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Numerosos comportamientos ponen en peligro no sólo la propia integridad física, sino también la de otras personas. Por eso hace falta promover una cultura de la prudencia, de la seguridad, del cuidado, que venza la inercia de sociedades en las que el riesgo llega a ser presentado incluso como un reto o como un camino para la autoafirmación.
Fernando Pascual
La bioética, en cuanto reflexión ética sobre la vida, tiene que hablar sobre aquellos comportamientos elegidos libremente que implican peligros para la salud o para la vida de las personas.
En concreto, la bioética debe pronunciarse sobre la seguridad en el trabajo, sobre la sana alimentación, sobre cómo comportarse en las carreteras, sobre el abuso de sustancias como la droga y el alcohol, sobre los “deportes extremos”, y un largo etcétera.
Numerosos comportamientos ponen en peligro no sólo la propia integridad física, sino también la de otras personas. Por eso hace falta promover una cultura de la prudencia, de la seguridad, del cuidado, que venza la inercia de sociedades en las que el riesgo llega a ser presentado incluso como un reto o como un camino para la autoafirmación.
Al mismo tiempo, la bioética tiene que seguir con atención de qué manera el mundo del trabajo puede ganar en seguridad para evitar accidentes y situaciones de peligro que dejan miles y miles de heridos y de muertos cada año.
Un capítulo importante se refiere al abuso de sustancias que provocan la pérdida de la propia conciencia y responsabilidad moral, además de producir enormes daños a nivel físico, psíquico y social. La droga y el alcohol necesitan una atención más incisiva y eficaz por parte de los estudiosos de bioética, para poder indicar a la sociedad pautas y estímulos que ayuden a erradicar los males del alcoholismo y de la drogadicción en millones de seres humanos.
Estos temas tocan en lo profundo toda la vida social. No basta con avisar de los peligros y denunciar los actos que dañan a la gente. Hay que saber dialogar con las autoridades públicas, con los educadores, con las familias, para que se transmitan valores y virtudes que preparen a los niños y adolescentes a ser responsables y a evitar comportamientos que luego se pagan a un precio excesivamente alto.
Al mismo tiempo, hay que ofrecer la asistencia necesaria a tantas personas que han sucumbido por causa de un accidente o por vicios arraigados, de forma que la sanidad pública y los grupos sociales puedan ayudarles y acompañarles a alcanzar la curación (donde sea posible) o a convivir con la enfermedad de modo digno y adecuado.
La prevención ante los comportamientos peligrosos será mucho más eficaz si está acompañada de una buena enseñanza sobre la higiene, el deporte, las maneras correctas de comer, etc. Millones de personas en algunos países pobres sufren por enfermedades debidas a una nutrición poco balanceada o al consumo de agua en malas condiciones. Otros caen en el extremo opuesto, de forma que una alimentación excesiva y desordenada ha convertido a la obesidad en uno de los mayores problemas sanitarios en algunos países “desarrollados”.
Tener presente esta dimensión de la bioética puede llevar a un cambio radical en los estilos de vida de las personas y de las sociedades. De este modo, será posible trabajar por mejoras profundas en pueblos y aldeas donde ahora se sobrevive de modo muy precario. Habrá menos accidentes de trabajo y de tráfico. Y los jóvenes y los adultos aprenderán a tomar las debidas distancias ante sustancias y comportamientos peligrosos que pueden destruirlos en su vida física y en su integridad moral.
En su breve intervención en la 127º Convención Anual de los Caballeros de Colón, el Cardenal Marc Ouellet, arzobispo de Quebec y primado de Canadá, afirmó que “en este último año, en todos los niveles de liderazgo en la Iglesia, la unidad y la solidaridad con Pedro no ha sido un gran logro".
Juan Claudio Sanahuja | noticiasglobales.org
En su breve intervención en la 127º Convención Anual de los Caballeros de Colón, el Cardenal Marc Ouellet, arzobispo de Quebec y primado de Canadá (NG 694, 724, 980), afirmó que “en este último año, en todos los niveles de liderazgo en la Iglesia, la unidad y la solidaridad con Pedro no ha sido un gran logro".
En la inauguración de la Convención, que se realizó en Phoenix (Arizona, USA), del 4 al 7 de agosto, ante ocho cardenales, noventa obispos y mil Caballeros de Colón y sus familias, Ouellet afirmó que Benedicto XVI tuvo que sufrir un "duro invierno" ya que fue "duramente criticado tanto dentro como fuera de la Iglesia y no fue adecuadamente defendido por aquellos que comparten su ministerio".
Las dos polémicas principales que, según el cardenal canadiense, levantaron una ola de críticas contra el Papa por parte de los medios de comunicación progresistas e incluso de algunos miembros de la jerarquía de la Iglesia, han sido el levantamiento de la excomunión a los obispos de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (lefebvristas), y sus declaraciones del 17 de marzo pasado, durante el viaje pastoral a África, sobre que la distribución de preservativos agrava el problema del SIDA.
Si bien éstas fueron las polémicas más llamativas, Benedicto XVI fue criticado también por “otras razones”, dijo el cardenal Ouellet.
El primado de Canadá lamentó que el esfuerzo por atraer a la plena comunión con la Iglesia al grupo cismático de los lefebvristas haya recibido tantas críticas internas.
Respecto a los comentarios del Papa sobre el preservativo, el cardenal recordó que Benedicto XVI fue criticado por líderes políticos de todo el mundo, algunos católicos, e incluso recibió críticas de obispos en Portugal, Alemania y Canadá y que dos cardenales, uno retirado y otro en funciones, estuvieron entre aquellos que no apoyaron al Papa.
“Aunque otros cardenales y obispos defendieron al Santo Padre, dicha defensa estuvo lejos de darse a nivel mundial”, recalcó el Cardenal Marc Ouellet.
En un conmovedor llamamiento a la unidad con el Papa y reafirmando la autoridad de su enseñanza, el Cardenal Ouellet, continuó diciendo que "es tiempo de tomar medidas y estar con nuestro Santo Padre, que cumple todas sus funciones de manera admirablemente pacífica. Nos sentimos especialmente bendecidos por la calidad de su enseñanza".
"Pidamos al Espíritu Santo que nos ayude a dar un testimonio mayor de nuestra lealtad amorosa a la Iglesia y a su Principal Pastor, el sucesor de Pedro", concluyó Ouellet, "la unidad de la Iglesia es la clave para que ésta pueda llevar a cabo su misión. Cuando hay falta de unidad dentro de la Iglesia rápidamente disminuyen las vocaciones, se relaja el fervor religioso y se desintegra la vida familiar. (…) Vamos a estar junto al sucesor de Pedro, nuestro Papa, en esta época en que es difícil asumir con valentía nuestro deber cristiano de construir la unidad y la solidaridad de todo el mundo."
La nube” es el territorio virtual que acompaña al usuario, donde quiera que se encuentre, siempre y cuando esté frente a la pantalla de su computadora (estacionada o portátil, lo mismo da).
Jaime Septién | jaimeseptien.com
Se ha creado un nuevo término en el lenguaje cibernético: “la nube” (“the cloud”, en inglés). Se trata de la concentración de aplicaciones on-line, gratuitas la abrumadora mayoría, en la cual el internauta almacena —en su disco duro— muchos de los productos que antes almacenaba en casa: videos, películas, fotos personales, libros, música, ensayos, juegos, series de televisión…
“La nube” es el territorio virtual que acompaña al usuario, donde quiera que se encuentre, siempre y cuando esté frente a la pantalla de su computadora (estacionada o portátil, lo mismo da). Es una suerte de conglomerado gaseoso —como las nubes de verdad— en el que el internauta va dejando sus señas de identidad y, al mismo tiempo, modificando, de forma vertiginosa, sus hábitos de consumo cultural.
En lugar de ir a la librería y comprar el libro de moda, lo lee en línea. En lugar de ir al cine y ver una película, la extrae de los numerosos sitios de renta de películas que existen en la Internet. En lugar de comprar o rentar una serie de TV en el videoclub, la mira en su computadora sin pagar un centavo. Lo mismo sucede con las fotos (las empresas de revelado languidecen), los videos familiares, la música o las aplicaciones para hacer un currículum, un plan financiero, un balance general, una presentación de negocios, una carta, un fichero bibliográfico, organizar un viaje, tomar clases de doctorado y un larguísimo etcétera.
Mientras más se ensancha la banda, mayor es el número de aplicaciones que migran a Internet. En otras palabras, mientras más fácilmente se puede conectar el usuario a la red (el “wifi” cada día más famoso), más actividades cotidianas de las personas se pueden realizar en pantalla, sin necesidad de trasladarse físicamente a ningún lado. El software on-line está a la disposición de todos. El único problema es que al utilizarlo —almacenando información— los datos de quien tuvo acceso a esa aplicación de “la nube” quedan perfectamente visibles. ¿Para qué pudieran servir? No lo sé, pero, seguramente, habrá un vivales que ya esté buscando el territorio de “la nube” para extraer líneas perversas de acción.
En el futuro, nuestras pertenencias culturales —libros, videos, música, fotos, películas, es decir, lo que almacenamos, actualmente, con orgullo en la casa, como parte de nuestra identidad— estarán en “la nube”. Las bibliotecas, las audiotecas, las hemerotecas personales serán antigüedades de la prehistoria. El consumo cultural se limitará al espacio pulido de la pantalla. Y como las cosas no andan muy bien que digamos en las calles del mundo, la auto reclusión, el aislamiento, la ausencia de relaciones sociales, formarán un caldo de cultivo de quién sabe qué cosa, alguna dictadura tipo Gran Hermano, quizá.
Del 10 al 12 de Agosto, 09 se efectuó en Ámsterdam, Holanda, el V Congreso Mundial de Familias (World Congress of Families, W.C.F.) cuyo objetivo es la preservación de la familia natural.
Norma Mendoza Alexandry
Del 10 al 12 de Agosto, 09 se efectuó en Ámsterdam, Holanda, el V Congreso Mundial de Familias (World Congress of Families, W.C.F.). Este Congreso consiste en reunir a personas y organizaciones de todo el mundo (en esta ocasión asistieron de 60 países), cuyo objetivo es la preservación de la familia natural. Académicos, investigadores, líderes religiosos, políticos, periodistas y civiles asistieron con el fin de apoyar la protección, el reforzamiento y defensa de la familia.
El tema de la Conferencia fue: “Familia: más que la suma de sus partes”, incluyó diferentes y muy interesantes temas tales como: “Familias Modernas Valores Tradicionales”; “Familias en Países en Desarrollo”; y “Retos y Esperanza para el Futuro”. Este Congreso fue muy enriquecedor al señalar las mejores prácticas, las verdades más inteligentes, las últimas investigaciones y los acercamientos más positivos para proponer y asegurar un buen futuro a las familias.
Sería de gran interés reproducir y difundir cada uno de los discursos que allí se presentaron. He de decir que la “Declaración de Amsterdam” emanada de este Congreso, reafirmó el Artículo 16, párrafo 3 de la Declaración Universal de Derechos Humanos: “La familia es la unidad grupal natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección por parte de la sociedad y del Estado”. Hace además un fuerte llamado para que las políticas públicas en los países respeten la autonomía de la familia y que además:
• Apoyen la institución natural del matrimonio.
• Disuadan el divorcio, especialmente cuando haya niños involucrados.
• Estimulen a las parejas que se comprometan a la crianza de los niños.
• Protejan el derecho primario de los padres a guiar en la educación práctica y moral a sus hijos.
• Protejan el desarrollo físico, mental, social y espiritual de los niños.
•Custodien la vida humana vulnerable, especialmente al principio y al final del ciclo vital.
Hubo una seria reflexión sobre la realidad que existe en muchos países y que no es exactamente favorable. El Sr. Hon. Kevin Andrews MP (Miembro Federal para Menzies en la Casa de Representantes de Australia) puntualizó, por ejemplo, que hoy:
• El número de matrimonios es menor
• Las parejas que se casan lo hacen a mayor edad que anteriormente.
• Ha habido un dramático incremento de divorcios.
• El número de niños involucrados en el divorcio de sus padres ha continuado creciendo desde principios de los 70s.
• Las tasas de matrimonios por segunda vez han caído durante los últimos veinte años.
• Las familias están teniendo menos hijos.
• La proporción de los niños que nacen fuera del matrimonio ha aumentando dramáticamente.
• Ha habido un marcado crecimiento en la proporción de familias con un solo progenitor.
• Las familias cada vez tienen a ambos padres en la fuerza de trabajo remunerado. Y
• En la mayoría de las naciones la población está envejeciendo.
Todos estos cambios están teniendo un profundo impacto en las familias.
Si tomamos en cuenta las estadísticas en general, éstas revelan el desplazamiento paulatino de una cultura matrimonial por una cultura del divorcio y paternidad fuera del matrimonio; hay indicadores de que los índices de natalidad y del matrimonio han continuado cayendo; la cohabitación pre-marital se ha convertido en una regla en casi todos los países; la media en la edad del primer matrimonio ha aumentado; las tasas de divorcio son más altas; los nacimientos fuera del matrimonio están en relación directa a las familias con un solo progenitor y la población cada vez tiene más viejos; además de lo anterior, la desinstitucionalización del matrimonio y en consecuencia, la tendencia a que haya familias menos estables es muy significativa.
El renombrado autor de estudios de familia, Urie Bronfenbrenner, comentó: “Ha habido una profunda confusión en la tendencia desde la II Guerra Mundial de la desorganización de la familia en el mundo occidental”. Esto refleja la conclusión a la que llegó también el sociólogo David Popenoe: “Ha habido una declinación muy significativa en el “familismo”, con lo que quiere señalar que la familia se ha debilitado como institución.
Lo que las bases de datos nos revelan son tendencias que afectan a las familias que requieren de una respuesta social efectiva para evitar la mayor fragmentación de familias y comunidades y la alienación de los individuos. A pesar de la expansión global que sacó a mucha gente de la pobreza, muchísimos permanecen atrapados en circunstancias aún muy pobres. En segundo lugar, el caos que se crea cuando la estabilidad y la predictibilidad se pierden en la vida familiar, particularmente para los niños. Esta tendencia afecta tanto a ricos como a pobres.
En este Congreso también se mencionaron, además de las tendencias, grandes avances en estudios elaborados que demuestran esencialmente que comparando los efectos en los niños que viven con padre y madre biológicos, casados o no casados, se comprobó en el estudio de Robin Fretwell Wilson de la Facultad de Derecho de la Universidad de Maryland, que el estatus del matrimonio mismo, no sólo la biología, claramente confiere ventajas para los niños.
Lo anterior en cuatro categorías: padres biológicos casados, padres biológicos en cohabitación, familias sustitutas con padres casados y madres solteras biológicas conviviendo con un varón que no es el padre. El estudio mostró a padres casados y no-casados tomando en cuenta factores demográficos y correlaciones estadísticamente significativas que mostraron que padres no-casados conviven con los hijos, cuatro horas menos por semana comparados con los padres casados. Los padres no-casados mostraron ser también menos afectivos hacia sus hijos. Asimismo, los hijos biológicos de padres en cohabitación consistentemente reciben menos tiempo de formación de sus padres, que lo que reciben los niños de padres casados, ya sea en segundo matrimonio o en familias intactas.
De aquí se concluye que existen grandes diferencias en las relaciones entre los padres: “El matrimonio tiende a traer consigo y a infundir ciertos beneficios relacionales para los adultos, tales como permanencia, dedicación y aún fidelidad sexual que redunda en beneficio de los niños en el hogar (cf. Robin Fretwell Wilson. Evaluando el matrimonio. San Diego Law Review 42, 2005).”
En las conclusiones del Congreso se insistió en que:
• La familia es la esperanza de la humanidad, no sólo porque es una institución ubicada en la historia, sino que también es respaldada por la acumulativa investigación social.
• Aunque leemos de tiempo en tiempo que el matrimonio y la familia está desapareciendo, sin embargo permanece siempre un compromiso de vida como aspiración popular, aún entre las generaciones de jóvenes.
• El matrimonio y la familia permanecen como las condiciones óptimas para la socialización y educación del carácter y valores de los niños, sin los cuales las democracias liberales no pueden propiamente florecer. Por esta razón no podemos ignorar las tendencias que afectan a las familias hoy.
• La tragedia de la separación y destrucción de las familias no sólo consiste en el costo de billones de dólares por año, sino que consiste en el trauma personal cuyos resultados según investigaciones, afecta a muchísimos niños y aún en la edad adulta, con el consecuente impacto en la salud, en oportunidades educativas, en el bienestar, incluyendo la inestabilidad de relaciones como ejemplo para los niños cuyos padres se divorcian.
• Si deseamos una sociedad sana y estable, entonces la familia es la gran esperanza de la humanidad.
Nuestra elección está clara. Podemos cruzarnos de brazos en desesperanza, sin querer o poder proponer soluciones al rompimiento familiar y a las tasas en descenso de la fertilidad, con todas las consecuencias sociales que siguen; o podemos llevar a cabo un paso adelante, comprometidos con la aspiración que comparten tantos y tantos, en la esperanza de que con apoyo práctico y aliento, podemos continuar construyendo naciones fuertes basados en una sociedad sana que es la base de la vida familiar estable.
Finalmente una reflexión: “Los esposos cristianos han de ser conscientes de que están llamados a santificarse santificando, de que están llamados a ser apóstoles, y de que su primer apostolado está en el hogar. Deben comprender la obra sobrenatural que implica la fundación de una familia, la educación de los hijos, la irradiación cristiana en la sociedad. De esta conciencia de la propia misión dependen en gran parte la eficacia y el éxito de su vida: la felicidad” (cf. Escrivá de Balaguer. J. Homilía y entrevista sobre la mujer y la familia. Sisal, IV Ed. 1988).
A lo largo de los años las políticas económicas de los estados han tenido la capacidad de influir en muchas áreas de la vida de las personas. Una de esas áreas es precisamente el ámbito de la familia y los roles dentro del núcleo familiar.
Alejandro Lara Torre
Los gobiernos de los estados tienen dos tareas fundamentales: garantizar la seguridad de los individuos, mediante un estado de derecho basado en leyes, y la promoción humana de las personas, es decir, el bien común. Todo lo demás deber partir de estos dos fines básicos. En el modelo para lograrlo radica la diferencia entre los gobiernos llamados de izquierda, de derecha y de centro. Los gobiernos ejercen su influencia en la sociedad mediante políticas en los diferentes ámbitos, una de las más importantes es la política económica.
A lo largo de los años las políticas económicas de los estados han tenido la capacidad de influir en muchas áreas de la vida de las personas. Una de esas áreas es precisamente el ámbito de la familia y los roles dentro del núcleo familiar. Durante mucho tiempo la mayoría de los gobiernos no les preocupaba mucho el tema de la familia, y lo dejaban más bien al margen de sus políticas. Por tanto, las políticas que regían eran las impuestas por grupos de poder, como las grandes empresas y asociaciones con fines específicos en el campo ideológico como la masonería. Al ver las graves consecuencias que ha tenido en el entramado social el dejar en manos de estos grupos el derroto de las políticas económicas, como la baja en el índice de natalidad a niveles por debajo de la tasa de mantenimiento, el aumento en la violencia intrafamiliar, la gran cantidad de niños sin padres, etc., algunos gobiernos han decidido tomar cartas en el asunto para tratar de revertir algunas tendencias.
Podemos citar dos ejemplos. El primero se refiere a los índices de fertilidad en Francia. Hasta hace algunos años, Francia tenía uno de los índices de natalidad más bajos del mundo. Esto, aunado al rápido crecimiento de la población inmigrante musulmana, estaba cambiando la cultura y la fisonomía del país galo. Por ello, recientemente, el gobierno comenzó a implementar políticas económicas encaminadas a incentivar que las familias tuvieran más hijos mediante ayudas económicas, excepciones de impuestos, incapacidad laboral mayor tanto para el hombre como para la mujer, etc. A partir del primero de julio de 2006 entró en vigor una nueva política conocida como del tercer hijo. A partir de esa fecha, las familias francesas que tengan un tercer hijo podrán disfrutar de una excedencia especial durante un año, dotada con 750 euros mensuales.
El nuevo permiso parental pretende fomentar la natalidad y conciliar mejor la vida familiar con la actividad laboral de los progenitores. Ahora mismo Francia tiene un índice de fertilidad de 1.9 hijos por mujer, que, aunque sigue siendo bajo, es uno de los más altos de Europa, superado únicamente por Irlanda. Debemos recordar que el índice mínimo para mantener la población es de 2.1. Este tipo de políticas se han extendido en muchos otros países de Europa, como es el caso de España. Sin embargo, en este último caso todavía no se logra revertir la situación tan crítica en que se encuentra.
