a vivir según nuestra espiritualidad, que es lo más propio del hombre y, por lo mismo, lo que produce una felicidad más rica, más estable, más profunda, más plena. Cada “no” al placer inmediato será “satisfactorio” si está acompañado de un “sí” a valores altruistas.

Vivir según el hedonismo es avanzar hacia lo más fácil y lo más bajo que existe en el ser humano. Tenemos, sin embargo, un corazón y una razón que nos piden otro estilo de vida. Más generoso y menos egoísta, más solidario y menos injusto, más fiel y menos caprichoso. Un estilo de vida que, en el fondo, ha sido capaz de promover el mucho bien que nos rodea y que quisiéramos fuese asequible a todos. Un estilo de vida que exige sacrificios para conquistar metas nobles y buenas, y que produce una satisfacción mucho más honda de la que nos pueda dar el vivir sólo según el capricho del momento.

Víctimas de guerras olvidadas

Lo que ocurre en Palestina e Israel tiene una repercusión mediática enorme. En cambio, lo que ocurre en Sri Lanka (o en Somalia, o en Madagascar, o en tantos rincones “olvidados” del planeta) tiene poca cobertura informativa y recibe escasa atención por parte de muchos.

Por Fernando Pascual


Cada hombre, cada mujer, valen por sí mismos, valen por lo que son, valen sin adjetivaciones ni etiquetas. Decirlo es fácil. Aplicarlo es difícil.

Por eso es fácil constatar la importancia que se da a ciertos personajes y a ciertos países, mientras la oscuridad y la indiferencia rodean a enormes masas humanas, desconocidas para el gran público y olvidadas por los poderosos y no siempre objetivos medios de comunicación social.

Basta un ejemplo para evidenciar esta situación. En diciembre de 2008 inició un terrible conflicto entre Israel y Gaza. Las fotografías y los partes de muertes, especialmente civiles, llenaban páginas y páginas de muchos periódicos y de los sitios de internet.

Varios meses después, en la primavera de 2009, se desencadenó una ofensiva por parte del ejército de Sri Lanka sobre las zonas controladas por la guerrilla tamil en el norte de la isla. Pocos podrán decir cuántas víctimas civiles se produjeron a raíz de la batalla, y menos habrán visto fotografías con niños víctimas de las armas de los dos ejércitos combatientes.

¿Por qué esta diferencia de apreciaciones? Porque lo que ocurre en Palestina e Israel tiene una repercusión mediática enorme. En cambio, lo que ocurre en Sri Lanka (o en Somalia, o en Madagascar, o en tantos rincones “olvidados” del planeta) tiene poca cobertura informativa y recibe escasa atención por parte de muchos.

Los motivos son complejos. Europa y Estados Unidos, dos grandes núcleos de elaboración y consumo de noticias, tienen una historia que los relaciona con más intensidad a Israel y a otros países, mientras que el interés es mucho más bajo hacia otros lugares, lo cual explica en buena parte la desproporción que existe entre las noticias sobre unos y las poquísimas noticias sobre otros.

Pero hace falta un esfuerzo de todos para que la muerte de un niño tamil deje de parecer menos importante que la muerte de un niño palestino o de un niño judío.

Cada niño que muere, como tantos millones y millones de víctimas inocentes de nuestro mundo, quería y esperaba vivir en un mundo más justo, más solidario, lleno de paz y de acogida. Un mundo del cual somos todos, en mayor o menor medida, responsables.

Ese niño no debería haber muerto: ninguna guerra justifica acciones que pudieron evitarse y que provocaron víctimas inocentes entre los civiles.

Aunque no siempre lo sepamos, aunque no siempre lo pensemos, aunque no veamos la imagen desesperada de una madre que llora ante el cadáver de su hijo porque faltaron fotógrafos humanos, Dios no dejará de ofrecer su Amor a las víctimas y de exigir justicia por la sangre de tantos inocentes olvidados. También nos pedirá cuentas a nosotros de lo que hayamos hecho o dejado de hacer por los más pequeños, pobres y abandonados.

Dios, Kaká, Felipe Calderón y las drogas

¿Por qué un joven elige el camino de la droga? ¿Búsqueda de la felicidad? ¿Deseo de diversión sin límites? ¿Para huir de la realidad? No parece que haya muchas más opciones, aparte de la estupidez pura y dura, que no creo que sea el grueso de la cuestión. Ahora bien, ¿puede Dios llenar los huecos que la droga pretende colmar?

Por Íñigo Álfaro


Puede parecer que los elementos del título de este artículo están sacados de bombo de lotería. Pero no es así. Todos tienen algo que ver, aunque su relación pueda parecer imposible.

Hace unos días, el presidente de México, Felipe Calderón, afirmó –palabras más, palabras menos- que se consumiría menos droga si la gente conociese a Dios. Da gusto ver que de vez en cuando haya políticos que se atrevan a expresar sus convicciones más profundas sin contabilizar los votos.

Parece, sin embargo, que el comentario no ha sentado bien a todos. No ha faltado quien ironice sobre el tema y haya propuesto –entre otras cosas y como si se tratase de un dislate– la introducción de la clase de religión católica en las escuelas.

Es curioso que, a veces, lo que se dice con afán de ridiculizar, resulte tan acertado. Además unas buenas clases de religión, además de evitar muchos problemas morales, ayudarían a que los mexicanos se entendiesen un poco mejor.

Volviendo a la afirmación del presidente Calderón, podría parecer que se equivoca y que en realidad el problema de la drogadicción está en la facilidad con que se accede a la droga, en las redes de narcotráfico que infectan nuestro mundo. Pero no es así. Al narcotráfico hay que combatirlo, y con toda la dureza que se pueda. Sin embargo, en el fondo, lo único que hace un narcotraficante es satisfacer una demanda. Mientras haya gente dispuesta a pagar un buen dinero por la droga, habrá alguien dispuesto a suministrársela. Si se quiere eliminar de verdad el problema, lo que hay que hacer es eliminar la demanda.

