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En una época donde se echan de menos todos esos ejemplos, una oleada de personalidades nos espolea a no conformarse con lo que oímos, vemos o sentimos; nos invitan a ponernos el termómetro y ver cómo están nuestras convicciones.
Cantantes, actores, deportistas y políticos reconocidos ofrecen testimonio público de la vivencia de las virtudes y valores cristianos y, no pocas veces, también abiertamente de su fe.
En una época donde se echan de menos todos esos ejemplos, una oleada de personalidades nos espolea a no conformarse con lo que oímos, vemos o sentimos; nos invitan a ponernos el termómetro y ver cómo están nuestras convicciones.
Fama y fe
En declaraciones para la conocida revista Rolling Stone, el afamado guitarrista mexicano, Carlos Santana, dejó claro que su fe cristiana le ayudó a superar dificultades en su vida. Miembro del Rock and Roll Hall Fame, ganador de 10 premios Grammy y vendedor de más de 90 millones de copias, Santana suele llevar en todos sus conciertos una playera con el estampado de la Virgen de Guadalupe.
Los Jonas Brothers son uno de los últimos fenómenos musicales y los número uno entre las bandas de lengua inglesa. ¿Qué tienen de especial los hermanos Kevin, Nick y Joe? Comenzaron cantando en iglesias, se hacen acompañar de familiares en sus giras, transmiten mensajes con contenido cristiano en su música para la vivencia de virtudes como la castidad y, lo mejor, han hecho una promesa de virginidad hasta el matrimonio. Por eso llevan anillos, para recordar su voto.
Nominado al Óscar 2009 como mejor actor por la película El luchador, Mickey Rourke no se cansa de repetir que su fe católica es la razón de su redención. Reconocido por sus frecuentes interpretaciones como chico malo en diversos filmes de los años 80´s, poco a poco se fue alejando de los escenarios. La intervención de un sacerdote en su vida le ayudó a salir de la idea del suicidio que rondó mucho tiempo por su mente. Tras un breve periodo como boxeador, Rourke tocó fondo del cual salió gracias a su fe y a la ayuda de un amigo sacerdote.
Danny Boyle se llevó el Óscar 2009 al mejor director por la multipremiada Slumdog Millionaire. Para la realización de una cinta como esa no sólo tuvieron que ver los actores, el presupuesto y la creatividad misma de Boyle. Fue su fe católica, en la que fue educado por sus padres de origen irlandés, la que le ayudó contraponer en esa producción las fuerzas del consumismo frente a la parte espiritual del hombre. Esto lo afirmó el mismo director en una entrevista concedida a un diario español.
Paul David Hewson, mejor conocido como Bono, es ampliamente conocido por sus continuos fines altruistas contra la pobreza. Nominado en tres ocasiones al Nobel de la paz, con cuatro hijos y 25 años de matrimonio, no ha tenido empacho en admitir su fe católica y su esfuerzo por vivirla. En una introducción que escribió a una edición del libro de Los Salmos, Bono redactó lo que, en buena medida, también ha sido su itinerario personal: “Palabras y música han hecho de mí lo que unas sólidas e incluso rigurosas argumentaciones no había logrado alcanzar, me han introducido en Dios, no en la fe en Dios, sino más bien en un sentimiento tangible en Dios”. Ya en otra declaración había dicho: “En mi caso personal, además, tendría que añadir que soy católico y ejerzo de irlandés comprometido”.
Aunque no habló desde la fe, el protagonista de películas como Star Trek y JAG, Gary Graham, denunció el crimen que supone el aborto. Su testimonio y sus palabras son más significativas si recordamos que este actor aceptaba posturas pro aborto e incluso había dado donativos para campañas que iba en esa línea. “Aborto es asesinato”, declaró Graham en un artículo de ForumLibertas.com (Cf. 06.02.2009). “Voy a ser odiado por decirlo, voy a ser odiado por la gente que no me conoce, que nunca ha trabajado conmigo”, declaró también.
Ray Herrman es ampliamente conocido en el mundo de la música no sólo por el Grammy que ganó hace unos años. Ha trabajado con Cristina Aguilera, Chicago, Carlos Santana, Bob Dylan y Stevie Wonder, entre otros. Recientemente ha sido uno de los que han estado detrás del famoso programa American Idol. Además de todo eso, fundó junto a su esposa Therese el sello Little Lamb Music (www.littlelambmusic.com) para bendecir a Dios y María y compartir lo que llama “esta bendición” con el resto del mundo. Uno de los primeros lanzamientos ha sido el disco de música sacra, con himnos y pasajes de san Alfonso María de Ligorio, narrado por al actor irlandés, también católico, Liam Neeson (La lista de Schindler, Los miserables y La amenaza fantasma). El cedé se titula Praying The Way of the Cross y salió a la venta durante la pasada cuaresma.
“Nunca agradeceremos bastante a nuestros padres que nos hayan enseñado a vivir en presencia de Dios y a practicar nuestra fe católica, yendo a misa los domingos, recibiendo los sacramentos y rezando el Rosario”, afirmó Herrman. “Hay muchas distracciones en la vida, especialmente en la industria del entretenimiento. Pero hay algo que decir sobre poner a Dios primero. Todo lo demás encuentra su sitio”.