Otro ejemplo de este tipo de políticas es el plan Concilia que está aplicando el gobierno español desde el primero de enero de 2006 a todos los empleados de la administración pública. Este consiste en un ambicioso plan para conciliar la vida laboral y familiar que pretenden extender a la empresa privada. A partir de esa fecha, los funcionarios disfrutan de un permiso de paternidad retribuido de diez días, independiente de los cuatro meses de maternidad ordinarios de los que ya gozaban. La madre puede sumar otras cuatro semanas a cambio de renunciar a las horas de lactancia. Una de las medidas más innovadoras reside en el horario. Los empleados con labores administrativas saldrán, con carácter general, a las seis (una hora antes), con más flexibilidad para organizar su jornada. Muchas empresas grandes también tienen políticas laborales similares, como es el caso de Banco Popular, Banesto, BBVA, IBM y Microsoft.
De manera esquemática, este tipo de políticas incluyen beneficios como: el permiso de paternidad, con el cual los esposos pueden ausentarse de sus trabajos por un período de tiempo cuando su mujer tiene un hijo. Lo ordinario es la incapacidad de un mes para la mujer, pero ahora se ha extendido también para los hombres.
Reducción de jornada: el empleado podrá reducir hasta un 50% su tiempo de trabajo (con la consiguiente merma retributiva) cuando tenga hijos menores de 12 años. Bajo un esquema normal, no sería posible hacer esto, pues al no cumplir con la jornada laboral completa no tendría acceso a ciertos trabajos.
Tiempo para adoptar: consciente de que las adopciones llevan tiempo, se pretende dar un tiempo para que puedan dedicarlo a esto sin poner en riesgo sus trabajos.
Tiempo de excedencia: los empleados pueden dejar su trabajo por un período de años (entre dos y tres) para cuidar a su hijo u otro familiar. De esta manera, aunque no recibe sueldo durante este tiempo, tiene garantizado su puesto de trabajo al término de este tiempo. También se otorga hasta un mes de incapacidad, retribuido, cuando tiene un familiar gravemente enfermo.
Como podemos ver, las políticas económicas tienen la capacidad de influir, ya sea de manera positiva o negativa, en los roles que toman los miembros de las familias. El reto es hacer ver, tanto a los gobiernos como a las empresas, que el aplicar este tipo de políticas será en beneficio también para la empresa, y no sólo para el empleado.
La generalización de la pobreza, producida por el desempleo, puede influir, quizás, avivando la ola de asaltos y de crímenes.
Jorge Bernabé Lobo
Hay, sin dudas, una alarmante proliferación del crimen, al margen de que los índices estadísticos muestren su aumento o alguna disminución.
La actual generación está en deuda con el derecho. A través de los siglos se han ideado formas de controlarlo que han dado resultados más o menos satisfactorios. En la actualidad no se sabe, no sabemos, cómo se habrá de combatirlo para reducir su alarmante peligro sin crear un Estado policial ni afectar el derecho a la defensa y a la presunción de inocencia que protege, que debe proteger, a los criminales.
La sociedad adopta criterios permisivos, rechaza la censura, favorece el hedonismo, abandona los altos ideales como programas de vida, se ríe de la pureza, se farsa de lo sublime, desconfía de los heroísmos, desecha los esfuerzos, se inclina hacia el jolgorio, elige lo fácil. Tomamos esas posturas porque se nos da la gana, porque estamos en nuestro derecho de hacerlo, porque cada cual tiene su criterio para elegir el camino hacia su felicidad; pero no debe resultar sorprendente que en la medida en que la humanidad desprecie las virtudes, proliferen los vicios, los delitos, los crímenes. No ha de ser casual.
Hay demasiada pobreza, una pobreza acompañada de la desesperanza de conseguir un trabajo digno. La pobreza, la penuria extrema, el hambre, pueden llevar al robo, a ese tipo de robo que es plenamente justificado cuando tiene como objeto la supervivencia. Pero la ola criminal que se advierte no parece responder a esas extremas necesidades sino a la desaprensión, a la desvergüenza, a la falta de normas, al extravío, a la droga.
La generalización de la pobreza, producida por el desempleo, puede influir, quizás, avivando la ola de asaltos y de crímenes. Pero los delitos no son acicateados directamente por la pobreza que se expande, sino más bien por la desesperanza, por la falta de perspectivas que exhibe la sociedad. Si un joven supiera que capacitándose, trabajando, accedería a un trabajo bien remunerado y seguro, a la casa propia, al matrimonio, a la familia sostenida con su esfuerzo, seguramente seguiría ese camino. Pero si a pesar de capacitarse tiene ante sí un horizonte de desocupación, de changas inseguras, de marginalidad, de orillar las profesiones dignas sin la seguridad de afirmarse nunca en ellas, es comprensible que las atracciones del buen camino sean desatendidas.
Es fácil señalar a la pobreza como culpable de los delitos. Pero lo que más alarma es la proliferación del crimen en gente con medios de vida, el delito encarado por desapego a las normas tradicionales de conducta, los robos por las simples ansias de pasarla bien. Se podrían citar muchos casos notables de este tipo de delitos pero no vale la pena, porque bien los conocemos y los recordamos. La culpa no es de la pobreza sino de la desfachatez, del hedonismo, de la trapacería.
La legislación criminal cae en el ámbito de la nación. Sin embargo los legisladores provinciales pueden combatir el crimen, coadyuvando a la justicia y a la policía. Con ese objeto se propuso en su momento crear una comisión Antimafia, comisión que el cuerpo ha aprobado pero que los legisladores aún no han integrado. Estimamos que la sociedad y los representantes del pueblo está dispuesto para esta lucha.
Se suponía que el ladrón se limitaba a llevarse dinero, o bienes de fácil transporte y venta. Ese asaltante profesional evitaba cometer violencias innecesarias, para no agravar su situación. Pero hoy estamos ante modalidades desconocidas, con bandidos que -sin motivos para odios ni furias- matan a sus víctimas, gratuitamente, porque sí, pareciera que llevados por su insensible desenfado o por la inconsciencia de la droga. Estos neófitos en el delito resultan los más peligrosos.
Están matando a policías – dignos servidores de la ley y padres de hogar -, ciudadanos que, por dedicarse a sus tareas particulares, no tendría motivos para una protección especial. Pero no sabemos si este crimen tendría el objeto de intimidar al funcionario o de cobrarse venganzas. Crimen que evidencia el sacrificio que implica la función del policía, que no sólo pone en peligro su vida sino también la de sus familiares.
Entre la gente cunde el criterio de que deben renovarse los códigos para que la delincuencia sea más castigada, para que cometer un delito sea motivo de una pena severa, para que el rigor de la ley proteja al inocente y conmine al malhechor. Los políticos estamos en deuda con la sociedad.
En concreto, la negación pertinaz de hechos históricos deplorables, de injusticias, de crímenes, de genocidios claramente probados, merece ser castigada judicialmente cuando tal negación implique avalar ideas y comportamientos que permitieron enormes delitos del pasado.
Fernando Pascual
Cuando un tribunal condena a un historiador por negar importantes hechos del pasado, necesita justificar su sentencia desde leyes orientadas a
tutelar bienes importantes en la vida social.
En concreto, la negación pertinaz de hechos históricos deplorables, de injusticias, de crímenes, de genocidios claramente probados, merece ser castigada judicialmente cuando tal negación implique avalar ideas y comportamientos que permitieron enormes delitos del pasado.
Al mismo tiempo, resulta necesario preguntarnos si no existan otras ideas, otras afirmaciones, no del pasado sino del presente, desde las que pueden producirse graves injusticias en la vida social.
Pensemos, por ejemplo, en un profesor que afirme ante sus alumnos la licitud de la violencia armada, o la superioridad de unas razas sobre otras, o el derecho de unos pueblos a oprimir a sus vecinos o a los lejanos. Tales enseñanzas merecen un castigo adecuado, si queremos realmente defender los principios éticos que garantizan la convivencia y la paz en cualquier estado de derecho y en la humanidad entera.
Lo mismo podemos decir respecto de quienes afirman teorías que van contra la igual dignidad entre el hombre y la mujer, o que promueven el desprecio hacia el extranjero, o que buscan marginar y destruir a los miembros de algunas religiones, o que incitan a la violencia entre las clases sociales.
En este contexto, resulta extraño constatar el silencio de jueces y de leyes ante ideas y afirmaciones que incitan a la violencia y que, sin embargo, se divulgan sin ninguna dificultad en la vida social, como si existiesen dos pesos y dos medidas.
Por ejemplo: si un profesor de historia niega la crueldad de un tirano del pasado podrá (y el hecho es real) ser arrestado e irá a la cárcel. Quizá las ideas o los libros de ese profesor no hayan provocado ninguna víctima, pero más vale prevenir que lamentar, sobre todo cuando los humos del odio no terminan de apagarse en algunas zonas de la Tierra.
Al mismo tiempo, otros profesores e intelectuales promueven ideas que provocan miles y miles de muerte cada año, cuando defienden el aborto en el aula universitaria o en los medios de comunicación, como si se tratase de un asunto discutible, como si sus ideas no implicasen la posibilidad real de la muerte de miles de inocentes, los hijos antes de nacer.
Defender la “memoria histórica” y condenar a quienes no reconocen los delitos del pasado tiene sentido sólo si ello sirve para construir un mundo más justo, para defender aquellos principios éticos que permiten respetar a las personas. Por eso mismo, y para lograr un mundo “inclusivo”, donde quepan todos y donde nadie sea excluido, hace falta también tener valor para marginar y excluir las ideas y propuestas de quienes están a favor de una injusticia sumamente grave: la que se comete en cada aborto.
Los jueces existen no sólo para hacer cumplir las leyes, sino para tutelar la justicia que esas leyes deberían garantizar. Su misión es enorme, por lo que necesitan el apoyo de todos.
Nacidos o no nacidos, de una raza o de otra, de una u otra nacionalidad, ricos o pobres, todos los seres humanos tienen derecho a la vida, y merecen los mejores esfuerzos de la sociedad y de los tribunales para que nadie divulgue ideas desde las que unos, los potentes, puedan acabar con la vida de otros, los débiles.
Es curioso que en los primeros siglos de la Iglesia los cristianos vivieran con tanta paz las exigencias de la reciente fe instaurada por Cristo. Pero no podemos permitir que otro hecho de esa época se repita hoy: la actitud de los fariseos, quienes vivían la Ley por apariencias externas. Sabiamente un tal Enrique Jardiel llegó a decir que en amor, lo grave es cuando empiezan los bostezos.
Luis Ignacio Batista
Hay una interesante entrevista que Peter Seewald hizo al entonces cardenal Ratzinger y que luego fue recogida en el libro “La sal de la Tierra”.
A una pregunta sobre el entorno de la Iglesia, el ahora Papa responde abordando una actitud, más o menos obstinada, de algunos católicos. Dice que nos encontramos con el problema de no saber volver a la fe sencilla de los primeros cristianos, ya que nos complicamos mucho al quedarnos simplemente en las normas, reglas y tradiciones de la Iglesia.
Y afirma también que las grandes Iglesias cristianas están muy institucionalizadas y que, a veces, pesan tanto sus tradiciones que la llama de la primera fe no brilla con la sencillez de antes. En pocas palabras: que hay muchas cenizas sobre las ascuas.
Aunque esta es una opinión que mucha gente gustaría discutir, conviene fijarse en lo que lleva en el fondo. No vamos a entrar en el añejo debate que tacha a la catolicismo de rancio y de obcecado. Vamos a fijarnos más bien en la actitud que ha convertido su tradición en una carga.
Dos mil años de cristianismo han dejado claro cómo debe ser un bautizado. Pertenecer a la Iglesia no significa pertenecer a un grupo social, ni a algo así como a una asociación deportiva o filantrópica. No significa estar sino ser. Es decir, que ser cristiano encarna una actitud en todas las facetas de la vida y no sólo unos momentos específicos como la misa o el rezo del Rosario. Esos son elementos importantes pero que no son lo único.
Bastaría preguntarse, por ejemplo, cuánto se aprecia hoy en día la necesidad de vivir la vida de gracia con fidelidad, esto es: evitar el pecado grave, pero ojo, no como una camisa de fuerza, sino como una muestra del amor que le debemos a Dios.
Si hay muchas reglas en la Iglesia es precisamente para tener segura una senda hacia eso que tanta gente busca: el amor, y en consecuencia la felicidad. Amar, en cristiano, no es otra cosa sino poner en práctica los deseos de la persona a la que amo, y la persona a la que amo se llama Jesucristo. No en vano dijo alguna vez el buen Jesús: “Si me amáis cumpliréis mis mandamientos”.
Para entendernos mejor, pongamos un sencillo ejemplo: un novio, enamoradísimo, llama a su novia y le dice: “¿qué quieres que hagamos mañana?”. Y ella le responde: “lo que tú quieras”. El novio añadirá: “no, dime tú”. Y así pueden pasar horas… ambos están dispuestos a lo que el otro quiera, pues se aman. Jamás se va a escuchar: “mi amor, mañana paso por ti a las 7, vamos a comprar la despensa de mi mamá, luego vamos a ver a mi abuela al hospital, a cambiar las llantas de mi coche… ¡ya verás qué día!…” ¡Nunca! Porque el amor es donación, y uno está dispuesto a lo que quiera el otro. Evita todo lo que lleve a la rutina, trata de mantener fresco y vivo el amor.
“Si me amáis cumpliréis mis mandamientos”. Por eso debemos subrayar que cumplir los mandatos es una consecuencia del amor. Sin embargo, antes se debe conocer al amado. Antes: conocer a Cristo y afincar bien la idea de que murió por amor a nosotros, que instituyó la Iglesia y prometió iluminar a los pastores que Él designó para guiarla. Y una vez teniendo claro esto, hay que esforzarse por vivir la fe. Desafortunadamente por cumplir las normas por cumplir (o sencillamente no cumplirlas) la fe sencilla está como decía el cardenal Ratzinger: recubierta por muchas cenizas.
Las normas en la Iglesia se deben entender como una manifestación de amor, los deberes en la Iglesia, son por amor. Cuando san Agustín decía: “ama y haz lo que quieras”. ¿Qué quería decir sino que amando somos verdaderamente libres y que la libertad es hacer lo que debo porque quiero?
Está claro que hablar de estas cosas hoy en día lastima los oídos, porque nos saca del ritmo que tienen nuestras aspiraciones. ¿Ser pequeños? ¿Aceptar que otros sean más que yo y someterme a ellos? ¡Qué locura, cuando lo normal es la lucha por el triunfo, el poder, sobresalir entre todos los demás, la independencia!: son cosas tan normales e incluso necesarias como comer tres veces al día.
Sería impensable, por ejemplo, si quiera proponer, ya no rezar, sino sencillamente leer las letanías al Corazón de Cristo del cardenal Merry del Val: «del deseo de ser estimado, apreciado, preferido… ¡líbrame Jesús!; del temor de ser humillado, injuriado, despreciado… ¡líbrame Jesús!; que los demás sean más amados que yo, preferidos a mí, que yo sea relegado al olvido… ¡haz, Jesús, que lo desee!»… Pero si la obediencia, que suena a platillo medieval, se oye y sobrevive en la vida de millones de personas aún en esta época, es porque, seguramente, tiene alguna importancia
Juan XXIII tenía un lema: Oboedientia et pax (obediencia y paz). Es curioso que en los primeros siglos de la Iglesia los cristianos vivieran con tanta paz las exigencias de la reciente fe instaurada por Cristo. Pero no podemos permitir que otro hecho de esa época se repita hoy: la actitud de los fariseos, quienes vivían la Ley por apariencias externas. Un cristiano obedece por amor, y su amor está constantemente atento para que no se llene su vida de cenizas, no permite la rutina ni el aburrimiento.
Sabiamente un tal Enrique Jardiel llegó a decir que en amor, lo grave es cuando empiezan los bostezos.
Hablar de “educación sexual” implica algo más que explicar lo que es el sexo.
Fernando Pascual
Es posible hablar del sexo de muchas maneras. Una, por desgracia, aparece cuando menos lo esperamos en un programa de televisión. Otra puede ser ofrecida en la escuela, bajo las indicaciones de las autoridades educativas de una región o estado. Otra, puede darse en casa, por los padres o los hermanos mayores. Otra, se puede recibir en la calle, entre los amigos, en un bar...
Desde luego, hablar de “educación sexual” implica algo más que explicar lo que es el sexo. Con un poco de sentido común podemos comprender cómo el misterio de la vida, en muchas especies animales y también en muchas plantas, se transmite gracias al intercambio de cromosomas que vienen del padre y de la madre.
Pero el hombre es capaz de descubrir otra dimensión de la sexualidad: la de una plenitud, la de un gozo intenso, la de una continuación del amor. Esta segunda dimensión, maravillosa, puede estropearse cuando degenera en búsqueda egoísta de placer, hasta el punto de que el sexo se convierta en algo parecido a la droga o al alcohol.
Para algunos parece que “educación sexual” significa precisamente eso: “disfruta, pero ten cuidado, no sea que tu compañera quede embarazada”. “Disfruta, pero mira que, por ser mujer, puedes verte, por sorpresa, esperando un niño”. “Disfruta, pero sin contraer enfermedades de transmisión sexual”.
El así llamado “sexo seguro” pretende ser un método para que no se inicie una nueva vida y para que tampoco ni el chico ni la chica (ni el señor ni la señora) puedan contraer alguna enfermedad de origen sexual, como el SIDA, la gonorrea, la sífilis, etcétera.
Quienes ponen en práctica algunos programas de educación sexual parece que consideran que los jóvenes (o que algunos adultos) no son capaces de controlarse, y que no pueden no “disfrutar el sexo” a pesar de los muchos riesgos que esto implica, ni dejar de lanzarse a la aventura del “don Juan” sin pensar en lo que luego pueda ocurrir.
La difusión del preservativo, o los programas de ventas de píldoras anticonceptivas o abortivas, demuestran que para algunos los demás son incapaces de vivir su sexualidad de otra manera. No imaginan que el sexo, como todo lo humano, pueda vivirse “con altura”, de modo especial desde un compromiso serio y sincero como puede serlo el matrimonio entre el hombre y la mujer que se aman de veras, sin egoísmos ni trampas engañosas.
Por lo mismo, se hace urgente iniciar un nuevo tipo de educación sexual. El presupuesto de partida no puede ser otro que este: cada hombre y cada mujer puede ordenar y controlar sus propios actos por fines y amores más elevados que los simples instintos del placer y del miedo. Cada hombre y cada mujer están llamados a vivir el amor con responsabilidad, y esta responsabilidad también debe darse cuando se unen sexualmente dentro del matrimonio, en el marco del mutuo respeto y del amor generoso.
Cualquier otro tipo de relación sexual lleva a situaciones que no son dignas del hombre: o se inventan trucos para evitar un hijo no esperado ni deseado (incluso con su asesinato por medio del aborto), o se trae a este mundo a un nuevo ser humano en condiciones injustas y peligrosas, como son la falta de unos padres que vivan unidos con un amor verdadero y comprometido.
Un programa de educación sexual que no crea que los jóvenes son capaces de vivir sin relaciones sexuales antes del matrimonio es un programa que desprecia a los hijos, y que también dice mucho de nosotros mismos, de nuestros miedos y egoísmos.
Si realmente hay quien cree que un joven es incapaz de la castidad, también, en el fondo, lo considerará incapaz de vivir a fondo un compromiso serio y sincero ante la otra o el otro, ante la sociedad entera... A la vez, quienes promueven el preservativo creen (y estamos seguros de que lo creen) que un chico o una chica son capaces de ser “prudentes” a la hora de tener una relación sexual. Entonces, ¿por qué no se lanzan a proponerles metas más elevadas y más hermosas, como son el poder llegar al matrimonio habiendo logrado el mayor respeto recíproco, sin cometer actos sexuales prematuros e incoherentes con un amor pleno y plenificante?
Vivimos en un mundo en el que los ideales de otras generaciones nos parecen inalcanzables. No nos damos cuenta de que, de este modo, quizá un día las próximas generaciones se rían de nosotros porque defendimos valores como la tolerancia, el respeto, la justicia, “ideales inalcanzables” según ellos... El hombre puede lograr mucho más de lo que se imagine él y de lo que digan los demás. Tal vez nos hemos acostumbrado a ver lo contrario: el descenso de quien se deja llevar por su cuerpo y va de flor en flor en busca de nuevas experiencias y aventuras placenteras. Pero eso no puede dar como resultado un buen ciudadano, ni un futuro esposo o esposa fiel, ni un padre o una madre de familia capaz de dar algo que valga la pena a sus hijos.
Es urgente promover una educación sexual que enseñe el respeto, el autocontrol, el aprecio por los demás, y esa capacidad de darse “hasta la muerte” que deseamos a todos los que se acercan al matrimonio. Quizá habrá que empezar, por lo tanto, una auténtica y genuina formación sexual en familia, pues es allí donde los hijos pueden descubrir un modelo de amor generoso y fiel. Siempre es tiempo para dar ese ejemplo. Y nunca nos arrepentiremos de haberlo dado.
El problema del mal no se da sólo en la delincuencia organizada, en la gente sin educación ni formación; también decenas de hombres y mujeres preparados y ‘educados’ son capaces de destruir, de acabar con la reputación de cualquiera sin tocarse el corazón.
