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Los templarios y la bisabuela de Da Vinci

acre.jpgArtículo de: Juan Zesati Ibargüengoytia en donde nos responde la interrogante ¿quiénes son los templarios? para refutar las argumentaciones planteadas por Dan Brown en el Código da Vinci

«Los descendientes de los templarios custodian el santo grial, y éste es nada menos que el sepulcro de María Magdalena» proclama con desenfado el bestseller Da Vinci Code. Desde los sótanos de las editoriales esotéricas muchos despropósitos se han dicho sobre los caballeros del Temple, pero este último pasa de ser una mentira a una ingenuidad bobalicona.

El autor, Dan Brown, arma su novela pegote tras pegote de cuentitos esotéricos. Lo extraordinario es que Brown presente su mitología como real y documentada historia. La ingente promoción y ventas van desvelando el verdadero móvil: o se trata de vil negocio o es una intentona de coacción ideológica.

¿Quiénes son los templarios?
Dan Brown nos respondería sin chistar: son los constructores de las catedrales durante toda la Edad Media, que siguen viviendo secretamente en el Priorato de Sión; enemigos mortales de Papas charlatanes; portadores de los secretos sobre Cristo (léase un pecador más, sin decir nada de extraordinario de Aquél que cambió la historia del mundo, ni mucho menos afirmar que era Dios hecho hombre) y María Magdalena (auténtica divinidad ultrajada por la Iglesia Católica a través de los siglos).

Ni Brown ni este supuesto «¡priorato!» son los primeros en decirse auténticos herederos de los templarios. Fábulas similares han contado todo tipo de sociedades secretas nacidas al menos 400 años después de que los templarios dejaron de existir. Así, han defendido su origen templario masones, carbonarios, rosacrucianos y hasta nazistas. Cosa absurda a todas luces si no se ve en ello un intento de inventarse un árbol genealógico para darse aires de nobleza, sangre azul o de un pasado glorioso y milenario.

Bueno, dejemos a Brown y sus "historias" para preguntar a la Historia quiénes son verdaderamente los templarios. Los hechos no callan, los documentos, testimonios, la huella del cristianismo que pervade toda la cultura y el legado de vidas que se han tomado en serio el Evangelio, nos cuentan una verdad que nada tiene que ver con la de Da Vinci Code.

Los templarios tuvieron una corta vida para una institución religiosa, no pasaron los 2 siglos. En sus inicios protegían a los peregrinos en su camino hacia Tierra Santa, progresivamente se consolidan como un ejército pequeño pero altamente eficaz en la defensa de los lugares santos de Jerusalén. Lo novedoso es que no eran unos soldados cualquiera, unían a sus deberes militares una disciplina religiosa fundamentalmente igual a un monje: vida y oración en común, vivencia de los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia y dependencia del Papa como religiosos.

Tenían una Regla aprobada por el Sumo Pontífice, inspirada con mucha probabilidad en San Bernardo. Como ejemplo del auténtico espíritu religioso que les animaba baste citar una de sus normas «Cada hermano del Temple ha de saber que por encima de todo se ha comprometido a servir a Dios, y cada uno debería aplicar toda su diligencia y entendimiento a ello (...) Pues como dice nuestra Regla, si amamos a Dios, deberíamos estar dispuestos a escuchar sus sagradas palabras» (canon 279).

Los caballeros del Temple tuvieron un rápido crecimiento. La mayor parte de ellos estaba disponible en el frente de batalla, en Palestina, mientras que unos cuantos buscaban los fondos necesarios para sostener la defensa de los lugares sagrados que consumían ingentes recursos (piénsese por ejemplo la cantidad de caballos que tenían que llevar constantemente de Europa a Oriente). Además de Tierra Santa ejercieron una activa labor en la defensa de España ante el acoso del Islam.