En su visita a Madrid, Miley Cyrus, mejor conocida como Hanna Montana, dejó boquiabierto a más de uno al decir sin reparos que para ella “la religión es lo más importante”. ¿Por qué? “Porque me importa lo que está pasando a mi alrededor. Por eso quiero hacer cosas de las que me sienta orgullosa y que enorgullezcan también a mis padres”, declaró Miley. Hace aproximadamente un año respondió junto a su amiga Mandy Jiroux, a través de video, que: “Amamos a Jesús. Yo canto, actúo y bailo para él”.
Nicola Legrottaglie no sólo es un excelente defensa del Juventus futbol club italiano y ex jugador de la selección nacional. También es un protestante evangélico al que no le ha temblado la voz para declarar que las relaciones homosexuales son pecados, “Aunque me llamen fundamentalista”. “Las relaciones homosexuales son vistas como una moda, una manera de vivir. Pero para la Biblia y ante Dios so un pecado”.
El deseo de transmitir la alegría de la fe también se ha concretado en iniciativas como reality show y otros programas de televisión así como proyectos musicales.
Es el caso de Revolve: rockin´the road, de The Gospel Music Channel. Producido por Women of Faith, fue transmitido de octubre a noviembre de 2008. El programa mostró una gira de músicos cristianos y conversaciones con jóvenes de la Unión Americana sobre temas en boga como noviazgo, sexualidad, fe, etc. En este reality participaron artistas como la rockera Cristal Meyers y Hawk Nelson.
En Alemania han sido nada menos que unas monjitas las que superaron en audiencia a series del calibre de House y CSI Miami. Um Himmels Willen (Por amor a Dios) es la serie de televisión que narra las aventuras de unas monjas en su convento. El 19 de febrero de 2009 Um Himmels Willen se hizo con el 7,3 millones espectadores frente a 5 millones de CSI Miami. Este programa de ficción que tiene a unas religiosa como protagonistas es transmitido por la ARD, televisión pública alemana.
En la política también se puede vivir la fe
Otro de los tabús que suelen presentarse como insuperables es la relación entre la fe y la vida pública. A pesar de los esfuerzos de muchos por querer reducir la fe a lo estrictamente privado, hombres y mujeres de diferentes países recuerdan con su ejemplo de vida que la religión puede jugar un papel muy positivo en el ordenamiento de los Estados y en las relaciones interpersonales.
Joseph Cao es un congresista estadounidense de origen vietnamita. ¿Qué tiene de particular? Algo que muy pocos políticos se atreve a decir públicamente: “Sostengo mis valores católicos, el bien de la familia, la fe, la justicia social en sus varias formas, incluyendo la defensa de la vida prenatal”.
Aunque nació en Vietnam, llegó a los 8 años a Estados Unidos con dos de sus hermanos. Cuando Saigón cayó en manos comunistas, encarcelaron a su padre. En 1990 entró a la Compañía de Jesús tras un periodo de trabajo en zonas pobres de México. Estuvo dos años como novicio jesuita. Titulado en filosofía y derecho, fue profesor de la Universidad de Loyola. Conoció a su esposa en un festival mariano de su parroquia y actualmente es uno de los políticos estadounidenses que hablan sin temblor ni temor de su fe públicamente.
Desde febrero de 2009 Michael Steele es el nuevo líder del Partido Republicano en Estados Unidos. Lo particular de este hombre va más allá de ser el primer negro que es elegido como presidente de este partido. Además es católico y fue novicio agustino.
Casado y con dos hijos, Steele va regularmente a misa a la parroquia de St. Mary, en Michigan, estado donde nació y donde fue adoptado por una familia. A los 4 años murió su padre adoptivo y su mamá se hizo cargo de sacarlo adelante. En 1981 entró en el noviciado de los padres agustinos. Francis J. Doyle, su director espiritual en aquellos años, declaró que fue un hombre brillante que se entregó dócilmente al proceso de discernimiento. Después de su paso por el convento, trabajó como abogado y después como consultor. En 2000 fue elegido presidente del partido en Maryland. Ahora sigue defendiendo sus convicciones cristianas y su planteamiento pro vida y por la familia natural.
Magdi Cristiano Allam dio mucho de qué hablar cuando, en la vigilia Pascual de 2008, fue bautizado por Benedicto XVI. Periodista de profesión, ahora deja esa faceta de su vida para hacer política; una política impregnada de los valores evangélicos. Para este fin está lanzando el partido Europa Cristiana, aunque su iniciativa vaya justamente contra lo que muchos pretenden sofocar. Preguntado por Il Corriere de la Sera (Cf. 29.11.2008) sobre si es un partido religioso, Magdi respondió: “No es un partido religioso ni se dirige sólo a los cristianos. Es un partido laico que proclama un estado de emergencia ética en Europa e individua en la civilización cristiana la verdad histórica de nuestro continente, nuestro punto de referencia irrenunciable que hay que redescubrir y defender. Estamos abiertos a todas las personas de buena voluntad, incluidos los musulmanes”.
Amenazado de muerte incluso desde antes de su conversión al catolicismo, Magdi refirió en la misma entrevista: “Delante de lo que percibo como vocación y misión de vida, nunca me he echado para atrás. Así hice desde que era periodista y así haré como político. El miedo nunca lo he tomado en consideración: mis elecciones se basan sobre mi fe y lo que siento dentro”.
