 |
« Junio 2009 |
Inicio
| Agosto 2009 »
“En el paradigma “de nueva religión universal” se entrelazan el relativismo moral, con el sincretismo y el indiferentismo religioso y el panteísmo”, afirma el director de Noticias Globales y reconocido especialista mundial en tema sobre la familia y vida, homosexualismo, nuevo orden mundial, ecologismo, etc.
Noticias Globales (www.noticiasglobales.org) fue uno de los primeros boletines telemáticos distribuidos a través del correo electrónico. Nacido en 1998, en sus 11 años de vida se ha ido consolidando como una de las fuentes claves y fiables para comprender temas relacionados con los ataques a la familia y a la vida; sobre el homosexualismo, el ecologismo, la teología de liberación, las políticas de reducción de la natalidad y todo ese proceso internacional para la instauración de un nuevo orden mundial a través de una nueva ética. Entrevistamos al doctor Juan Claudio Sanahuja, sacerdote y estudioso de todos estos temas. Buenos Aires, Argentina, 3 de julio de 2009.
“Desde el principio comenzamos a nombrar a instituciones y a personas, porque la información tiene que huir de la vaguedad”.
---Jorge Enrique Mújica: Hoy conocemos a un servicio consolidado como una de las mejores fuentes en temas vinculados a tantos puntos de actualidad. ¿Cómo nació Noticias Globales y cuáles siguen siendo sus objetivos prioritarios?
--Juan Claudio Sanahuja: Noticias Globales nació porque comprobamos que una de las causas más importantes del auge de la cultura de la muerte era la falta de información detallada. Me explico mejor. En 1992, el Cardenal Alfonso López Trujillo, en el marco de un congreso de movimientos pro-vida que se realizó en Monterrey (México), nos convocó a un grupo no muy numeroso de sacerdotes y obispos que trabajábamos desde hacía años en los temas relacionados con la defensa de la vida humana, para transmitirnos que debíamos hacer lo posible para introducir la agenda pro vida en las estructuras pastorales de la Iglesia. Después llegaron otras reuniones internacionales, tanto de movimientos pro vida como de políticos y legisladores, orientadas fundamentalmente a informar, promovidas también por el Cardenal López Trujillo, en las que personalmente comprobé la preocupación del Cardenal.
Los invitados a esas reuniones -todos muy bien intencionados- no conocían, por ejemplo, los documentos internacionales originales y tampoco conocían su proceso de gestación; ignoraban los alcances jurídicos del programa de acción de las conferencias internacionales; ignoraban la jerarquía de normas internacionales; confundían una reunión de la Asamblea General con la de un comité o una agencia de la ONU; no creían que las conclusiones de las reuniones internacionales pudieran afectar a la legislación de sus países. Ingenuamente caían en alianzas estratégicas con agencias de la ONU, como la OMS, UNICEF o el Programa para el Desarrollo de Naciones Unidas; aceptaban ayudas de las ONG’s abortistas, etc.
En temas más específicos como por ejemplo “salud reproductiva”, no veían que ese término era un eufemismo de la palabra aborto… y así siguiendo. ¡Cuánto costó! Aún sigue dándonos trabajo otro punto en el que debemos seguir insistiendo: mostrar la incompatibilidad de la llamada perspectiva de género con la antropología cristiana.
Por eso, años después, el Cardenal López Trujillo ideó el Lexicon, publicación del Pontificio Consejo para la Familia, para aclarar los términos confusos y ambiguos usados en el lenguaje de los documentos internacionales. Cabe recordar que Benedicto XVI, en la homilía del funeral del Cardenal, citó al Lexicon explícitamente, como una importante obra de servicio a la Iglesia.
Noticias Globales, nació en 1998, con esa intención: informar detalladamente. Y nuestro objetivo prioritario sigue siendo el mismo: informar. Informar es también alertar, ayudar a pensar y ayudar a reaccionar, para que cualquier persona que analice la realidad pueda encontrar los rastros de la cultura de la muerte en su entorno.
Contra la opinión de muchos, desde el principio comenzamos a nombrar a instituciones y a personas, porque la información tiene que huir de la vaguedad. La cultura de la muerte tiene usinas y a éstas las conforman personas con nombres y apellidos, y esas personas tienen un historial. Todo eso hay que conocerlo y darlo a conocer.
Tratamos de evitar expresamente la postura peligrosísima de aquellos que, a pesar de todas las evidencias, se empeñan en buscar puntos de contacto y de diálogo con posiciones que son irreconciliables entre las distintas manifestaciones de la cultura de la muerte y la doctrina católica o la misma ley natural.
Sigue vigente todo lo que decíamos, en 1999, en la introducción a la página de Noticias Globales.
“Las llamadas grandes conferencias internacionales de los años 90, organizadas por las Naciones Unidas, fueron el modo de poner en práctica el Informe Kissinger”.
---Jorge Enrique Mújica: Cuando finalizaron los grandes conflictos bélicos mundiales del siglo pasado, el mundo estaba ansioso de un cambio: pasar de un caos producido por el odio, la guerra y la muerte a uno de fraternidad, vida y paz. Los beneficios económicos de la globalización empezaban a ensanchar algunas carteras así que aprovechándose de la buena disposición, algunos grupos vieron la posibilidad de instaurar un nuevo orden mundial donde todo girara en torno a sus intereses aunque haciendo ver todas las “mejoras” como aparentes beneficios para la humanidad. Había que empezar por algún lado así que el plan de partida fue construir una nueva ética mundial, en relación con las normas y los valores, que fomentase una nueva visión del mundo que a ellos les favoreciesen. Infiltrados en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) comenzaron a promover su ideología organizando una serie de conferencias de carácter planetario donde se abordaban puntos neurálgicos que les ayudasen a producir ese cambio: la educación (Jomtien, 1990), la infancia (Nueva York, 1990), el medio ambiente (Río de Janeiro, 1992), los derechos humanos (Viena, 1993), la población (El Cairo, 1994), el desarrollo social (Copenhagen, 1995), la mujer (Beijing, 1995), el hábitat (Estambul, 1996) y la seguridad alimenticia (Roma, 1996). Toda esa serie de conferencias no logró de una vez su cometido, aunque sí sembró la semilla necesaria para hacer surgir crédulos adeptos y ver nacer nuevas organizaciones focalizadas en la lucha por la implantación y aplicación de la nueva ideología. Sabían de dónde partir (imponer una nueva ética mundial) y a dónde querían llegar (a un nuevo orden mundial), pero el medio, las conferencias, no les había dado los frutos esperados, así que el paso más importante fue encontrar otra hoja ruta, otro instrumento: la carta de la tierra. ¿Qué es esa carta y en qué consiste?
--Juan Claudio Sanahuja: Más que hablar de la Carta de la Tierra, yo prefiero hablar de los nuevos paradigmas éticos o nueva religión universal: un credo sin principios inmutables, en el que se ha abolido la trascendencia de la persona humana, del que la Carta de la Tierra es sólo una manifestación.
Pienso que el origen está en el llamado Informe Kissinger (1974), cuando se establece como objetivo político de los Estados Unidos que se deben cambiar los preceptos religiosos y culturales de los pueblos, que son los que hacen inviables las políticas de control de natalidad.
Las llamadas grandes conferencias internacionales de los años 90, organizadas por las Naciones Unidas, fueron el modo de poner en práctica el Informe Kissinger. En ellas se planifica el nuevo proyecto de poder global, un proyecto de poder totalitario. Como proyecto totalitario intenta dar una respuesta única y universal a todas las cuestiones que se puedan plantear los seres humanos en cualquier situación en la que se encuentren, cualquiera sea el lugar dónde estén. Entonces, por definición, este proyecto necesita colonizar la inteligencia y el espíritu de todos y cada uno de los habitantes del planeta.
En los mismos textos de esas conferencias se habla de “reingeniería social”, para construir una nueva sociedad sobre bases totalmente distintas a las que conocemos, tratando de contrarrestar y anular lenta y discretamente toda visión trascendente del hombre, para sustituirla por un nuevo sistema de valores. Por eso, yo la llamo “reingeniería social anticristiana”.