Por eso, para acabar con el problema, hay que empezar por preguntarse por qué un joven elige el camino de la droga. ¿Búsqueda de la felicidad? ¿Deseo de diversión sin límites? ¿Para huir de la realidad? No parece que haya muchas más opciones, aparte de la estupidez pura y dura, que no creo que sea el grueso de la cuestión. Ahora bien, ¿puede Dios llenar los huecos que la droga pretende colmar?

¿Puede Dios hacerme feliz? Depende del “tipo” de Dios en el que crea. Si creo en la caricatura de Dios en el que creen los que no creen: un dios geómetra, frío, impasible y despreocupado, lo más probable es que no. Pero el Dios cristiano que hace felices a millones de gentes ¿Por qué a mi no?

¿Puede Dios divertirme sin límites? Seguramente no, pero tampoco se trata de eso. El punto, es que para el que cree en Dios, el sentido de la vida –y por tanto la felicidad–, se encuentra más allá de la sola diversión. ¿Dónde? En hacer simplemente aquello para lo que Él me ha creado. En el monte del plan de Dios, no todo será orégano; a Dios le gusta ver que nos divertimos –no que nos dañamos–, pero la vida es mucho más que eso.

Por último ¿Puedo refugiarme en Dios para huir del mundo? Tampoco se trata de eso. Demasiadas veces se ha acusado falsamente a Dios de ser un refugio de pusilánimes. Todos podemos refugiarnos en Dios a través de la oración, pero no para huir, sino para hacernos fuertes, salir al mundo y mejorarlo. Dios no deja que los cobardes se escondan a sus espaldas.

Entonces, ¿puede Dios acabar con la demanda de droga? Ustedes dirán.
Parece que con esto queda clara la relación entre Dios, Calderón y las drogas. ¿Y Kaká?

Resulta que al día siguiente de las declaraciones de Felipe Calderón, fue la presentación oficial de Kaká como jugador del Real Madrid, a la que acudieron unas 45.000 personas. Podría parecer una noticia más y sin más, del loco mundo del fútbol. Pero uno se pregunta por qué –bendita manía de preguntarse todo– y se da cuenta de que con Kaká pasa lo mismo que con las drogas.

No es que Kaká sea mala persona o alguien nocivo para la sociedad. Nada más lejos. Su elegancia futbolística y su calidad humana están fuera de toda duda, y para los madridistas es una gran noticia que el jugador brasileño vista la camiseta merengue. Pero cuando 45.000 almas van a ver como su nuevo “ídolo” le pega tres patadas a un balón con su nueva camiseta, quiere decir que algo no funciona bien.

Es lo que pasa cuando Dios está en segundo lugar y la esperanza de la gente es que su equipo gane títulos. Entonces la palabra ídolo, deja de usarse en sentido figurado y eso es muy peligroso.

Quién sabe… quizá Kaká esté un poco traído por los pelos a estas líneas, quizá no. Lo que es seguro es que, a fin de cuentas, el presidente Calderón tenía algo de razón. Así que, los que satirizaban con sus palabras, si de verdad les preocupa el problema de la droga, por favor que sigan haciéndolo, resulta que sus socarronerías.

Jenny Sanford. Hay gente con clase

Si le pidió a su marido que se fuera era porque habían llegado a un punto en el que “consideré que era importante mirar a mis hijos en los ojos y mantener mi dignidad, autoestima y sentido de lo que está bien y lo que está mal”.

Por Diego Contreras
www.laiglesiaenlaprensa.com


En los últimos días, la prensa (sobre todo de Estados Unidos) ha informado ampliamente de las desaventuras matrimoniales del gobernador de Carolina del Sur, Mark Sanford. Su mujer, Jenny, le puso de patitas en la calle, como primera medida, cuando descubrió la existencia de una amante. El gobernador admitió su traición públicamente en una rueda de prensa. Si cuento esto no es para incrementar el “gossip”, sino porque me ha llamado mucho la atención las declaraciones de Jenny, a quien algunos medios califican como la heroína de esta historia.

Nacida en Chicago, en el seno de una familia católica de origen irlandés, Jenny dejó una brillante carrera en Wall Street para casarse con Mark, hace casi 20 años. En este tiempo ha sido capaz de criar a cuatro hijos y ser la principal estratega de las campañas políticas de su marido, que pasó a la política cinco años después de su boda. En las declaraciones a las que me refiero (que vale la pena leer por entero), Jenny afirma que ama a su marido y que desea perdonarlo por completo, en su momento, si él continúa también haciendo esfuerzos por la reconciliación en un espíritu de verdadera humildad y arrepentimiento.

Añade que si le pidió a su marido que se fuera era porque habían llegado a un punto en el que “consideré que era importante mirar a mis hijos en los ojos y mantener mi dignidad, autoestima y sentido de lo que está bien y lo que está mal”. “Personalmente creo que el principal legado que dejaré atrás en este mundo no es el trabajo que realicé en Wall Street, ni las campañas que organicé para mi marido, ni la ocupación como Primera Dama [de Carolina del Sur] ni tan siquiera las actividades filantrópicas en las que he estado involucrada. El gran legado es la personalidad de los hijos que yo, o nosotros, dejamos atrás”. Ante afirmaciones como esta –y otras que también hace- yo me quito humildemente el sombrero.

Julio 02, 2009

No las llamemos guerras de religión

Existen casos en los que la guerra tiene su origen no en ideas religiosas, sino en otros motivos, pero luego la religión es usada como “aglutinante” para avivar el conflicto.

Por Fernando Pascual


La historia de la humanidad está surcada por odios y guerras entre pueblos, naciones, razas, culturas. También, en diversas ocasiones, las guerras han tenido un cariz religioso: los miembros de una religión contra los miembros de otra.

