Inicio | Noviembre 2008 »

Agosto 09, 2008

Google, Premio Príncipe de Asturías 2008

El 11 de junio de 2008, el Jurado del Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades hizo pública la concesión del galardón al buscador Google. ¿El motivo? Haber hecho posible, en apenas una década, “una gigantesca revolución cultural y propiciado el acceso generalizado al conocimiento”, como señala el comunicado. ¿Ha sido efectivamente así?

Sergey Brin y Larry Page se conocieron en un evento organizado por la universidad de Stanford, para doctorandos en informática. Licenciado en informática y ciencias matemáticas, el primero, e ingeniero eléctrico, el segundo, desarrollaron en 1995 lo que sería el inicio del buscador de internet más famoso y consultado del mundo.

Hoy Sergey es el presidente y Larry el CEO de Google, Inc., una marca que en abril de 2007 estaba valuada en la nada despreciable cantidad de 66,000 millones de dólares; una empresa que es propietaria del no menos conocido y rentable portal YouTube.com, y titular, entre otras muchas cosas, del servicio de correo electrónico más utilizado actualmente, Gmail (está disponible en 39 idiomas y ofrece hasta 6 gigabytes de almacenaje).

Lo que empezó como un proyecto académico se ha convertido en un auténtico fenómeno de redes. Suceso que este año se ha hecho con un valioso reconocimiento: el Premio Príncipe de Asturias de comunicación.

El 11 de junio de 2008, el Jurado del Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades hizo pública la concesión del galardón al buscador Google. ¿El motivo? Haber hecho posible, en apenas una década, “una gigantesca revolución cultural y propiciado el acceso generalizado al conocimiento”, como señala el comunicado. Y agrega: “De este modo, Google contribuye de manera decisiva al progreso de los pueblos, por encima de fronteras ideológicas, económicas, lingüísticas o raciales”.

¿Ha sido efectivamente así? Es un hecho que una inmensa mayoría de los usuarios de internet conoce Google y cómo y para qué funciona prácticamente como buscador. Muchos más saben que no es únicamente un buscador web y que abarca otros elementos que le hacen ser un portal único en la red. En este sentido, es verdad que ha propiciado una revolución que ha posibilitado el que la información esté más cercana a millones de personas, pero no es menos cierto que todos esos cibernautas son un porcentaje nimio en comparación con la cifra, muy superior, de la parte de la humanidad que no tiene acceso ya no solo a un ordenador con internet, sino ni siquiera a la educación pública gratuita.

No se puede negar la valiosa aportación de los directivos de Google, Inc., en el ámbito de los donativos de material informático y facilidad de conexiones inalámbricas a internet en países en vías de desarrollo. Pero tampoco se puede minusvalorar algunas reflexiones de peso en torno a la conveniencia o no del manejo del “conocimiento” por parte de particulares así como algunas valoraciones a todo el conjunto de Google.

Aunque en Google, Inc., trabajan miles de empleados, buena parte del trabajo lo realizan robots o programas. Ambos son productos humanos que siguen estándares pre-establecidos y actúan de acuerdo a políticas internas.

Es bien sabido que toda política interna sigue más o menos el interés del propietario. Ciertamente no podemos dudar del progreso al que han contribuido Sergey Brin y Larry Page, pero, ¿no es un riesgo monopolizar el conocimiento en un organismo manejado por un grupo de personas? ¿Quién decide en este caso qué conocimiento vale la pena promover y cuál no? ¿Cómo se justifica que sea precisamente ese y no otro? ¿Y si algún aspecto del conocimiento va en contra de los intereses de Google? ¿No es oligarquía la pretensión de centralizar todo esto y eslabón para adoctrinar según intereses subjetivos?

No se puede olvidar que Google tiene un cariz lucrativo y que, como tal, ha actuado de un modo poco honesto al pactar con el gobierno chino las páginas a las que los habitantes de aquel país pueden acceder y a las que no (el motivo del pacto fue con el fin de establecerse en China). Tampoco se puede olvidar el trato prioritario que brindó hace algunos años a una compañía aérea siendo que los datos buscados correspondían a otra, ni la situación de censura a videos pro vida en el portal de You-Tube argumentando que herían sensibilidades cuando otros en realidad sí herían.

Premiar significa reconocer y ciertamente Google ha aportado mucho a los cibernautas. Pero un premio no implica superficialidad. Aún se precisa de una formación anterior del internauta que le ayude a discernir contenidos y aprovecharlos adecuadamente. Todo apunta a que en verdad Google es un justo galardonado. Pero al considerar detenidamente y en profundidad las fronteras ideológicas, económicas a las que alude el motivo del premio, no todo parece convencer. Huelga tener presente a qué pueblos se refiere concretamente ese desarrollo decisivo del que habla el jurado del Premio Príncipe de Asturías, pues es evidente que no todas las naciones han conocido parte de los objetivos beneficios de esta empresa que suma ya 13 años de historia.

Catholic.net - Católicos en la red