Con la Carta de la Tierra se pretende sustituir los Diez mandamientos, lo han declarado ellos mismos. Se endiosa a Gaia, la “madre tierra”. Se reduce a un mismo nivel a todas las creaturas, la persona humana se equipara a los individuos de las otras especies: recordemos que existe un proyecto -el proyecto Gran Simio- que pretende declarar los derechos “humanos” de algunas especies de monos (gorilas, chimpancés, bonobos, etc.). Es más, en algunos casos se llega a hablar de la persona humana como parásito de la naturaleza. Por supuesto que desaparecen la noción de creación y la noción de trascendencia de la persona.
Hay proyectos menos “groseros” que la Carta de la Tierra, aunque en todos ellos está presente el ecologismo como ideología. Por ejemplo, la Ética Planetaria de Hans Küng y, en general, todos los que imponen la idea de una moralidad autónoma, por la que el ser humano construye su propio código moral sin sujetarse a ninguna norma inmutable, universalmente válida para todos los hombres. Se elimina así la noción de ley natural y de ley divino positiva. La New Age presta un gran servicio a estas corrientes.
---Jorge Enrique Mújica: Uno de los puntos a favor que se han ganado los promotores del nuevo orden mundial es la confusión generada y la aceptación pasiva de gran parte de la humanidad. Muchos se preguntan: “¿qué hay de malo en que se declaren “nuevos derechos” para el hombre?”, en todo caso sería más un beneficio con el cual nos veríamos favorecidos.
--Juan Claudio Sanahuja: Justamente, uno de los “nuevos paradigmas éticos” a los que me refería antes, es el “nuevo paradigma de los derechos humanos”, según el cual los derechos humanos están en continua evolución. Los que crean los “nuevos derechos” son los Comités del Sistema de Derechos Humanos de la ONU.
Los “nuevos derechos” están en contradicción con la naturaleza humana. No sólo el supuesto derecho al aborto, que le da a la mujer la potestad de matar nada menos que a su propio hijo, sino también, por ejemplo, el falso derecho a la “identidad de género autopercibida”, por el cual ya no se nace varón o mujer, sino que cada uno “construye” su propia sexualidad, dando pie de esa forma a la aceptación social y jurídica de todo tipo de aberraciones. Así, la ONU hablará del “nuevo paradigma de familia”, para justificar el mal llamado “matrimonio” entre personas del mismo sexo.
---Jorge Enrique Mújica: En la edición quincenal de La Civiltá Cattolica (cf. 16 de mayo de 2009, cuaderno 3814), los padres jesuitas reproducen el texto de la Comisión Teológica Internacional titulado “En busca de una ética universal: nueva mirada sobre la ley natural”, ahora también disponible en la página web del Vaticano. En buena medida es como un vademécum sobre la visión católica –y respuesta– a todo ese programa de reingeniería social que usted ha denunciado en múltiples ocasiones. ¿La ley natural ha dejado de ser válida para fundar la ética universal? Tal parece que ahora hay una tendencia a separar el orden ético del económico, jurídico y político.
--Juan Claudio Sanahuja: Se trata del último documento de la Comisión Teológica Internacional, que responde a la constante prédica de Juan Pablo II y Benedicto XVI llamándonos a redescubrir la ley natural.
Juan Pablo II nos dijo, hablando justamente de la cultura de la vida: “Para la eficacia del testimonio cristiano, especialmente en estos campos delicados y controvertidos, es importante hacer un gran esfuerzo para explicar adecuadamente los motivos de las posiciones de la Iglesia, subrayando sobre todo que no se trata de imponer a los no creyentes una perspectiva de fe, sino de interpretar y defender los valores radicados en la naturaleza misma del ser humano”.
Benedicto XVI tiene muchas intervenciones en este sentido. Una de ellas, quizás la más sencilla para el común de las personas, es la enunciación de los “principios no negociables”: la defensa de la vida humana desde la concepción hasta su muerte natural; el matrimonio como la unión de un hombre con una mujer y el derecho de los padres a la educación de sus hijos. Estos principios el Papa los enuncia para guiarnos en el testimonio público y en la acción social y política. El mismo lo dice: “son las pautas que nunca se podrán derogar ni dejar a merced de consensos partidistas en la configuración cristiana de la sociedad”.
Tengo la impresión de que a nivel de toda la Iglesia, hace falta una catequesis muchísimo más profunda, sobre los principios no negociables, por parte de la jerarquía católica.
---Jorge Enrique Mújica: En los últimos años hemos visto como algunas religiones se van alineando a las directrices emanadas de Conferencias Mundiales organizadas por la ONU. De hecho, en 1993 el “parlamento de las religiones” (en el que no está la Iglesia católica) hizo pública la “Declaración por una ética planetaria”. En ella afirmaba que existe ya un consenso para fundar una ética planetaria. ¿Qué sentido tiene entonces la Declaración de los Derechos Humanos? ¿Por qué la Iglesia católica no suscribió la declaración del parlamento de las religiones? ¿Se puede hablar de un manejo de las religiones por parte de la ONU?
--Juan Claudio Sanahuja: Entre las conferencias del Milenio (ONU, New York, 2000), tuvo lugar la Conferencia de líderes religiosos, organizada por el Secretario General de la ONU y la United Religion Iniciative (URI) de Ted Turner. En el documento final, que la Santa Sede no firmó ya que se opone a la esencia del cristianismo, esos líderes se comprometieron a no enseñar verdades dogmáticas -principios inmutables-, a relativizar su lenguaje y a no hacer proselitismo. Para darnos una idea, la URI considera el proselitismo cristiano como una forma de dominación colonialista.
Un acontecimiento más reciente fue la reunión de 2004, en Ámsterdam, organizada por el gobierno holandés y el Fondo para la Población de las Naciones Unidas, en preparación para El Cairo+10, que versó sobre “derechos sexuales y reproductivos, cultura y religión”. Una de sus conclusiones, calificada de vital en el documento final, fue la de invertir recursos humanos y económicos para “‘convencer’ a los líderes religiosos de democratizar su discurso en materia de derechos sexuales y de derechos reproductivos”.
Se trata de imponer una nueva ética o una religión universal que se asiente, por un lado, en el relativismo y, por otro lado, en la idolatría de la ley positiva, la ley civil, fruto de consensos parlamentarios o políticos que van cambiando con el tiempo al servicio de los intereses de quienes detentan el poder. Ya a finales de los años 80 y principios de los 90 la UNESCO comenzó a impulsar una ética universal de valores relativos.
El binomio relativismo-positivismo jurídico es una clarísima manifestación de “la alianza de la democracia con el relativismo ético (…) que quita a la convivencia civil cualquier punto seguro de referencia moral, despojándola más radicalmente del reconocimiento de la verdad”, como nos advirtió Juan Pablo II. Esta alianza “se convierte con facilidad en un totalitarismo visible o encubierto”.
En el caso específico de lo religioso, el relativismo, además de combatir toda verdad inmutable, fomenta el sincretismo (la mezcla de distintas tradiciones religiosas). Otra variante del relativismo en este campo es el igualitarismo entre las religiones, que dice: “no importa en lo que se crea, lo importante es creer en algo”.
El Cardenal Ratzinger respondió a esto: “Cristo es totalmente diferente a todos los fundadores de otras religiones, y no puede ser reducido a un Buda, o a un Sócrates, o a un Confucio. Es realmente el puente entre el cielo y la tierra, la luz de la verdad que se nos ha aparecido”. Sobre todo, recordemos que al tiempo que se daba la Conferencia de líderes religiosos de la ONU, el 5 de septiembre de 2000, la Congregación para la Doctrina de la Fe presentó la declaración Dominus Iesus sobre la unicidad y la universalidad salvífica de Jesucristo y de la Iglesia. La relación de la declaración con la avalancha de los nuevos paradigmas éticos y sobre todo con la imposición del sincretismo y del indiferentismo religioso está más que clara.
Todas las grandes reuniones de Naciones Unidas van acompañadas de foros o reuniones menores de “líderes religiosos”. Allí han tenido su origen organismos permanentes como el Global Faith-Based Organization Forum, que depende de la organización Religiones para la Paz (Religions for Peace), cuyo presidente emérito, ahora moderador internacional, es el príncipe El Hassan bin Talal de Jordania, que fuera presidente del Club de Roma y es miembro de la Iniciativa Carta de la Tierra.