Carolina Garza de López
Poco antes de su martirio, santo Tomás Moro consuela a su hija con estas palabras: “Nada puede pasarme que Dios no quiera. Y todo lo que Él quiere, por muy malo que nos parezca, es en realidad mejor”.
Me acorde de esta frase al ojear el periódico hace unos días.
Hay cosas que a primera vista no se comprenden, ni cuadran. Por un lado el hombre ha logrado conquistar la luna, desarrollar tecnología de punta para facilitar la vida, conseguir admirables avances en el campo de la medicina, en fin. Pero con esa misma capacidad e inteligencia, también ha producido todos los medios para destruirse. Y me refiero sólo a los artefactos explosivos, armamentos sofisticados o sustancias tóxicas; en ocasiones bastan unas cuantas líneas escritas en la computadora para lastimar y causar grandes e irreversibles daños al prójimo.
Hace unos días el papá de una amiga falleció. Yo sabía que el señor llevaba años enfermo, pero lo que desconocía era la causa de su enfermedad. Me acabo de enterar que hace más de 10 años este hombre fue difamado por un medio de comunicación, y aunque meses después se reconoció su inocencia, este señor jamás pudo superar la crisis depresiva que sufrió al ver destruida y pisoteada su reputación y la de su familia públicamente.
Cuando llamé a mi amiga para darle el pésame, me explicó que el mundo de su padre se derrumbó desde aquella calumnia pública de años atrás, y que a pesar de los esfuerzos de la familia por animarlo y sacarlo adelante, todo fue en vano.
El caso es que en estos días muchos nos planteamos una serie de preguntas ante el ambiente agresivo y violento que nos rodea. No comprendemos por qué no puede frenarse, dejar de avanzar la ola de violencia. Pero de pronto, cuando acontecen sucesos como el anterior, nos damos cuenta que el problema del mal no se da sólo en la delincuencia organizada, en la gente sin educación ni formación; también decenas de hombres y mujeres preparados y ‘educados’ son capaces de destruir, de acabar con la reputación de cualquiera sin tocarse el corazón.
Por eso, valdría la pena recordar en estos tiempos de tanta violencia e insensibilidad por el dolor ajeno, que Dios les dio al hombre y a la mujer la libertad. Y precisamente por su condición de criatura libre, el ser humano puede elegir hacer daño, atropellar, pasar por encima de los demás. Pero también con esa misma libertad puede elegir hacer el bien, ayudar, ser solidario y compañero de quienes le rodean. Desarrollar todas las cosas buenas que estén a nuestro alcance, incluso entregar la vida a beneficio de los demás, como hoy lo hacen miles de sacerdotes y religiosas por el mundo.
Volviendo al inicio y parafraseando a santo Tomas Moro, sólo nos queda decir a todos los que hoy se sienten lastimados y agredidos por quienes no saben usar su libertad para lo bueno, que nada puede pasarles que Dios no quiera, y si Dios quiere esto, es que seguramente la realidad futura será mejor, mucho mejor. Ya lo verán.
El relativismo desencadena una continua lucha de poder en la que se imponen los más fuertes sobre los más débiles. Porque si la verdad fuese inalcanzable, en el mundo de los hombres seguirán siempre en pie juegos de poder, más peligrosos cuando la verdad ha quedado relegada al ámbito de lo inalcanzable.
Fernando Pascual
El relativismo cree que la verdad, en uno o en varios ámbitos del saber, sería inalcanzable para los hombres. Por lo mismo, considera “teóricamente” a todas las opiniones como iguales.
Por ejemplo, negar que Dios exista valdría lo mismo que afirmar que Dios existe, pues ni los ateos ni los creyentes pueden probar que su postura sea “verdadera”.
En realidad, el relativismo desencadena una continua lucha de poder en la que se imponen los más fuertes sobre los más débiles. Porque si la verdad fuese inalcanzable, en el mundo de los hombres seguirán siempre en pie juegos de poder, más peligrosos cuando la verdad ha quedado relegada al ámbito de lo inalcanzable. Es entonces cuando “vale” sólo quien domina a los otros desde su punto de vista, que es lo mismo que decir desde sus deseos, sus gustos, su prepotencia, su avaricia, sus ambiciones, sean o no sean verdaderas, buenas o justas.
Es por eso que el relativismo, a pesar de sus apariencias inocentes y benignas, conduce al egoísmo y a la prepotencia, a la lucha y a la mentira, a la intolerancia y a la marginación del diverso.
El Evangelio, por el contrario, nos abre a la verdad, nos aparta del egoísmo, nos purifica de las mentiras.
Por eso también nos enseña el camino de la humildad, del servicio, del amor. Porque la verdad lleva a amar, y amar implica desear el verdadero bien del amado. “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros” (Jn 13,34-35).
Existen, por desgracia, grupos dentro de la misma Iglesia que, en nombre de un falso diálogo, promueven el relativismo, y así se apartan de la verdad, de la justicia, del amor. Algunos de esos grupos han llegado al absurdo de apoyar la legalización del aborto o de la eutanasia, han defendido el “derecho” a la esterilización o a los anticonceptivos.
Cuando estamos lejos de Dios, que es amor, todo es posible, incluso apoyar los males más aberrantes. En cambio, cuando vivimos cerca de Dios, avanzamos hacia el Amor verdadero, y buscamos vivir según los Mandamientos del Señor.
Cada católico está llamado a enseñar ese Amor, a mostrar a los hombres el verdadero Evangelio de Cristo, que nos recuerda la entrega del Hijo, en la obediencia al Padre, para rescatarnos del pecado, para librarnos del error, para conducirnos a la Verdad, que es Amor.
Esa es la gran tarea de ayer, de hoy y de siempre: vivir en la Verdad, como Iglesia, bajo la guía de Pedro y de los Obispos sucesores de los apóstoles. Sólo desde esa Verdad que nos viene de Dios superaremos los riesgos del relativismo y podremos promover un diálogo lleno de amor y respeto hacia cada uno de nuestros hermanos los hombres.
Dentro de los grupos de presión que impulsan la reingeniería social anticristiana, en julio DE 2009 apareció una vez más en la prensa The Elders (Los Ancianos), un grupo formado por el sudafricano Nelson Mandela y sostenido por el millonario Richard Branson) y por el músico Peter Gabriel.
Juan Claudio Sanahuja
Dentro de los grupos de presión que impulsan la reingeniería social anticristiana, en julio pasado apareció una vez más en la prensa The Elders (Los Ancianos), un grupo formado por el sudafricano Nelson Mandela y sostenido por el millonario Richard Branson (Virgin Group) y por el músico Peter Gabriel (The Peter Gabriel Foundation), ambos ingleses, quienes sólo para el lanzamiento de la logia, en 2007, recaudaron 9 millones de libras esterlinas.
Según la información oficial, The Elders “es un grupo independiente de eminentes líderes mundiales, reunidos por Nelson Mandela, que ofrecen su influencia colectiva y experiencia para apoyar la consolidación de la paz, ayudar a solucionar las principales causas de sufrimiento humano y promover los intereses comunes de la humanidad”.
El 2 de julio pasado, The Elders hizo público que se dedicaría a forzar un cambio en las “religiones tradicionales”, para que permitan a las mujeres convertirse en ministros, sacerdotes y obispos, como primera acción de su programa Igualdad para Mujeres y Niñas (Equality for Women & Girls).
“La justificación de la discriminación contra mujeres y niñas basada en la religión o en las tradiciones, como si fuera algo prescrito por una Autoridad Suprema, es inaceptable”, dice la declaración, haciendo un llamado a líderes de todos los ámbitos a “confrontar y cambiar enseñanzas y prácticas malsanas que justifican esta discriminación contra la mujer”.
El portavoz de la iniciativa fue el ex-presidente norteamericano Jimmy Carter, quien tras 60 años de pertenencia, abandonó la Convención Bautista del Sur y anunció que lucharía junto con Koffi Annan, el obispo anglicano Desmond Tutu, Fernando H. Cardoso y todos los otros miembros del grupo para que las religiones no discriminen a la mujer.
Relaciones
A través de Mabel van Oranje, su Chief Executive Officer, The Elders se relaciona con el European Council on Foreign Relations, con el Foro Económico Mundial de Davos (vid. NG 256) y con el Open Society Institute de Georges Soros, (vid. NG 205, 735, 804, 908, 961).
Los 12 Ancianos
El The Elders fue presentado en sociedad por Nelson Mandela en 2007. Está compuesto por él y otros 11 “líderes mundiales” (*). Entre los doce destacan varias cabezas visibles de la internacional del aborto y del homosexualismo, promotores de una nueva religión universal, en sus variados intentos: ética planetaria, Carta de la Tierra, Alianza de las Civilizaciones, etc. (vid. NG 337, 738, 772).
-Kofi Annan, ex Secretario General de la ONU; promotor del aborto y del homosexualismo, (vid. entre otros, NG 214, 291, 331, 337, 338, 599, 631, 765).
-Ela Bhatt, de la India. Recibió el Right Livelihood Award, llamado Premio Nobel de la Paz alternativo (vid NG 850).
-Lakhdar Brahimi de Argelia; ex asesor especial del Secretario General de la ONU (2004); miembro a su vez de otro grupo de presión de líderes políticos, la Global Leadership Foundation.
-Gro Brundtland, ex-primer ministro de Noruega; organizó la comisión de Medioambiente y Desarrollo de la ONU; ex directora general de la Organización Mundial de la Salud (OMS); fundadora de la Comisión de Gobernabilidad Global; abortista y pro-gay; (vid. NG 04, 214, 254, 481, 489, 679, 771, 831, 852, entre otros).
-Fernando Henrique Cardoso, ex-presidente de Brasil, fundador de la Comisión de Gobernabilidad Global (**); (vid. NG 679).
-Jimmy Carter, ex-presidente de USA, fundador de la Comisión de Gobernabilidad Global; (vid. NG 679).
-Graça Machel, tercera mujer de Nelson Mandela.
-Mary Robinson, ex-presidente de Irlanda y ex-Alto Comisionado de Derechos Humanos de la ONU; abanderada del pseudo derecho al aborto y del lobby gay internacional; en contra del orden natural impulsa la Ethical Globalization Initiative; (vid. entre otros, NG 214, 526, 527, 679, 865, 868).
-Desmond Tutu, obispo anglicano abortista y pro-gay; (vid. NG 256, 548, 679, 772, 851).
-Muhammad Yunus, creador del Grameen Bank.
-Aung San Suu Kyi, activista política de Burma/Myanmar.
(*) En el primer listado de 2007, figuraba como miembro de The Elders, Li Zhaoxing, ex ministro de Relaciones Exteriores de China comunista.
(**) Para más datos, vid. J. C. Sanahuja, El Desarrollo Sustentable. La Nueva Ética Internacional, Vórtice, Buenos Aires.
El Wall Street Journal cuenta en la edición del 6 de agosto de 2009 que la Asociación de Psicología Americana revisará sus directrices para permitir que los terapeutas ayuden a los homosexuales a rechazar o controlar sus impulsos: una nueva terapia basada en la fe y la identidad sexual.
Juanjo Romero
El Wall Street Journal cuenta en la edición del 6 de agosto de 2009 que la Asociación de Psicología Americana revisará sus directrices para permitir que los terapeutas ayuden a los homosexuales a rechazar o controlar sus impulsos: una nueva terapia basada en la fe y la identidad sexual. La historia tiene su miga y nos tenemos que remontar varias décadas.
Una parte fundamental de los logros del lobby gay pivota sobre dos grandes hitos:
1.El desprestigiado y acientífico Informe Kinsey, que la maquinaria del imperio de John D. Rockefeller se encargó de propalar. Un informe que produce sonrojo a cualquier especialista, pero que todavía se blande: «un 10% de la población es homosexual» y
2.la exclusión de la homosexualidad de los trastornos psicológicos contemplados en el DSM-III (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders), en una operación que habría firmado un homosexual confeso como Ernst Röhm, comandando las SA nazis. Contra el criterio de la mayoría de la Asociación de Psiquiatría Americana (APA), el lobby gay consiguió la eliminación.
El objetivo era múltiple. Una vez rendida la prestigiosa APA, el efecto dominó era imparable: dos años después caía la numerosa Asociación de Psicología Americana, y después la Asociación Nacional de Enseñanza. Se revisaron manuales, se cambiaban términos, el Trastorno Inmunológico por Conductas Homosexuales pasó a llamarse SIDA. Cualquier profesional que no se plegase a los dictados del totalitarismo homosexual era laminado. Cualquier homosexual que disintiese no era más que un reprimido, marcado con Estrellas Amarillas. No hay que remontarse demasiado, recordemos al Dr. Aquilino Polaino.
El movimiento homosexualista consiguió que el único tratamiento políticamente correcto, fuese la aceptación de la condición homosexual, cuando no su promoción, no se permitía ninguna otra terapia, aunque tuviese efecto. Los casos exitosos se ridiculizaban y/o se ocultaban.
Por ese motivo, el cambio de actitud de la Asociación de Psicología supone una vuelta a la cordura y a los criterios científicos y médicos. Parece un pequeño paso, pero es muy grande, de hecho, tengo mis dudas de que el homosexualismo permita que prosperen las nuevas directrices, muy lights, tal como se cuentan en el reportaje (traducción mía):
Pero si aún así el cliente considera que la afirmación de su inclinación sexual puede ser pecaminosa o destructora de la fe, los psicólogos pueden ayudar a construir una identidad que rechace el poder de esas atracciones, dice la APA. Esto podría requerir vivir en celibato, aprender a cambiar los impulsos sexuales o proponerse una vida de lucha como una oportunidad de crecer más en la cercanía de Dios.
«No estamos tratando de animar a la gente a convertirse en ex-gay», dijo Judith Glassgold, que presidió el grupo de trabajo de la APA sobre el tema, «pero tenemos que reconocer que, para algunas personas, la identidad religiosa es una parte importante de sus vidas que puede trascender a todo lo demás»
.
Ya sé que tiene muchas imprecisiones, como mezclar inclinación con acto sexual, ser homosexual –persona homosexual, persona con atracción sexual por el mismo sexo– con práctica sexual, como si fuesen lo mismo. O entender que el único impedimento para ser un sodomita es tener convicciones religiosas. Pero como no me esperaba semejante paso hacia el sentido común y a la práctica de la medicina, pues lo reseño. Y más cuando la APA pretende difundir este nuevo enfoque a través de vídeos en YouTube, charlas en colegios e iglesias y presentaciones a terapeutas cristianos; espero, en mi ingenuidad espero, que la dictadura gay se lo permita.
A pesar de que la noticia apareció en el Wall Street Journal, no la han recogido los medios masivos de comunicación.
Profundizando un poco más, nos damos cuenta que por primera vez, desde el negacionismo de 1973 se permite tratar de alguna manera la homosexualidad a profesionales de la medicina, con tratamientos que no sean exclusivamente la aceptación o la promoción. Esto ya en sí, es bueno, y supone un reconocimiento a la labor de muchos terapeutas y quizá nuevas vías. Quizá hasta se deje de perseguir a fantásticos profesionales por el mero hecho de ejercer la medicina o la psicología y ayudar a los demás. Es posible que les retiren las «estrellas amarillas».
1.Se reconoce un fenómeno —las creencias— como parte constitutiva y fundamental de la persona que no pueden violarse.
2.Porque aunque sea por oportunismo se han tragado una bomba que, como la de Tiburón, puede servir para avanzar más rápido hacia el sentido común.
Hasta aquí sería todo perfecto, muy en línea con la doctrina de la Iglesia Católica (CEC, nn 2358 y 2359). Como dice Alan Chambers, ex-homosexual (sí, sí, ex), y presidente de Exodus International:
“Es un paso positivo; simplemente respetar la fe de alguien es un salto en la dirección correcta. Pero iré más allá. No hay que negar la posibilidad de que los sentimientos de alguien puedan cambiar”.
Pero hubo más y, son malas noticias o al menos peligrosas. Intento explicarme.
Un comentarista preguntaba por qué no había una reacción fuerte del homosexualismo contra este avance. Apunto varias razones:
Se ha aprovechado para, una vez más, intentar desacreditar las terapias de reversión, hasta el punto que la AP titulaba la misma noticia: Psychologists repudiate gay-to-straight therapy (Los psicólogos rechazan las terapias reparativas). Y si hace falta mentir, se hace, porque aunque no lo parezca la noticia es la misma que la del WSJ.
Se están intentando ocultar los resultados de un estudio de seis años que demuestran que más de un 38% de los casos han revertido la homosexualidad, o al menos se sienten desvinculados de ella. Lo dicho, aunque la agencia AP y los propagandistas del homosexualismo lo intenten, se están dando los primeros pasos. El estudio está anexado en la propuesta de la APA.
Con esta propuesta se va a intentar transmitir el mensaje de que: bueno, chico, si eres muy religioso te ayudaremos a que no lo pases mal, pero olvídate de intentar cambiar, no se puede. Es más, según la versión de AP, se le propondrá cambiar de religión o de confesión religiosa, y les abre la puerta a incautos, que haberlos, haylos.
Ya se conoce que con tácticas mafiosas se eliminó la homosexualidad de DSM-III en 1973, el «diccionario que determina qué es enfermedad y qué no». La siguiente edición debe ser aprobada en 2012, el DSM-V y está en discusión eliminar todas las parafilias. La verdad, es que de perdidos al río, pero no se le puede negar cierta coherencia con lo ocurrido en 1973, ¿qué más da otro hombre, una oveja o un zapato o un niño?, no son más que inclinaciones, ¿no? ¿Tendrían razón los mayas que el mundo se acaba en 2012?
Diez claves para lograr la paz
Alejo Fernández Pérez
1. No hables mal, murmures, mientas ni levantes falso testimonio contra nadie. Hablar mal para desahogarse es como escupir al cielo: antes o después nos caerá la saliva en la cara. Pero hay que hacer algo más:
2. Hay que hablar bien de todo el mundo. Es lo que de verdad importa. ¡Esto sí que es difícil!, pero posible. Sin mentir, sin dar coba –se nota enseguida- y de todo corazón, como lo hace mucha gente y sobre todo las madres con sus hijos. Todo el mundo tiene algo bueno. Admitámoslo con naturalidad y comprobaremos cómo cambia el ambiente que nos rodea.
3. Las personas tenemos ansias de ser queridos y respetados. Cuando no podamos hacerlo callémonos. Otra cosa es el callar cuando tenemos la obligación de hablar, podríamos hacernos cómplices.
4. Digamos ¡no! a cualquier proyecto de violencia, venganza u odios.
La paz va estrechamente unida y conlleva la justicia y la libertad. La caridad empieza por dar primero lo que es de justicia.
5. Está demostrado por la historia y la experiencia que es imposible conseguir la paz a los hombres por si solos. Es uno más de los muchos misterios que sobrepasan nuestra capacidad mental. La poca paz que podemos encontrar en este mundo será el resultado de cumplir los Diez Mandamientos y, sobre todo, el primero y más importante: amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo, por amor a Dios.
6. La paz, como la fe, nos la da Dios cuando se la pedimos con humildad. La oración es omnipotente.
7. La conquista de la paz a todos los niveles está unida a la conversión del corazón y a un auténtico cambio de vida.
8. La paz no se puede establecer ni asegurar si no se guarda íntegramente el orden establecido por Dios. La paz ha de estar fundada sobre la verdad, construida con las normas de la justicia, vivificada e integrada por la caridad y realizada, en fin, con la libertad.
9. La paz es un don de Dios que encuentra su plenitud en Jesús. Jesús nos enseñó el camino de la paz tomando la Cruz. No hay paz cuando los hombres se apartan de Dios.
10. Sacar a Dios de nuestras vidas es dejar hueco para que entre el odio. “El Señor bendice a su pueblo con la paz. Sin Dios no hay paz. En definitiva, no se puede dar más paz que la cultivada en corazones donde se ha desterrado el odio y el rencor.
Generalmente las unimos, las confundimos, hacemos de la ética y de la moral una misma cosa, y eso está bien si con estas palabras queremos señalar una buena conducta, un comportamiento acorde con lo que se espera de una persona honorable.
Jorge Bernabé Lobo
Generalmente las unimos, las confundimos, hacemos de la ética y de la moral una misma cosa, y eso está bien si con estas palabras queremos señalar una buena conducta, un comportamiento acorde con lo que se espera de una persona honorable.
Sin embargo conviene adentrarnos en qué es la ética y qué es la moral para que analicemos mejor sus alcances, sus implicaciones.
La ética es una parte de la filosofía. Fundamental, puesto que trata de las obligaciones del hombre, de cómo debe comportarse de acuerdo a la razón y con el objeto de construir y mantener una sociedad armónica, en la que todos puedan cumplir con sus deberes y obligaciones.
Hablamos de filosofía y comprendemos que estamos adentrándonos en un terreno difícil, un terreno en el que prima la fuerza de la razón; de hecho, hay filósofos, grandes filósofos, de magnífica sabiduría y profundidad, que discuten entre sí, que no se ponen de acuerdo, un campo en el que unos niegan el andamiaje argumental construido por otros. ¿Puede pensarse, entonces, en que la ética es inútil, ya que los filósofos no llegan a resultados rotundos, apodícticos, innegables, como son los resultados de las ciencias físicas y matemáticas? No es así, porque las discrepancias se refieren, por lo general, a aspectos menores, y todos los filósofos -todos los de la civilización occidental y cristiana- coinciden en lo fundamental, y no hay dudas en cuanto a las aplicaciones prácticas.
