Del darwinismo cultural, algunas de sus tesis más impactantes
Carlos Corral | cortesía de Análisis Digital
Del darwinismo puramente científico se han venido resaltando sus aportaciones científicas. Pero del darwinismo cultural, ¿se han puesto igualmente de relieve tesis suyas enormemente graves? Esto es precisamente lo que hace el catedrático Julio A. Gonzalo González, cuya exposición sintetizamos.
Para Darwin, en su libro La ascendencia del hombre (publicado en 1871), no había “diferencias fundamentales entre el hombre y los mamíferos superiores en facultades fundamentales”, tales como el pensamiento abstracto, la conciencia de sí mismo. Estas están basadas en instintos sociales enraizados en la biología. La humanidad, según él, no tiene una forma superior de relación sexual, y la familia no tiene, por tanto, un carácter sagrado.
Familiares inmediatos de Darwin estuvieron directamente involucrados, desde el principio, en el movimiento eugenésico. Así sus hijos George y Leonard (quien sirvió de presidente de la “Eugenics Education Society”) y su primo Francis Galton (fundador de la Cruzada Eugenesia).
Darwin comentó en tono aprobatorio cómo “los débiles en cuerpo y alma son pronto eliminados entre los salvajes”; y desaprobó que los hombres civilizados se dedicaran a que “los miembros débiles de las sociedades civilizadas propaguen a los de su clase”.
Comparando al hombre con el ganado, Darwin añade “nadie que haya presenciado el nacimiento de animales domésticos pondrá en duda que ello (la construcción de asilos) resultara en gran detrimento de la raza humana”. Más aún, Darwin sigue quejándose de que “los inadaptados, los degradados y los miembros viciosos de la sociedad tienden a reproducirse a un ritmo superior al de los miembros más providentes y generalmente virtuosos”.
No cabe duda de que los promotores del movimiento eugenésico sacaron su inspiración directamente de la biología de Darwin, en particular, en los EE.UU., donde los líderes de dicho movimiento desde comienzos del s. XX fueron biólogos y médicos afiliados a universidades como Harvard, Princeton Colombia, Stanford… La teoría de Darwin fue profusamente usada en textos escolares durante las décadas de 1929 y 1930. Darwin sostiene que el punto de ruptura entre el mono y hombre en la evolución se produce precisamente “entre el negro o el aborigen australiano y el gorila”.
Marx y Engels tomaron las teorías darwinianas como “la base en las ciencias naturales para justificar la lucha de clases histórica”. Sobre la base de principios biológicos es como actuaron los nazis, cuando en los años 30 impusieron la esterilización forzosa. Hitler, en concreto, llegó a declarar entonces que él había estudiado las leyes de esterilización de varios Estados americanos, aprobadas allí para librarse de individuos cuya capacidad de reproducirse resultaba indeseable para la raza.
Después de que la eugenesia resultara desacreditada por el uso que de ella hicieron los nazis, líderes del moviendo eugenésico se dedicaron a promover indiscriminadamente la anticoncepción y el aborto como métodos para el control de la población. En 2004, Alexander Sanger llegó a hacer una defensa darwinista del aborto: “el aborto es bueno, debemos sentirnos orgullosos por haber tomado control de nuestra reproducción. Ello ha sido un gran avance para la evolución humana y para la supervivencia”.
Como concluye Julio A. Gonzalo González, las consecuencias del darwinismo cultural “son indiscutiblemente empobrecedoras y desfavorables para la sociedad, a pesar de presentarse hoy como el sustituto indiscutible de la religión de cara al futuro”.
Referencia bibliográfica: Carreira Vélez, Manuel Mª y Gonzalo González, Julio A., En torno al darwinismo (Madrid, Asociación Española Ciencia y Cultura 2009).