El presidente de Colombia, Álvaro Uribe, es uno de los gobernantes latinoamericanos más apreciados a nivel nacional e internacional. En repetidas ocasiones ha apelado a la intercesión de la Virgen María para alcanzar la paz en su país. En febrero de 2009, tras la liberación de algunos secuestrados por la guerrilla colombiana, Uribe se dirigió a la catedral de la Virgen de los Remedios, en Riohacha, para pedirle una Colombia sin terrorismo: “En este día consagramos totalmente a ti nuestra vida, trabajos, penas, alegrías, triunfos y fracasos. Todo cuanto somos y tenemos; nuestro ser. Queremos que tú, como Madre espiritual, nos ayudes siempre y nos protejas de todo peligro en el alma y en el cuerpo. Alcánzanos de tu Hijo divino Jesucristo las gracias y favores que suplicamos a Él, por tu intercesión”, pidió el señor presidente (Cf. ACI Prensa 03.02.2009).
También colombiano, Alejandro Ordóñez es el nuevo procurador general de esa nación. En declaraciones al diario El Tiempo, Ordóñez Maldonado, católico que no esconde su condición, ha defendido públicamente el derecho de los católicos a ocupar cargos públicos sin ser excluidos por sus convicciones.
Clara Rojas es también colombiana. Estuvo secuestrada más de 6 años por la guerrilla pero su fe le ayudó a mantenerse incólume. “Para mí el secuestro constituyó una oportunidad de afianzar mi fe y le doy gracias a Dios, porque gracias a esa fe me mantuve viva. Si yo no hubiera pensado que existía Dios, que había esperanza, y que siempre había una posibilidad de encontrar mi libertad, hubiera desfallecido en el primer momento”, declaró Clara a la agencia ZENIT (Cf. 26.03.2009). Y agregó. “Me siento feliz de saber que gracias a la fe estoy viva. Eso lo comparto con la gente sobre todo en estas épocas en que aparentemente nadie cree nada”.
Carlos Dívar es el presidente del Tribunal Supremo de España. Aunque en aquel país la cristianofobia es cada vez más mordaz, Carlos Dívar no tiene reparo en afirmar que no puede caminar diariamente si no tiene a Jesús Sacramentado. Uno de los fundadores de la Adoración Nocturna en la península ibérica, Dívar señala que es a Dios a quien debemos pedirle todo y dirigirle nuestros pensamientos: “De Dios tanto se alcanza cuando de Él se espera”, refiere citando una máxima de san Juan de la Cruz.
Otros políticos cansados del azuzar la fe han alzado la voz para dejarlo en claro. Es el caso de Juan Alberto Belloch, alcalde la ciudad española de Zaragoza. A mediados del pasado mes de enero de 2009, Belloch apoyó la decisión de los Transportes Urbanos de Zaragoza (TUZSA) de no publicitar la campaña de los autobuses ateos que invitaban a despreocuparse por la existencia de Dios. Ya anteriormente el mismo alcalde decidió no retirar los símbolos religiosos de la Casa Consistorial.
Todos estos hechos de vida nos interpelan de una manera directa y profunda. Ciertamente cada una de las personas mencionadas son falibles y pueden cambiar su camino o no hacer coincidir sus acciones y sus palabras en el futuro. Una vida coherente es una lucha que debemos pelear todos los días. Quizá sea esa la principal lección que nos dejan todos estos personajes. Son un aliento pero, en definitiva, es cada uno de nosotros el que decide vivir con alegría y disponibilidad las virtudes, los valores: la fe.
El caso de Susan Boyle conmueve e impacta profundamente. Cautiva porque es el testimonio de una persona sin respeto humano, que se muestra sin el maquillaje de las apariencias y nos permite ver la belleza de diversas virtudes hechas vida. Susan nos recuerda que las personas valen por lo que son y no por lo que aparentan.
No, no fue su estupenda interpretación de I dreamed a dream lo que me cautivó. Tampoco fueron las altas notas de calificación de los tres jueces ni las imágenes de un público rendido ante una mujer regordeta, cabello desaliñado y 47 años de edad.
Antes de entrar en escena, las imágenes nos la presentan comiendo, con todas las poses de lo que podríamos llamar una anti-diva. Le preguntan si está nerviosa y responde “sí, pero tengo fe”. Y cuando al fin entra al estrado, la rechifla burlona y las risas mordaces se apoderan del auditorio del programa Britain's Got Talent, ante la apariencia externa de esta soltera y desempleada escocesa.
Susan Boyle no se apoca. Responde con una sonrisa que refleja una inocencia jamás perdida y una sinceridad que hace dudar al jurado sobre la idoneidad de la concursante: “Ser una cantante profesional”, es la respuesta al interrogatorio sobre cuál es su sueño. Y cuando le preguntan por qué todavía no lo es, contesta: “No he tenido la oportunidad antes, pero espero que esto cambie”. Había llegado el momento. Era el 11 de abril de 2009.
Apenas iniciar las primeras palabras de la canción, las cámaras nos muestran cómo en el rostro de los tres inquisidores se va dibujando una cara de sorpresa. Y cuando Susan lleva al clímax esa pieza de Los Miserables (en español el título es Soñé un sueño), de modo natural nos damos cuenta que el sueño ya se estaba haciendo realidad. En el mismo momento, Amanda, uno de los jueces, se pone de pie para aplaudir, con lágrimas en los ojos, a Boyle.