La moral, en cambio, no es ciencia sino su aplicación, el ejercicio de las buenas costumbres, de las prácticas de quienes son considerados virtuosos en una sociedad. Veamos: la ética nos señala la virtud de la monogamia. El presidente Clinton se ha apartado de esa virtud al tener relaciones que él llama impropias; correspondería llamarles inmorales, ya que transgreden los principios sustentados por la sociedad a la que pertenece. Lo mismo que hace Clinton, en otra sociedad, por ejemplo entre musulmanes que pueden tener varios matrimonios simultáneos, hubiera sido bien visto, hubiera sido moral, de haberse realizado a la vista, sin ocultaciones. La moral musulmana lo hubiera aceptado (lo hubiera aceptado si no lo hacía a escondidas); la ética lo rechaza.
Los principios de la ética son obligatorios para todos y en todas las circunstancias. Sí, es cierto que la ética condena el robo, y que el robo, en determinadas circunstancias, de hambre, de necesidad imperiosa, se justifica; no se debe matar, aunque se justifique hacerlo en defensa propia, de la madre, de la mujer, del hijo. Es muy malo mentir, y sin embargo el médico con toda tranquilidad le miente a un enfermo desahuciado para mantenerle el ánimo. Esas circunstancias que justifican el abandono, la suspensión de la norma, han sido muy bien estudiadas y puntillosamente expuestas. Pero lo general, es que las obligaciones son para todos y en todas las circunstancias.
Sin embargo por eso el político, ante la moral, debe ser juzgado con muchísima mayor severidad que los que se dedican a otras actividades.
Pero hay una razón más fuerte que los obliga a los políticos con mayor rigor que a los demás prójimos: y es que la vida pública se suele tomar como ejemplo, como modelo de las conductas privadas. El que se siente inclinado a largarse por un mal camino puede razonar: ¿por qué no voy a hacer esto yo, si legisladores, gobernadores, presidentes, ministros, hacen cosas peores? Y más aún: si la moral se funda en las conductas que son bien vistas, aceptadas, valoradas por un medio social, ¿ese medio no se expone a que su moral decline, se corrompa, se pervierta, por culpa de los malos ejemplos que desde arriba dan los políticos indecorosos?
El individuo de cualquier oficio que falte a la moral, que no siga los dictados de la ética, corre el riesgo de que a su alma se la lleve el diablo. El político que tenga una conducta igualmente mala, bien se merece la condena, la reprobación, el vituperio, la censura de toda la sociedad.
“Soy Luci, una de las jóvenes religiosas que ha sido violada por los soldados serbios. Le escribo, Madre, después de lo que nos ha sucedido a mis hermanas Tatiana, Sandria y a mí”.
Fernando Pascual
En diversas páginas de internet, en revistas y en algún libro, circula la “carta” de una religiosa violada durante la guerra de Bosnia (guerra que inició en 1992 y duró hasta 1995). En esa carta, Lucy Vertrusc, (o Lucj Vetrusc, o Lucía Vetruse, según las distintas versiones del texto) escribe a su superiora para manifestar sus sentimientos y sus resoluciones ante el embarazo que acaba de iniciar.
El texto comienza así (en una de sus versiones en castellano):
“Soy Luci, una de las jóvenes religiosas que ha sido violada por los soldados serbios. Le escribo, Madre, después de lo que nos ha sucedido a mis hermanas Tatiana, Sandria y a mí”.
Al final de la “carta” aparece en plenitud el testimonio de un perdón grande y sincero: “Alguien tiene que empezar a romper la cadena de odio que destruye desde siempre nuestros países. Por eso, al hijo que vendrá le enseñaré sólo el amor. Este mi hijo, nacido de la violencia, testimoniará junto a mí que la única grandeza que honra al ser humano es el perdón” (cf. http://es.catholic.net/religiosas/420/2464/articulo.php?id=17459, con algunas correcciones).
La supuesta “carta” era, en realidad, la composición literaria de don Alfredo Contran, sacerdote italiano que murió el 20 de octubre de 2007, y que se había dedicado durante años al periodismo.
En 1993 don Alfredo había redactado un texto para criticar la guerra y exaltar el perdón, en forma de una carta imaginaria: la de la hoy famosa (e inexistente) Lucy. Por la belleza de este trabajo obtuvo una mención honorífica en un concurso literario de la ciudad italiana de Padua.
La “carta”, sin embargo, llegó a manos de quien, con o sin malicia, la consideró escrita realmente por una religiosa violada. Primero fue publicada en diversos medios de comunicación de Italia, en la primavera de 1994. Luego fue traducida a diversos idiomas. Hoy está ampliamente difundida por el mundo gracias a internet.
De nada sirvió, para evitar este equívoco, publicar una entrevista a don Alfredo Contran pocas semanas después de los hechos (cf. “Corriere della Sera”, 3 aprile 1994, p. 11, con el título “Suora bosniaca diventa madre? No, è una bufala”). La “carta” era (y sigue siendo) incontrolable, y fue leída y usada como un bellísimo testimonio de perdón.
La historia de esta “carta” nos enseña dos cosas. La primera: hace falta un periodismo serio, que sepa controlar las fuentes, que no dé por válido un dato (una carta, una noticia, un testimonio) sin haber realizado antes una investigación exhaustiva, sin tener a la mano documentos serios y dignos de credibilidad.
La segunda enseñanza: también un texto falso puede hacer mucho bien, como lo ha hecho y lo hará, seguramente, en el futuro, esta “carta”. A través de ella, comprendemos que los abortos llevados a cabo para “solucionar” las violaciones no solucionan nada y añaden sangre a la sangre, a la vez que descubrimos la grandeza moral de un perdón que vence el mal con el bien.
A pesar de los años que han pasado, y a pesar de que muchas personas dan por auténtica una carta que no lo es, vale la pena corregir errores debidos a la buena o a la mala fe de quienes dieron por válido un texto que era simplemente un artículo periodístico, sin rechazar la belleza de su mensaje.
En otras palabras, avisar a la gente de que tal “carta” no fue escrita por ninguna religiosa, sino por un sacerdote que quiso denunciar los horrores de una guerra, no implica despreciar su contenido, sino darle su valor auténtico: el de un buen trabajo literario, capaz de transmitir principios rectos y de enseñar verdades profundas que valen para los hombres y mujeres de buena voluntad.
Presentó hasta doce veces su examen para ingresarse como astronauta, pero lo logró. «Doce veces, doce años duré en tratar de ingresarme. Por eso digo que la perseverancia es algo fundamental. Para mi es algo indescriptible, un sueño que se va a realizar, que espero pueda motivar a toda la juventud, demostrarles que sí es posible con esfuerzo y con estudio
José Alberto Lesso
El futuro de José Hernández no era muy prometedor. Los años de su infancia tenía que dividirlos en dos: de noviembre a marzo vivía trabajando en el campo en La Piedad, Michoacán, México, de donde es originario; de abril a octubre, en Estados Unidos dedicado a las cosechas.
Sus padres querían que estudiara, ya que ellos sólo habían estudiado hasta el tercer año de primaria y se daban cuenta de la importancia de los estudios. Así es que a partir de los doce años dejó de viajar a México para poder estudiar.
Desde pequeño tuvo un sueño: ser astronauta. Sus ilusiones se remontan a las misiones de Apolo.
«La última misión es la que yo recuerdo. Nosotros teníamos en ese tiempo una televisión a blanco y negro con una antena que le dicen “orejas de conejo”. Era una televisión muy borrosa, con mala señal. Uno a veces le tenía que pegar a un lado para que dejara de tener unas líneas horizontales. Entonces, recuerdo que como era el más pequeño de la familia me mandaban a ajustar la antena para mejorar la recepción. Allí me tenían haciendo maniobras mientras veíamos a los astronautas caminar en la luna. Yo era el que estaba más cerca a la televisión viendo las imágenes. Creo que eso fue lo que me inspiró más, viendo a los astronautas caminar en la luna».
Fue un sueño que guardó en su interior. Un día se lo dijo a su familia: «Mi mamá decía, “No, sí, pobre… sí, mi’jo, sí puedes ser astronauta” y yo veía en sus ojos que decía “pobrecito, nunca lo va a lograr, pero hay que animarlo”. Mis hermanos me hacían la burla también. Entonces, con eso, cuando vi esa reacción dije, “no, mangos, yo no le digo a mis amigos” porque me van a hacer la burla, entonces fue algo muy personal, un sueño muy personal que no compartí con mis amigos».
Su camino fue duro. Sus papás siempre lo apoyaron. No sólo le dieron ánimo, sino que siempre estuvieron a su lado. «A pesar de que mis papás nada más tienen la educación hasta tercer grado de primaria, siempre se sentaban con nosotros a hacer las tareas en la cocina. Y aunque muchas veces no tenían idea de nuestras tareas, siempre estuvieron allí. Eso fue un mensaje muy importante para nosotros».
Dentro de poco, tocará las estrellas. José Hernández hoy tiene 47 años y es el Especialista Número 2 de la Misión STS 128 que partirá el 25 de agosto hacia la Estación espacial.
Batalló mucho, tuvo que superar infinidad de obstáculos. Presentó hasta doce veces su examen para ingresarse como astronauta, pero lo logró. «Doce veces, doce años duré en tratar de ingresarme. Por eso digo que la perseverancia es algo fundamental. Para mi es algo indescriptible, un sueño que se va a realizar, que espero pueda motivar a toda la juventud, demostrarles que sí es posible con esfuerzo y con estudio. También a nuestra comunidad latina, porque yo he estado en sus zapatos. Uno piensa que no hay salida de la situación económica en la que uno está, pero yo estoy aquí para decirles que el estudio y la perseverancia es la salida para esa situación económica en que, tal vez, se puedan encontrar».
Pedro Almodóvar ha concedido una entrevista a Die Zeit, de la que se hacen eco otros periódicos. En ella “aconseja” al Papa “darse un paseo fuera del Vaticano” y ver que millones de personas viven de modo diverso a las normas impuestas por la Iglesia católica en tema de familia.
Diego Contreras | laiglesiaenlaprensa.com
Serán los efectos de los calores del verano, pero estaba pensando que el Vaticano debería cobrar un porcentaje a las personas y empresas que lo usan con motivos publicitarios. Sería algo así como lo que hace "Google" con los clicks de los anuncios en la red. Me venía esto a la cabeza al ver el enésimo ejemplo de artista que intenta agarrarse a las faldas del Papa para que alguien le haga caso.
El director de cine Pedro Almodóvar ha tenido momentos mejores, pero se ve que su última fatiga, “Los abrazos rotos”, no acaba de despegar. Para darle un poco de gas ha concedido una entrevista a Die Zeit, de la que se hacen eco otros periódicos, en la que “aconseja” al Papa “darse un paseo fuera del Vaticano” y ver que millones de personas viven de modo diverso a las normas impuestas por la Iglesia católica en tema de familia (según la versión de Corriere della Sera).
Estoy seguro de que el Papa tendrá en cuenta esa y otras críticas para intentar presentar el mensaje cristiano sobre la familia de un modo cada vez más convincente. Lo suele hacer, y resulta verdaderamente llamativo cómo toma nota de las opiniones contrarias para mejorar y hacer más claro su discurso y argumentación.
Y ya que estamos, yo también me siento inspirado para dar un consejo a Almodóvar: creo que podría aprender del Papa a aceptar las críticas. Evitaría así algunas reacciones descompuestas, como la que tuvo ante la opinión (no entusiasta) de su última película publicada en El País, un diario que lo idolatra. “El crítico me odia”, sostuvo. Criticar -sin argumentar- es fácil, recibir las críticas con respeto es un poquito más difícil.
El Partido Laborista inglés planea poner bajo vigilancia a 2.000 familias primero y, después, en un plazo de dos años, a 20.000 para que eduquen correctamente.
Juanjo Romero
La densidad de posts desasosegantes del Coronel Kurtz empieza a alarmar. En el último cuenta que el Partido Laborista planea poner bajo vigilancia a 2.000 familias primero y, después, en un plazo de dos años, a 20.000 para que eduquen correctamente.
El 23 de junio el Daily Express detallaba la noticia (traducción mía):
“El Secretario para la Juventud destina 400 millones de libras para poner bajo vigilancia 24 horas a 20.000 familias con problemas a través de un circuito cerrado de televisión instalado en sus propios hogares.
Serán monitorizados para garantizar que los niños asisten a la escuela, se van a la cama a tiempo y comen las comidas adecuadas.
También se enviarán a guardias de seguridad privados para efectuar controles (home checks), mientras que los padres accederán a ayudas para combatir la adicción a las drogas y el alcohol”.
Como en otro tipo de iniciativas progres y totalitarias los «Family Intervention Projects» (Proyectos de Intervención Familiar) se presentan con buenas intenciones. ¿No recuerda este esquema argumental a lo que estamos viviendo estos últimos años en diversos países del mundo? A que sí.
Paul J. Watson informa que en Houston están interesados en el proyecto, y la desfachatez con la que contestó el Jefe de Policía:
“Conozco un montón de gente preocupada porque parece Gran Hermano, pero mi respuesta a esto es: si usted no está haciendo nada malo, ¿por qué debería preocuparse?”
Pues mi respuesta a esto no la puedo escribir, que me leen mis hijos. La ’selección’ de las familias con problemas la harán «ciudadanos responsables», obligados a denunciar e informar sobre los malos padres, que quedarán sujetos a futuras «intervenciones».
Las ‘conductas antisociales’ que sirven de justificación al proyecto no quedan definidas, Cnel. Kurtz apunta algunos ejemplos como el homeschooling, declarado antisocial por la Corte Europea de Derechos Humanos, o la cacería desatada contra Mns. Héctor Aguer, que con ejemplar valentía defiende en Argentina el derecho de los padres a decidir sobre la educación de los hijos.
Y no, no es Ciencia Ficción, aunque recuerde a 1984 o a Fahrenheit 451, hace pocos días Michael O’Brien respondía a Alfa y Omega:
“¿Es posible hoy que una democracia persiga con violencia a quien no comulgue con lo políticamente correcto?
La forma más peligrosa del totalitarismo es la que oculta su naturaleza bajo las banderas de libertad y democracia. Es de suma importancia observar con atención las decisiones de los Gobiernos y los frutos de esas decisiones, y hacer todo lo posible para resistirnos al adoctrinamiento. Los cristianos, en mi país, no son llevados a campos de concentración, pero, con frecuencia, las familias cristianas han tenido a sus hijos confiscados por el Estado, tras ser acusadas de abuso, término que puede significar cualquier cosa en virtud de la ley. Maestros o vecinos pueden realizar una denuncia anónima, y de inmediato la policía y los trabajadores sociales van a casa o a la escuela, y se llevan a sus hijos a un hogar de acogida, sin que sus padres sepan dónde están, hasta que un tribunal decida si son o no culpables de abusos. Esto se ha convertido en un instrumento de terror, que hace que muchos padres duden a la hora de resistirse al Estado. El Gobierno dice defender los derechos del niño. Irónicamente, lo dice quien mata a cientos de miles de niños cada año con el aborto y obliga a todos los ciudadanos a pagar estos asesinatos con sus impuestos”.
Vamos, Educación para la Ciudadanía a lo bestia.
Abortistas; católicos sui generis; homosexuales y sus propagandistas. Condecoraciones para la logia de Nelson Mandela. Protestas judías.
Juan Claudio Sanahuja | noticiasglobales.org
El presidente Barack Obama entregará el 12 de agosto la condecoración civil más importante de los Estados Unidos, la Presidential Medal of Freedom, a un grupo de personas que “han contribuido especialmente a la seguridad y los intereses nacionales de los Estados Unidos", entre los 16 premiados destacan importantes figuras del lobby abortista y pro gay.
Aparecen en la lista, distribuida por la Casa Blanca, el senador Edward Kennedy, que es de los legisladores que ostentan el 100% de votos en el Congreso a favor de las políticas pro-aborto promocionadas por NARAL (National Abortion Rights Action League), de la investigación con embriones humanos y del matrimonio entre personas del mismo sexo; la ex-jueza de la Corte Suprema, Sandra Day O'Connor, declarada defensora del fallo Roe vs Wade que liberalizó el aborto; Nancy Goodman Baker, fundadora de la organización contra el cáncer Susan G. Komen for the Cure, que otorga millones de dólares en donaciones a la asociación abortista Planned Parenthood (PP) y para la investigación con embriones humanos; la médica investigadora Janet Davison Rowley, ferviente defensora de la investigación con células embrionarias humanas.
El terreno común
Obama premió también al médico cubano-norteamericano Pedro José Greer Jr., vice decano de la Facultad de Medicina de la Florida International University. Dedicado a los pobres, calificado por la prensa de católico, fundador de instituciones de beneficencia como Camillus Health Concern y la St. John Bosco Clinic. Al igual que Regina Benjamin (NG 987), fue distinguido por la usina abortista MacArthur Foundation con el genius grant. Según informó la Casa Blanca cuenta con “tres distinciones papales”. Greer milita entre los que buscan el terreno común -la base común- para el diálogo que propone Obama entre abortistas y no-abortistas, pero resulta que entre los promotores del terreno común se encuentran representantes de las principales organizaciones pro-aborto, como NARAL y Planned Parenthood (PP), (vid. Zenit, 31-07-09). El terreno común es un recurso puramente dialéctico del que nada bueno puede salir en defensa de la vida y la dignidad humana.
A título póstumo fue distinguido el ex-legislador Jack Kemp, única personalidad claramente pro vida que aparece en la lista.
Homosexuales y sus propagandistas
La lista de premiados incluye también al ex-tenista Billie Jean King, miembro del grupo abortista Emily's List, y uno de los primeros deportistas que manifestó abiertamente su homosexualidad; y al pastor evangélico afro-norteamericano Joseph Lowery, uno de los líderes negros defensores del “derecho” al aborto y de los pseudo derechos de la “comunidad” LGBT (homosexuales).
A título póstumo, Obama premió a Harvey Milk, líder de los “derechos” de los gays, bisexuales, lesbianas y transgéneros. El primer homosexual que impulsó la llamada “salida del closet”, que significa hacer pública esa condición e integrarse a la militancia gay.
La nómina continúa con Stephen Hawking, el indígena Joe Medicine Crow, Sidney Portier y Chita Rivera.
Condecoraciones a The Elders
Obama también concedió la medalla a tres miembros del grupo encabezado por Nelson Mandela, la logia abortista y pro homosexual The Elders: Mary Robinson; el obispo anglicano Desmond Tutu, Premio Nobel de la Paz 1984; y Muhammad Yunus, Premio Nobel de la Paz 2006, (vid. NG 990). (Mandela recibió el Nobel de la Paz en 1993 y el presidente George W. Bush le otorgó la Presidential Medal of Freedom en 2002).
Es de notar que Mandela, Robinson, Peter Gabriel y Aung San Suu Kyi son también embajadores de conciencia de Amnistía Internacional (Amnesty Internacional), conocido grupo de presión abortista y pro gay.
Protestas judías
La adjudicación de la Presidential Medal of Freedom a Mary Robinson ha provocado enérgicas protestas de las organizaciones judías Anti-Defamation League (ADL), Zionist Organisation of America y la Republican Jewish Coalition, que acusan a Robinson de racismo antisemita.
Siendo Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Robinson organizó, en 2001, la Conferencia Mundial contra el Racismo de Durban (Conferencia Mundial en Contra del Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y la Intolerancia; Durban, Sud África, 31 de agosto al 7 de septiembre de 2001, vid. NG 413, 414, 445, 453, 575, 758).
La finalidad de esa conferencia era el reconocimiento jurídico internacional de los supuestos derechos de las minorías de gays y lesbianas. Pero Durban fue un fracaso por otro tema. Las delegaciones de Israel y Estados Unidos se retiraron de la asamblea cuando se planteó el mal trato de Israel hacia los Palestinos. Las organizaciones sionistas no perdonan a Robinson lo que entendieron como “lenguaje anti-semita” en el borrador de declaración final de la cumbre, que fue corregido en la redacción definitiva y, según Robinson, aceptado por Shimon Peres.
Mary Robinson no se dio por vencida en lo que se refiere a los “derechos” de los homosexuales. En 2006 promovió los llamados Principios de Yogyakarta: la reinterpretación de los derechos humanos en clave homosexual, con la pretensión de imponerlos a nivel internacional, (vid. NG 868, 872, 899, 947).
La Casa Blanca defendió la decisión de Obama de condecorar a Robinson argumentando que es “una prominente cruzada de los derechos de las mujeres a nivel mundial”.
Cuáles son esos dioses que tiene el hombre actual.
Antonio Rivero
Estos dioses cambian frecuentemente de cara y de lenguaje, se procrean e inventan nuevos engaños. Son máscaras de Satanás, quien tiene la propiedad de mimetizarse y transformase como la mentira, ya que no está sujeto al "sí, sí, no, no" de la verdad, que es una sola y no se disfraza.