Existen, además, casos en los que la guerra tiene su origen no en ideas religiosas, sino en otros motivos, pero luego la religión es usada como “aglutinante” para avivar el conflicto.

Un pueblo quiere anexionarse otro, o conquistar un territorio, o eliminar a unos probables enemigos. Entonces, los dirigentes o las masas (o los dos juntos), recurren a la bandera religiosa para reforzar su punto de vista, para justificar la guerra, para animar a los soldados y a la sociedad a mantener un esfuerzo bélico cuyo origen no tenía nada que ver con ideas religiosas.

Para estudiar el porqué de las guerras y de los odios humanos hay que mantener la mirada atenta y la seriedad propia del analista amante de la verdad. Porque no todo lo que aparece en las batallas explica el motivo de una guerra, ni las justificaciones que ofrecen unos u otros reflejan las verdaderas causas de un conflicto.

Esto vale de modo especial para la larga lista de conflictos que han sacudido lo que denominamos con diversos nombres: Tierra Santa, Palestina, Israel. El mismo espacio geográfico alberga a hombres y mujeres de razas diferentes, de religiones distintas, nacidos allá o llegados desde otras partes del planeta.

La convivencia, en las últimas décadas, ha resultado y sigue resultando muy difícil. El choque entre las poblaciones autóctonas (de origen palestino en su gran mayoría) y los nuevos emigrantes (muchos de ellos judíos de raza, o de creencia) explica una serie larga de conflictos que algunos interpretan como si se tratase de una guerra de religión casi interminable.

Pero la religión no es el factor determinante en este conflicto (como tampoco lo es en otros casos, aunque lo parezca). Cuando una familia ve que le expropian la casa, que la expulsan de su tierra, que pierde los propios derechos ante la llegada de emigrantes amparados por un estado poderoso, no se alza ni lucha simplemente para defender la propia religión, sino para sobrevivir, para pedir justicia, para recuperar lo que le pertenece.

Igualmente, cuando las autoridades políticas de un lado o de otro de las “fronteras” que separan a israelitas y palestinos lanzan represalias (con o sin derecho, dejemos esto por ahora de lado) ante quienes les atacan desde el otro lado, no promueven una guerra de religión, sino una guerra basada en el deseo de autodefenderse y de responder a los agresores.

La religión, ciertamente, tiene un influjo enorme en unos y en otros, pero no es el único factor determinante del conflicto, ni es “usada” siempre de modo correcto. Porque no podemos decir que sea fiel a sus ideas religiosas quien las manipula para luego usarlas en contra de lo que le enseñan sus propios líderes espirituales. Sobre todo, no es auténtico interprete de la propia religión (judía, islámica, cristiana o de otro tipo) quien la adultera para justificar delitos o crímenes contra los que son diferentes, los que tienen otras ideas, los que pertenecen a otra raza, a otra clases social, a otra religión.

Toda guerra tiene su origen más profundo en las injusticias humanas. A veces uno de los bandos es, a todas luces, el culpable del conflicto. A veces lo son los dos, en partes más o menos desiguales. A veces la parte inocente usa medios adecuados para su defensa, mientras que en ocasiones, aunque tendría inicialmente razones válidas para responder con la fuerza a agresores injustos, usa medios ilícitos y criminales para doblegar a los enemigos (por ejemplo, cuando se ataca a la población civil desarmada o cuando se asesina a los prisioneros de guerra).

Ninguna auténtica religión, si responde a los principios fundamentales de sus creencias propias, puede justificar nunca la injusticia, la agresión, la muerte de los inocentes. Ninguna religión puede avalar las acciones de quienes, tengan los motivos que tengan, promueven guerras de agresión o buscan defenderse de modo desproporcionado.

No llamemos guerras de religión a las guerras que tienen otro origen. Ni dejemos que ningún gobierno o ningún pueblo usen la religión como medio para ocultar intereses miserables con los que susciten en la gente el odio contra otros seres humanos.

La religión, la verdadera religión, sólo puede ser promotora de paz. Como explicaba Benedicto XVI, “las religiones pueden y deben ser factores de paz. A pesar de todo, pueden ser mal comprendidas y usadas para provocar violencia o muerte. El respeto de la sensibilidad y de la historia propias de cada país o de cada comunidad humana y religiosa, y sobre todo una auténtica voluntad de búsqueda de la paz, favorecerán la reconciliación de los pueblos y la cohabitación pacífica entre todos” (6 de noviembre de 2008).

Otra vez la píldora

En realidad, el problema de la píldora es un buen reflejo de nuestro tiempo, que aboga por una libertad individual sin límites, que es capaz de pasar sobre los demás sin consideraciones de ninguna especie.

Por Max Silva Abbott


Nuevamente la píldora del día después está levantando polémica.

En realidad, el problema de la píldora es un buen reflejo de nuestro tiempo, que aboga por una libertad individual sin límites, que es capaz de pasar sobre los demás sin consideraciones de ninguna especie.

En efecto, al menos existen fundadas sospechas de su eventual carácter abortivo, puesto que uno de sus posibles efectos es impedir la anidación del embrión en el útero, lo que ocurre alrededor de una semana después de la concepción. Dicho carácter abortivo no se debe a un defecto de esta sustancia, sino que depende solamente del momento en que sea ingerida.

Mas como esta evidencia viene a ser una limitación a este afán de libertad sin límite que impera hoy, la solución es negar la realidad y cambiar el sentido de los términos. De esta manera, o se dice que el producto de la concepción no es un ser humano, o que el embarazo –o incluso la vida– no comienza con la concepción, sino con la anidación.

Así, en el primer evento se introduce una condición que diferencia entre personas y no personas, en este caso, su desarrollo intrauterino, con lo cual se rompe la esencial igualdad del género humano. En el segundo, se va contra el más elemental sentido común, pues es en la concepción donde se completa la información genética de ese nuevo ser humano y además, ella es indispensable para que se produzca la anidación.