“Siempre he querido actuar para un gran público”, había afirmado Susan antes de empezar la canción. Comenzó a salir del escenario siendo que el jurado aún no daba su veredicto. Y la tuvieron que hacer volver. “Cuando te presentaste diciendo que querías ser como Elain Paige todos se rieron de ti. Nadie se ríe ahora. Nos has dejado impactados. Increíble”, le dijo Piers, uno de los jueces. Momentos después el mismo Piers diría que le daba el mayor “sí” que había dado en tres años del programa. Y Amanda añadió: “Estoy muy ilusionada porque todos estaban en contra tuya. Todos hemos sido muy cínicos. Esta es la mayor llamada de atención y debo decir que fue un completo privilegio oírte”.
Desgraciadamente, aprovechándose de la fama que a pulso de humildad y esfuerzo se ganó Boyle, una jauría soez la ha querido contagiar de su perfidia invitándola a participar en una película pornográfica por, según dicen, un millón de dólares. Kick Ass Films es la maquiladora que se colgó del buen nombre de Susan para dar a hablar de sí misma. Y es que otra de las virtudes que adornan a Susan Boyle es la de la virginidad.
Susan canta desde los 12 años. Su voz ha sido el vehículo de oración con que ha rezado a Dios en el coro de una parroquia católica en Blacknurn, Escocia. Su madre, quien murió hace dos años, fue quien la animó y ayudó a formar su voz adecuadamente. Soltera y con siete hermanos, Susan declaró posteriormente al The Times Online que la hostilidad inicial del público se debió a que “la sociedad moderna es muy dada a juzgar a las personas por su apariencia […] No se puede hacer mucho al respecto porque es la manera cómo piensan, es su forma de ser. Pero tal vez esto les puede enseñar una lección, sentar un precedente”.
“Nunca se vanaglorió de su voz, esta es la primera vez que ha sido reconocida públicamente. Es un alma tranquila”, declaró el padre Ryszard Holuka, párroco de la iglesia a la que asiste Susan, al The Washington Post.
El caso de Susan Boyle conmueve e impacta profundamente. Cautiva porque es el testimonio de una persona sin respeto humano, que se muestra sin el maquillaje de las apariencias y nos permite ver la belleza de diversas virtudes hechas vida. Susan nos recuerda que las personas valen por lo que son y no por lo que aparentan; nos catapulta al plano de la valoración de la perseverancia en el deseo de cumplir los propios sueños y de la tenacidad que no se rinde al “no se puede”.
Susan Boyle es también una invitación a un examen de conciencia, a un re-encauzar nuestros prejuicios al plano del pensar bien de todos. Por eso, pedir disculpas a esta mujer es hacerlo respecto a todas aquellas Susanas anónimas con las que nos topamos a diario. Bien lo decía Amanda, uno de los miembros del jurado de Britain's Got Talent, hemos sido cínicos, pero esta es una llamada de alerta.
Se puede ver el video con la participación de Susan Boyle en:
http://www.youtube.com/watch?v=9lp0IWv8QZY
Las falacias, sofismas y prejuicios, aquellos «decires aventurados», seguirán cayendo por sí solos. Nosotros, mientras tanto, seguimos agradeciendo el don de un Papa como Joseph Ratzinger.
Para algunos, el día de su elección, los defectos hallaron un modelo concreto en quién encarnarse. Dijeron que era un cardenal conservador y que, como Papa, no se esperaría menos. Y ha sido cierto. Él, como todos los Papas, es custodio de la verdad, de la única verdad que jamás cambia: Jesucristo. Verdad que, a través de los tiempos, ha permanecido radiante y luminosa, gracias al Primado petrino que la ha conservado, mantenido e impulsado.
Dijeron que era un «intelectual» -como si reconocer los dones del prójimo fuese un insulto-, y lo es. Menos mal que lo es, que para guiar esa gran «barca», la Iglesia universal, hace falta mucha inteligencia. Pero no sólo posee una mente brillante, también hemos sido testigos de su talante humilde, de su doctrina llana sin detrimento de la hondura eminente, de la cercanía a su grey, de su estatura espiritual y humana. Es un hombre, más que de libros, de oración, de intensa vida interior y de sentimientos profundos. Sus reflexiones no son el resultado de un discurrir exclusivo con la razón, sino fruto del diálogo con el Maestro.
Dijeron que era anciano, que tras el Pontificado del Papa Magno, sería un Pontífice de transición. Y tenían razón y la tendrán todos los que concluyan en semejante corolario. Es un Papa de transición como lo han sido todos los Sumos Pontífices. Hasta donde se sabe, ninguno ha pensado quedarse en la silla de Pedro hasta la parusía. Y de lo de viejo… a juzgar por los diferentes encuentros masivos, los jóvenes han hecho un “clic” natural, avasallador e inmediato con un hombre que supera los ochenta años y que no deja de sorprender positivamente.
Dijeron también que su lenguaje sería elevado, que no «engancharía» con las masas. ¡Oh, decepción! Así respondía a Andrés, uno de los más de cien mil niños que hicieron la primera comunión y que tuvieron un encuentro con el Papa, en octubre de 2005, cuando le preguntó por qué no veía a Jesús en la Eucaristía: «…no vemos nuestra razón y, sin embargo, tenemos la razón. No vemos nuestra inteligencia, y la tenemos (…) No vemos la electricidad, la corriente, pero vemos la luz (...) Tampoco vemos con nuestros ojos al Señor resucitado, pero vemos que donde está Jesús, los hombres cambian, se hacen mejores (…) No vemos al Señor mismo, pero vemos sus efectos; así podemos comprender que Jesús está presente».