I. El dios del progreso
Por ello los laicos, con su competencia en los asuntos profanos y con su actividad elevada desde dentro por la gracia de Cristo, contribuyan eficazmente a que los bienes creados, de acuerdo con el designio del Creador y la iluminación de su verbo, sean promovidos, mediante el trabajo humano, la técnica y la cultura civil, para utilidad de todos los hombres sin excepción (Lumen Gentium, 36).
Su credo es éste: "Caminamos en un progreso indefinido que no se detendrá. Ha habido guerras, genocidios y tragedias espantosas. Pero estamos progresando. Todo lo que es progreso es bueno, aunque esto suponga sacrificar el presente en aras de un futuro incierto. El progreso debe ser adorado.
Sin embargo, los remozones producidos por Hiroshima, Chernobil, la guerra química, el auge del ecologismo, la situación de miseria o de injusticia a que están sometidas grandes masas de población, la violencia siempre constante en algún lugar del mundo...han sacudido fuertemente las columnas del Progreso, llevando a veces desconfianza al mismo Progreso y sus promesas, y poniendo en disputa sus mismas bases filosóficas. ¿Y los pueblos enteros que sufren hambre y miseria por causa de la guerra, la corrupción, el colonialismo, la usura internacional? ¿Y los que no tienen acceso a la cultura, al confort, a la tecnología? Pueblos enteros sometidos a la esclavitud económica, social, política, psicológica...manipulados por los ideólogos, por los tecnócratas, por la usura internacional.
Por tanto, criticamos a este ídolo lo siguiente:
1. Los avances que lanza este progreso no siempre están de acuerdo con la ética y la moral, quedan desvinculados de ella. A este ídolo le interesa la ganancia, que llega a ser la prueba contundente de su bondad y acierto. Hace de esa ganancia ley, llegando, así, lo legal (derecho positivo) a ser lo justo (derecho natural). Una vez más, no sabe o no quiere distinguir entre derecho natural y derecho positivo. Se preocupa de la efectividad, no de la moralidad. Detrás de esta posición se esconde el influjo de Kant (1724-1804) que decía: el mérito proviene del deber y no del bien. Y este deber deriva de la decisión común a todos los hombres. Y si la decisión común dice que hay que esterilizar, estimular los experimentos in vitro que nos darán un día humanoides fríos (terrorismo de laboratorio enguantado y silencioso), criados sin necesidad de madres, emplear la anticoncepción y el aborto para detener el crecimiento demográfico (que crece de modo geométrico, mientras que los alimentos crecen aritméticamente -a decir de Malthus-), legalizar la eutanasia ...entonces es bueno eso. Pero aquí el bien no nace de la verdad y la verdad no surge de la realidad. El bien para este dios depende del futuro, del proyecto del futuro, a donde él nos conduce.
2. Este progreso tiene poder para romper toda barrera; le da a la técnica y a la experimentación un cheque en blanco para someter incluso la intimidad del hombre. El dios Progreso llama progreso a toda costumbre nueva, por más desvergonzada que sea. Por eso, los países musulmanes desprecian tanto a Occidente.
3. La disidencia para este dios es un pecado gravísimo. En la URSS significaba la muerte o la cárcel. En Occidente significa la muerte civil, se excluye al sujeto de la sociedad, no se lo deja hablar ni se le oye, se le juzga sin ecuanimidad, y se le condena no por lo que hace, sino por lo que piensa y por lo que él mismo es. Si es un político, se le cierran todos los medios de comunicación. Si es un docente, se le persigue por no estar al día en las novedades pedagógicas. Si es un dirigente social, se lo condena por ser moralista y no ser práctico. Si es un promotor de la fe, se lo margina por estar fuera de tiempo.
4. Ese dios no ha podido quebrar esa búsqueda de sobrenaturalidad insaciable del alma humana. Dios está de moda siempre. Pero este dios progreso intenta confundir a la gente, proporcionándoles dioses en lugar de Dios, religiosidades en lugar de religión, sectas en lugar de Iglesias, opiniones en lugar de fe, mundalismo en lugar de unidad, consuelos en lugar de justicia y auténtica paz; fantasmas y reencarnaciones en lugar de Cristo, encarnado en el seno de María. Anécdota de la muerte de Malenkov, aquel jerarca soviético de la posguerra. Lo estaban velando, en presencia de altos jerarcas que venían a brindarle su homenaje. En ese momento, delante de todos, para despedirse, se acercó la viuda al féretro, le dio un beso e hizo sobre él la señal de la cruz, porque Malenkov en el último tiempo de su vida había pedido el bautismo.
II. El dios libertad
Cada hombre, dice este dios, tiene una libertad absoluta. De esa libertad brotan los valores. Todo lo que vaya contra esa libertad es anti-sagrado (moral, religión católica con sus dogmas y mandamientos). No hay pecado. No hay límites. La libertad salva, rige y condena.
Digamos nosotros:
1. Hay influjo de la revolución francesa, inspirada a su vez en Rousseau, para quien "el hombre nació bueno, sin pecado original" (Contrato Social). Influjo también de Nietzche, padre del nacional-socialismo como del bolcheviquismo, cuyo mayor terrorismo fue decretar que "Dios está muerto" y, como lógica contrapartida, decretar la "inocencia dionisíaca de los hombres". Es como decir: Dios es el culpable y lo hemos guillotinado; y el hombre es inocente y lo adoramos.
2. En nombre de este dios se asesinaron durante la revolución francesa a 250.000 de una población de 600.000 personas, 778 parroquias. En España durante la guerra civil, se destruyeron 20.000 iglesias, incineración de tesoros de arte religioso, el asesinato del 80 por ciento de los sacerdotes; esto en la zona nacional. En la zona roja, 11 obispos y más de 10.000 sacerdotes. A esto se añade: la profanación de imágenes sagradas que luego sirvieron de blancos para práctica de tiro; los vasos sagrados como orinales.
3. Este dios ha dado a luz al terrorismo de Sendero luminoso en Perú, el de Hitler, el de Stalin, todos surgidos de la misma raíz iluminista. Otros: asesinatos en la plaza de Tianonmen en China Popular; la entrada de marines en Panamá y la demolición de barrios indefensos hostiles a los invasores; el bombardeo selectivo y discriminado de templos (mezquitas e iglesias católicas) y hospitales en Irak, durante la guerra del golfo. En Bosnia-Herzegovina, los serbios llevan más de 40.000 mujeres violadas, monjas incluidas.
4. Como es una libertad sin Dios, que se endiosa, y está destinada a esclavizar y no a liberar.
5. La libertad es un desafío y una responsabilidad. Es un fruto que se consigue ganando las batallas interiores del dominio propio y entregando las propias energías no a fines egoístas, sino a objetivos superiores y generosos.
III. El dios ciencia
"La organización técnico-científica de ciertos países está engendrando una visión cientista del hombre cuya vocación es la conquista del universo. En esta visión, sólo se reconoce como verdad lo que la ciencia puede demostrar; el mismo hombre se reduce a su definición científica. En nombre de la ciencia todo se justifica, incluso lo que constituye una afrenta a la dignidad humana. Al mismo tiempo se someten las comunidades nacionales a decisiones de un nuevo poder, la tecnocracia. Una especie de ingeniería social puede controlar los espacios de libertad de individuos e instituciones, con el riesgo de reducirlos a meros elementos de cálculo" (Puebla, 315).
"Es cierto que el progreso actual de las ciencias y de la técnica, las cuales, debido a su método no pueden penetrar hasta las íntimas esencias de las cosas, puede favorecer cierto fenomenismo y agnosticismo cuando el método de investigación usado por estas disciplinas se considera sin razón como la regla suprema para hallar toda la verdad. Es más, hay el peligro de que el hombre, confiado con exceso en los inventos actuales, crea que se baste a sí mismo y deje de buscar ya cosas más altas (Gaudium et spes, 57).
Su credo: sólo la ciencia nos puede dar certezas, está por encima del bien común, de la ética, de la persona. Todo lo que no es ciencia es sentimiento, subjetivismo, espiritualismo.
A la diosa ciencia le corresponde un altar; el bien del hombre, su conciencia, su conducta, su integridad moral están por debajo de ella.
Esto es lo que expresó Roosevelt en 1912: "Creo que la asimilación de los países latinoamericanos será larga y difícil mientras esos países sigan siendo católicos". En la misma línea Rockefeller, en 1969, recomendó en Roma que sustituyera a los católicos de Latinoamérica por otros cristianos, recomendación que está en marcha con ingentes recursos de todo orden. Tendencia asociada con el control de natalidad y con la política monetarista del FMI.
Digamos:
1. Hay influjo de Comte y de Kant que decían había una separación absoluta e irreductible entre los sentimientos y los hechos. A los primeros -dicen- corresponde el mundo subjetivo; a los segundos, el objetivo, experimentable, científico. Si fuera verdad esto, tendríamos que eliminar el misterio que todo hombre lleva consigo.
2. Hay un reduccionismo científico. Nuestro conocimiento verdadero se entiende que es conocimiento de lo experimentable o de lo medible. Se niega a la inteligencia la capacidad de ponerse en contacto con lo que no está sujeto a ella ni es medible; se la reduce a la capacidad de conocer lo cuantitativo.
3. Hay un reduccionismo del hombre, de sus capacidades espirituales, su racionalidad
4. Hay que decir también que la fe no está contra la razón ni contra la ciencia. Por tanto, la ciencia se convierte en ídolo y en su soberbia quiere llenarlo todo cuando abandona su misión de instrumento y pretende dictar leyes al mismo Dios. Es el momento en que cae de su pedestal y se rompe.
IV. El dios hombre
"La religión del Dios que se hace hombre se ha encontrado con la religión del hombre que se hace Dios" (Pablo VI).
Su credo: el hombre es inmanentista, total y completo en sí mismo, nada sobre él. Es la medida de todas las cosas. Su placer, su tener, su yo, marcan su ley. Es él el principio supremo de la ley. Dios es válido en la medida en que le sirve.
Decimos:
1. Aquí el hombre ha perdido su condición de creatura. Estamos retornando a Feuerbach (1804-1872).
2. Aquí Dios viene suprimido, su gracia. El hombre consigue todo con sus fuerzas, incluso en cosas del espíritu. De ahí, el yoga, el control mental y la meditación trascendental para conseguir la experiencia mística. Ya no es Dios que llega y atrapa, sino el esfuerzo humano que quiere conseguir todo, incluso llegar a Dios.
3. Aquí el hombre dice a Cristo que baje de la cruz, que no necesita del sufrimiento. Predican una religiosidad de consumo, superficial y demagógica. Predican que vendrá una nueva era, la del Acuario, hacia el 2140, donde un maestro, la reencarnación de Cristo, enseñará a los hombres a salvarse por sí mismos.
V. El dios utilidad
Ley: lo útil es lo bueno. La eficiencia como tarjeta principal de presentación. El hombre como material humano, medido por el rendimiento (marxismo, capitalismo liberal). Utilitarismo y pragmatismo.
Juzgamos:
1. Nada de sentido heroico de la vida. Nada que no sea para conseguir algo práctico. Nada de poesía, de arte, de contemplación y de oración. Cualquiera de estas cosas, sí, si me traen beneficio. Si por la contemplación me voy a curar de mi estrés, ¡bienvenida!
2. Por el utilitarismo actual, y bajo el amparo del dios ciencia, hemos llegado a una civilización de la muerte.
3. Ha exaltado el hedonismo, el uso de droga para codearnos con el infinito.
4. En nombre de este dios se sacrifican muchas aberraciones: se justifica la esterilización de enfermos mentales, como lo hizo el Parlamento europeo, o el suicidio voluntario, o por decisión de la familia, de los enfermos, como en Holanda.
5. Este ídolo es barato y chato. Sólo sociedades decadentes, que han perdido sus aspiraciones, están en condiciones de aceptarlo para regir sus vidas. Pero el hombre es un ser llamado a las más empinadas alturas y, por eso mismo, está también propenso a caer en los más profundos abismos.
VI. Algunos subdioses
1. Democracia liberal: es un engaño de democracia. El pueblo vota y se le acaban sus atribuciones. Es un cero a la izquierda. Se anula el poder de las sociedades intermedias, que son las encargadas de tejer la red de relaciones sociales que hace fuerte a una nación; se acusa a las sociedades intermedias, o a los centros de fuerza de ser "corporaciones", que por su naturaleza producen tiranía, gobiernos derechistas, autoritarismo. Sociedades que son: Iglesia, sindicatos, universidades, fuerzas armadas, municipios, federaciones de comercio, agrarias o de industria, sociedades de beneficencia, clubes.
2. Paz: paz como no-guerra o no-conflicto. No como fruto de la justicia.
3. Vida: en forma de hedonismo. Vivir y gozar de la vida: sexo libre, droga, usura... ¿Qué decir de los mártires que sacrificaron sus vidas por causas superiores, o la consumen a diario por los demás? La vida no es lo supremo. Hay cosas superiores. Hay otra vida. Sin un sano desprecio por la vida nos convertimos en poco menos que gusanos. Una vida digna es la vida que se pone al servicio de lo que está por encima de la vida. La vida mejor vivida es la que aparentemente se pierde. No hay mayor gloria que darla por aquello que la trasciende.
4. Moda: es de los ídolos más estúpidos. Pero por su apariencia alegre e inofensiva es quizá el que tiene más seguidores. Es fanático y dogmático. Quien no hace caso a la moda es marginado de la sociedad. Es ídolo irracional e impuesto, pero funciona. Está relacionado con el dios Progreso.
Detrás de este ídolo se esconde la concepción evolucionista, relativista e historicista de la vida. Niega la verdad objetiva, la estabilidad de la naturaleza, los principios inconmovibles de la moral. Incluso niega que la naturaleza humana sea algo terminado y proclama que es dependiente de las transformaciones sociales (por eso muchas veces está en manos de gente sexualmente promiscua, ambigua o cambiante). Niega la capacidad del hombre a definir, porque definir es la negación de la evolución y del progreso. Niega la capacidad del hombre a conocer las esencias, pues una cosa que ayer era hoy ya no es. Por eso los hombres debemos quedar libres incluso de la propia naturaleza humana, de la moral, de los principios, y adaptarnos a los cambios, aceptarlos y asumirlos porque no hay otra alternativa. La Moda se establece sobre la base de un anonimato. Se sigue una fuerza ciega, pero omnipotente. Satánica destrucción de las cosas, de la creación misma, de Dios.
5. Amor: es un idolillo del dios libertad absoluta. Total culto al cuerpo, predicado desde el púlpito de Hollywood. Amor de sentimiento, a primera vista. Amor que permite la infidelidad, el divorcio: "Ya no siento nada por el otro, no debo fingir...por tanto, debo separarme". Ya no es darse, sino sentir y gozar y abusar del otro. Amor pasajero, pues los sentimientos son pasajeros. Amor como sexopatía. Es un amor pordiosero que se contenta con migajas, que nunca está seguro, que no sabe a dónde va, que sufre mucho y trata constantemente de acallar ese gemido interior con nuevas experiencias, que traen un analgésico cada vez más pasajero, y que aumenta la desesperanza. Digamos que el hombre ha sido hecho para amar. No meramente para sentir amor. Hecho para el matrimonio, para la familia, los hijos, la estabilidad, la vejez serena y confiada. No para aventuras, para el infinito y estúpido coqueteo, para la inseguridad y la inmadurez constante.
Conclusión
Hoy nos conducimos como paganos, adorando ídolos (Is 30, 1-5). Ídolos que son máscaras del mismo Satanás. Estos ídolos han sido llamados también como modernismo, secularismo, humanismo ateo. Con estos ídolos no podemos construir la ciudad de Dios, la civilización del amor. Se nos exige una verdadera cruzada.
La iglesia episcopaliana (anglicana) de los Estados Unidos decidió ordenar como clérigos y obispos a hombres y mujeres abiertamente homosexuales y celebrar matrimonios entre personas del mismo sexo.
Juan Claudio Sanahuja | noticiasglobales.org
La iglesia episcopaliana (anglicana) de los Estados Unidos, en el marco de la 76ª Convención General, celebrada en Anaheim (California, 8-17 de julio 2009), decidió ordenar como clérigos y obispos a hombres y mujeres abiertamente homosexuales y celebrar matrimonios entre personas del mismo sexo. La decisión profundizó la crisis interna de la llamada Comunión Anglicana, que había comenzado en los Estados Unidos con la ordenación episcopal de Gene Robinson, quien convive públicamente con un partner de su mismo sexo.
En 2005, entre otras consecuencias del caso Robinson (vid. NG 712, 853, 983), rompió con la comunión anglicana la Iglesia Anglicana de Nigeria, segunda comunidad del mundo de esa denominación cristiana en número de fieles. También las diócesis de San Joaquín (California) y Fort Worth (Texas) abandonaron la iglesia episcopal de USA (ECUSA) para adherir a la Iglesia Anglicana del Cono Sur, que abarca Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay.
El 22 de julio pasado, después de la convención de Anaheim, la diócesis episcopal de Dallas rompió también con ECUSA. Su obispo, James Stanton, dirigió una carta a sus fieles diciendo que su diócesis seguirá "afirmando la primacía de la Escritura, la santidad del matrimonio y a la santidad de la vida humana".
La Carta de la Tierra
La 76ª Convención General episcopaliana no sólo se dedicó a la inclusión de los homosexuales en sus comunidades, sino que adhirió a UBUNTU y a la Carta de la Tierra.
Como informamos en NG 772, UBUNTU es el nombre del Foro Mundial de Redes de la Sociedad Civil que promueve la Carta de la Tierra -el proyecto panteísta de nueva religión universal- y que apoya la Alianza de las Civilizaciones (Vid. NG 748, 771, 889).
Dice el comunicado de la convención: “La Casa de los Obispos resuelve que la 76ava. Convención General avale la Carta de la Tierra, (…) y tome acciones específicas, incluyendo la disponibilidad de recursos bíblicos, teológicos y espirituales para la justicia ambiental”.
“Además resuelve, que la 76ava. Convención General inste a las diócesis, congregaciones, agencias e individuos a tomar acciones congruentes con la Carta de la Tierra a nivel local, nacional e internacional”.
Estamos ante una novela que sirve para pensar. Presenta el choque entre Nathaniel Delaney y un mundo que se ha desquiciado, desde ideas de progreso y libertad bajo las que se esconde un proyecto de imposición ideológica por parte del «Nuevo orden mundial».
Fernando Pascual
Estamos ante una novela que sirve para pensar. Presenta el choque entre Nathaniel Delaney y un mundo que se ha desquiciado, desde ideas de progreso y libertad bajo las que se esconde un proyecto de imposición ideológica por parte del «Nuevo orden mundial».
Michael O'Brian, conocido por novelas como El padre Elías y El librero de Varsovia (parte de una serie, Children of the Last Days, de seis obras, tres de las cuales dedicadas a la familia Delaney), recoge aquí las notas de una especie de diario de Nathaniel Delaney, director de un periódico, The Swiftcreek Echo (o simplemente The Echo), desde el cual lucha contra una mentalidad que destruye los valores de la civilización cristiana. Las páginas de este «diario» llegan imaginariamente a nosotros gracias a un cabo retirado de la Policía Montada del Canadá, que las recató después de que Delaney hubiera sido arrestado en la cárcel del pueblo y «desapareciese» de la escena tras ser llevado a otro lugar no determinado.
Nathaniel Delaney se enfrenta a una «cultura» que avanza y conquista poco a poco los cerebros de sus conciudadanos. En su pueblo de Canadá, Swiftcreek, vive con dos de sus hijos, Tyler (en familia llamado Bam) y Zöe (apodada Zizzy). La tercera hija, Arrow, vive con la madre, la cual abandonó el hogar al no soportar el estilo de vida y la mentalidad de su esposo. Zizzy (tiene 10 años) regala a su padre, el día de Año nuevo, un cuaderno para que escriba «pensamientos, secretos y cosas que quieras recordar. Las cosas buenas -me sonrió-. No como lo que escribes para el periódico» (p. 16). En realidad, el diario es una especie de prolongación del periódico, un reflejo de las dudas, de la rebeldía, de las luchas, de la rabia que Delaney lleva en su corazón.
A través de esas hojas penetramos en una psicología rica y compleja, en una mente que analiza la realidad por encima del pensamiento dominante. También recorremos la historia de la familia de Nathaniel, la personalidad de sus pocos amigos y conocidos, la situación de una sociedad que convive pacíficamente con el aborto, con la eutanasia, con los «matrimonios» entre homosexuales, con una ideología de género que empieza a ser enseñada a los niños en la escuela.
Es precisamente este último hecho el que hace desbordar el vaso de agua. Nathaniel pide a la directora de la escuela que sus hijos no vayan a las clases de educación sexual. Tiene que luchar para que su petición, como padre de familia y primer responsable de sus hijos, sea atendida de modo digno. Luego, los problemas arrecian: disminuyen las suscripciones del The Echo. Muere el abuelo Delaney. Un grupo de vándalos (o de personas que obedecían órdenes precisas) destruyen las oficinas del periódico.