Así, se manipulan los argumentos para obtener el fin deseado a como dé lugar. Sin embargo, aunque resulte impopular, esta actitud (igual como ocurre con el aborto) atenta directamente contra el derecho a la vida, el primero de los derechos humanos.

Claro, para salvar este molesto escollo se niega la realidad, según se ha visto. Pero, ¿son realmente derechos humanos aquellos que pueden ser negados a sus titulares en caso de que estorben las ansias de libertad y poder de algunos que pretenden pasar sobre ellos? ¿Puede depender su acatamiento sólo de quien está obligado a respetarlos?

¿Qué es una situación molesta? Precisamente los derechos humanos surgieron para estos casos: cuando el poderoso quiere y puede de facto destruir al débil. Es aquí donde se prueba realmente quién cree verdaderamente en estos derechos, que deben ser respetados siempre, aunque nos moleste o no nos convenga. En caso contrario, no son verdaderamente derechos.

Diez universidades católicas de EUA tienen programas pro aborto y pro gay

Miles de padres y estudiantes de estas universidades dieron la voz de alarma al conocer que los centros universitarios donde estudian (de inspiración católica) se relacionan con organizaciones que promueven el aborto y el homosexualismo. Mediante convenios de prácticas, sus estudiantes trabajan en filiales de la IPPF, como la Planned Parenthood League of Massachusetts, entre muchas otras.

Por Juan Claudio Sanahuja
Noticias Globales.com


Los escándalos de las universidades católicas norteamericanas parecen no tener fin. Esta semana se supo que 10 instituciones de estudios superiores tienen convenios de pasantías y prácticas con organizaciones que promueven el aborto y el homosexualismo, algunas de ellas conocidas por ser rabiosamente anticristianas.

Según la «Cardinal Newman Society», que investiga la identidad católica de esas instituciones de enseñanza, los recientes escándalos en las llamadas universidades católicas, que provocaron el estupor de miles de fieles -padres y estudiantes-, son sólo la punta del iceberg.

La alianza de instituciones católicas con otras, abortistas y pro-homosexuales, explicaría que «la mayoría de los estudiantes y los recién graduados de las universidades católicas norteamericanas, en contra de la enseñanza de la Iglesia, piensan que el aborto y los «matrimonios» entre homosexuales deben legalizarse», concluyó el estudio Behaviors and Beliefs of Current and Recent Students at U.S. Catholic Colleges de la Cardinal Newman Society (CNS), publicado en noviembre de 2008.

Esta semana la Cardinal Newman Society denunció a las siguientes instituciones:

-Boston College, de la Compañía de Jesús, recomienda pasantías en dos organizaciones abortistas, la Feminist Majority Foundation y la National Organization for Women (NOW). La escuela de derecho de la misma universidad, Boston College Law School, publicita trabajo voluntario por el que se suman créditos académicos en Planned Parenthood League of Massachusetts, (sucursal de Planned Parenthood -PP- filial de la IPPF, la internacional del aborto y la corrupción de menores), la universidad agrega que PP «depende de la labor de los voluntarios y pasantes para lograr su misión de ofrecer a bajo costo y alta calidad médica, educación, asesoramiento y servicios de defensa a los hombres y mujeres».

Las ganancias del negocio del aborto desmienten esta afirmación. En la lista de posibles pasantías también figuran la American Civil Liberties Union (ACLU) y la Gay and Lesbian Advocates and Defenders (GLAD), que promueven el reconocimiento del llamado «matrimonio gay». (Sobre la American Civil Liberties Union (ACLU); una de sus finalidades es «borrar» a Dios de la vida pública, su fanatismo llega al extremo de procurar que desaparezcan las representaciones de los Diez Mandamientos (las dos tablas de la Ley) de los tribunales y las cruces en los cementerios de veteranos; en unión con la sionista Liga Antidifamación, recurrió a los tribunales para impedir la exhibición de pesebres en lugares públicos en el tiempo de Navidad, etc.).

-Notre Dame University. Este año, en abril, cumplió 20 años el Programa de Estudios sobre Género, que tiene un convenio de pasantías con la organización abortista estatal National Organization for Women (Washington, D.C.).

-College of St. Benedict & St. John’s University (Minnesota) El programa «Género y Estudios sobre la Mujer», común a las dos instituciones, ofrece pasantías en la Feminist Majority Foundation y en la Minnesota Women’s Political Caucus, ambas organizaciones abortistas que apoyan la libertad de elección (el aborto) y en la asociación Rainbow Families, cuya finalidad es orientar a futuros padres homosexuales (LGTB).

-DePaul University, de la Congregación de la Misión, fundada por San Vicente de Paul. El programa de Mujeres y Género ofrece pasantías con créditos académicos en Planned Parenthood (PP) y en el Chicago Women’s Health Center, que «brinda servicios» de anticoncepción de emergencia para mujeres jóvenes, adolescentes, casadas o solteras; además provee todo tipo de inseminación para «lesbianas, bisexuales y parejas querer, mujeres solteras de cualquier orientación sexual, y transexuales».

-Georgetown University. Desde 2007, la Georgetown Law School permite a los estudiantes recibir financiación de la Equal Justice Foundation, una organización que asegura asesoramiento jurídico para abortar.

-Loyola University de Chicago. El programa de Estudios sobre la Mujer y de Género anuncia pasantías y oportunidades de voluntariado en las organizaciones abortistas: la Chicago National Organization for Women, la Feminist Majority Foundation, Planned Parenthood (PP), y el Chicago Abortion Fund.

-St. Edward's University. Estudiantes de la universidad han trabajado en Servicios a la comunidad como pasantes dentro del programa de Estudios sobre la Mujer, en la National Abortion and Reproductive Rights Action League (NARAL Pro-Choice Texas).