Religiones para la Paz apoyó en la ONU la creación de la nueva religión universal para “una nueva era, era dorada de armonía y prosperidad, de paz y justicia”. El texto mezcla pasajes bíblicos del Profeta Isaías, las Profecías de Zoroastro, las Promesas del Corán, la Visión Sikh, la Doctrina Jain, y las teorías de Confucio, del Budismo, el Taoísmo; el Bhagavad-Gita, el sintoísmo, las escrituras Bahá’í, y la religión sioux: se trata de la consagración internacional del sincretismo religioso.
---Jorge Enrique Mújica: Uno de los temas que más abundan en relación a la así llamada “nueva ética” son los derechos de la naturaleza o de la madre tierra. Cuando los propulsores del nuevo orden mundial hablan de respeto a la naturaleza qué quieren significar exactamente.
--Juan Claudio Sanahuja: Antes que nada, digamos que hay un legítimo mensaje de preocupación por la naturaleza en la doctrina católica que está expuesto por Juan Pablo II, por ejemplo, en la encíclica Sollicitudo rei socialis.
Por otro lado, ya hemos visto que en el paradigma “de nueva religión universal” se entrelazan el relativismo moral, con el sincretismo y el indiferentismo religioso y el panteísmo.
En cuanto a la preocupación del “nuevo orden” por la naturaleza, ésta es muy relativa, yo diría que es una fachada. En el fondo está el propósito de los países centrales de conservar grandes reservas naturales para alimentar sus opulentos patrones de consumo. Juan Pablo II advertía sobre “la carrera desenfrenada al acaparamiento y a la explotación de los bienes de la tierra por parte de unos pocos privilegiados que sienta las bases para otra forma de guerra fría, entre el Norte y el Sur del planeta”.
Es decir, el poder político-económico de los países centrales fomenta el ecologismo como un disfraz para sus intereses y se da la paradoja de que, el neo-marxismo indigenista -por ejemplo de Leonardo Boff, Evo Morales, Rafael Correa- le está haciendo el juego al capitalismo extremo al cual ellos declaran que quieren combatir.
---Jorge Enrique Mújica: En todo este tiempo estoy seguro que su trabajo habrá causado más de alguna molestia al poner en evidencia a personas o grupos de poder…
--Juan Claudio Sanahuja: Los problemas que hemos tenido nos confirman que la buena información sólo molesta al tirano. Hay tiranos de todos los colores y en todos los ámbitos.
Por citar dos extremos que nos han causado molestias, por un lado, están los dialoguistas para los que el diálogo y el consenso, aún en temas que no lo admiten -como los principios no negociables-, son valores supremos. Y por otro lado, están quienes pretenden imponer la “normalidad” de su estilo de vida antinatural, por ejemplo, los grupos de homosexuales.
Todos tienen en común la pretensión de imponer un pensamiento único, políticamente correcto. Hasta ahora, gracias a Dios, hemos tenido fortaleza para sobre llevar esas presiones, y esperamos que Dios nos la siga concediendo.
---Jorge Enrique Mújica: Si uno lee cualquiera de las noticias que usted elabora, es fácil constatar lo bien preparadas que están. Sin embargo viene una pregunta que podría parecer un poco fuerte: en estos once años de existencia, ¿puede decir que algo ha cambiado para bien con su abnegada labor? ¿Cuáles cree que son los mejores frutos de su trabajo en todo este tiempo?
--Juan Claudio Sanahuja: Pienso que no somos nosotros los que tenemos que hacer balance. Se que hemos influido para que en algunos medios cristianos se hayan comenzado a nombrar instituciones y personas, tratando de dar una información más concreta. Tengo conocimiento de muchas personas a las que los boletines de Noticias Globales han alertado sobre algún tema y a raíz eso han comenzado a trabajar en algún aspecto de la cultura de la vida. Más de una Conferencia Episcopal nos ha pedido información sobre algún tema en particular, etc. Pero yo prefiero dejar el balance en manos de Dios.
***
El padre Juan Claudio Sanahuja nació en Buenos Aires el 16 de septiembre de 1947. En 1968 terminó la licenciatura en Ciencias de la Información en la Universidad de Navarra. Luego de cursar estudios de Teología en Roma, obtuvo el grado de Doctor en Teología por la Universidad de Navarra, en 1973. Se ordenó sacerdote en Madrid, el 13 de agosto de 1972. Pertenece al clero de la Prelatura del Opus Dei. Es profesor de Teología Moral Fundamental y Teología Moral de Sacramentos del Studium Generale de la Prelatura del Opus Dei en Argentina. Ha dictado también numerosos cursos de Historia de la Filosofía e Historia de la Teología.
Profesor de Historia de la Iglesia IV en el Instituto de Ciencias Religiosas (San Luis, Argentina), desde 1980 se dedica a cuestiones relacionadas con la vida humana y la familia. Es miembro correspondiente de la Pontificia Academia Pro-Vita, Vice-asesor del Consorcio de Médicos Católicos de Buenos Aires y Asesor eclesiástico de la Fundación Nueva Cristiandad.
Ha colaborado con asociaciones como AFAN (Asociación Familias Numerosas), SAEMB Sociedad Argentina de Ética Médica y Biológica), Mujeres por la Vida, etc.
Desde 1998 es editor del boletín Noticias Globales, sobre temas que se relacionan con la defensa y promoción de la vida humana a nivel internacional y, desde el año 2001, editor de Notivida, boletín de noticias relacionadas con Argentina.
Ha dictado numerosas conferencias y cursos relacionados con la promoción de la vida humana y la familia en Argentina (San Luis, Corrientes, Paso de los Libres, San Juan, Bariloche, Salta, Tucumán, Mendoza, Catamarca) y en el extranjero (Brasil, Paraguay, España, Ecuador, Uruguay, Chile, México).
Colaboró en diversas iniciativas del Pontificio Consejo para la Familia. Ha publicado, entre otros:
a) “El Gran Desafío, la Cultura de la Vida contra la Cultura de la Muerte”, (Ed. Serviam, 1995, Buenos Aires), con prólogo del Cardenal Alfonso López Trujillo, Presidente del Pontificio Consejo para la Familia. Premio Faja de Honor P. Leonardo Castellani, de la Exposición del Libro Católico de Buenos Aires (1996).
b) “El Desarrollo Sustentable. Nueva Ética Internacional”, Ed. Vortice 2003, Buenos Aires, con presentación del Cardenal Alfonso López Trujillo, Presidente del Pontificio Consejo para la Familia. Premio Faja de Honor P, Leonardo Castellani de la Exposición del Libro Católico (2004).
Libros en colaboración:
a) “Universidad e Integración” en “América Latina: el factor educativo en la integración”. Instituto de Cooperación Universitaria (ICU). Ed. Japadre, L’Aquila (Italia), 1969.
b) “De El Cairo a Beijing pasando por Copenhague” en “La mujer hoy, después de Pekín”, J.C. ediciones, Rosario, 1995.
c) “La Cuestión Ecológica” en Actas del 3er Congreso Latinoamericano de Movimientos Pro-Vida, promovido por el Pontificio Consejo para la Familia, Imprenta Congreso de la Nación, Buenos Aires, 1997.
d) Tuvo a su cargo, la publicación de las Actas del 3er Congreso Latinoamericano de Movimientos Pro-Vida (Luján 1996), promovido por el Pontificio Consejo para la Familia, Imprenta Congreso de la Nación, 1997.
e) “El desarrollo sustentable como paradigma ético”, en “Bioética: Un compromiso existencial y científico”. Universidad Católica San Antonio, Murcia, 2005
f) “La Familia y la vida en la legislación internacional actual”, en “Soplo de Vida. Actas del 1er Congreso Nacional Pro Vida Ecuador 2007”, Guayaquil, 21 al 25 de marzo 2007, Consejo Ecuatoriano de Laicos Católicos, Guayaquil
g) “La ideología de género y el proceso de reingeniería social anticristiana”, en “Mujer y Varón. ¿Misterio o autoconstrucción?”. CEU, Universidad Francisco de Vitoria y UCAM, Madrid 2008
Es autor de numerosos artículos sobre temas que hacen a la promoción de la vida humana y la familia.