El desastre se desencadena la tarde de un 18 de enero. Nathaniel recibe la llamada misteriosa de un viejo amigo, Maurice, que ahora es parte del «sistema», que trabaja para la ideología dominante. Le advierte que corre peligro, que debe huir, que van a terminar con su oposición revisionista. Nathaniel no sabe si se trata de una broma o, precisamente, de una intimidación para que deje de escribir.
Esa tarde decide ir a la escuela a recoger a sus hijos. No salen. Los encuentra en el despacho de la directora, que consigue, a través de preguntas y presiones de diverso tipo, que Zöe (que entonces ya tiene unos 11 años) llegue a dar algún sí confuso al “hecho” de haber sido abusada por su padre. La niña sabe que todo es mentira, pero la directora cree tener la prueba de la peligrosidad del señor Delaney. Ante esta situación, y sin que la directora y su secretaria puedan detenerle, Nathaniel coge a sus dos hijos y emprende la fuga.
El resto del libro (la mayor parte del mismo) es el relato de esa fuga por montañas y valles nevados, y de los encuentros con verdaderos amigos que apoyan a un padre desesperado: una familia de vietnamitas, los Thu (cuyo hijo, Anthony, morirá al final de la novela); el abuelo materno, Thaddaeus (un indio que vive en el bosque); y el padre Andrei, un anciano sacerdote que aparece justo hacia el final de la obra, y que encontramos también en otras novelas de O'Brian.
La fuga se prolonga por algunos días, mientras los helicópteros y las patrullas de la policía siguen las huellas de un «peligroso delincuente», acusado también de haber asesinado a Bill, el portero del colegio (que muere misteriosamente después de que Nathaniel hubiese huido de la escuela, y después de que el mismo Bill le hubiera llamado por teléfono para avisarle de la llegada de agentes especiales del gobierno).
La duración de la huida, la marcha entre bosques, lagos y arroyos congelados, permite a Nathaniel recorrer su pasado y denunciar un mundo enloquecido. No deja de ser periodista mientras piensa: escribe con sus reflexiones, y con su mano sobre el diario, editoriales incisivos contra la sociedad que asfixia lo mejor que hay en ella. Evoca, además, los hechos más importantes de su vida: su amistad con un médico exabortista, Woolley, que al final del libro traicionará a Nathaniel y lo entregará a la policía. Las tensiones con su padre, todavía vivo, con quien hablará por teléfono para pedir ayuda y en quien encontrará una frialdad debida al choque de mentalidades. Su fracaso matrimonial, resultado de su excesivo amor al periódico y a los continuos choque con Maya, su esposa, que también pertenece al pensamiento «progresista». Sus distintos abuelos, con sus riquezas y sus límites, sus enfermedades (la abuela india será alcohólica y demente) y su grandeza (el abuelo indio vivirá para atender a su esposa enferma y loca).
A lo largo de las páginas aparecen reflexiones escritas, algunas pensadas como editoriales o artículos para The Echo, otras simplemente como parte de la lucha interior de Nathaniel, un hombre que cree en Dios pero que se ha alejado bastante tiempo de la práctica religiosa, y que ha dejado que su corazón hubiera quedado lleno de odios hacia quienes promueven la ideología dominante. Esas reflexiones permiten al lector entrar en perspectivas nuevas, que permiten considerar problemas sumamente actuales más allá de lo «políticamente correcto» y del control férreo que ejercen grupos de poder sobre la prensa mundial, sobre el mundo educativo (desde la escuela hasta la universidad), y sobre todo lo que sea arte y cultura (literatura, pintura, escultura, etcétera).
Podemos evocar algunas de esas reflexiones. Cuando ha iniciado la fuga, Nathaniel recuerda cómo sus hijos quedaban marcados por el «condicionamiento ideológico» que se impartía en la escuela. «Se volvieron amargos, recelosos, aburridos: todo lo que no habían sido antes. Empecé a aborrecer esa expresión amohinada en sus rostros cuando salían de la ruta del colegio cada tarde, expresión calcada de las del resto de las caras que se apretaban contra el indolente cristal del autobús. Les llevaba la mayor parte del fin de semana volver a la normalidad, averiguar de nuevo quiénes eran de verdad. No me estaba dando cuenta pero les adoctrinaban en contra de los "juicios de valor" -contra la homofobia y la brujofobia y cualquier fobia posible bajo el cielo- antes de que hubieran aprendido el valor del comportamiento virtuoso y los peligros del perverso» (p. 87).
Mientras tiene un momento de paraíso entre la familia Thu (vietnamitas que huyeron del comunismo y que ahora tienen que luchar para sobrevivir a las imposiciones «liberales»), y tras dialogar por teléfono con su padre, mentalmente sigue su conversación con un fuerte reproche: «Papá, le digo en mi pensamiento... ¿No te has dado cuenta? ¿O es que siempre has querido que al final me equivocara? Todos estos años, ¿has estado acaso formulando un gran alegato contra mi religión? La considerabas un sistema anticuado de normas que produce sólo reprimidos y gente que a su vez reprime. ¿Nunca te has planteado que quizá te era necesario pensar así? Estupendo, ¿eh, papá?, cómo el Estado ha ofrecido todas las pruebas para sostener tus mitos favoritos. ¿Qué puedo yo decir contra un mito que se presenta como ciencia? Nada. Es un sistema cerrado. Y una construcción mental muy peligrosa, porque considera que la discrepancia no es herejía -pues la herejía tiene un aura romántica y revolucionaria- sino enfermedad. ¿Y quién iba a querer estar enfermo? [...] Pensabas que, por tu escepticismo, habías escapado de los mitos. Y sin embargo el mito te estaba comiendo vivo» (p. 135).
En el marco de los recuerdos de diversos choques con su propio padre, Nathaniel acusa esa idea optimista que ve el mundo moderno como victorioso, porque derrotó a Hitler, porque erradicó la viruela, porque dividió el átomo, cuando al mismo tiempo olvidamos que en ese mundo moderno «no se había hecho nada a favor de la condición humana fundamental. Si acaso, estaba peor que nunca. Superficialmente, parecía en un buen momento de desarrollo, pasmándonos con signos y maravillas, pero se había creado un mundo en el que el mal ya no parecía el mal. Un nuevo mundo de esquizofrenia» (pp. 143-144).
El optimismo ha llevado a la idea de que con la educación sería posible erradicar los defectos y debilidades de la humanidad. Pero esa idea es un mito, denuncia Nathaniel en una discusión que tuvo con su padre algunos años atrás, en el lago. «Médicos brujos os han convencido de que sus teorías sobre el funcionamiento del ser humano en realidad son hechos. Por supuesto, hay algunos hechos. Pero casi todas sus teorías son pura mitología: un día se verá que algunos de sus mitos son verdaderos, y se demostrará que otros son falsos. Pero, mientras tanto, esas teorías funcionan como sistemas de fe, con sus propios textos sagrados y liturgias y chamanes. Es un culto, una secta que se ha apoderado de una cultura por entero en una o dos generaciones. Sale victoriosa al vender sus dogmas como ciencia. Todo el mundo los toma así, al final. Es así como funcionan los mitos en una cultura, por más primaria o sofisticada que sea» (p. 152, cf. pp. 165-166).
El libro no puede ser leído simplemente como una condena, como un acusación lanzada por quien se siente inmaculado contra una sociedad pervertida. O'Brian muestra la lucha de Nathaniel contra aquellos odios que le dominan íntimamente (cf. p. 240). Su abuelo paterno, Stiofain, le había recriminado en el pasado: «Tanny, un pastor que ama su rebaño no condena a sus ovejas negras o de raza mezclada sin saber antes lo que tienen de bueno». Esa frase provoca al inquieto periodista y le hace reflexionar. «Todavía puedo sentir la vergüenza que sentí ese día. Tal vez mis primos eran débiles, pero no eran ni tan débiles ni tan estúpidos como un muchacho convencido de su propia superioridad, como un muchacho sin misericordia... como era yo» (p. 198).
Tras la llegada de Nathaniel con sus dos hijos a la cabaña de su abuelo materno, Thaddaeus, el padre Andrei (introducido casi por milagro en la trama de la novela) conseguirá, desde la lectura de la historia bíblica de José que perdona a sus hermanos, pacificar su alma, arrancar sus odios, y prepararlo para la confesión: desde ese momento Nathaniel llega a ser de nuevo plenamente católico, dispuesto a llevar a sus hijos (si consigue huir) a la iglesia.
También el periodista tiene que luchar contra el egoísmo. Quizá por haber vivido encerrado en su mundo, fracasó como esposo. Un día lo comprendió. «No lo sabía entonces, pero el precio que se paga por una familia feliz es la muerte del egoísmo. El padre debe morir si quiere dar vida a su esposa y a sus hijos. No es un pensamiento agradable pero es verdadero. Nos podemos entretener una vida entera evitándolo, pero no es suficiente con proveer y proteger» (p. 207). Incluso si un padre ha provisto la casa de todo lo “necesario”, poco ha hecho si olvida lo más importante: «que debe ser una imagen del amor y la verdad» (p. 207).
En un momento dramático del texto se refleja la angustia ante el triunfo del mal: Herodes ha vencido. «Aquí estás de nuevo, dos mil años después. Esta vez tienes un director de comunicación y de relaciones públicas; tienes modos agradablemente burocráticos y traje de negocios y una imagen nueva, mejorada. Pero sientes hacia la vida la misma furia que sentías. Herodes, Herodes, Herodes, aún estás derramando la copa de libaciones de tu dios. Asesina, asesina, dices, asesina estas palabras susurradas que contradicen tu canto de muerte: ¡La vida es muerte!, dicen tus sirvientes. ¡La muerte es vida, la oscuridad es luz!, dicen. ¡La luz es oscuridad!» (p. 215). Los niños que «vivan» en esta subcultura estarán «saturados de neones color púrpura y la canción de las sirenas de los grandes almacenes. Han tenido visiones lisérgicas. Saben que sus hermanos y hermanas ausentes perecieron bajo un cuchillo y no por el mandato de un rey malicioso sino por el deseo de sus madres y sus padres» (p. 215, una clara alusión al aborto, condenado con firmeza en diversos momentos de la obra).
El final puede dejar desconcertado a los lectores. Anthony Thu, que acompaña a Nathaniel en su fuga, muere como consecuencia de las heridas que le provocó una bengala lanzada desde un helicóptero de la policía y por culpa de la pasividad del doctor Woolley, el «amigo» de Nathaniel, que se niega a ofrecer su ayuda. La traición final de este «amigo» deja muy mal sabor de boca, pero es superada desde el perdón del fugitivo, fresco en su fe católica tras haber recibido el sacramento de la confesión, fuerte en su corazón frágil hasta el extremo de poder amar incluso al enemigo.
Nathaniel Delaney desaparece, ante la perplejidad del cabo de la Policía Montada, que recoge los papeles que dan origen al libro, y que son encontrados en un baúl, quizá después de muchos años de los hechos imaginados por O’Brian. Se vislumbra, de todos modos, que la trama no ha terminado. De hecho, la historia de los Delaney sigue en otra de las obras del Autor, Eclipse of the Sun (1998), la última de las tres novelas dedicadas a esta familia, y es justo augurar que sea pronto traducida al castellano.
Al final del libro encontramos un post it escrito como despedida por Zöe a su padre, con un texto que une La última escapada con El Señor de los anillos de Tolkien (una obra citada en diversos momentos de la novela y leída con pasión por la hija de Nathaniel): «Papi: No estés triste. No tengas miedo. Acuérdate de Frodo y de Sam. Te quiero. Zöe» (p. 293).
Ese es el mensaje de esta novela-denuncia: no tener miedo. En cierto modo, es un eco de la tarde del día de Pascua, cuando Jesús Resucitado invitó a sus discípulos a no temer. Vale la pena recordarlo, mientras la modernidad se siente triunfante (aborto, eutanasia, ideología de género, orgullo gay, materialismo, fecundación in vitro...). Como se dice en un momento de la obra, existe todavía gente sensata, capaz de ver la realidad: los niños y algunos ancianos que no han sido contagiados por un mundo absurdo y decadente.
Desde ellos, desde su transparencia y, sobre todo, desde su cercanía a Dios, el mundo puede vencer a la bestia. Porque también existe (una imagen que salpica diversas páginas del libro) un ciervo blanco que embiste a la bestia, aunque en su cuello quede una profunda herida que vierte lentamente sangre por el espacio (cf. p. 13).
La ludopatía es un trastorno del control de los impulsos. Una enfermedad mental crónica y progresiva que puede afectar a los aficionados al juego de apuestas.
Carolina Garza de López
Uno de los errores más grandes de nuestro tiempo es la tendencia a dar más diagnósticos que tratamientos. Nos enfocamos más en los problemas que en las soluciones.
Y para colmo, cuando de pronto alguien sugiere algún remedio, la ‘medicina’ que receta no sirve para curar sino para agravar aún más los males del enfermo.
Me explico. Hace como tres décadas los ‘expertos’ en temas de población alertaban sobre la sobrepoblación del planeta y sus consecuencias. Y dieron como solución el aborto. Desde entonces comenzó a legalizarse el aborto en varios países. ¿Y que resultó? Que desde aquella ‘solución’ el índice de natalidad fue cayendo, al grado que ya está en riesgo que en un futuro cercano no haya jóvenes que solventen el retiro de los mayores.
De igual manera se ha promovido el acceso al condón para “prevenir” el SIDA y los abortos, y el resultado ha sido todo lo contrario: aumento de contagios y aumentos de abortos. Un dato reciente del “Secretariado de actividades para la vida” (Secretariat for pro life activities) de los Estados Unidos señala que el aumento en el acceso a la contracepción no reduce el aborto.
Lo anterior viene al caso porque desde hace meses los economistas alertan sobre la crisis, el desempleo y la recesión. Los gobiernos promueven en spots televisivos la cultura del ahorro y el buen uso de las tarjetas de crédito. Habrá que apretarse más el cinturón, dicen los que más saben. Y en esto posiblemente tienen la razón. Pero lo malo es que después del anuncio anterior nos informan que en diversos países el número de casinos está por duplicarse.
Hoy existen en operación numerosísimos centros de apuestas salas de sorteos de números, además de los que abrirán en un futuro próximo y que no son pocos.
O sea que por un lado los gobiernos hacen un llamado a cuidar el dinero porque vienen tiempos difíciles, y por otro autoriza la apertura de más casinos para que la gente gaste lo poco que tiene, y además corra el riesgo de caer en esta nueva esclavitud llamada ludopatía.
No olvidemos que la ludopatía es un trastorno del control de los impulsos. Una enfermedad mental crónica y progresiva que puede afectar a los aficionados al juego de apuestas.
Cabe aclarar que no todo el que apuesta es por ello un ludópata, pero puede llegar a serlo.
La revista ¡Tenemos que Hablar! (www.tenemosquehablar.org) en su edición número 12 de esta semana, aborda precisamente el tema de las nuevas esclavitudes. Entre ellas está la ludopatía.
En España, ante el crecimiento de adictos al juego, desde hace tiempo se han creado organizaciones como “ludopatia.org” que ayudan y previenen a la gente a no caer en esta enfermedad.
El problema más frecuente de los jugadores compulsivos, explican, es precisamente llevar al traste su economía. Deudas, sobrecargo en las tarjetas de crédito, empeño de valores familiares y de las familias mismas, son algunos de los conflictos que enfrentan los ludópatas.
Investigaciones en Europa revelan también que más del 60 por ciento de los adictos al juego cometen crímenes para financiar sus apuestas. Y además sufren de estrés, ansiedad, mal humor, fatiga e insomnio.
Otro dato es que el 80% considera seriamente el suicidio y el 15% lo intenta. Y al menos en España el 36% de ellos pierde su empleo.
¿Seremos tan ciegos como para no darnos cuenta del daño económico y psicológico que puede hacer a una sociedad la proliferación de casinos?
Por todo esto y más, no es difícil hacer el diagnóstico de lo que nos ha llevado hasta aquí.
Pero es evidente que el mayor problema que enfrentamos, es, como decía, acertar cuáles son los mejores remedios o tratamientos para curar los males que nos aquejan.
Sería una pena, más aún, un retroceso, no tomar conciencia que la autorización de nuevos casinos además de perjudicar los bolsillos de los más necesitados, o de trastornar a los más vulnerables, no ayuda en nada a salir adelante de los problemas.
Por cierto, al conocer la noticia de la apertura de nuevos casinos no pude evitar recordar la frase que dice: “al pueblo: pan y circo”. Al paso que vamos, no dude usted que pronto se cambie por otra que diga: “al pueblo: pan y casinos”.
Según la antropología del optimismo, el ser humano es constitutivamente bueno. Según la antropología del pesimismo, el ser humano es constitutivamente malo.
Fernando Pascual
Según la antropología del optimismo, el ser humano es constitutivamente bueno. Su configuración interna, sus pulsiones emocionales y afectivas, sus proyectos más genuinos, sus aspiraciones profundas, están orientadas a lo justo, lo bello, lo grande, lo recto.
Según la antropología del pesimismo, el ser humano es constitutivamente malo. Su configuración interna es caótica, descompensada, anómala. Sus tendencias y sus aspiraciones le llevan al egoísmo, al abuso, a la prepotencia, a la injusticia, a la infidelidad, a lo bajo, a lo feo, a lo mezquino.
En la antropología del optimismo, el mal existe (no podemos ir contra la evidencia de los hechos), pero tiene sus orígenes fuera del corazón humano. Ese mal nacería, entonces, desde la cultura, la sociedad, los influjos extraños a la naturaleza sana y buena que todos encierran en sí mismos pero que no siempre pueden manifestar hacia afuera por culpa de fuerzas externas.
En la antropología del pesimismo, donde todo lo humano sería intrínsecamente malo, la bondad sólo podría surgir desde fuera. La educación, la cultura, el estado, debería poner frenos y cárceles para controlar a la “bestia”, para impedir el mucho daño que nace de corazones desencadenados. En otras palabras, sólo la sociedad y la cultura podrían conseguir algo “bueno”, aunque seguramente eso “bueno” estará teñido muchas veces de egoísmo y de miserias, será algo inconstante como inconstante es la estructura psíquica, enferma y frágil, que nos caracterizaría como humanos.
Con las líneas anteriores se llevan al extremo dos posiciones ante el hombre. Seguramente no se dan así, en formas tan radicales. Pero sí han existido y existen variantes más o menos complejas de las mismas, en las distintas reflexiones elaboradas sobre el hombre.
Los estoicos y los epicúreos, en el mundo antiguo, creían en esa bondad interna y radical del ser humano. Luego la explicaban de modos diferentes, pero el deseo de volver al estado “natural” era fuerte en ambas escuelas.
En cierto sentido, autores modernos han vuelto a las posiciones de los griegos, como por ejemplo Rousseau, o algunos estudiosos de antropología que sueñan con encontrar la tribu “pura”, en la que vivan personas sanas y honestas, exentas de cualquier contaminación propia de las culturas deformes, por lo que serían capaces de enseñarnos cuál sea el modo correcto de transcurrir en la tierra el más o menos breve periodo de tiempo que en ella vivimos.
Otros caen en el más fiero pesimismo, y denuncian continuamente la maldad radical que nos caracteriza. Los famosos desmitificadores de lo humano, como Feuerbach, Nietzsche o Freud, han creído haber descubierto las estructuras profundas de egoísmo y de perfidia que se esconden incluso detrás del arte más sublime, de los ritos religiosos más “elevados”, o de los gestos aparentes de altruismo que en realidad sólo serían el resultado de pulsiones internas ahogadas por el peso de la libido, de las hormonas o de complejos mecanismos de un subconsciente magmático y ennegrecido.
Frente a estas teorías, es posible otro modo de concebir al hombre. La tradición griega que surge desde Sócrates, Platón y Aristóteles, ha señalado la riqueza de la espiritualidad humana, capaz de pensar con ideas y principios, abierta a la belleza, a la bondad y a la justicia, sedienta de verdades y aspirante a lo eterno. A la vez, esa misma tradición evidenció la existencia de peligros graves, de dentro o de fuera, cuando las pasiones orientadas al placer inmediato nos ciegan, o cuando el peso de las presiones sociales nos aparta de lo genuinamente humano.
El cristianismo enriqueció esta visión desde la idea de que el hombre fue creado a “imagen y semejanza de Dios”, pero luego quedó marcado por pecado original, una mancha profunda que llevamos dentro y que explica la desarmonía que descubrimos en la propia vida y en la vida de quienes viven cerca o lejos. Según esta visión, en cada ser humano, junto a una riqueza enorme que llamamos espíritu, existe también un lastre profundo que nos lleva hacia el mal y que hace muy difícil vivir según lo bello, lo verdadero, lo bueno.
La antropología no puede quedar atrapada por visiones unilaterales que impiden ver lo grande y lo pequeño, lo magnífico y lo miserable que caracterizan a cada ser humano. San Agustín y Pascal hablaron de ello, como tantos otros autores del pasado y del presente, al reconocer esa misteriosa lucha entre bondad y perfidia, entre la gracia y el pecado.