Y ese modesto hombre de Dios del que han dicho tantas cosas, ha ofrecido su vida al servicio de la humanidad. No ha cesado de hablar con la fuerza de su palabra arrolladora ni ha renunciado a decir verdades pues sabe que la verdad nos hace libres, que la verdad libera al hombre, que lo transforma, que lo encamina necesariamente a la Verdad última que es Dios. Su vida es servicio y servir es un don, una exigencia para el católico. Un don privilegiado que manifiesta que «Dios es amor», como nos recordó en su primera encíclica.
Servir es alzar la voz en nombre de los débiles y oprimidos; es reclamar la libertad religiosa pues «si no se teme a la verdad no se puede temer a la libertad». Servir es devolver al hombre su dignidad, mostrarle su valor y recordarle sus principios. Servir es proclamar la exigencia, la necesidad de la paz; servir es abogar por los pobres y es encaminar a los cristianos a la unidad cada vez más apremiante.
Ya son cuatro años de pontificado, un pontificado fecundo que, en la Iglesia católica, sólo se entiende como disposición y renuncia a sí mismo. Las falacias, sofismas y prejuicios, aquellos «decires aventurados», seguirán cayendo por sí solos. Nosotros, mientras tanto, seguimos agradeciendo el don de un Papa como Joseph Ratzinger.
El reconocido autor de libros como La sangre del pelícano narra la vida de una familia que sufrió el odio de la masonería y los anticlericales en la Segunda República española. Publicado por La Esfera de los Libros, se ha convertido en uno de los fenómenos editoriales del año.
Jorge Enrique Mújica entrevista a Miguel Aranguren quien narra la vida de una familia que sufrió el odio de la masonería y los anticlericales. Publicado por La Esfera de los Libros, se ha convertido en uno de los fenómenos editoriales del año.
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Muchos tienen fresca en la memoria la trama de “La sangre del pelícano” (Ed. LibrosLibres), en la que Miguel Aranguren no tuvo empacho en enfrentarse al mismo demonio a la hora de firmar un thriller policiaco que hacía justicia a la labor de la Iglesia en la defensa de la verdad. El mismo autor nos sorprende ahora con “La hija del ministro” (La Esfera de los Libros), una novela coral muy ambiciosa, ambientada en el Madrid de las cuatro primeras décadas del siglo XX, una ciudad convulsionada por el fin de la monarquía y el advenimiento de una república que, por justificar y alentar la persecución religiosa, condujo a España a una dolorosísima guerra fratricida.
Después de leer “La hija del ministro”, el lector llega a la conclusión de que Aranguren ha conseguido convertir a cada uno de los miembros de la familia de Pablo Bossana, duque del Paraná, ministro en los dos últimos gobiernos de Alfonso XIII, en entrañables personajes de ficción. Especialmente a su hija Elvira, en quien recae el peso de la trama. A través de ella conocemos un tiempo de impunidad para quienes alentaron el odio religioso, en el que, al mismo tiempo, brilló el heroísmo de tantos hombres y mujeres capaces de proclamar su fe hasta el último momento. “La hija del ministro” también hace justicia a la capacidad de perdón por parte de quienes pasaron página tras el brutal asesinato de sus seres queridos. Elvira Bossana es el hilo conductor de una de las épocas más fecundas en testimonios de martirio, tal y como han venido proclamando los últimos Papas.
--Jorge Enrique Mújica: ¿Cómo surgió la idea de “La hija del ministro”? ¿Cómo fue enfrentándose a una trama tan amplia?
--Miguel Aranguren: Hace ocho o nueve años, barruntaba el deseo de escribir una novela sobre la familia, en la que cada uno de sus personajes pudiese contar, desde su propia experiencia, que en esta institución el hombre desarrolla su humanidad, que la familia es el lugar al que siempre necesitamos volver. En todas las familias “cuecen habas”; no buscaba una idealización de la familia sino una historia humana y veraz, con sus personajes admirables y aquellos repletos de limitaciones.
Entonces empecé a darle vueltas al escenario en el que debía situar mi novela. Decidí que una familia muestra toda la dimensión de su magnanimidad en tiempos de dolor. Y en la historia reciente de España no ha existido mayor dolor que el que padecieron tantas familias de bien a causa de una política exaltada y fatalmente conducida.
--Jorge Enrique Mújica: ¿Se refiere al ocaso de la monarquía y la proclamación de la II República?
--Miguel Aranguren: En efecto. El ideal de una república es del todo legítimo. El pueblo, por muchos motivos, puede decidir en un momento concreto que ha llegado la hora de prescindir de instituciones históricas como la corona. Sin embargo, la experiencia española respecto a la república ha sido, en sus dos oportunidades, un completo desastre. En concreto, la II República se alimentó de sedición y odio. Los líderes republicanos equivocaron el objetivo de su sueño: no buscaron construir un país sino erradicar de él a sus monstruos imaginarios, en primer lugar a la Iglesia católica. La república hizo todo lo posible por enterrar la cruz, al tiempo que procuraba ensamblar una religión civil que condujo a España a un completo desastre.
--Jorge Enrique Mújica: Por lo que va descubriendo el lector en “La hija del ministro”, usted identifica una familia (numerosa, por cierto) en el final de una época y el advenimiento de otra bien distinta.