¿Ha tenido un impacto en los medios de comunicación la encíclica?¿Cómo la han recibido los principales diarios mundiales? ¿Qué han destacado? ¿Reflejaron adecuadamente la esencial de la encíclica? ¿Qué dicen los medios y qué dice la encíclica? ¿Cómo valorar el impacto mediático? ¿Qué repercusiones tiene para nuestra vida?
La reciente encíclica del Papa, Caritas in Veritate, ha gozado de un golpe mediático sin precedentes. A ello ha contribuido la oportunidad del tema específico de la misma y la necesidad de unas palabras procedentes de una personalidad constituida con la suficiente autoridad moral para pronunciarlas.
El impacto mediático de este documento Pontificio es un hecho si como prueba aducimos la constatación de que a estas alturas son más bien pocos los que no saben que el Papa escribió una encíclica. Ahora bien, aventurarse a decir si el impacto ha sido positivo o negativo, es una cuestión distinta.
Ya desde antes que apareciera la Caritas in Veritate se había formado una expectativa en torno a ella, y no sólo en círculos de economistas, periodistas y especialistas afines, sino en la misma ciudadanía, incluso por parte de personas que no son creyentes. Botón de muestra son los resultados de la encuesta realizada en Estados Unidos por los Caballero de Colón y el Marist College Institute for Public Opinion: una amplia mayoría de los estadounidense querían escuchar al Papa (la encuesta se puede consultar en: http://kofc.org/un/cmf/resources/Communications/documents/poll_pope_20090517.pdf).
El mismo día que se dio a conocer la encíclica, el martes 7 de julio de 2009, la prensa internacional comenzó a satisfacer ese deseo que no era sólo el de la sociedad estadounidense.
La rapidez con que los diarios digitales, la radio y la televisión comenzaron a titular sus cabeceras y a emitir juicios sobre el contenido de la encíclica, incluso sobre el autor, llevaban a poner en duda el que en tan poco tiempo el periodista o el medio en cuestión hubieran leído concienzudamente las 127 ó 136 páginas (dependiendo qué edición se tuviera) donde se recogen una introducción, seis capítulos y una conclusión sobre el desarrollo humano integral en la caridad y en la verdad; un “todo” dirigido explícitamente a los obispos, a los presbíteros y diáconos, a las personas consagradas, a todos los fieles laicos y a todos los hombres de buena voluntad.
De esta manera, la gente fue quedándose con titulares o contenidos resultados de lecturas parciales, comentarios sectarios e ideologizados, extractos reduccionistas incapaces de dar una visión sintética del documento o críticas y ataques frontales.
La escollo de quedarse en la reforma de la ONU y la reducción a encíclica económica
No fueron pocos los medios que se centraron en el punto número 67 de la encíclica alegando que Benedicto XVI pide una reforma de la ONU, una verdadera autoridad política internacional o que sencillamente la redujeron a un documento de carácter económico.
El francés Le Parisien decía, por ejemplo, que es fundamental encontrar un gobierno mundial que sea confiado a la ONU, si bien también destacaba las palabras del Papa en torno a la defensa de la familia y a la procreación responsable. En esta misma línea, The Washington Post fijaba su atención en la dignidad del individuo y la necesidad de una justicia equitativa para todos los hombres en el titular “El Papa reclama una nueva estructura económica”. The New York Times bautizaba así su reporte: “El Papa propone un nuevo orden financiero guiado por la ética”, resaltando en él las referencias del Papa al respeto de la dignidad humana.
El diario chileno La Nación destacó el llamamiento del Santo Padre a la creación de una autoridad mundial. En ese sentido, el boliviano La Razón recalcaba también esta reforma, mientras que El Periódico de Cataluña decía que “El Papa aboga por refundar la ONU y el capitalismo”, El País reiteraba que “El Papa pide una gobernanza mundial” y La Vanguardia afirmaba que “El Papa reclama una reforma de la ONU y del sistema financiero mundial”. En Argentina, el diario Clarín se sumaba a la corriente reduccionista al enunciar la noticia “El Papa culpa de la crisis a la “economía sin ética” y pide cambios en la ONU”.
En el Reino Unido The Daily Mail rotulaba así la información: “El Papa propone un nuevo sistema económico mundial que se guíe por el bien común”. Times resaltó el factor “amor” como propuesta base del Pontífice para un nuevo sistema económico y Le Monde se decantaba también en esta línea, más inexactamente, al referir que el Papa deseaba meter la ética y la fe en el corazón de la mundialización.
En México el diario El Universal sintetizaba así la noticia: “El Papa propone un nuevo orden financiero”, y en España El Mundo aseveraba que “Benedicto XVI defiende que la economía necesita ética”. En Estados Unidos, Wall Street Journal también ponía una cabecera afín a la reforma de la ONU y de los cuerpos internacionales. USA Today puso en marcha una encuesta en la portada de su portal digital cuestionando la autoridad global del Papa en temas económicos.
Pero, qué decía exactamente el número 67 de la Caritas in Veritate. Ante todo es conveniente recordar que es sólo un punto, dentro del capítulo quinto dedicado a una reflexión sobre la colaboración de la familia humana, de entre los 79 que contiene todo el documento y, ciertamente, no es el que resume la esencia del mismo. Reproduzco a continuación las partes más importantes de este número 67:
“Ante el imparable aumento de la interdependencia mundial, y también en presencia de una recesión de alcance global, se siente mucho la urgencia de la reforma tanto de la Organización de las Naciones Unidas como de la arquitectura económica y financiera internacional, para que se dé una concreción real al concepto de familia de naciones.
Y se siente la urgencia de encontrar formas innovadoras para poner en práctica el principio de la responsabilidad de proteger y dar también una voz eficaz en las decisiones comunes a las naciones más pobres. Esto aparece necesario precisamente con vistas a un ordenamiento político, jurídico y económico que incremente y oriente la colaboración internacional hacia el desarrollo solidario de todos los pueblos.
Para gobernar la economía mundial, para sanear las economías afectadas por la crisis, para prevenir su empeoramiento y mayores desequilibrios consiguientes, para lograr un oportuno desarme integral, la seguridad alimenticia y la paz, para garantizar la salvaguardia del ambiente y regular los flujos migratorios, urge la presencia de una verdadera Autoridad política mundial, como fue ya esbozada por mi Predecesor, el Beato Juan XXIII.
Esta Autoridad deberá estar regulada por el derecho, atenerse de manera concreta a los principios de subsidiaridad y de solidaridad, estar ordenada a la realización del bien común, comprometerse en la realización de un auténtico desarrollo humano integral inspirado en los valores de la caridad en la verdad.
Dicha Autoridad, además, deberá estar reconocida por todos, gozar de poder efectivo para garantizar a cada uno la seguridad, el cumplimiento de la justicia y el respeto de los derechos. Obviamente, debe tener la facultad de hacer respetar sus propias decisiones a las diversas partes, así como las medidas de coordinación adoptadas en los diferentes foros internacionales.
En efecto, cuando esto falta, el derecho internacional, no obstante los grandes progresos alcanzados en los diversos campos, correría el riesgo de estar condicionado por los equilibrios de poder entre los más fuertes (…)”.
La reducción de la encíclica a un documento de carácter económico es errónea. El subtítulo de la encíclica pone de manifiesto que ella trata sobre el desarrollo humano integral y en él la economía es un elemento más del desarrollo, pero no el único.
¿El Papa gira a la izquierda? ¿Una encíclica anticapitalista?
Otros medios de comunicación se decantaron por afirmar y comentar la “simpatía” o el “giro” del Papa hacia la izquierda y su cariz anticapitalista. Así, Marco Politi en la página 16 del italiano La Repubblica se “sorprendía” de que el Papa, según él, girara hacia la socialdemocracia, además de acusarlo de fijar en la encíclica los paletos de su visión moral. La Repubblica dedicó dos páginas y una editorial a la Caritas in Veritate.
Con el título “Benedicto XVI gira a la izquierda y censura las finanzas sin escrúpulos”, el diario español El Correo se unía también a este sector informativo. El también español El País hizo lo propio al reportar como titular la noticia del siguiente modo: “Un Ratzinger globalizado y de izquierdas”
The Financial Times anotaba que la encíclica es una llamada de advertencia al capitalismo desenfrenado, además de destacar los comentarios del Papa a las agencias internacionales que fomentan el aborto e imponen la esterilización. El tendencioso rotativo mexicano Reforma apuntaba a una inexacta síntesis que tituló “El Papa critica el capitalismo en su encíclica”.