Cada uno necesita descubrir, en una serena introspección, hacia dónde dirige sus pasos, quién controla los propios pensamientos, qué peso da a las pasiones y tendencias más profundas.
Habrá que erradicar hierbas malas que nos impiden dar frutos buenos. Habrá que acoger siembras magníficas que nos abren al mundo de lo noble, de lo grande, de lo bello. Habrá que preparar el corazón a las mejores voces de la experiencia humana y a la ayuda incomparable que el mismo Dios no deja de ofrecernos desde la plenitud de los tiempos, cuando envió a su Hijo y nos lanzó un grito realista y valiente a la conversión, a la esperanza, al amor auténtico.
Los jóvenes de 14 años en adelante son, hoy en día, uno de los grupos con el más elevado índice de consumo de alcohol.
Jorge Bernabé Lobo
El Informe de la Organización Panamericana de la Salud sobre el alcoholismo de años anteriores, muestra cifras alarmantes. Por ejemplo, el 5% de las muertes en jóvenes es debida al alcohol y a su vez el 4% de la morbilidad mundial se le atribuye al mismo factor. En cuanto a dependencia, alrededor de 140 millones de personas y sus familias conviven con esta enfermedad.
No obstante, el alcohol es la sustancia psicoactiva más utilizada en todos los niveles socioeconómicos, en ambos sexos y en todas las edades.
El abuso creciente del alcohol ha contribuido a agravar diversos problemas sociales y de salud pública ligados a muchos comportamientos generadores de muerte, agresividad y violencia. Se relacionan con el abuso del alcohol la violencia y el maltrato intra familiar. El abuso de alcohol produce diferentes formas de psicosis, comportamientos irresponsables y deterioro general del organismo.
Desafortunadamente muchos países no presentan campañas drásticas contra esta dependencia. Se requieren campañas permanentes y educativas que reflejen realmente los daños físicos, emocionales o mentales producidos por su consumo.
Las industrias alcoholeras fomentan la bebida mediante campañas publicitarias, bajo la responsabilidad exclusiva del individuo, y prometen cambios en la vida de quien lo consume, desinhibición, comunicación, etc. Pero si bien en los medios de comunicación prevalece el factor comercial, en la familia y en el colegio no tiene porque desconocerse este flagelo. Es responsabilidad de padres y colegios acabar con las actitudes permisivas sobre el alcohol en los jóvenes.
El consumo de alcohol se aprende desde la niñez y desde la adolescencia se asocia a estados de desinhibición, comunicación y diversión, hasta tal punto que el hecho de salir, divertirse y tomar alcohol se convierten en sinónimos.
Los jóvenes de 14 años en adelante son, hoy en día, uno de los grupos con el más elevado índice de consumo de alcohol.
El alcohol es una droga
El término droga tiene una connotación específica, para aludir a aquellos fármacos no medicados o sustancias cuyo consumo afecta el sistema nervioso central, sustancias psicoactivas, las cuales unidas a situaciones de alto riesgo, o marginalidad social, producen en el consumidor efectos lesivos para la salud, el comportamiento y la convivencia social. El alcohol es la droga más peligrosa para la salud, la personalidad y la convivencia social.
El uso de drogas comporta ciertos riesgos sobre la salud, la estabilidad emocional, las relaciones plenas con los demás, la autorrealización, el estudio, puede provocar enfrentamientos y problemas graves con la familia, la pareja, los amigos o la justicia
El profundo malestar social conduce a buscar el alcohol como acceso a otras formas de vida que permitan experimentar en la vida diaria lo que ésta no proporciona. Los jóvenes creen que en el consumo del alcohol se encuentra un sendero hacia un mundo mejor, lleno de efímeras sensaciones, o bien es el escalón para llegar a la vida adulta.
Los grandes psicólogos están de acuerdo en que la autenticidad de vida es un elemento clave para la felicidad.
Adolfo Güémez
Los grandes psicólogos están de acuerdo en que la autenticidad de vida es un elemento clave para la felicidad. Esto es claro cuando vemos el esfuerzo que ponemos para vestir como me gusta, para hacer lo que quiero, para estudiar lo que me atrae; y la frustración que sentimos cuando alguien nos impone un modo de ser o de comportarnos.
Realizarse es sinónimo de ser auténtico. De ahí que la autenticidad nos preocupe tanto y sea un compromiso muy serio que no se resuelve con cualquier receta.
El hombre auténtico
Sobre el tema se ha escrito mucho y en diversas maneras. En resumen, podemos decir que el hombre auténtico es aquél en el que la expresión de sus sentimientos, tendencias y pensamientos coincide con su identidad más íntima.
Esto quiere decir que el camino hacia la autenticidad consiste en lograr la unificación y armonía de todos los elementos de la propia personalidad. Pero hay dos maneras de entender esta unificación.
¿Ser uno mismo?
El primer modo es pensar que la autenticidad está en la expresión espontánea de todo lo que sentimos en nuestro interior. Aquí se suele escuchar: «Tus acciones son buenas si las haces porque quieres, sin dejarte llevar por presiones externas». Tomar alcohol hasta hartarse, consumir drogas, tener relaciones sexuales fuera del matrimonio, ¡todo vale si se hace sin presión, simplemente porque se quiere! El elemento unificador es el capricho de los propios gustos.
Detrás de esta opinión se esconde un gran error: el hombre no es un puñado de pasiones, sino un ser espiritual, libre y, por lo tanto, responsable. ¿O no es verdad que por amor a alguien estamos dispuestos a sacrificar nuestros gustos? ¿O que por nuestros valores somos capaces de ignorar nuestros sentimientos en un determinado momento? ¿Acaso los placeres -por más intensos que sean- valen más que nuestro honor?
Mucho más que televisión
La segunda manera parte de la concepción de que la inteligencia y la voluntad son facultades superiores a las pasiones. Nuestros días no son una unión de emociones y placeres, sino una historia en busca de un sentido último. Esta unidad nace precisamente de la capacidad superior de nuestra inteligencia y voluntad. Por ello, en la persona verdaderamente auténtica todas las tendencias y aspiraciones pasan antes por la pregunta: «Esto, ¿me acerca o me aleja de mis valores?»; y no por «¿Me dan ganas de hacer esto?».
La felicidad en la vida real está más allá del mundo fácil que a veces nos pinta la televisión. El ambiente de glamour y nubes algodonadas del puro placer no puede llenarnos. ¡Valemos mucho más que eso! La autenticidad no puede nacer del libertinaje sin frenos, sino del saber actuar nuestra libertad de acuerdo con nuestros valores.
El camino: la unión hace la fuerza
Hace poco vi una antigua moneda que conmemoraba el tratado de paz entre dos países europeos. En una de sus caras estaba grabada una yunta de bueyes. Junto a ella se leía esta inscripción: «Juntos, somos fuertes». En el reverso se dibujaban dos ollas de barro flotando en el mar y a punto de chocar; la leyenda rezaba: «Chocando, nos rompemos».
Asimismo, la unificación de tu personalidad no se hace por contraposición, sino a través de la unión. Por ello requiere la armonía de las tres dimensiones fundamentales de la misma persona humana: voluntad, pensamiento y sentimiento. De esta fusión surge su fuerza, pero también su dificultad.
La primera etapa: el problema del perico
La autenticidad es una carrera que se cursa por etapas. La primera de ellas es la del pensamiento. Ésta consiste en llegar a estar convencidos de lo que se piensa y se dice. Es un momento en el que todavía no se pasa a la acción, pero en el que se busca sinceramente la verdad.
Alcanzar este convencimiento es difícil para una persona moderna, tan acostumbrada a vivir de impresiones. Por ello, para salir victoriosos es necesario dejar de repetir como pericos lo que oímos y vemos; en cambio, se convierte en indispensable el comenzar a pensar por nosotros mismos. «Esto que veo por televisión, ¿es objetivo? ¿Se basa en la realidad o es puro sensacionalismo?».
Se trata, en definitiva, de adquirir un pensamiento autónomo, reconociéndonos a nosotros mismos en lo que pensamos, y no en el chisme de moda o en la filosofía barata de muchos medios de comunicación.
La segunda etapa: tirando de la cuerda
En este momento entra en juego la autenticidad de la voluntad. Se trata de bajar el convencimiento de la mente al querer de la voluntad; de atar una cuerda a nuestras decisiones, de modo que, pase lo que pase, nuestro comportamiento siempre se dirija hacia arriba. Podrá haber vaivenes, pero estaremos bien agarrados si nuestras metas son altas y afianzadas con solidez.
Cuando la voluntad es auténtica, somos capaces de perseverar en la lucha por un ideal valioso y superior. Sólo así se logran superar las dificultades, pues se es capaz de echar mano de todos los resortes y recursos a nuestra disposición.
Tercera y última etapa: autenticidad de sentimientos
En esta etapa, la inclinación se hace más pronunciada precisamente porque la cima está más cerca.
En la persona humana existen diversos tipos y matices de sentimientos. Simplificando podemos clasificarlos en tres categorías. Están los corporales: hambre, sed, cansancio; los de índole psíquica, como la tristeza que oprime, la alegría que exalta, el amor que enternece; y finalmente, los espirituales: aquellos que corresponden a una identificación afectiva con los propios valores: gratitud, amistad, sinceridad, caridad...
Es imposible afirmar que el hambre vale más que el amor, pero tampoco se puede dejar de comer simplemente porque se está enamorado. A todos, pues, resulta evidente que dentro de ellos debe existir una jerarquía, unida a una sana compatibilidad.
Otorgar el primer lugar a los sentimientos corporales sería trasladar la personalidad a la piel o al estómago. En cuanto que son puramente físicos, toda nuestra vida consistiría en desahogos pasionales. De este modo no sería posible ninguna expresión de amor, amistad o cariño desinteresados.
Los sentimientos síquicos, por su parte, nacen cuando somos conscientes de algo que nos causa alegría, amor, etc. Por sí mismos carecen de sentido si no se sitúan dentro de los espirituales, que constituyen precisamente la razón de toda amistad y amor verdaderos. Por ello, estos últimos deben ocupar siempre el puesto de excelencia.
Pero esta superioridad del sentimiento espiritual no debe convertirse en látigo de los otros afectos. Todos deben convivir entre ellos; pero serán buenos y nobles cuando se den dentro del orden. Así pues, la expresión de cualquier sentimiento es auténtica sólo cuando éste es compatible con los valores de la propia vida.
El banderazo de salida
Unificar la propia personalidad es la tarea más urgente de cada uno de nosotros. Los ríos, mientras más crecen, son más difíciles de canalizar. Construir un canal conlleva siempre un esfuerzo y una violencia. Pero si no se hace, el agua de la vida terminaría escurriéndose por la arena. Por ello, lucha por unificar tus pensamientos, quereres y sentimientos bajo la guía de una vida armónica y coherente. Es una tarea dura, pero de grande provecho.
Tim predica en cárceles, visita hospitales y además juega fútbol americano. En cinco días cumplirá 22 años. No es alguien cualquiera. Es Tim Tebow.
Jorge Ranninger
No sé cuál de las dos historias es más impresionante. Las dos están unidas íntimamente, con lazos inseparables, y al mismo tiempo forman una sola cosa: la valentía de amar.
El 14 de agosto de 1987 llegó a este mundo un bebé. Algunos, antes de que naciera, quisieron impedirlo.
Pamela y Bob hace casi 22 años se encontraban trabajando en Filipinas. Por medio de un alimento contaminado Pam contrajo una infección de intestino y cayó en coma. Los médicos le aplicaron fuertes antibióticos antes de descubrir que estaba embarazada.
Para supuestamente cuidar la vida de Pam los médicos le sugirieron abortar. Era previsible que los medicamentos hubieran provocado un daño irreversible al bebé, con las lógicas consecuencias.
Pam y Bob, unidos y con mucha valentía y amor, tomaron la decisión. Oraron a Dios y le dijeron: “Si nos quieres dar un hijo, le llamaremos Timoteo y será un predicador.” El 14 de agosto de 1987 Tim vio la luz de este mundo brillar. Dentro de sus genes “heredó” la valentía y el amor de la decisión que le permitió llegar aquí.
9 de agosto de 2009: Tim predica en cárceles, visita hospitales y además juega fútbol americano. En cinco días cumplirá 22 años. No es alguien cualquiera. Es Tim Tebow.
Su carrera deportiva en el fútbol americano ha sido meteórica. Actualmente es mariscal de campo de los Florida Gators y recibió recientemente el trofeo Heisman, el más alto galardón que un jugador universitario puede recibir. Hoy en día es el jugador con mayor proyección en la NCAA (la liga universitaria).
Hace poco más de una semana, Tim Tebow conmocionaba los medios de comunicación en Estados Unidos con sus declaraciones. Decenas de reporteros se quedaron sin palabras cuando escucharon las valientes palabras de Tim donde expresaba su decisión de llegar casto al matrimonio. “¿Te estás “guardando” para el matrimonio?”. “Así es”. El próximo reportero no supo qué mas preguntar.
Tebow empezó a reír y dijo: "Creo que ustedes se han sorprendido. No pueden siquiera hacer otra pregunta. Yo estaba listo para esa pregunta. Creo que ustedes no lo estaban".
Este es Tim: ese bebé que tuvo la oportunidad de ver brillar el sol de este mundo, gracias a la valentía y el amor de sus padres.
Es urgente denunciar y advertir a las mujeres que la píldora RU-486, una píldora abortiva “casera” que se usa en las primeras semanas de embarazo, puede provocar graves daños e incluso la muerte de la madre.
Fernando Pascual
Es urgente denunciar y advertir a las mujeres que la píldora RU-486, una píldora abortiva “casera” que se usa en las primeras semanas de embarazo, puede provocar graves daños e incluso la muerte de la madre.
Es urgente dar un claro aviso sobre estos peligros. Pero hacerlo es no sólo insuficiente sino, por desgracia, engañoso. Porque incluso si esa píldora fuera “perfeccionada” y no implicase peligros graves para la salud de la madre, no por ello dejaría de ser un producto orientado a una de las mayores injusticias: el asesinato del hijo en el seno materno.
Necesitamos denunciar con fuerza el uso de productos farmacéuticos que son altamente peligrosos para las madres y para sus hijos. Nunca será justa una sociedad que admite que las madres puedan terminar con la vida de sus hijos. Nunca será sana una sociedad que se preocupa sólo de los daños de tales productos en las madres (daños que algunos consideran “leves” o que se producen en porcentajes bajos) mientras olvida y casi margina el terrible hecho de que tales productos van directamente contra la vida de los hijos.
El mundo vive una esquizofrenia absurda al preocuparse sólo por unos seres humanos, los adultos que tienen ya plena tutela jurídica, y al dejar de lado, olvidar o incluso aceptar la muerte provocada de otros seres humanos, embriones pequeños pero no por ello menos dignos de respeto, de amor, de justicia.
La píldora RU-486, como cualquier otro método abortivo farmacológico o quirúrgico, debe ser señalada y erradicada como uno de los peores males sociales. Lo cual implica promover un mundo abierto a la vida, disponible a ofrecer ayudas a cualquier mujer durante los meses de embarazo y de los primeros años de vida del hijo.
Vale la pena recordarlo: los abortos farmacológicos o químicos, como cualquier otro tipo de aborto, son una injusta realidad que surge cuando la maternidad es vista como un obstáculo a los propios planes personales. En realidad, no existe mayor belleza en el caminar humano que la de quienes se abren generosamente a los demás, especialmente cuando esos “demás” son los más cercanos, los más indefensos, los más pobres: los propios hijos.
La inspiradora de "Planned Parenthood", Margaret Sanger, “no tuvo reparos en hablar en nada menos que 12 encuentros del Ku Klux Klan”, actuaba bajo el lema de “más hijos para los que tienen aptitud, menos para los que no”, y “dejaba claro que los no aptos eran los negros y los blancos pobres”.
Diego Contreras | laiglesiaenlaprensa.com
La sobrina de Marter Luther King escribe un artículo en The Washington Times, del que se hace eco Aceprensa, en el que recuerda que la organización "Planned Parenthood" aceptó varios donativos con la condición expresa de promover el aborto entre la población negra de Estados Unidos. La grabación de las llamadas telefónicas en las que aceptan el dinero es escalofriante.
Yo pensaba que ese episodio de racismo de la conocida organización promotora del aborto era un hecho aislado, pero el artículo de Alveda C. King subraya que la historia es antigua: en realidad, la misma inspiradora de "Planned Parenthood", Margaret Sanger, “no tuvo reparos en hablar en nada menos que 12 encuentros del Ku Klux Klan”, actuaba bajo el lema de “más hijos para los que tienen aptitud, menos para los que no”, y “dejaba claro que los no aptos eran los negros y los blancos pobres”.
Alveda C. King denuncia que la población negra de Estados Unidos representa el 13 por ciento del total de habitantes, pero tiene un 37 por ciento de abortos, como demuestran las mismas estadísticas de la “industria del aborto”. La autora hace una confesión que da una fuerza especial a su denuncia: ella misma abortó dos veces -un médico la convenció de que no era más que una “masa informe de tejidos”-, pero añade que se arrepintió y encontró consuelo en Dios.”Hoy, trabajo en el movimiento civil de nuestro siglo –el derecho a la vida de todos de todas las razas”.
¿Existen verdades alcanzables por los hombres y mujeres de nuestro planeta por lo que se refiere a la religión? ¿Es posible establecer cuál es la religión verdadera, o al menos cuál sea la “más” verdadera, o la “menos” falsa? ¿Pueden los poderes públicos tomar alguna posición concreta en estos temas?
Fernando Pascual
Al constatar la existencia de tantas religiones, al percibir cómo se dan creencias tan distintas entre los seres humanos, surgen diversas preguntas.
Una de ellas se refiere a la verdad. ¿Existen verdades alcanzables por los hombres y mujeres de nuestro planeta por lo que se refiere a la religión? ¿Es posible establecer cuál es la religión verdadera, o al menos cuál sea la “más” verdadera, o la “menos” falsa? ¿Pueden los poderes públicos tomar alguna posición concreta en estos temas?
Es obvio que la respuesta no resulta fácil. Si lo fuera, el pluralismo religioso se reduciría drásticamente. Pero la dificultad real no implica que sea imposible encontrar una respuesta. Simplemente muestra que estamos ante un argumento difícil, sumamente complejo. Especialmente porque el tema religioso involucra a cada persona en lo más profundo de sus convicciones y de sus comportamientos.
La existencia de tantas dificultades nos permite vislumbrar por qué se dan actitudes mentales muy diferentes ante la religión. Algunos optan por la cerrazón, la hostilidad, la apatía; otros, en cambio, muestran un gran entusiasmo, pasión, deseo de comunicar verdades sobre Dios a todos los hombres. Porque ningún ser humano se siente indiferente cuando, frente a una realidad que supera los límites de la materia, del tiempo y del espacio, reconoce que su razón se pregunta sobre “algo” que no puede ser ni envuelto por los sentidos ni plenamente agotado por nuestra comprensión racional.
Precisamente estas dificultades nos llevan a reconocer que el pluralismo religioso no puede ser simplemente valorado como una riqueza, sino como una señal de las dificultades de este tema. Nos gustaría, en ese sentido, alcanzar una convergencia mayor respecto a la Realidad Suprema; no sólo para evitar conflictos que muchas veces han enfrentado a los miembros de distintas religiones, sino como señal de un acercamiento cada vez más universal de las mentes y de los corazones hacia aquel Dios que sea el objeto último de la comprensión y del amor humano.
Frente al pluralismo religioso las autoridades públicas, y todos los miembros de la sociedad, están llamadas a una actitud de respeto. No es correcta la decisión de un grupo de poder que decida imponer sus propias ideas o sus planteamientos sobre los valores más profundos de la vida a todos los miembros de la sociedad. Porque nadie puede ser forzado a considerar como verdadero lo que le parece falso, ni a someterse a leyes que vayan contra sus convicciones más profundas en el campo religioso (o en aquellos otros ámbitos en los que la conciencia merece siempre el máximo respeto).
La historia del mundo occidental ha mostrado, a veces a través de experiencias dramáticas, cuánto daño, cuánta injusticia es cometida cuando una autoridad se siente legitimada a imponer convicciones de un grupo religioso sobre quienes tienen convicciones distintas. Como también el daño producido sobre millones de seres humanos por parte de ideologías que han rechazado las religiones por considerarlas, erróneamente, como fuente de degrado humano y moral; ideologías que se han autodeclarado “liberadoras” de una humanidad abstracta, mientras luego oprimían, marginaban o incluso asesinaban a millones de personas concretas que acogían y defendían sus propias convicciones religiosas.
Desde las experiencias del pasado necesitamos tomar conciencia de la dignidad que todo ser humano posee, sea de la religión que sea. Sólo así podremos convivir personas de religiones e ideas distintas. Pero ello no debe ser obstáculo para conseguir, desde un deseo profundo de avanzar hacia lo verdadero, mejores formulaciones y razonamientos más profundos que nos permitan acercarnos entre nosotros respecto a un tema de máxima importancia: Dios.