--Miguel Aranguren: Los Bossana disfrutaban de un título nobiliario por su fidelidad a la monarquía. Para ellos la legitimidad de la corona no se sustentaba en que Alfonso XIII fuese un buen o un mal rey. Veían en él al representante de una dinastía en la que identificaban muchas cosas: la historia del país, la tradición cristiana, la unidad territorial… Es una fidelidad a prueba de disgustos (la amistad del padre de Elvira con don Alfonso no esconde las numerosas imprudencias del monarca). Cuando el duque del Paraná acepta una cartera ministerial en el ocaso del régimen, su hija Elvira se convierte en testigo privilegiado de los cambios que sufre el país.
-- Jorge Enrique Mújica: ¿Y de qué forma ha resuelto su deseo de escribir sobre la familia, con una trama histórica tan concreta?
--Miguel Aranguren: La huída del rey muestra el devenir de la familia Bossana, desde las mieles de palacio a las hieles de la persecución. Los españoles somos apasionados y en aquellos años lo demostramos con creces: Elvira es una adolescente que se acostumbra a los disparos, a las huelgas violentas, a los atentados terroristas, a la desaparición de familiares y amigos, a los cadáveres en las cunetas... Madrid, de alguna manera, se torna en la Roma de los primeros siglos, cuando vivir de acuerdo a la fe llegaba a castigarse no sólo con la humillación pública, sino con el terrible espectáculo del martirio. La familia del ministro Paraná lucha por la supervivencia, lo que implica actuaciones heroicas por algunos de sus miembros y también viles, ya que no fue fácil para todos superar el miedo.
-- Jorge Enrique Mújica: Después de las discusiones que se han vivido durante los últimos meses en España sobre la “memoria histórica”, ¿es posible escribir sobre ese tiempo y, a la vez, mantenerse imparcial?
--Miguel Aranguren: No es fácil, desde luego. Antes decía que república y monarquía son igual de legítimos y en “La hija del ministro” se retrata a republicanos confesos que, con los años, renegaron de aquel sistema que se había convertido en una fuente de corrupción en el que medraron tantos masones. También reflejo las heridas morales de algunos monárquicos que justificaban, en su pertenencia a una buena cuna, toda clase de tropelías. Sin embargo, es imposible volver la cara al infierno en el que se convirtió Madrid. Un infierno en el que, por cierto, no dejó de brillar el amor: Elvira Bossana, por ejemplo, es capaz de disfrutar un intenso romance en una ciudad en la que los templos arden como teas. El hogar familiar se convertirá en un refugio en el que se esconden algunos clérigos a los que se ha dictado, con absoluta arbitrariedad, la expulsión de España después de haber reducido a cenizas sus iglesias.
-- Jorge Enrique Mújica: Hablando de clérigos, en “La hija del ministro” se suceden personajes secundarios que existieron en la realidad, incluso algunos sacerdotes.
--Miguel Aranguren: Después de haber estudiado a fondo aquellos años y de haber “vivido” en ellos durante el tiempo de elaboración de la novela, puedo asegurar que si los horrores se multiplicaron, también se multiplicaron los testimonios de santidad. Madrid fue una ciudad de santos y miserables. En las páginas de “La hija del ministro” aparece, por ejemplo, el padre Rubio, un jesuita que asombra a la familia Bossana por su dedicación a los más pobres, por su entrega al sacramento de la Penitencia o por su famoso don de bilocación. No puedo dejar de anunciar que estuve presente en la ceremonia de su canonización, precisamente en el paseo de la Castellana por el que tantas veces caminó. Y es que hoy la Iglesia universal celebra el ejemplo y la intercesión del padre Rubio, como celebra la extensión del Opus Dei y la figura de san Josemaría, que algún lector perspicaz puede imaginarse detrás del padre Mariano Albás junto a los primeros miembros de la Obra, un puñado de universitarios que dedicaban las mañanas de los domingos a atender, junto al Fundador, a los enfermos infecciosos del hospital del Rey. Isidoro Zorzano, por ejemplo -que se encuentra en proceso de beatificación-, dará un giro esperanzado al destino fatal de Ventura Ortuño, el otro gran protagonista de la novela.
-- Jorge Enrique Mújica: Ventura Ortuño, en efecto, secretario del ministro Bossana, vive un idilio con Elvira.
--Miguel Aranguren: Si hay algo que me conmueve del romance entre Elvira y Ventura, es que son capaces de jurarse amor eterno, con todas las consecuencias. Un amor que no podrá vencer ni la misma muerte. Un amor incondicionado a pesar del odio que barre España, de la distancia, de la guerra, de los años… Sin grandilocuencias, dos adolescentes nos ofrecen una auténtica lección de cómo el amor salva a los hombres del pozo de la barbarie. Además, son dos novios que se respetan, que viven un amor limpio, que muestran que el noviazgo no es una utopía en la que las pasiones tienen la última palabra.
-- Jorge Enrique Mújica: La novela, por último, es capaz de mostrar una familia en la que la piedad religiosa forma parte de su paisaje natural. ¿Cómo viven la fe los Bossana?