Llama la atención, a quien ha tenido la oportunidad de leer completa la Caritas in Veritate, que la palabra “capitalismo” aparezca sólo una vez (cf. no 41) y sea precisamente para superar toda ideología. Dice el texto: “El predominio persistente del binomio mercado-Estado nos ha acostumbrado a pensar exclusivamente en el empresario privado de tipo capitalista por un lado y en el directivo estatal por otro. En realidad, la iniciativa empresarial se ha de entender de modo articulado. Así lo revelan diversas motivaciones metaeconómicas. El ser empresario, antes de tener un significado profesional, tiene un significado humano. Es propio de todo trabajo visto como «actus personae» y por eso es bueno que todo trabajador tenga la posibilidad de dar la propia aportación a su labor, de modo que él mismo «sea consciente de que está trabajando en algo propio”.
Ya desde el día de la presentación de la encíclica, Stefano Zamagni, profesor de economía política en la universidad de Bolonia, dejó claro en la Sala de Prensa de la Santa Sede que “no es una encíclica anticapitalista” –si bien la condena cuando deriva en tiranía–. Incluso fue más allá al afirmar que el Papa supera la lucha ideológica pues, como se puede constatar en el texto íntegro de la misma, no se hace alusión a ideologías económicas.
De la misma opinión es el catedrático de economía aplicada de la universidad Complutense de Madrid, José Tomás Raga, quien valora la encíclica positivamente (cf. ZENIT, 09.07.2009).
Los ataques frontales
Algunos mass media filo-izquierdistas optaron por enfrentarse abiertamente al Papa con acusaciones o lecturas sectarias. En las páginas 4 y 5 del italiano Liberazione, Fulvio Fania acusaba al Papa de no haber tratado el tema de la guerra en su encíclica mientras que el también italiano Il Manifiesto afirmaba que el miedo de la Iglesia por el comunismo la ha hecho ir hacia el capitalismo.
El ex líder comunista Santiago Carrillo fue más allá al declarar en una entrevista a la cadena SER, de España, que el Papa es un demagogo y que ha copiado a Marx: “Desde mi punto de vista –declaraba Carrillo– esa encíclica encubre otra política real del Papa y del Vaticano que no es acabar con la avaricia del capitalismo, y tal y cual, sino que es seguir manteniendo las costumbres tradicionales, frenar el avance de la Historia... Y, claro, a un público como el suyo, al que les está diciendo que las costumbres son perversas, y tal y cual, hay que darle de vez en cuando algo que entienda mejor. Y lo que entiende hoy muchísima gente es que este mundo es injusto y que hay que cambiar cosas”.
Todo lo anterior contrasta con un artículo como el de Paolo Del Debbio en el Libero. Del Debbio pone en evidencia que la Caritas in Veritate no condena el mercado y la globalización y que pide ayudas asistenciales para países pobres.
Una mención aparte merece el “católico” George Weigel, quien desde su muy particular punto de vista pontifica, como ya es costumbre al comentar lo que no le parece, aseverando en el National Review que el Papa está manipulado y por eso escribe lo que escribe en esta encíclica.
Como se mencionaba antes, llama la atención que en la encíclica no haya referencias a ideologías que otros se regodean en traer a colación como para recordar que sus planteamientos ideológicos y políticos están vivos.
Durante la presentación de la encíclica en Via della Conciliazione, el 7 de julio pasado, el cardenal Paul Josef Cordes subrayó que Caritas in Veritate inspira pero no hace política. El cardenal Cordes también enfatizó que la encíclica no se puede leer fuera del Evangelio pues, lejos de ser un sistema ideológico o un manifiesto político sin alma, la doctrina social de la Iglesia compromete a un cambio al cristiano en lo personal para encarnar su fe. Estas anotaciones logran atenuar los exabruptos y ataques a los que se ha hecho referencia anteriormente.
En un artículo-comentario de Carl Anderson, Caballero Supremo de los Caballero de Colón, el autor inicia una constatación que encuentra relación con las declaraciones del cardenal Cordes: “Mucho antes que la “izquierda” y la “derecha”, estaba el Evangelio, y mucho después de que esas etiquetas políticas hayan caído en el olvido, el Evangelio permanecerá”.
Una cobertura más equilibrada
Afortunadamente también hubo espacio para los que leyeron toda la encíclica. Por su seriedad, destaca la columna de Ritanna Armeni en el diario Il Riformista, en donde además de subrayar aspectos positivos de la Caritas in Veritate, invita a la izquierda política a “leer, subrayar y reflexionar”. En Libero, Caterina Maniaci fija su atención en un aspecto importante del documento: el término fraternidad sustituye al de solidaridad.
Aunque fue acusado de adelantar información “bajo embargo” el mismo día de la presentación de la encíclica –y se espera una penalización correctiva por parte de la Sala de Prensa de la Santa Sede–, Il Corriere de la Sera publicó en portada la noticia sobre la aparición de la encíclica bajo el título “El trabajo es un derecho para todos”. Un día más tarde, el 8 de julio, Il Corriere de la Sera publicó una entrevista de María Antonieta Calabró al economista Ettore Gotti Tedeschi quien de una manera informal se aventura a postular a Benedicto XVI, dentro de la misma entrevista, para el premio Nobel de economía. ¿El motivo? El Papa relaciona el sentido positivo de la demografía y el desarrollo. ¿Dónde? En el número 28, del capítulo segundo dedicado al desarrollo humano en nuestro tiempo, Benedicto XVI dice:
“La apertura a la vida está en el centro del verdadero desarrollo. Cuando una sociedad se encamina hacia la negación y la supresión de la vida, acaba por no encontrar la motivación y la energía necesaria para esforzarse en el servicio del verdadero bien del hombre. Si se pierde la sensibilidad personal y social para acoger una nueva vida, también se marchitan otras formas de acogida provechosas para la vida social. La acogida de la vida forja las energías morales y capacita para la ayuda recíproca. Fomentando la apertura a la vida, los pueblos ricos pueden comprender mejor las necesidades de los que son pobres, evitar el empleo de ingentes recursos económicos e intelectuales para satisfacer deseos egoístas entre los propios ciudadanos y promover, por el contrario, buenas actuaciones en la perspectiva de una producción moralmente sana y solidaria, en el respeto del derecho fundamental de cada pueblo y cada persona a la vida”.
El italiano Avvenire y los españoles La Razón y ABC son tres de los diarios que dedican más espacio a este importante documento papal. En un artículo de Francesco Botturi (In gioco le categorie per ripensare il senso dell´umano), el Avvenire destaca que el esfuerzo de la encíclica es demostrar la racionalidad del conjugar de modo nuevo técnica, economía y política con una sabiduría sobre el ser humano. Avvenire incluye entrevistas a Mario Toso, consultor del Pontificio Consejo de Justicia y Paz, y a Stefano Zamagni, profesor de economía política en la universidad de Bolonia quien también participó como experto en la presentación oficial de la encíclica el 7 de julio.
La Razón (España) y el ABC ofrecieron siete y cuatro páginas a la aparición de la encíclica. Días más tarde fueron apareciendo ricos artículos-comentarios, entre otros, del cardenal Antonio Cañizares y el escritor Juan Manuel de Prada. En Francia, La Croix ofreció interesantes aproximaciones y titulares realistas como “Caritas in Veritate: Benedicto XVI actualiza la doctrina social de la Iglesia”.
El rotativo italiano de cariz económico Il Sole 24Ore también concedió amplio espacio a comentarios sobre la Caritas in Veritate, destacando el análisis del vaticanista Carlo Marroni. El francés Le Figaro señalaba que Benedicto XVI deposita su confianza en el hombre, en su capacidad de invención y generosidad, en un artículo titulado “Credo social de Benedicto XVI”. Por su parte, L´Osservatore Romano insistió en las tres ideas básicas de la nueva encíclica: caridad, verdad y ética.
La agencia EFE tuvo el acierto de emitir un servicio titulado “La encíclica, el documento más importante que escribe un Papa”. En él se puede profundizar en la historia de las encíclicas y en otros detalles culturales de interés.
