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Agosto 28, 2008

Reseña Concierto EnRedados, Bogotá 2008

Esperábamos desde hace varios años este evento y por fin nuestro país fue escenario de la reunión de los viejos amigos.

De cada uno de estos cantantes y músicos hemos tenido noticias. Hemos asistido a sus recitales, hemos escuchado sus discos, de algunos apenas hemos visto uno que otro video, escondido en el ciberespacio… Pero sobre todo, hemos dado cabida en nuestros corazones al Mensaje de Dios que da color a sus voces y a sus melodías.

Finalmente, en este mes de agosto, aquí estuvieron ellos: los EnRedados. Se trata de una iniciativa de los más reconocidos músicos católicos de Latinoamérica y del otro lado del mar, para hacer vivo desde los escenarios el espíritu de red que tanta falta hace, por el cual se comparte la alegría, el gozo y la decisión de ser todas y todos hijos de un mismo Padre, con lo que eso conlleva.

A continuación les presento detalles e impresiones personales, a manera de reseña, del recital ofrecido por estos hermanos en la ciudad capital de Colombia, el pasado 21 de agosto: Migueli, Martín Valverde, Daniel Poli, Luis Enrique Ascoy, Ziza Fernandes y Kiki Troia, acompañados por una excelente banda. Una experiencia del amor del Señor finalmente entre nosotros.

Para arrancar, un poquito de tristeza

¡Bueno! La primera parada de esta gira de los EnRedados fue el Palacio de los Deportes, en Bogotá. A pesar de toda la buena voluntad, y así como le sucedió a muchos otros, no pude llegar a tiempo a la cita por motivos estrictamente laborales. Por esta razón no logré presenciar la totalidad del “toque” de la banda anfitriona Palo Santo, a quienes les correspondió prender la chispa. Su último tema fue lo que me quedó: un rock bien colombiano, con mucha energía, bien recibido por el público asistente. Grata fue mi sorpresa cuando en la despedida de esta agrupación, se mencionó el nombre del baterista Johnny López, amigo mío desde hace varios años, a quien conozco de sus experiencias anteriores al servicio del Señor. A él, y a sus compañeros de banda, mis saludos, ¡y mucho ánimo! Esto apenas empieza.

Un enRedo de amor cristiano

Tras la buena entrada de Palo Santo, el maestro de ceremonias anunció el plato fuerte. Se trataba de un plato musical, de un buffet, como dice Valverde, que tiene su fuerza en la adecuada suma de sus partes, siempre bajo la dirección del Jefe. Lo más adecuado será entonces referirme a cada uno de los artistas y a sus aportes, para explicar lo que vivimos en el Palacio esa noche de jueves.

Martín Valverde: entre la renovación del repertorio y lo clásico

Al nombre de Martín Valverde responde el cantautor a quien le correspondió interpretar el primer tema, titulado Paradoja, de su producción Íntimo. Y fue él quien lanzó al público la señal preventiva: “No esperen que cada uno de nosotros dé su concierto”. De esta forma, la regla de juego estaba dada: se trataba de un compartir, de un esfuerzo conjunto de los intérpretes y músicos para mostrar a los asistentes el amor del Padre. Hablando de Paradoja, lo más interesante de esta canción es que su versión en vivo posee una gran fuerza, no solamente en cuanto a su letra se refiere, sino también al ensamble musical. ¡Atención! Sépase que a Kiki Troia, con quien más adelante nos toparemos, le correspondió dirigir la banda, y esto constituyó un exigente esfuerzo, ya que desde comienzos de aquella semana los EnRedados se encontraban en ensayos, según el mismo Kiki me contó vía e-mail.

Si por algo se caracteriza el trabajo de Martín Valverde es, al menos, por dos cosas: su recepción del amor de Dios –incluyendo, cómo no, su manera de transmitirlo, de compartirlo con la gente- y el humor. De forma notable, Martín renovó su repertorio, pulió su arsenal, encontró nuevas estrategias para que sonoras carcajadas se escucharan en el recinto. Sabemos la cantidad de años que lleva… en este asunto, y nos alegra saber que mantiene su línea a pesar de las duras jornadas, de las pruebas y del natural desgaste de tantos kilómetros recorridos.

Naturalmente, Nadie te ama como yo estuvo en el repertorio, y sigue siendo el tema bandera de Martín.

Migueli: el desconocido y escandaloso parcero bacán

He aquí que un tío vino, por fin, desde España, para que muchos pudieran conocerle por fin en tarima, en vivo y en directo. Por fin llegó Migueli a tierras colombianas… ¡Por fin!