--Miguel Aranguren: La familia Bossana es cristiana, como la mayoría de las familias españolas de aquella época. Ríen, charlan, lloran, se pelean, se perdonan, rezan, bailan, juegan, participan de los sacramentos… Quiero decir que no viven una fe impostada, como calzada a la fuerza, tal y como buena parte de la cultura actual cree identificar el catolicismo. La fe de los padres de Elvira es muy atractiva: se habla de Dios, se reza en familia, se cuenta con la Iglesia con la misma naturalidad que realizan las demás actividades cotidianas o extraordinarias de la vida. Algunos lectores me han confesado su conmoción, por ejemplo, al descubrir cómo reaccionan los Bossana ante sucesos tan dolorosos como la muerte de un hijo, o cómo festejan con alegría las fiestas navideñas, o cómo se recogen en oración ante determinadas circunstancias, o cómo entrelazan lo divino y lo humano en cualquier charla, o cómo el padre no abandona sus principios morales ante las inquinas políticas y palaciegas. A fin de cuentas, la fe les ofrece muchas respuestas, incluso ante aquello que humanamente no tiene explicación.
Más información en www.miguelaranguren.com
Pinche en http://www.youtube.com/watch?v=qihXbGfwq_M para ver el nuevo video clip sobre el libro La hija del ministro.
El culto a la así llamada “santa muerte” no es una religión. Ni sus creencias ni sus principios son acerca de la divinidad ni ofrece normas morales de conducta. Tiene, eso sí, rudimentarias prácticas rituales pero que guardan alguna relación o quieren asemejarse a las consolidadas y justificadas prácticas católicas.
En los últimos meses se ha venido difundiendo con una virulencia creciente una forma de “devoción popular” que sin ningún soporte doctrinal ni justificación teológica ha logrado penetrar en capas pobres de la sociedad sedienta de Dios en las zonas centro y norte de México.
El constante flujo migratorio ha logrado que esa falaz devoción se haya ido extendiendo al sur de Estados Unidos, Centroamérica y España. Se trata del “culto” a la así llamada “santa muerte”, a través de la autodenominada “Iglesia católica tradicional, misioneros del Sagrado Corazón y de san Felipe de Jesús”.
Sus orígenes se remontan a la fusión de las culturas prehispánicas con las primitivas creencias de los esclavos africanos y la religión católica en el siglo XVI y XVII. Sin embargo, hasta la década de los 60´s del siglo pasado comenzó a estructurarse más ordenadamente. No hace muchos meses, se le ha reivindicado al grado de constituir un grupo que exige el reconocimiento público como religión en México.
El hecho de apelar a un reconocimiento público por parte de una instancia política de gobierno, nos da pie para reflexionar en la significación de lo que es una religión y, si en este caso puntual, es apropiado considerarla tal.
La religión es el conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social y de prácticas rituales, principalmente la oración y el sacrificio para darle culto. Es, además, una virtud que mueve a dar a Dios lo que le es debido.
El culto a la así llamada “santa muerte” no es una religión. Ni sus creencias ni sus principios son acerca de la divinidad ni ofrece normas morales de conducta. Tiene, eso sí, rudimentarias prácticas rituales pero que guardan alguna relación o quieren asemejarse a las consolidadas y justificadas católicas. Esto conlleva a analizar más de cerca algunos errores que pueden ayudar a discernir, reflexionar y compartir para ayudar a otros hombres y mujeres que sin rigor y preparación creen en esta falacia.
1. La Divinidad
La religión pende de una causa y principio: Dios. En el grupo que nos ocupa el principio se asienta totalmente en la “santa muerte”. Es decir, la personificación de la muerte ha venido a conquistar el lugar que le corresponde únicamente a Dios. Y esto conlleva a un problema más: cómo justificar a la muerte personificada como creadora y omnipotente, como omnisciente y omnipresente.
2. La muerte es un fenómeno natural no una persona
Adorada como una “entidad espiritual” capaz de materializarse en una figura que concentra en sí la fuerza creadora y destructora del universo, no se ha caído en cuenta de la verdadera realidad que entraña. La muerte es un fenómeno natural como lo es el nacer o el desarrollarse, y no una persona, como se ha hecho pasar. La muerte es la separación del alma y el cuerpo, no una entidad espiritual.
3. Adoración y veneración
Hay una distinción tácita en la praxis católica que, en el caso de esta forma de devoción, no se aprecia y más bien se pierde. Adorar es reverenciar y honrar a Dios con el culto religioso que le es debido. Venerar es respetar en sumo grado a alguien por su santidad, dignidad o grandes virtudes, o a algo por lo que representa o recuerda. La adoración sólo es debida a Dios; la veneración corresponde a los santos y a las cosas de Dios.
Además, los santos interceden ante Dios, a través de ellos obtenemos gracias y favores pero el único capaz de dar es Dios. La doctrina de la única mediación de Cristo (cfr. 1 Tim 2,5), que no excluye otras mediaciones subordinadas, las cuales se realizan y ejercen dentro de la absoluta mediación de Jesús, aquí sencillamente no se da. Es la “santa muerte”, por sí misma, la que concede favores aunque no esté justificada ni bíblica ni teológicamente la causa de su poder.