Los informativos socioreligiosos también cubrieron la noticia de una manera coherente, centrada y profesional. ReligionenLibertad.com, ForumLibertas.com, AnalisisDigital.com, ReligionConfidencial.com, InfoCatolica.com y AlfayOmega.es son una muestra de la tratativa responsable y amena de la información, sin caer en exageraciones pías. Eulogio López ha venido ofreciendo algunos comentarios de la encíclica en Hispanidad.com, el decano de la prensa digital en español y un diario de corte económico.
Al menos mencionaron la encíclica
Otros diarios apenas si le dieron espacio. Así, por ejemplo, Il Mesaggero quien publicó una breve entrevista a Mons. Fisichella, presidente de la Academia Pontificia para la Vida, o La Stampa, quien se limitó a una entrevista a Michael Novak.
¿Con qué mensaje nos quedamos?
La panorámica de las cabeceras de los medios de comunicación que llevan la batuta de la información mundial, confirman dos cosas: 1) que efectivamente la encíclica impactó y 2) que la mayoría de la gente, puesto que no ha leído la Caritas in Veritate –y quizá no la leerá– se ha quedado con segmentos no siempre adecuadamente transmitidos, a veces incluso conscientemente manipulados, de la esencia real de la tercera encíclica de Benedicto XVI.
¿Y cuál sería ese núcleo sustancial, esa idea madre que da pie y guía toda la doctrina de la Caritas in Veritate? ¿Cuál es la novedad de esta encíclica social respecto a otras que han aparecido en el pasado y han sido firmadas por Papas como León XIII, Juan XXIII, Pablo VI o Juan Pablo II? ¿Qué se debe tomar en cuenta para apreciarla mejor?
En la Catequesis durante la audiencia general del pasado miércoles 8 de julio, el mismo Benedicto XVI respondió a la primera pregunta: “La caridad en la verdad es la principal fuerza propulsora para el verdadero desarrollo de cada persona y de toda la humanidad”. El Papa nos dice que para que la sociedad sea una verdadera comunidad, cuyas relaciones sean dictadas por la fraternidad, debemos reconsiderar el amor y la verdad como fuerzas sociales fundamentales.
Más que hablar de novedad, se debe hacer referencia a las aportaciones que hace la encíclica. La valoración de esas aportaciones está correlacionada con la finalidad del documento, con su esencia que es, a la vez, una respuesta que se nos ofrece.
Caritas in Veritate reactualiza la doctrina social de la Iglesia en el entorno actual de la globalización proponiendo un humanismo integral que pone el acento en el ser humano como primer capital que debe ser custodiado. De ahí pasa a una defensa de la economía de mercado que debe tener como prerrogativa el bien común.
Ciertamente presenta aportaciones originales como la relación entre el derecho a la libertad religiosa y a la vida con el desarrollo (cf. números 28 y 29). La encíclica es un documento moral, no político. No sin razón dice el mismo Benedicto XVI en el número 18: “La fe cristiana se ocupa del desarrollo, no apoyándose en privilegios o posiciones de poder, ni tampoco en los méritos de los cristianos, que ciertamente se han dado y también hoy se dan, junto con sus naturales limitaciones, sino sólo en Cristo, al cual debe remitirse toda vocación auténtica al desarrollo humano integral”.
Y después de todo, podríamos preguntarnos todavía, todo esto que nos dice el Papa, cómo respalda nuestra visión del mundo. Carl Anderson, a quien ya hemos citado antes, responde a un interrogante semejante que va en este sentido: “no debemos preguntarnos cómo esta encíclica respalda nuestra visión del mundo, sino al contrario, cómo debe cambiar nuestra visión del mundo”.
Posiblemente, para poder aplicar prácticamente las enseñanzas ahí contenidas, el primer paso sea leer la encíclica y no confiarse siempre demasiado en los titulares de los periódicos. El impacto mediático de la Caritas in Veritate no significa nada si más que acercarnos al texto íntegro y original, aleja de la posibilidad de conocer, de primera mano, todo lo que ahí está expuesto. Será positivo, en cambio, si nos acerca a la lectura reposada de esta joya del pensamiento de un hombre elegido por Dios para ser su Vicario en la tierra.
Las imágenes siempre crueles, el número de cadáveres siempre alto, los rostros sin nombre de la soledad y el hambre convivieron y siguen conviviendo a diario con nosotros. El primer instinto es de rechazo pero, poco a poco, el rechazo natural hacia el dolor ajeno y las ganas de sosegarlo se han ido mitigando. ¿A base de qué? A fuerza de rutina.
Cuando vimos caer las primeras bombas y derribarse las casas y morir a los niños, reprobamos, nos conmovimos, rechazamos la violencia y nos dimos cuenta del horror que significaba la guerra. Las cifras de muertos que a diario se sucedían nos impresionaban y las escenas de infantes sin padres, de mujeres sin esposo, de abuelos sin nada, nos conmovían hasta las lágrimas. Sólo los de fría sangre toleraban las imágenes de muerte que la prensa nos regalaba y pocos eran los que al final del telediario se quedaban sin ese vacío que nace de la impotencia de no poder paliar el sufrimiento.
Las imágenes siempre crueles, el número de cadáveres siempre alto, los rostros sin nombre de la soledad y el hambre convivieron y siguen conviviendo a diario con nosotros. El primer instinto es de rechazo pero, poco a poco, el rechazo natural hacia el dolor ajeno y las ganas de sosegarlo se han ido mitigando. ¿A base de qué? A fuerza de rutina.
Ahora se escucha con triste indiferencia el número de caídos cuando las bombas de los terroristas estallan y dejan en la tristeza a decenas de deudos diariamente. Escuchamos, vemos o leemos que hoy han muerto “130” personas en Irak (por decir una cifra) y nos parece tan obvio, tan como si se dijese que del cielo cae la lluvia. Y más bien nos extraña cuando los difuntos son mucho menos o no forman parte de la nota de prensa de cada jornada.
¿Nos hemos acostumbrado a la muerte? Quizá sí porque no nos toca de cerca, porque nos parece lejana, porque es un hecho ordinario, lamentablemente. Y es que la muerte es más muerte cuando está a nuestro lado, cuando se le llega a tentar con la propia mano.
Qué extraño… Si sucede un atentado en otro lugar del planeta, como por ejemplo una ciudad del primer mundo europeo, el corazón late de prisa y la conmoción otra vez llega. Quizá el número de muertos no llegue en un solo atentado al que diariamente se repite en medio oriente, pero lleva la huella de la novedad y la sorpresa. Pero, ¿qué no valen lo mismo las vidas de palestinos, iraquíes y libaneses que la de ingleses, holandeses y españoles? No, no es comparar un dolor con otro ni suscitar polémica a como dé lugar; ambas tragedias son reprobables y las dos deben siempre evitarse. Pero el botón sirve de muestra para evidenciar la enfermedad de esa otra rutina.
“El hombre muere tantas veces cuantas pierde a los suyos”, escribió Publilio Siro. Quizá en nosotros se está extinguiendo ese interés profundo por el prójimo. Que es ya una forma inconsciente de morir viviendo.
Hay muchos Irak a los que ya nos hemos acostumbrado y con los cuales convivimos indiferentes, adormilados, estoicos. En su obra maestra Tomás de Kempis escribió: “Dichoso el que tiene siempre ante sus ojos la hora de su muerte”. Muerte, sí, que nunca está aislada de la vida de los demás, con los demás, para los demás.
Esos beneficios humanos de la fe no dejan de ser un valor añadido que no se puede olvidar nunca al hablar de la religión en la vida pública, pues en definitiva son una riqueza para la vida de las naciones y de todos sus ciudadanos.
Mientras se sigue discutiendo en no pocos lugares, especialmente en países de raigambre cristiano en occidente, el papel de la religión en la vida pública, diferentes estudios científicos ponen de manifiesto los beneficios humanos de la fe.
En un reciente libro titulado “Cómo cambia Dios tu cerebro”, Andrew Newberg y Mark Robert Waldman resumen años de investigación sobre la relación entre salud neurológica y fe, a partir de estudios a religiosas y monjes budistas. ¿La conclusión? Hay una influencia positiva de la fe en aquellos que creen verdaderamente.