-St. Norbert College. El programa de Mujer y Estudios de Género, recomienda pasantías en las siguientes organizaciones pro-aborto: National Organization for Women (NOW Legal Defense and Education Fund-Legal Momentum); Planned Parenthood (PP); League of Women Voters; National Women’s Health Network; National Women’s Law Center; Our Bodies Ourselves; Women’s Campaign Fund and the Women’s Information Network. También recomienda a la National Gay and Lesbian Task Force y a la asociación de padres, familiares y amigos de lesbianas y gays -PFLAG-, ambas promotoras de mal llamado «matrimonio gay». El Population Institute, que figura en la lista de instituciones para hacer pasantías, forma parte del agresivo lobby que pretende la financiación pública de los programas de control de natalidad.

-University of San Francisco, de la Compañía de Jesús, el programa de Estudios de Medios de Comunicación, promueve pasantías en la revista Girlfriends Magazine, que impulsa la «cultura lésbica» y exige a quienes trabajan allí ser expertas en esos temas. También publicita pasantías en la California Abortion and Reproductive Rights Action League.

Errores y horrores de la reproducción asistida

Hay casos que desvelan situaciones y dramas humanos que van más allá del caso en cuestión. Como el de una mujer que recurrió a la fecundación in vitro, congeló varios embriones, y perdió uno de ellos por un “error” del laboratorio.

Por Fernando Pascual


Hay casos que desvelan situaciones y dramas humanos que van más allá del caso en cuestión. Como el de una mujer que recurrió a la fecundación in vitro, congeló varios embriones, y perdió uno de ellos por un “error” del laboratorio.

¿Cuál es el caso? “The Sunday Times” lo presentó en un artículo publicado el 14 de junio de 2009 con el título “Woman aborts other mother’s last embryo”.

Deborah y Paul querían tener un hijo con ayuda de la fecundación artificial. Acudieron a una clínica de fertilidad. Después de dos fracasos, en 2003 nació un hijo, Jamie.

Habían quedado en la clínica tres embriones congelados, de los cuales solamente uno sobrevivió.

La pareja quiso tener un segundo hijo. Volvieron a la clínica en diciembre de 2007 con la esperanza de “usar” ese embrión.

Se les dijo inicialmente que el embrión había sido dañado en un accidente. Luego se les comunicó la verdad: el embrión había sido transferido, por error, a otra mujer. Cuando esa mujer supo que aquel no era su hijo, lo abortó.

Hasta aquí los hechos dados a luz por la prensa. Se trata de un caso particular, de un “accidente” que ha involucrado a dos mujeres, a sus familias, al equipo de médicos, y a varios embriones.

Detrás del hecho se descubren horrores y males profundos de la fecundación artificial y de cierta mentalidad que trata a los hijos como productos de consumo.

Porque recurrir a la fecundación artificial va contra el respeto a la vida y la dignidad del hijo y del matrimonio. Cada hijo merece iniciar su vida desde el amor entre un hombre y una mujer que, unidos en matrimonio, se abren a la llegada de los posibles hijos y los acogen en el lugar más adecuado: el seno materno.

Porque producir embriones en el laboratorio los expone a situaciones peligrosas, injustas y dañinas, de selecciones arbitrarias, y favorece la mentalidad que los trata más como cosas (bienes de consumo para “usar” según el deseo de sus “propietarios”) que como seres humanos.

Porque congelar embriones es un acto injusto que impide a miles, millones quizá, de hijos llevar adelante la propia vida en el seno materno, y suele provocar graves daños en muchos de esos embriones congelados, que morirán al ser descongelados o por decisión de otros (de los técnicos, de sus mismos padres que ya no los desean).

Porque tratar a los embriones congelados como “material de reserva” aumenta la misma injusticia de la fecundación artificial, al convertirlos en objetos valiosos sólo en tanto en cuanto correspondan a los deseos de sus padres (o simplemente de su madre).

Porque el hecho de que una mujer descubra que ha recibido un “embrión equivocado” (como ocurrió en este caso) no crea ningún derecho a eliminarlo a través del aborto: ese hijo, como cada ser humano, merece respeto, acogida, ayuda, aunque “por error” se encuentre en el seno de quien no es su madre natural.

Porque el aborto de un “embrión equivocado” desvela una mentalidad, muy difundida en el mundo moderno, que ha llevado y sigue llevando a millones de madres a eliminar a sus hijos cuando no son deseados, cuando no tienen las cualidades que les gustaría, cuando llegan en un momento “inoportuno”. Ninguna vida humana debe ser despreciada si no encaja con los planes de los adultos.

Este hecho refleja sólo una parte del drama de la fecundación artificial y de la injusticia del aborto, los graves “errores y horrores” a los que se ha llegado.

Frente a situaciones como ésta, hace falta promover medidas concretas para que los hijos sean respetados en el seno materno, para que el aborto desaparezca del planeta, y para que no se recurra a técnicas de fecundación artificial que van contra la dignidad de los hijos y de sus padres.

La instrucción “Dignitas personae”, publicada por la Congregación para la Doctrina de la fe en diciembre de 2008, tiene un párrafo que ayuda a valorar este tipo de situaciones:

“La Iglesia reconoce la legitimidad del deseo de un hijo, y comprende los sufrimientos de los cónyuges afligidos por el problema de la infertilidad. Sin embargo, ese deseo no puede ser antepuesto a la dignidad que posee cada vida humana hasta el punto de someterla a un dominio absoluto. El deseo de un hijo no puede justificar la ‘producción’ del mismo, así como el deseo de no tener un hijo ya concebido no puede justificar su abandono o destrucción” (Dignitas personae n. 16).

Entrevista a Álvaro Vázquez, presidente de Pro Vida Aragón


Nuestro objetivo es un cambio de postura, no tanto en el aspecto de crítica de la cultura de la muerte como el mostrare la armonía, la sinfonía que significa la cultura de la vida.

Este año el Congreso Internacional pro vida se organiza a las orillas del Ebro, en Zaragoza, la ciudad del Pilar en España. El presidente del Comité Organizador es Álvaro Vázquez, médico y presidente de Pro Vida Aragón.