El hombre contemporáneo, como el hombre de cada época histórica, sigue en camino hacia la verdad. Para los cristianos, tal verdad se hizo presente en nuestra tierra, hace 2000 años, en la forma sencilla y humilde de Jesús, el Nazareno. Saber mostrar su rostro, transmitir algo del misterio de Cristo a nuestros contemporáneos, es sólo el resultado de una convicción profunda que nace del encuentro: “nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene, y hemos creído en él” (1Jn 4,16).
El Museo Nacional del Prado le dedica a Joaquín Sorolla, el pintor de la luz, la mejor retrospectiva que nunca había tenido el artista valenciano.
Miguel Aranguren | www.miguelaranguren.com
El Museo Nacional del Prado le dedica a Joaquín Sorolla, el pintor de la luz, la mejor retrospectiva que nunca había tenido el artista valenciano. Así lo atestiguan las riadas de visitantes, que terminan el recorrido con tres ideas claras: la primera, que Sorolla fue un genio, superdotado para el dibujo rápido y para la resolución del color; la segunda, que Sorolla vivió por y para los suyos, especialmente para sus tres hijos; la tercera, que Sorolla fue protagonista de una intensísima historia de amor con su esposa, hasta el final de sus días.
Las personas tocadas por un don clarividente suelen verse rodeadas por la lisonja y el compadreo, hasta que la adulación les hace perder la noción del auténtico valor de las cosas, lo que en muchas ocasiones les lleva a repudiar a aquellos que de verdad les quieren a cambio de la oportunidad que ofrecen los pelotas. Por este motivo, casi todos los genios terminan por hacer la vida insoportable a los suyos, hundiendo a los hijos en un sumidero de complejos y sentimientos de culpa, y abandonando a sus maridos o esposas por un juego de picaflor, de amante en amante.
Por lo que la exposición muestra y por la propia biografía de don Joaquín, Sorolla desarrolló su genio de otra manera. Convirtió a Clotilde en su musa, en su referente, en su compañera para todos y cada uno de sus viajes (y mira que fue un pintor viajero…), en su modelo (incluso en el modelo anónimo de sus desnudos), en su confidente, en su administradora… Hizo de su vida junto a Clotilde el argumento de su desarrollo artístico. “Clotilde de negro”, “Madre”, “Clotilde en los jardines de La Granja”, “Clotilde en las rocas de Jávea”… Clotilde, Clotilde, Clotilde… Y para Clotilde todos y cada uno de sus autorretratos, dedicados con un seductor “A mi Clotilde de su Joaquín”, que podrían dar pie a una preciosa novela de amor.
çSin pretenderlo, el Museo de El Prado se ha convertido en una escuela de familia. El maestro es un hombre que ama a su mujer y se lo dice con el trazo de sus pinceles y con los temas que selecciona para sus lienzos. Y el visitante es capaz de imaginárselos, tomados de la mano, con una complicidad que no deteriora el paso del tiempo ni el hielo de la muerte…
La crisis económica es un problema de moral, de valores y de principios.
Alejo Fernández Pérez
Sorprende una crisis económica de una extensión, alcance, profundidad y gravedad como la que estamos padeciendo. Cierto que numerosas voces estaban alertando sobre la tormenta, sin que la mayoría quisiera enterarse.
Estos fenómenos se gestan poco a poco, como la carcoma que hace que una casa de madera se derrumbe en un instante, tras años de silenciosa destrucción.
Ningún negocio prospera mucho tiempo en manos de tramposos, ladrones, embusteros o inmorales. Si el director de la mejor empresa se emborracha con frecuencia, maneja el dinero sin control, falta a su palabra o actúa despóticamente, esa empresa quebrará inevitablemente. Cuando se pierde la seriedad y con ella la fe y la confianza en las personas de gobierno, la crisis aparece como fruta madura.
Un billete de 500 euros no vale más que lo que valga la confianza de la autoridad que garantiza su valor. ¿Qué pasa cuando no confiamos en la honradez de los gobernantes? Pues que tampoco confiamos en el valor irreal de los billetitos. Todo el tinglado económico se viene abajo. Las estructuras, las ideologías, los partidos políticos, las democracias en el papel lo aguantan todo; pero en verdad, no valen más que lo que valgan los hombres y mujeres que los dirijan.
Los valores que nos hacían confiar en nuestros gobernantes se han volatilizado: la honradez, la integridad, el trabajo, la sinceridad, la capacidad para gobernar, la disciplina, han sido sustituidas por la ineptitud, el putiferio nacional, la demagogia y la mentira a todas horas.
El relativismo moral, “el todo vale” impera y se ha extendido al resto de la sociedad con resultados catastróficos. Todo se justifica: el trinque, la malversación, la demagogia, la muerte de los bebés inocentes… Nunca pudo caer la democracia más bajo.
La crisis económica es un problema de moral, de valores y de principios. Es tarea de educación, de la familia y de religión, no de políticos “métome en todo”. Como en los negocios familiares, en política hay que dar tanta o más importancia a la calidad humana de los funcionarios y políticos como a su formación técnica. Hasta que se impongan los valores de siempre no saldremos de estas crisis. Mientras tanto, puede que tengamos que ir al mercado con una cabra para cambiar su leche por pescado.
Desde Lutero, no ha sido ya necesario recurrir a ángeles del cielo para crear nuevas religiones. La libre interpretación ha sido la puerta para la "múltiple" interpretación.
Federico Rodríguez de Rivera
El progresismo es un fenómeno que se ha dado siempre en la historia de la humanidad. De vez en cuando nace alguien que se siente iluminado y que piensa que el mundo, hasta su venida a la tierra, ha corrido una carrera equivocada. Su inteligencia es "única" y él es el mesías.
Normalmente ese progresismo tenía una orientación religiosa porque, más o menos, ese EGO superlativo aspiraba a la eternidad. Y así han ido surgiendo personajes "inventores" de religiones, algunos iluminados como Mahoma, otros simplemente siendo ellos la propia luz como Lutero.
Pero, desde Lutero, no ha sido ya necesario recurrir a ángeles del cielo para crear nuevas religiones. La libre interpretación ha sido la puerta para la "múltiple" interpretación. El mundo posterior de "según el Rey, así la religión" debería ser en puridad: "según el individuo, así su propia y subjetiva religión". Pero ese individualismo radical no ha funcionado y siempre el "fuerte" ha impuesto a los demás su visión particular.
Ese EGO exaltado ha derivado de "descubridor de la realidad" al "intérprete" para acabar en el "creador de la realidad" y así afirma el nuevo profeta cualquier cosa que se le ocurra bajo el lema "la libertad os hará verdaderos"; lo que queráis, eso es el bien, eso es la verdad.
Pero tampoco ha funcionado y ha vuelto a ser el "más fuerte", el "partido progresista" de cada nación, el que ha impuesto "su libertad" y "su verdad" que siempre tiene tres dogmas comunes: no hay Dios, no hay familia, no hay conciencia.
Y es que el comenzar de cero implica que el "acto creador" lo hace el individuo humano y le sobra la noción de criatura y la virtud de la humildad.
Comenzar de cero implica también eliminar el pequeño núcleo creador de la vida humana que es la familia. En ella hay orden en las pasiones, hay un fin colectivo, hay una llamada al sacrificio y a la generosidad y son limitaciones para el libre sexo, y el vivir sin ataduras.
Comenzar de cero necesita eliminar todo tabú, toda limitación interior a mi libertad absoluta. La conciencia, la noción de mal, el pecado y cualquier sistema en el que mis acciones estén limitadas por otro que no sea yo sobra.
Así, con esos ojos se contempla la religión, y en especial la religión de los católicos. Y se siente una gran irritación.
La sociedad hoy está controlada por el progresismo. Ha negado todos sus cimientos pero intenta construir un nuevo credo común de la "libertad infinita", del "placer libre" y del bienestar y de la salud como valor para el máximo disfrute.
La libre interpretación ha deshecho las religiones cristianas, todas prácticamente menos al catolicismo. En lo católico hay una roca inexpugnable que cuando alguien desmorona intelectualmente se encuentra, de pronto, con que se ha desmoronado a sí mismo como católico pero que lo católico sigue ahí, pero en otro sitio.
El progresismo tiene mucho respeto a la fuerza del Islam, sobre todo por su capacidad de justificar la violencia.
El progresismo ha encontrado en el panteísmo oriental un dios difuso que puede asumir dentro de la moral de "los buenos sentimientos".
Por eso el modernismo progresista piensa que para controlar occidente sólo le falta una única batalla: "acabar con lo católico".
Y es que los católicos seguimos sosteniendo los viejos cimientos de la humanidad: Dios, la familia y la conciencia.
Y, mientras haya católicos nuestros ojos podrán ver los frutos de esa creencia. Su paz, su capacidad de entrega, su capacidad de amar, de solucionar intelectualmente los problemas humanos, de ofrecer trabajo, dinero y vida en el servicio real de "cada ser humano" y será el contraste del "desastre" que el amor a la "Nueva Humanidad" ha ido dejando el progresismo como estela.
La sonrisa de Richard es contagiosa. Su alegría, desbordante. Su felicidad, palpable. Y es que no se queda en la cáscara amarga del hoy, sino que disfruta del jugo apasionante de una esperanza que rebasa todo confín humano.
Adolfo Güémez
Richard es misionero. Su actividad ha sido siempre incansable. Ha trabajado en varios países de Asia, Europa y América. En todo lugar se ha esforzado por ser aquello que debe ser: un testigo del Amor.
Sin embargo, todo esto tiene un precio a veces alto. Las renuncias, de hecho, no han sido pocas. Escasas horas de sueño, comidas a destiempo, atención incondicional a las personas que lo solicitan, carecer de un solo minuto para pensar en sí, no disponer del dinero a su antojo, de las comodidades materiales…
Sería imposible hacer un elenco completo de todos sus sacrificios. Sin embargo, cuando le pregunté qué es lo que más le costaba, me respondió a bocajarro: «Pasar tanto tiempo sin ver a mi mamá».
Además, es a su madre a la primera que le duele esta separación. Sin embargo, fue ella misma quien le ayudó a colocar la ausencia en su verdadera dimensión.
Un día, hablando por teléfono, ella le hizo una extraña confesión: «Ya comprendo un poco más porqué Dios permite que no nos veamos todo lo que quisiéramos. Y es que el hecho de que tú no estés conmigo, me ayuda a pensar en el cielo».
Richard se quedó atónito. Habitualmente él es quien la motiva; ahora estaba ella motivándole a él: «Allá, cuando estemos juntos para siempre, no necesitaremos de nada. No habrá distancias ni barreras. Seremos felices eternamente. ¡Todo lo que me cuesta estar lejos de ti, no es nada comparado con lo que Dios nos tiene reservado en el cielo!»
Y prosiguió: «Cada vez que te recuerdo, te imagino trabajando por los demás, entregándote con pasión. Y no puedo no pensar en que un día, tú y yo, estaremos gozando de la presencia de Dios, rodeados también de todas aquellas personas que ahora ayudas».
Este hombre suele mantener sus emociones bien dominadas, pero en esa ocasión no pudo más, y las lágrimas comenzaron a correr por su cara. Era verdad. Dios les tenía preparado un lugar muy especial en la vida futura.
Por ello, la sonrisa de Richard es contagiosa. Su alegría, desbordante. Su felicidad, palpable. Y es que no se queda en la cáscara amarga del hoy, sino que disfruta del jugo apasionante de una esperanza que rebasa todo confín humano.
La existencia es grande y hermosa sólo en la medida en que encuentra su verdadero sentido. La vida vale la pena ser vivida cuando sabemos que no termina aquí, cuando cada minuto se vive como un ladrillo que construye nuestro futuro eterno.
Tenía tiempo para pensar. Tenía tiempo porque no tenía reloj.
Jorge Bernabé Lobo
Al tiempo se lo mide naturalmente por los veranos e inviernos, por la luna, por los días. A los caldeos se les dio por inventar períodos menores y crearon las horas, doce para el día y doce para la noche, que sólo se miden con instrumentos artificiosos, como la clepsidra.
La clepsidra media el uniforme pasó del agua (o de aceites, o de mercurio) a través de un orificio. Se las hizo indicando el ascenso o el descenso, y también se inventó que un flotador por medio de palancas accionara una aguja que marcaba la hora sobre un cuadrante. Este adelanto unos lo atribuyen a Aristóteles, otros a Arquímedes, y con los siglos fueron perfeccionándose los relojes de clepsidras. Los de arena eran más simple, pero menos precisos.
Harún Al-Rachid le obsequió a Carlomagno un reloj de latón movido por una clepsidra, muestra del gran adelanto técnico de su pueblo. Pero poco después se introducirían innovaciones que hacen innecesaria la clepsidra.
El monje Gerberto, que al elegirlo Papa tomará el nombre de Silvestre II, inventa usar un peso como motor y un escape que se mueve al compás de las oscilaciones de una barra. El isocronismo de la oscilación asegura la exactitud; se lo regula con pesas.
Ya está lo fundamental del reloj. Se le añaden detalles, indicadores del día, el mes, la semana, la fase de la luna, el signo del zodíaco, y se ve la posibilidad de reemplazar la fuerza del peso por la de un resorte elástico. Esto permite hacer relojes en cajas, a las que se les da formas de fantasía, artísticas o de ricos materiales. Eso sí, los relojes tenían una sola aguja pues la mecánica no permitía grandes precisiones, y ¿no sería excesiva pretensión marcar los minutos?
Siguen siglos de meticulosas mejoras, perfeccionando las aleaciones metálicas y las herramientas para trabajarlas. Hasta que Pedro Henleín presenta, el 22 de noviembre de 1500, lo novedoso: ¡un reloj de bolsillo! Siempre, por supuesto, con una sola aguja y no demasiada precisión. Eran ovoides y se les llamó “huevos de Núremberg”, por la patria de su inventor.
La exactitud que les faltaba se conseguirá después, ya que en 1595 Galilea advierte el isocronismo del péndulo y en 1650 Cristian Huygens lo aplica a un reloj bastante preciso pero con un inconveniente; el péndulo debe estar en lugar fijo y no funciona con el movimiento del mar. A un cronómetro, capaz de esa exactitud a pesar de los movimientos, lo construirá Hárrison recién en 1761.
Aunque tarde siglos en popularizarle, se inicia aquel 22 de noviembre la posibilidad de andar con el reloj a cuestas, llevándolo encima al tirano que cada uno pretende que gobierne la vida de los prójimos que nos rodean.
Uno que tuvo la dicha de no cargar jamás un reloj fue Martín Fierro. Cuando el Moreno lo desafía a explicar "cuándo formó Dios el tiempo / y por qué lo dividió" le contesta: "Moreno, voy a decir, / según mi saber alcanza / el tiempo sólo es tardanza / de lo que está por venir / No tuvo nunca principio / ni jamás acabará / porque el tiempo es una rueda / y rueda es eternidad / Y si el hombre lo divide / sólo lo hace, en mi sentir, / por saber lo que ha vivida / o le resta por vivir"…
Claro, tenía tiempo para pensar. Tenía tiempo porque no tenía reloj.
Si alguien afirmase que hay algunos hombres que son personas y otros que no lo son, las consecuencias podrían ser trágicas. Seríamos capaces de repetir páginas de la historia tan tristes como el Holocausto de los judíos, el genocidio de los armenios, la esclavización de los negros, la opresión de la mujer…
Fernando Pascual
Imaginemos que un profesor ha puesto la siguiente pregunta en un examen: ¿creen ustedes que todos los seres humanos son personas? Entre las respuestas, quizá podríamos encontrar algunas como estas: “Sólo son personas los blancos”. “Sólo son personas los negros”. “También son personas los orangutanes”. “No son personas los fetos”. “Son personas sólo los que acaban de nacer”. “Dejan de ser personas los que no pueden entender ni razonar de un modo normal”. “No sé qué significa ser persona”. “Los varones no son personas”. “Los chicos no son personas”. Y las posibilidades se podrían alargar hasta el infinito.
Desde luego, si alguien nos dijese que ser persona es el resultado de creencias subjetivas, pues no todos pensamos lo mismo. Si además afirmase que hay algunos hombres que son personas y otros que no lo son, las consecuencias podrían ser trágicas. Seríamos capaces de repetir páginas de la historia tan tristes como el Holocausto de los judíos, el genocidio de los armenios, la esclavización de los negros, la opresión de la mujer, el sacrificio de los prisioneros de guerra a los dioses, el infanticidio como sistema para eliminar los defectos en los recién nacidos, y el uso del aborto como “método” para evitar que nazcan seres humanos no deseados.
Es cierto que algunos se dedican a discutir por discutir, y son capaces de afirmar que no es posible saber lo que significa la palabra “persona”. Pero no podemos quedarnos en la pura discusión, pues al político, al parlamentario, al médico y al ciudadano normal nos interesa establecer con la mayor precisión posible quiénes son personas y quiénes no lo son. Tal vez podríamos concordar en algunos parámetros objetivos para llegar a un acuerdo. Incluso, para empezar, podemos dejar de lado por un momento el uso de la palabra “persona” y fijarnos solamente en lo que significa el pertenecer a la especie humana.
El primer parámetro fundamenta todo lo demás: todo individuo de la especie humana debe ser respetado en sus derechos, por el simple hecho de que es individuo de la especie humana, sin mayores especificaciones. No podemos fijarnos en su tamaño (si mide un metro, dos metros o 3 centímetros), ni en su coeficiente intelectual, ni en su sexo, ni en la situación económica de su familia, ni en la claridad u oscuridad de su piel, ni si entra en una mezquita o en una iglesia o en una asociación de ateos. Basta con que sea hombre para que podamos defenderlo en su dignidad. Por desgracia, no todos llegan a esta convicción básica sobre la que puede construirse un derecho mínimamente justo, pues las discriminaciones y los juicios sumarios sobre grupos distintos del propio es algo tan viejo y tan actual como los moratones en las cabezas de los niños.
El segundo parámetro debería ser la consecuencia lógica del primero: si ser individuo de la especie humana es la fuente del respeto y del valor de cada uno, entonces cualquier discriminación que vaya contra ese respeto es una injusticia. Es claro, lo repetimos, que existen las diferencias. No habla igual un chileno que un japonés, ni tienen el mismo color de ojos un niño ruso y un niño africano. Son distintos los pasteles en Alaska y en Filipinas, y la camiseta que usa un futbolista no sirve para vestir a Susanita que acaba de cumplir tres años.
Soñar con que todos seamos iguales es algo absurdo, porque existen millones de diferencias entre unos y otros. Pero las diferencias que nos separan no quitan la unidad profunda: el embrión y el anciano, el canadiense y el sudanés, el rico y el pobre, un famoso actor de cine y el hombre que vive en cavernas del Suroeste de África, son igualmente dignos, igualmente valiosos, igualmente personas, y nadie puede cometer ninguna injusticia contra otro ser humano, aunque uno sea un rico encorsetado y el otro un pobre más lleno de parches que de bolsillos.
Por lo tanto, y ese es el tercer parámetro, una sociedad verdaderamente justa será aquella que sepa respetar a cada ser humano en sus derechos más elementales. El primero de esos derechos, el que permite defender los demás, es el derecho a la vida. Como toda vida empieza antes del nacimiento (porque sería un milagro que sólo empezase cuando vimos la luz al terminar el embarazo), el aborto es un acto injusto, es un crimen.
No todos acepten esta verdad evidente (también es evidente que los “indígenas” son seres humanos, y no han faltado “hombres de cultura” que han dudado de esta evidencia...), pero no por ello deja de ser válida. Dos más dos serán cuatro aunque alguno siga diciendo que son tres, sobre todo a la hora de presentar sus cuentas al estado.
Como toda vida necesita un poco de comida y de protección (casa, vestidos, cariño), es injusto cualquier sistema económico que impida a algunos lo necesario para vivir mientras otros dejan pudrirse toneladas de alimentos “sobrantes”. Como toda vida humana está llamada a crecer y a desarrollarse de modo racional y responsable, habrá que eliminar cualquier forma de imposición o de amenaza que impida el acceso a la educación y al uso correcto y ordenado de la libertad, en el respeto que siempre merecen los demás.
Podríamos seguir con toda una lista de derechos y de deberes que nacen del punto de partida: todos los hombres somos concebidos con una misma dignidad, y nadie, amparado en ninguna ideología o visión totalitaria o eugenismo discriminatorio, podrá eliminar esa dignidad, aunque lo pretenda de palabra o con comportamientos o leyes llenas de injusticia y de maldad.
A la pregunta inicial respondemos con seguridad: creemos que todos los seres humanos somos personas. Esperamos, además, que este milenio, que ha iniciado con la marca de injusticias y violencias (guerras, atentados terroristas, hospitales que practican el aborto, economías que privilegian sólo a los ricos, rencores hacia quienes son de otra raza o de otra cultura) pueda cambiar de ruta para empezar a vivir aquello que se firmó en las Naciones Unidas un 10 de diciembre de 1948: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos...” (art.1).
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