A inicios de marzo de 2009 la universidad de Toronto ofrecía los resultados de una investigación realizada por uno de sus profesores de psicología, Michael Inzlicht, y que arrojaba datos sumamente interesante como el que creer en Dios puede bloquear la ansiedad y minimizar el estrés. El estudio fue publicado en la revista Psychological Sciense y en las muestras participaron no nada más creyentes sino también agnósticos.
Según un estudio del profesor Bradford Wilcox, docente de sociología en la universidad de Virginia, USA, hay una evidencia de que la religión está desempeñando un papel que fomenta una orientación familiar entre los varones estadounidenses. ¿Cómo sustenta esta afirmación? A partir de la asistencia regular de los hombres a los servicios litúrgicos cristianos: los hombres que acuden regularmente tienen matrimonios más fuertes, estables y sus esposas son más felices. Pero no es todo. Un elevado porcentaje de las parejas casadas que asisten a misa, tienen un 35% menos de probabilidad de divorcio.
Respecto a los hijos, Wilcox evidenció que los padres que asisten a los servicios cristianos están más involucrados en las vidas de sus hijos: en el 65% de los casos, los padres también tienden a ser más afectuosos. Otro dato significativo es la alta tasa de hombres y mujeres que su vida cristiana activa propicia el concebir hijos sólo después del matrimonio.
En la misma línea va el estudio de Pat Fargan para la Fundación Heritage (se puede consultar en http://www.heritage.org/Research/Religion/bg1992.cfm), análisis que, además, ahonda en el papel positivo que la religión tiene en la educación de los hijos, la prevención en el consumo de drogas y alcohol, sexualidad y salud mental y física y ausencia de violencia doméstica.
Según el estudio de Fargan, entre otros muchos datos, los jóvenes religiosos son hasta tres veces menos propensos a tener hijos fuera del matrimonio y a no abusar en el consumo de alcohol. Fargan también afirma que la gente que practica su fe tiene menos riesgo de caer en depresión o de suicidio.
En el mes de enero de 2009, la revista Peditrics publicó un estudio de Janice Rosembaum donde queda de manifiesto que los jóvenes religiosos aplazan su edad de inicio sexual, algo sumamente bueno pare evitar embarazos no deseados, enfermedades sexuales e infidelidad en el matrimonio. Pero no es todo. Según el análisis del Journal of Drug Issues, de octubre de 2008, la religiosidad de los jóvenes influye en la resistencia a la influencia de amigos que suelen emborracharse o drogarse
Hay otros estudios que confirman el bien que produce la vivencia práctica y real de la fe en la familia, en sintonía con las investigaciones de Wilcox, Fargan y Rosembaum. Es el caso del análisis del sociólogo de la universidad estatal de Mississippi, John Bartkowski, publicado en la revista Social Science Research (Se puede consultar el estudio en http://www.livescience.com/humanbiology/070424_religion_kids.html).
Según la investigación de Bartkowski, si el padre y madre van a la Iglesia y viven su fe, los hijos se desarrollan mejor: estudian con mayor disposición y tienen más habilidades sociales. Los niños cuyos padres asistían a la iglesia con frecuencia tenían las mejores puntuaciones en autocontrol, comportamiento y cooperación con sus iguales. ¿Por qué sucedía esto? Por tres razones:
1) Las redes religiosas de relación social apoyan a los padres, mejoran sus habilidades como padres, y los niños ven que los mensajes de los padres son reforzados por otros adultos.
2) Las comunidades religiosas tienden a promover valores de sacrificio y familia, que "podrían ser muy, muy importantes al definir cómo los padres se relacionan con los hijos y cómo los niños se desarrollan como respuesta".
3) Las comunidades religiosas aportan al ser padre una “significación sacra”.
El estudio comprobó que si los padres discuten en casa por razones religiosas perjudica a los hijos, que no se benefician de los resultados estadísticos positivos de otros niños.
También es posible que los padres con niños buenos puedan ser ambos asiduos a la práctica religiosa precisamente porque sus niños se comportan bien; mientras que "el culto en una congregación es una opción menos viable si piensan que sus hijos se comportan pobremente", reflexiona Bartowski.
Ciertamente no se recurre a la fe para ser feliz. C.S. Lewis decía que para eso él siempre tenía presente que existían las botellas de alcohol. Los beneficios son una consecuencia natural de la fe, no una causa para creer. Sin embargo, esos beneficios humanos de la fe no dejan de ser un valor añadido que no se puede olvidar nunca al hablar de la religión en la vida pública, pues en definitiva son una riqueza para la vida de las naciones y de todos sus ciudadanos.
A la hora de pedir u ofrecer recomendación sobre lecturas, se debe tener en cuenta una serie de pautas que, poco a poco, se pueden hacer hábito y ahorrar decepciones, desencantos o el rechazo a este medio por el que se comunica el saber, se alcanza el descanso o se edifica la vida.
A medio mundo le ha pasado que en su afán de conocimiento y sed de lectura ha acudido a otras personas tratando de encontrar el libro que necesita. Otras veces, quizá más de alguno se ha auto investido en perito del mundo editorial y se ha dado a la tarea de prescribir tal o cual lectura al que se acercó pidiéndolo.
Consta que el amor de los libros es el amor de la sabiduría. Pero también consta que no todo libro es amable ni mucho menos que toda lectura, por el hecho de serla, redunde en provecho del que la hace.
El mundo de la lectura también tiene sus mecanismos. Quien desea aprovecharla y sacarle beneficio debe ser consciente de que hay que acercarse con la humildad del que sabe que no sabe y que, sin embargo, por ese mismo hecho, ya tiene buen trecho andado. Aprovechar y disfrutar una lectura presupone una justa elección. En la elección radica el futuro como lectores avispados o como absentistas literarios.
A la hora de pedir u ofrecer recomendación sobre lecturas, se debe tener en cuenta una serie de pautas que, poco a poco, se pueden hacer hábito y ahorrar decepciones, desencantos o el rechazo a este medio por el que se comunica el saber, se alcanza el descanso o se edifica la vida.
1. El que pide la recomendación
A. A quién se pide la recomendación
No es discriminación hacer una buena elección. Hay que apelar a quien conoce. Al momento de pedir una recomendación no basta la buena intención y humildad de la pregunta.
Es un hecho: no todos están capacitados para recomendar un libro. Recomendar implica no sólo la buena voluntad de hacerlo cuanto un bagaje de lecturas fruto de un hábito adquirido durante años, acrisolado por la riqueza de la experiencia. Por tanto habría que considerar a quién se acude para pedir consejo so riesgo de llevarse una decepción.
En buena medida, una óptima recomendación también depende mucho del solicitante. Éste debería ofrecer pautas de orientación que ayuden al que recomienda a dar lo que busca. Dos coordenadas importantes son ¿qué se quiere leer y para qué se quiere leer?
Saber qué se quiere leer implica un mínimo de nociones literarias; distinguir entre los diferentes géneros (cuento, novela, ensayo, poesía, artículo, autobiografía, etc.). Tener claro para qué se quiere leer es cobrar conciencia de que hay diferentes modo de comunicar la sabiduría. No es lo mismo comunicarla de una forma novelada y con palabras fáciles de comprender que ayudan al descanso que de un modo más elaborado que acusa poner una mayor concentración. Una lectura puede ayudar a profundizar en un tema de interés de maneras diversas: haciendo descansar o fomentando el meter todo nuestro ser en el estudio de determinado argumento.
B. Quien da la recomendación
La experiencia hace la diferencia. Así como no es lo mismo que un catador recomiende tal cosecha vinícola o vino, tampoco es lo mismo que un experimentado sibarita lo haga de tal casa editorial o título de obra.
Un avezado lector sabrá recomendar mucho mejor que uno novel. Y es que aquél posee un bagaje de géneros literarios y un discernimiento crítico de autores, argumentos, casas editoriales, ideologías, etc. Pero posiblemente lo más rico de una experiencia como la de los lectores consumados sea su apertura a todo tipo de literatura, la ponderación, equilibrio y mesura de sus juicios y su deseo por seguir creciendo como lectores. Ya lo decía san Jerónimo: Crebrius lege, disce quam plurima (Lee con bastante frecuencia, aprende lo que más puedas; cf. Epist 22, 17).