Con su rebelde y ensortijada melena, y su naturalísimo desparpajo, este cantautor sevillano, criado en Zafra, saltó a escena tras la presentación de su amigo Martín, con su tema Cantaré, con el cual mantuvo el brinco y el ritmo en el respetable. ¡Qué faena! Ni hablar de ¡Qué escándalo!, tema que cantó en “medley” con El comercial de Valverde, ya hacia el final de la velada. Eso es precisamente Migueli: un escándalo. En su apariencia, en su mensaje para este mundo acartonado, en su lenguaje, en su manera de hablar: algunas palabrillas picantes se le escaparon. Resulta entendible. Es que saltar el océano afecta la lengua…

Ya Migueli es conocido en otros países de nuestro continente, especialmente en Centroamérica, y desde luego en Europa. Todo en él, su sentido del humor, su decisión de ser él mismo, sin importar lo que digan los demás, sus letras comprometidas y sus melodías, tiernas y alegres… Todo en él, digo, está respaldado con su testimonio de vida. Migueli trabaja desde hace años en proyectos sociales, relacionados especialmente con jóvenes que viven el flagelo de las drogas y del SIDA, y con personas que se han enfrentado a la dureza de verse privados de la libertad en las cárceles.

Con esta primera visita, ya Migueli puede ser considerado por Colombia como un parcero bacán, que ya no será más un desconocido. Un detalle más: El verdadero nombre de Migueli es Miguel Ángel Marín Chamorro. Como para decirle “vale, don Miguel”.

Ziza Fernandes: la risa en las buenas y en las…

Es imposible negarlo: Ziza es, en EnRedados, quien aporta la dulzura propia de una dama. Quizás, como en el caso de Migueli, gran cantidad del respetable no había escuchado hablar de ella ni de su trabajo, pero esta intérprete supo mostrar lo mejor de sí a través de su voz, que realmente es impresionante, y sobretodo a través de su espontaneidad. Ziza rió para nosotros como ríe una niña que sabe que está en las manos del Padre.

Fue muy especial el momento en que Ziza interpretó Fuego Suave, tema al Espíritu Santo, respaldada en los coros por el público. Sin embargo, la cantante carioca protagonizó el susto de la noche: probablemente como consecuencia de un mal paso dado en un escondido rincón del escenario, tuvo un accidente que, si bien no pasó a mayores, nos mantuvo en vilo por un buen rato, ya que se vio obligada a ausentarse de la tarima durante varios minutos. Logró recuperarse, para volver a cantar con sus compañeros, en medio de risas y bromas sobre lo sucedido y el alivio de todos. Definitivamente, Ziza sabe reír, incluso en los momentos más complicados.

Valga el momento para mencionar con alegría a la otra dama del grupo, la cantante mexicana Mónica Arroyo, quien, aparte de aportar su fabulosa voz de respaldo a las canciones -backing vocals, le dicen algunos-, supo cubrir la momentánea ausencia de Ziza en el difícil momento. Puedo decirlo sin temor: Mónica es de esas damas que apechugan con ciertas faenas que aparentemente no son propias de artistas –me consta, Mónica, me consta-. Bien por ella. Señores, reconozcámoslo: las dos artistas fueron hechas mujeres.

Mi sorpresa de la noche: Daniel Poli

Tengo que reconocerlo: Daniel Poli fue, para mí, la mayor sorpresa de la noche. ¿Qué razones sustentan mi asombro? La voz de este cantante y compositor argentino sonó, a mi juicio, más clara que en las grabaciones que de sus interpretaciones he podido escuchar: se oía muy bien, con mucha frescura. Por otra parte, no tenía idea de que su sentido del humor fuera así de fino, tal como lo demostró durante su permanencia en escena.

Dios entregó a Daniel el don de escribir canciones sencillas en su estructura, pero profundas en su acción. Yo creo en las promesas de Dios es el ejemplo clásico. Pero Poli, quien al compararse su estatura con la de sus colegas recuerda a su compatriota Julio Cortázar, tiene el espíritu del rock and roll con él. La prueba fue la tremenda versión de Judas, que contó con el aporte en la guitarra eléctrica de su compatriota Jonathan Narváez. El solo de Jonathan en ese momento no tuvo –ni tiene- nada que envidiar a los ejercicios en la seis cuerdas de consagradas leyendas de la música rock y blues –por un momento, mientras le escuchaba, recordé a Stevie Ray Vaughan, a Eric Clapton, a Steve Vay y a otros más de los llamados héroes de la guitarra-. He podido ver algunos videos de Jonathan en Internet y tiene muy buenas canciones. Ojalá en nuevas ediciones de EnRedados podamos conocerlas y disfrutar de ellas y de su virtuosismo. Puro don de Dios.

Luis Enrique Ascoy: el contrapunto de la amistad

Entiéndanme bien lo que voy a decir a continuación: los tres chiflados de la música católica son Martín Valverde, Daniel Poli y Luis Enrique Ascoy. No sólo por la amistad que les une, no sólo por ser un trío reconocido, sino también porque seguir a Jesús de la forma en la que ellos han optado es toda una chifladura.