La doctrina de la Iglesia y su liturgia proponen a los santos y beatos, que contemplan ya "claramente a Dios uno y trino" como testigos históricos de la vocación universal a la santidad; ellos, fruto eminente de la redención de Cristo, son prueba y testimonio de que Dios, en todos los tiempos y de todos los pueblos, en las más variadas condiciones socio-culturales y en los diversos estados de vida, llama a sus hijos a alcanzar la plenitud de la madurez en Cristo (cfr. Ef 4,13; Col 1,28); intercesores y amigos de los fieles todavía peregrinos en la tierra, porque los santos, aunque participan de la bienaventuranza de Dios, conocen los afanes de sus hermanos y hermanas y acompañan su camino con la oración y protección; patronos de Iglesias locales, de las cuales con frecuencia fueron fundadores (san Eusebio de Vercelli) o Pastores ilustres (san Ambrosio de Milán); de naciones: apóstoles de su conversión a la fe cristiana (santo Tomás y san Bartolomé para la India), o expresión de su identidad nacional (san Patricio para Irlanda); de agrupaciones profesionales (san Omobono para los sastres); en circunstancias especiales –en el momento del parto (santa Ana, san Ramón Nonato), de la muerte (san José)– y para obtener gracias específicas (santa Lucía para la conservación de la vista), etc.
4. Buscar el bien y no el mal
Hablar de Dios es hacerlo del bien. Donde está el bien, es regla lógica, no está el mal. Del bien no procede el mal, al bien no le sigue el mal.
En el culto a la así llamada “santa muerte” se asegura que ésta puede alcanzar incluso el mal. Más aún, los adeptos acuden a ella solicitándolo para aplicarlo a sus enemigos.
5. Prescripción de dinero. Los milagros no se cumplen por la cantidad dejada
Otro de los hechos que llaman la atención es la errónea creencia de que a mayor cantidad de dinero ofrendado, mejores serán los resultados de los favores pedidos a la “santa muerte”.
Es bueno recordar que la limosna es un signo del desprendimiento y de la responsabilidad con que se quiere ayudar a mantener dignos y en buen estado los lugares para el culto a Dios además de solventar las necesidades de los ministros del mismo. Pero no queda dicho que la limosna sea una prescripción para obtener un milagro. Menos aún, cuando lo pedido pretende el mal de otro.
6. Sincretismo
Es erróneo asociar el culto a la “santa muerte” con cualquier aspecto del catolicismo. Así, asociar el culto a la personificación de la muerte con el culto católico, es un error. Lo católico emana de la Revelación hecha por Dios a través de la Biblia, de la Tradición y del Magisterio de la Iglesia. No consta, ni en la Biblia, ni en la Tradición, y mucho menos en el Magisterio, la prescripción de un culto a la muerte personificada.
En el año 2002, la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, ofreció un documento de sumo interés: “El directorio sobre la piedad popular y la liturgia. Principios y orientaciones”.
En el capítulo II, número 65, se recordaban algunos peligros que pueden desviar la piedad popular: “El Magisterio, que subraya los valores innegables de la piedad popular, no deja de indicar algunos peligros que pueden amenazarla: presencia insuficiente de elementos esenciales de la fe cristiana, como el significado salvífico de la Resurrección de Cristo, el sentido de pertenencia a la Iglesia, la persona y la acción del Espíritu divino; la desproporción entre la estima por el culto a los Santos y la conciencia de la centralidad absoluta de Jesucristo y de su misterio; el escaso contacto directo con la Sagrada Escritura; el distanciamiento respecto a la vida sacramental de la Iglesia; la tendencia a separar el momento cultual de los compromisos de la vida cristiana; la concepción utilitarista de algunas formas de piedad; la utilización de "signos, gestos y fórmulas, que a veces adquieren excesiva importancia hasta el punto de buscar lo espectacular"; el riesgo, en casos extremos, de "favorecer la entrada de las sectas y de conducir a la superstición, la magia, el fatalismo o la angustia".
El avance de grupos sectarios no es exclusivo de un país o región. El año pasado, el conocido periódico chileno El Mercurio (6 de enero de 2008), reportaba algunos frutos del grupo pentecostal brasileño Iglesia Universal de Brasil, de 24 millones de adeptos.
Cuenta, entre otras cosas, con partido político propio (PRB) con 4 escaños en la cámara federal de diputados, una cadena de televisión, la Rede Record, segunda en importancia del país (se hizo con los derechos exclusivos de retransmisión de las olimpiadas de Beijin 2008) y las constantes y crecientes “ofrendas” económicas voluntarias de los fieles al “obispo”, Edir Macedo, quien lidera la organización.
Según el informe de Gordon Melton, experto en sectas, tan sólo en 1995, existían en el mundo más de 20,000 de ellas. Hoy es constatable el aumento de los llamados Métodos del Potencial Humano (MPH): Meditación trascendental, Rei-ki, Taichi (chuan), yoga, zen, Dianética, Método Silva de Control Mental, Asociación Latinoamericana de Desarrollo Humano, Sahaja Yoga, Energía Humana y Universal,etc.
La adhesión creciente de personas a grupos como los que hemos mencionado desde un inicio, invita a reflexionar sobre el motor que les lleva a abrazar, muchas veces sin considerarlo, el centro de la nueva doctrina en la que entran. Una mirada serena nos dice que muchos son presas del sentimentalismo más que de la racionalidad que hayan encontrado.
Ciertamente, cuanto hasta aquí hemos dicho constituye una invitación a reflexionar en el grado de profundización que se tiene de la propia fe y sobre la capacidad de crítica que se hace y tiene sobre las ideologías de algunos grupos que saben conquistar con facilidad el corazón y mover incluso a la voluntad, pero que distan mucho de poseer un probado castillo de razón.
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