---Federico Rodríguez de Rivera (FRR): Álvaro, ese es el Cuarto Congreso pro vida.

-Álvaro Vázquez (AV): Será el cuarto congreso internacional pro vida, tomando el relevo al último en la Ciudad de México cuyo lema era: “Manipulación de embriones humanos, hacia un nuevo holocausto”. El actual versa sobre la sensibilización y el lema es “sensibilización: una sinfonía por la vida”.


---(FRR): Entiendo que hay un interés en el cambio de imagen en el congreso con un nombre más esperanzador.

-(AV): Se opta por Zaragoza con el objetivo de atraer a Europa la actividad pro vida del Congreso. Estamos en una época de grandes cambios en materia de bioética humana que están dejando profunda huella en la legislación de nuestro país y de toda la Europa Occidental. Esto afecta tanto a las leyes de investigación biomédica como al tratamiento de la mujer embarazada, y que ya apunta en un futuro un avance de la legislación sobre la eutanasia, de modo que ante esos retos el Congreso quiere enviar, a pesar de todo, un mensaje optimista, una orientación de la defensa de la vida y de la dignidad de la persona positiva.

Se pretende sensibilizar a una sociedad aparentemente anestesiada generando un despertar de la conciencia moral para defensa de la vida humana, de toda vida humana. En definitiva: se pretende sustituir la cultura de la muerte, instalada en nuestras mentes como un derecho, por la cultura de la vida que busca el bien y la defensa de uno de los principios fundamentales de la Carta de Derechos Humanos: el derecho a la vida.


---(FRR): Ideas interesantes, ciertamente, Pero ¿cómo se concretan en el contenido del Congreso?

-(AV): El Congreso se ha estructurado en cinco grandes pilares, que son los ejes principales del debate actual sobre la vida: Debate filosófico-antropológico, jurídico-legislativo, medico-científico, socio-existencial, y político-mediático, buscando integrar a todos los que en uno u otro ámbito, se encuentran inmersos en la lucha de defensa de la vida humana; porque esa defensa compete a todos.


---(FRR): ¿Qué añade a este debate la antropología?

-(AV): Sin querer trasladar a esta entrevista los aspectos que se desarrollarán a lo largo de las ponencias del Congreso, señalaré que una adecuada concepción de la persona y su dignidad es un freno a su manipulación y una fundamentación de sus derechos irrenunciables, en especial el primer derecho: el de la vida.


---(FRR): Álvaro, la ciencia ha progresado en este final de siglo y comienzo del XXI en grados insospechados. ¿Hay que ponerle freno?

-(AV): Contestaré con otra pregunta ¿todo lo técnicamente posible debe ser realizado? ¿Debe experimentarse todo a cualquier precio? Hay límites que deben asegurar la salvaguarda de la dignidad de las personas y los derechos humanos.

Pongamos por ejemplo ¿No repele la hibridación de seres humanos? ¿Es razonable juntar adn de vaca o conejo con humano para obtener células madre embrionarias para una posible investigación? ¿Es eso admisible? ¿Es admisible manipular vidas humanas concretas aunque sea con el fin de salvar otras vidas humanas? ¿A qué mundo nos llevaría el consolidar el uso de cobayas humanas? ¿No deberemos, como sociedad, exigir a nuestros gobernantes poner límites que garanticen nuestros derechos fundamentales y no nos conviertan en objetos manipulables?


---(FRR): ¿Cómo influyen estos congresos al hombre de a pie, al que no tiene las ideas claras o duda con respecto a los temas planteados en los debates del Congreso?

-(AV): Nuestra sociedad exige derechos de todos y en todo, es una sociedad sensible a los derechos de la mujer, del menor, del inmigrante, de los consumidores, de las minorías étnicas… Pero ¿y quién defiende al “indefenso”? Hay defensor del Pueblo, pero defensor del embrión, del feto, del no nacido, del minusválido, del deficiente, del enfermo terminal? Y el más indefenso, el no nacido todavía, quien si no hay una interrupción externa nacerá y será objeto de todos los derechos de una sociedad moderna, ¿por qué en esa fase de su vida es el más desprotegido de los hombres?


---(FRR): Algunos legisladores dicen que el no nacido no es persona.

-(AV): Ahí es donde entra un debate sereno y profundo de la antropología, que es uno de los apartados básicos del Congreso. Es preciso poner encima de la mesa los argumentos que justifiquen adecuadamente la defensa de toda vida humana tanto desde el punto de vista antropológico como médico y que se deben plasmar en legislaciones defensoras de la vida.


---(FRR): A veces me cuesta ponerme en el lugar de los que son partidarios del aborto, sobre todo al ver la cara de un recién nacido.

-(AV): En el fondo a la gente le sobra comodidad. La legislación del aborto a algunos les viene bien “por si acaso”; a otros porque aunque no la usen, como no les afecta directamente, piensan que es una esfera en la que cada uno debe decidir cómo le de la gana; otros porque socialmente es algo que se nos vende como un derecho y como un progreso, es lo “políticamente correcto”; y sólo se ven argumentos sentimentales desde la posición de la embarazada, nunca desde el punto de vista del no nacido, que ni habla ni se defiende. Ignorando es fácil dejarse vencer por los argumentos de la cultura de la muerte. Es preciso que se conozca, que se informe, que se vea la realidad y también la otra realidad de los negocios de la muerte.


---(FRR): La legislación aplana las conciencias. Parece que porque está permitido, abortar es algo bueno o indiferente.

-(AV): Es cierto que estamos en una sociedad en la que se ha asumido que se puede legislar todo y de todo. Con una visión utilitarista se buscan leyes que me permitan su uso o no según conveniencia, según me vaya a mí bien. Es algo muy cómodo para mí, pero muy poco solidario. El feto no se queja y está indefenso. Estamos inmersos en un sistema que Descartes definiría como de “moral de conveniencia”, que nos facilita todos los parches posibles para eliminar las secuelas de nuestras acciones libres.