Ciertamente el que recomienda un libro debe ser muy consciente de que sus gustos no son los del que pide la recomendación. Es un dato de experiencia: lo que nos gusta no siempre es lo que le gusta a los demás.
Para hacer una atinada recomendación es de desear:
B.1 Conocer el temperamento, personalidad y carácter del que la pide.
No es lo mismo recomendar un libro a un temperamento apasionado que a un amorfo, como tampoco lo es hacerlo para un sentimental que para un flemático. Las predisposiciones e inclinaciones temperamentales son diferentes, la personalidad les matiza un interés particular hacia determinados temas y el carácter les ayuda diversamente a perseverar en la lectura de lo recomendado. Aquí se presupone el conocimiento de los temperamentos.
B.2 Las coordenadas para la orientación del que recomienda.
Ya habíamos tratado este tema antes pero ahondemos más.
Cada vez que se pide recomendación de un libro debería seguirse un para qué que oriente en la recomendación. El motor que nos lleva a leer puede ser distinto: unos buscan saciar una duda puntual, otros profundizar en determinado argumento, algunos más pasar un rato agradable y otros tantos descansar, investigar, estudiar, cumplir una tarea escolar, curiosidad, etc.
Un libro de historia no es lo mismo que uno de economía como tampoco es lo mismo una novela histórica que la historia de la economía. Por tanto, mientras más al detalle vayamos, más nítido y agradable será el encuentro libro-hombre.
Por último, el que recomienda una lectura debe saber qué tanto sabe el otro del argumento que está pidiendo consulta. No es lo mejor dar la bibliografía de una excelente obra cuando probablemente el que la recibe no tiene idea de lo que va a leer. Pensemos, por ejemplo, en un tema de historia: digamos –por mentar algo– la constitución del Estado de Israel. Si antes no se tiene un contexto general que ayude a ubicar el pasaje particular, será menos comprensible e incluso desagradable posar los ojos por nombres, fechas y hechos que no suenan a nada. En ese caso es mejor ofrecer primero un libro de historia universal que sepa ubicar al lector en el meollo de lo que podrá aprovechar luego y comprender mejor.
Hay muchos que son amantes de los libros, los leen y tienen bibliotecas completísimas de ellos. Otros más sólo tienen las bibliotecas y viven en el agobio de no poder dejar reposadamente sus ojos en ellos. Aquí convendría aplicar aquella máxima que no debe desanimarnos: si no puedes leer todo lo que tienes, basta que tengas cuanto puedes leer.
La lectura es la comida del hombre abierto a la erudición. Quien pide recomendaciones de libros denota su disposición a acercarse a esa erudición a la que naturalmente tendemos. Con lo hasta aquí expuesto de forma sumaria bien se puede hacer una idea de qué es necesario procurar y qué evitar al momento de pedir ayuda a la persona adecuada. Sí, en buena medida, un pedir recomendación es como una confesión y un ofrecerla como una absolución.
***
Lecturas por internet
Hay diferentes portales que ofrecen una amplia gama de títulos, ya de forma gratuita, ya de adquisición a través de una compra (con el oportuno envío de la copia impresa a domicilio).
Antonio González, numerario del Opus Dei, impulsa portales como http://dudasytextos.com y http://relibros.org, desde donde es posible descargar una buena cantidad de libros de actualidad e interés de forma gratuita.
Otros portales ofrecen la posibilidad de compra. Partimos de la número uno de las editoriales católicas: la Librería Editorial Vaticana (http://www.vatican.va/roman_curia/institutions_connected/lev/index_it.htm).
Es la más completa no sólo por ser la editorial oficial del Vaticano sino por el número de obras anuales que edita, la altura y profesionalidad de los autores, la calidad de los contenidos, lo óptimo del material, la diversidad de idiomas y el impacto que tiene a nivel mundial a través de las alianzas que realiza para la redistribución de cada libro. La página de inicio está en italiano y sólo ofrece la posibilidad de acceder a una parte en inglés. No obstante, hay numerosos títulos en español. Además edita pósters artísticos, calendarios y cuadernos.
Son numerosas las editoriales católicas nacidas con el fin de impulsar la fe. Tras la Librería Editorial Vaticana quizá la más importante sea la BAC (Biblioteca de autores cristianos: http://www.bac-editorial.com). Al entrar al portal encontramos cinco pestañas en la parte superior (BAC, catálogo, novedades, compra, contacta con nosotros) y seis a la izquierda (noticias, buscador, distribuidores, descargas, enlaces y actualización) que facilitan enormemente la navegación. La BAC está especializada en temas y estilos como ensayos, documentos pontificios, espiritualidad, enciclopedias y santorales.
Otras excelentes editoriales son la Editorial Universidad de Navarra (www.eunsa.es) que ha redoblado publicaciones en campos como la filosofía y la teología; la Editorial Mandruvá (www.hottopos.com) especializada en publicaciones de humanidades; la fundación Gratisdate (www.gratisdate.org) quien produce obras católicas, las vende en España y las dona en Hispanoamérica; Ediciones Encuentro (www.ediciones-encuentro.es), especializada en arte, literatura, historia, teología, filosofía, economía y política; Ediciones Rialp (www.rialp.com) con gran variedad de títulos; Ediciones Palabra (http://www.edicionespalabra.es/ ) enfocada a la publicación de libros y revistas sobre formación humana y espiritual; Ediciones Paulinas (www.san-pablo.com), Esfera de los libros (http://www.esferalibros.com) ; Criteria club de lectores (www.criteriaclub.com) con muchas obras sobre actualidad, ensayos, literatura, religión, educación, infantil, juvenil, ocio; Sígueme (www.sigueme.es), especializada en temas bíblicos, teológicos, de espiritualidad y humanidades; Misión Multimedia (www.misionmultimedia.com) que recoge gran cantidad de recursos desde materiales audiovisuales hasta bibliográficos de gran calidad y Styria, quien se va colocando en el gusto del público por la calidad y profesionalidad de sus libros (http://www.styria.es).
Hablar contra la Iglesia llega a ser un forma de supervivencia mediática para muchos: cuando ya nadie se interesa por el pensamiento de tal o cual autor, siempre será recurrente el expresar el muy personal y negativo punto de vista sobre cualquier palabra del Papa, de los cardenales, de los obispos, incluso de cualquier monja o cura de a pie
Está de moda hablar contra la Iglesia católica. Quizá porque ya muchos se han dado cuenta que es una fórmula barata para hacerse famoso y salir en la prensa.
Ya no importa quién hace las declaraciones o si son parte de sus temas de dominio y competencia. Si es contra la Iglesia, cualquiera puede hacer un comentario en contra y ¡ay de aquel que quiera poner en discusión las afirmaciones!
Hablan contra la Iglesia en conferencias, ponencias o entrevistas, no importa que no sea el tema central o ni siquiera lo comprenda. Y es que quizá de otro modo, todas esas palabras pasarían desapercibidas.
Hablar contra la Iglesia llega a ser un forma de supervivencia mediática para muchos: cuando ya nadie se interesa por el pensamiento de tal o cual autor, investigador, teólogo, filósofo o periodista, siempre será recurrente el expresar el muy personal y negativo punto de vista sobre cualquier palabra del Papa, de los cardenales, de los obispos, incluso de cualquier monja o cura de a pie, sobre la constitución de la Iglesia o sobre alguna situación embarazosa pero del todo extraordinaria y, no pocas veces, buscada con lupa.
Es comprensible que algunos busquen aparecer en un rincón de periódicos y telediarios, pero no se justifica colgarse del nombre de una institución para no quedar sumidos en el anonimato y dar a entender que aún se vive. ¿No sería más digno buscarse un lugar en el mundo a costa del propio esfuerzo, de la fama ganada a pulso de trabajo constante y no a costa del denuesto, la injuria, la confrontación y el vituperio gratuito? A la luz de todo esto, qué diferente se perciben muchas palabras que se leen u oyen. Quizá esa maravillosa hermosura que envuelve a la Iglesia, y que se llama fe, sigue siendo rosa de los vientos que ninguno puede dejar fuera de sus vidas. Aunque a veces parezca lo contrario.
|
|
|