El prestigio de la orden, la seguridad de sus fortalezas y la red de encomiendas y conventos en Europa y Oriente hicieron que muchos nobles y soberanos les confiaran la seguridad de sus riquezas. Así, la orden ejerció una labor similar a una banca como medio de financiación de sus operaciones militares. Esto no quiere decir que los frailes templarios empezaran a vivir disolutamente, pero sí acarreó la ruina de la orden porque Felipe IV, rey de Francia, empezó a codiciar los bienes que la orden poseía o custodiaba. La avaricia del rey coincidió con otros factores que fueron decisivos: la pérdida del reino de Jerusalén -y con ello la de la razón de ser de la orden-, y un Papa fuertemente presionado por el rey de Francia.

Felipe IV, descrito por Lortz como "hombre sin escrúpulos, frío calculador, en sustancia agnóstico, que conocía una sola cosa: la potencia nacional", urdió un plan maquiavélico para apoderarse de las riquezas del Temple. Envía a todo su reino un sobre con órdenes estrictas de abrirlas un día fijo. En la carta, el rey miente diciendo que cuenta con la aprobación del Papa. Los oficiales del rey al abrir el sobre se encuentran con la sorpresiva orden de apresar a todos los templarios con terribles acusaciones de inmoralidad y herejía que los funcionarios reales debían "confirmar" con la tortura. Los caballeros que no se confesaran culpables serían amenazados con la condena a muerte.

Al mismo tiempo el rey Felipe envía cartas a los otros reyes de Europa instándoles a hacer lo mismo. Los otros reyes europeos no hicieron lo mismo que Felipe, se mostraron renuentes a proceder del mismo modo hasta no recibir instrucciones precisas de la Santa Sede. Es elocuente que un sínodo de Castilla, León y Portugal celebrado en Salamanca declarara no hallar culpabilidad y que eran "muy buenos religiosos y de muy buena fama". Coinciden con ello los reinos de Aragón, Toscana, Lombardía, Chipre y principados latinos de Grecia.

En un primer momento algunos caballeros cedieron a la tortura. Sin embargo, dieron testimonio de la inocencia de la orden muchos templarios que jamás confesaron ninguna mentira, aún a sabiendas de que ello les llevaría a la hoguera o a mayores sufrimientos. En Francia varios cientos murieron en las llamas, heroicamente, algunos incluso cantando las letanías, mostrando así el auténtico espíritu religioso que les animaba... El Gran Maestre, Jacques de Molay, que al inicio se declaró culpable, varios años después recobra el vigor y declara a la orden del Temple "santa, justa y católica", cosa que Felipe IV no pudo soportar, y lo envió a la hoguera sin consultar con las autoridades eclesiásticas competentes.

Al fin, el Papa Clemente V constatando este desastre ante el que no fue lo suficientemente fuerte para reaccionar, declaró la extinción de la orden, pero no su culpabilidad en el Concilio de Vienne. ¿Y los antiguos templarios? Llama la atención su obediencia heroica, sometiéndose a esta difícil decisión; continuaron viviendo vida religiosa en otros conventos, pero la Orden del Temple desapareció en ese momento.

Espero que quede ahora claro que los templarios nunca fueron albañiles, tenían cosas más importantes que hacer que buscar el santo grial y que esta orden desapareció definitivamente hace 700 años.

Comentarios

En lo personal, tengo muchos años interesado en la historia de los templarios, mas allá de la publicidad mal hecha y las fantasiosas historias que se escriben. Es una pena que una Orden tan sorprendente como la Templar acabé siendo difamada y aprovechada para desvirtuar a la Iglesia, siendo que la Orden tuvo como finalidad el defender la Fé Católica. A mi gusto, los templarios fueron y serán una orden admirable por su diciplina y valor.
El problema de libros y peliculas como estas, no es la intención con que fueron escritas, sino la incapacidad de la gente para diferenciar entre una Novela (Fantasía, Ficción) y Hechos Historicos.

Saludos, este Blog esta muy interesante.

Los templarios fueron seres nobles y se los esta desvirtuando terriblemente, debe detenerse todo este circo, la ignorancia de la fe catolica debe urgir a la Iglesia a cambiar de esquema de conocimiento en los fieles, no esperemos que sea irreversible el daño para tomar medidas, a este paso van a pensar (si es que no lo piensan ya) que nuestra sagrada Biblia es una farsa, por favor tomemos medidas correctivas y defensivas ya

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