---(FRR): Álvaro, ¿por qué han elegido como lema del congreso “Sinfonía, sinfonía de la vida?

-(AV): Entendemos que la sinfonía implica equilibrio entre varios instrumentos y una armonía en su complementariedad. Los cinco apartados del Congreso son como los instrumentos, las conclusiones serán la armonía. Además entendemos que la defensa de la vida es algo positivo, en el que cada grano de arena es una melodía que se suma al conjunto que, necesariamente, es atrayente y positivo.


---(FRR): Y ¿cómo participar?

-(AV): Lo primero sería inscribirse al Congreso, y para ello están los formularios en la web del congreso: http://www.zaragoza2009.org donde se especifica el precio de la inscripción tanto individual, familiar o de estudiante, también se pueden hacer inscripciones por grupos con precios reducidos poniéndose en contacto con la Organización del congreso. También se puede participar por medio de Comunicaciones cumpliendo las normas técnicas del Congreso y remitiéndolas para su aprobación e inclusión.


---(FRR): ¿Qué comunicaciones?

-(AV): Las comunicaciones pueden versar sobre estudios técnicos que tengan por objeto la defensa de la vida humana en alguno de los cinco ámbitos en los que se divide el Congreso como también testimonios e iniciativas a favor de la vida personales o de grupos.


---(FRR): ¿Y cómo colaborar?

-(AV): Por supuesto que hay en la web una dirección para remitir donativos, así como para inscribirse como voluntario. Además se ha organizado un magnífico acto mediático y multitudinario que se denomina “A toda vela” que pretende poner un millón de velas en la plaza del Pilar de Zaragoza la noche del 7 de noviembre. Para ese fin se ha abierto una web: “Un millón de velas” con esta dirección de Internet: http://www.actiweb.es/ATODAVELA/ que admite donativos que se orientarán a sufragar los gastos del Congreso y, los sobrantes, para donarnos a actividades pro vida. En España, con el mensaje “VELA” remitido como SMS al teléfono 7745 se aplica directamente el 60% de ese pago a la campaña de Un millón de velas. Es un modo gráfico de ayudar. Además si eres representante o propietario de una Empresa que quiera ser “amiga de la vida” puedes inscribirla subvencionando el congreso según las condiciones de la web del congreso.


---(FRR): Un colofón.

-(AV): Nuestro objetivo es un cambio de postura, no tanto en el aspecto de crítica de la cultura de la muerte como el mostrare la armonía, la sinfonía que significa la cultura de la vida.

El tacto de hipopótamo de los lefevbrianos

El Vaticano recordó hace unos días esas palabras y advirtió de que unas anunciadas ordenaciones sacerdotales de seguidores de Lefebvre eran “ilegítimas”. Pero esas ordenaciones se han llevado a cabo en días atrás en Suiza, Alemania y Estados Unidos.

Por Diego Contreras
www.laiglesiaenlaprensa.com


Full disclosure: nunca me han caído bien los lefebvrianos. Me parecen –y pido perdón- bastante arrogantes; se diría que ellos mismos se consideran situados tan solo un escaloncito (quizás) por debajo del mismo Padre Eterno. De ahí que los datos objetivos que podrían justificar o explicar algunas de sus posiciones pierdan fuerza y acaben siendo –con demasiada frecuencia- expresión de una mentalidad cerril.

Como se recordará, a finales de enero el Papa levantó la excomunión a los cuatro obispos pertenecientes a la Fraternidad de S. Pío X, entre ellos el polémico Williamson. La medida provocó una avalancha de críticas hacia el Papa, hasta el punto de que -en marzo- Benedicto XVI tuvo el gesto insólito de escribir una carta a todos los obispos explicando la situación. Puso en juego su prestigio por la causa de la reconciliación y la unidad de la Iglesia. El Papa dice, entre otras cosas, que “hasta que la Fraternidad non tenga una posición canónica en la Iglesia, tampoco sus ministros ejercen ministerios legítimos en la Iglesia. (…). Hasta que las cuestiones relativas a la doctrina no se aclaren, la Fraternidad no tiene ningún estado canónico en la Iglesia, y sus ministros, no obstante hayan sido liberados de la sanción eclesiástica, no ejercen legítimamente ministerio alguno en la Iglesia”.

Han pasado tan solo unos meses. El Vaticano recordó hace unos días esas palabras y advirtió de que unas anunciadas ordenaciones sacerdotales de seguidores de Lefebvre eran “ilegítimas”. Pero esas ordenaciones se han llevado a cabo en días atrás en Suiza, Alemania y Estados Unidos (en total, 27). Supongo que los seguidores de Lefebvre expresan así su profundo agradecimiento. Todo un ejemplo de tacto, finos modales y sentido de unidad. La paciencia de BVI me parece heroica.

Sacramentos laightcos

¿Llegará la realidad a superar a la ficción? No está nada claro. Pero lo que sí es evidente es lo ridícula que puede llegar a ser una sociedad superficial y que reniega de sus raíces. ¿Qué creerán celebrar? ¿Dónde encontrarán consuelo?

Por íñigo Álfaro


Es común que cuando leemos el periódico o vemos las noticias nos invada una sensación de pesimismo y desánimo. Casi siempre repleto de atentados, desastres económicos, fraudes, violencia… sin embargo no todo el monte es orégano, a veces uno puede llegar a encontrar noticias que le sacan una sonrisa y que incluso despiertan la imaginación.

Tal es el caso de algo ocurrido en España en los últimos días: la instauración del bautismo civil.

A los laicistas parece no importarles que sus hijos nunca lleguen a ser también hijos de Dios. Eso sí, privarles de esas encomiables fotos – vestidos con un bordón monísimo– y de la presencia de unos padrinos que les atiborren de regalos, eso es demasiado cruel. De ahí tan ingenioso arreglo. Uno no puede menos que sonreír. Es posible que a los que conservamos un poco de sentido común, después de la sonrisa, nos sacuda también un escalofrío por la pedante superficialidad que inunda nuestras sociedades. Pero que nos quiten lo bailado.

Lo que pasa es que ahí no acaba todo, porque la imaginación se pone a funcionar. Si el bautismo laico es la inscripción solemne en el registro civil (por decir algo); la confirmación podría coincidir con el fin de la secundaria –o si nos ponemos en plan laicista radical- podría coincidir con la elección oficial del género. El orden sacerdotal podría substituirse con la obtención de alguna oposición y se podría llamar algo así como orden edilicio. La unción de los enfermos se ajustaría muy bien a la administración de una eutanasia rápida e indolora.

El matrimonio civil dejó de ser problema hace tiempo y la confesión es algo tan impopular para la mentalidad laicista que no se le buscaría sustituto. A la última comunión (porque sería la única), resulta difícil encontrarle parangón social para laicizarla, pero ¡ni falta que hace! Vestimos al niño de marinerito, a la niña de blanco, montamos un fiestón, y sanseacabó. Total, los católicos celebramos la recepción de Cristo en las sagradas formas, pero para quién lo importante es la fiesta el detalle es menor.

Luego, para seguir con los despropósitos, le podría llegar el turno al decálogo. No me atrevo a enunciar uno ahora, pero en él se podrían consagrar principios tan importantes para el laicismo como el respeto selectivo y arbitrario a la vida, la inexistencia de una verdad absoluta, la tolerancia a cualquier grupo excepto a la Iglesia, la libre elección del género o la repulsa al tabaquismo… Queda claro que ningún principio sería definitivo y todo quedaría sujeto a la decisión de las masas previamente manipuladas.

¿Llegará la realidad a superar a la ficción? No está nada claro. Pero lo que sí es evidente es lo ridícula que puede llegar a ser una sociedad superficial y que reniega de sus raíces. ¿Qué creerán celebrar? ¿Dónde encontrarán consuelo?

Que nadie se lo pregunte para no frustrar su ilusa alegría y que cada uno se pregunte cuanto valora lo que la Iglesia nos da en los sacramentos: ser hijos de Dios, la presencia real de Cristo, su perdón, la paz en la hora de la muerte y, eventualmente, la vida eterna… en fin, fruslerías. Pero que no nos esperen en la puerta de los ayuntamientos.

Año sacerdotal

Algunos opinarán que soy una rara avis porque en estos tiempos desérticos de fe conozco un puñado de hombres que, o bien ya son sacerdotes o lo van a ser en un plazo más o menos breve.

Por Miguel Aranguren
www.miguelaranguren.com


Algunos opinarán que soy una rara avis porque en estos tiempos desérticos de fe conozco un puñado de hombres que, o bien ya son sacerdotes o lo van a ser en un plazo más o menos breve. No en vano, inauguro el verano con la ordenación como diácono de un amigo y lo concluiré con la ordenación como presbítero de otro. Y puede que, como el año pasado, me sorprenda la entrada en el seminario de algún estudiante que acaba de superar la selectividad con buena nota y deja arrinconada una prometedora ingeniería, o de algún universitario que cede los trastos de un más que seguro éxito a cambio de los manuales de Teología y Filosofía.

Parafraseando a Teresa de Calcuta, para quien el nacimiento de cada niño demuestra que Dios aún no se ha cansado de los hombres, la ordenación de cada sacerdote prueba que Su misericordia para con los mortales es infinita. Porque un sacerdote es cura de almas, término precioso y didáctico, un mediador de la gracia, otro Cristo que en el ejercicio de sus funciones sacramentales abre a sus hermanos de par en par las puertas del cielo.

En ocasiones abruman los sucesos repugnantes de presbíteros que abusaron de su condición para cometer las más terribles tropelías. Por otra parte, el cine y la literatura nos han contado tantas veces que los curas son tipos execrables, fanáticos, gulosos, cascarrabias y un punto lujuriosos, que podría parecer que el ejercicio cural necesita unas vacaciones, tal vez definitivas. Por eso mismo, este año sacerdotal recién inaugurado por Benedicto XVI se convierte en la mejor oportunidad para abrir puertas y ventanas y permitir que entren ráfagas de aire puro.

El mal entendimiento del Concilio trajo consigo un buen número de sacerdotes derrotistas, dedicados a mil y una actividades ajenas a su ministerio, empeñados en no mostrar un solo signo de su condición, por más que el orden deje un carácter indeleble por encima, incluso, de la desacralización. Recuerdo a alguno de aquellos pobres curas, avergonzados del empuje vibrante de Juan Pablo II, un Papa que se llevaba a los jóvenes de calle con el testimonio de su fidelidad y de su arranque apostólico, y que sufrió hasta las lágrimas, ¡en tantas ocasiones!, con las infidelidades públicas y privadas de los curas.

Puede que el sacerdocio sea uno de los ejercicios más complejos a los que se puede enfrentar un hombre. No sólo por dejar que sus pobres manos y su pobre boca, su inteligencia y voluntad se conviertan en determinadas ocasiones en las de Jesucristo, que no es moco de pavo, sino por recoger desde la mañana hasta la noche las heridas de los seres humanos. Así lo hizo el santo cura de Ars, patrono de los curas diocesanos y modelo de sacerdotes. La intensidad de su oración y su penitencia, su benignidad y las horas que pasó amarrado al confesonario, lograron que se recristianizara aquella región después de los descalabros de la revolución francesa. Y no fue un superficial cambio de costumbres, sino una sucesión casi interminable de personas que rendían una vida alejada de Dios para regresar a los brazos de la Iglesia. Recomiendo la lectura de su biografía, publicada por Homo Legens, como primer paso para vivir las exigencias de este año singular.

Catholic.net - Católicos en la red