Otro detalle busca demostrar mi teorema: Luis y Daniel interpretaron a dúo el tema Historia del un cantante sin futuro, en una especie de contrapunto, como si se estuvieran echando en cara mutuamente esa bendita adversidad de ser un músico católico. Al fondo, Martín los miraba y calladamente participaba -creo que Martín estaba ahí detrás de ellos en ese momento-. Y no sé por qué, por un instante me sentí en una presentación de los venerables Les Luthiers. Una especie de Payada de la vaca entre el inca y el gaucho. Dígame usted, compañero, Pinky y Cerebro.

El público manifestó su cariño a Luis Enrique especialmente con la interpretación del Credo, pieza fundamental del repertorio de EnRedados, y de la Canción por la paz, en una interesante versión tropical. Sin embargo, me hubiera gustado ver a Luis empuñar su guitarra y entonar algún otro tema, por ejemplo, de esos que hablan de su vida personal o de familia, como Otra mujer en mi vida. Cada vez que voy a verle junto a Pilar, mi novia, y la canta, el limeño nos deja KO… Espiritualmente hablando, claro.

Kiki Troia: por humor a Cristo

El humorista Kiki Troia, quien ha encarnado personajes in-olvidables tales como el Vengador Justiciero y el profesor Ikik Aiort -un estrambótico personaje que es capaz de encontrar peligrosos y mefistofélicos mensajes subliminales en el Lullaby o Canción de Cuna de Brahms, por citar sólo un ejemplo-, es también pianista, cantante, productor, compositor y arreglista. Como lo mencioné unas cuantas líneas arriba, Robocop, The orchestra man, Juan Francisco Troia, como aparece en su registro de nacimiento –exceptuando lo de orchestra man y Robocop-, fue el encargado de dirigir la banda que acompañó a los EnRedados en su primer recorrido por tierras colombianas. Sin lugar a dudas, Kiki representa para la música católica contemporánea no solamente un gran apoyo en el trabajo de evangelización de muchos artistas, sino también un seguro cómplice y un buen amigo.

En el concierto que nos ocupa, Kiki presentó su bocatto di cardinale, La Angosta, ingrediente por demás delicioso de su disco Travesía, a medio camino entre lo más representativo del rock de su país y el estilo de figuras como Billy Joel -en mi opinión-. Kiki aportó además a EnRedados sus temas Quién me quita, para los de gusto tropical, y otro himno, Cantaré. También esperamos de él un recital en Colombia con más de sus temas.

Concluyendo

Una constante de este evento fue el aliento a los músicos de Bogotá. Como diría Luis Enrique, no por ser parte de EnRedados ellos son el “dream team” del arte católico: todo lo contrario. Por esa razón, mi gente, tenemos que ponernos las pilas. A la luz del ejemplo de estos hermanos, me parece que debemos quitarnos de encima algunas cuantas yerbas que no nos dejan servir plenamente a Nuestro Señor ni trabajar más fuertemente para Él. Tarea.

Básicamente, fueron dos los momentos que se vivieron en el recital de EnRedados en Bogotá: El momento de hablar acerca de Dios, y el momento de hablar con Dios. En ellos, cada expedicionario de la gira aportó lo mejor de su cosecha. Dejando a un lado los gustos personales de cada un@ en el público, creo que fue una gran experiencia en El Señor, quien de seguro actuó en la vida de quienes allí estuvimos. Como muestra de botón, a la salida del Palacio tras el final del recital, no faltaron los cánticos nocturnos y callejeros de uno que otro grupo de jóvenes, contagiados del Espíritu.

Obviamente, no todo fue perfecto: la agotadora jornada impidió que al finalizar el concierto todos los músicos compartieran unos minutos con los asistentes. Perfectamente entendible. Eso sí: algunos sacaron fuerzas y compartieron unos momentos con nosotros.

Un tiempecito para la lágrima: no me conmovió ninguna canción más que Bendición, en la que un viejo amigo, cómplice de mi actual felicidad, fue el encargado de mostrarnos con un simple gesto la infinita misericordia de Nuestro Señor.

Según me contó un par de días después del concierto Myriam Villalobos, integrante del equipo que organizó esta gira, un promedio de cuatro mil personas asistió a cada uno de los encuentros realizados en Bogotá, Palmira (Valle) y Medellín. Cartagena no sólo fue la Heroica, sino también la ciudad en la que más público fue a ver a los EnRedados: aproximadamente doce mil almas. Así mismo, en la página de la gira en Facebook, Myriam da cuenta de la bendición que representó este evento, el cual, desde luego, tuvo su cuota de esfuerzo y cansancio. Todo para la gloria de Dios, amigo de tod@s.

Valga un reconocimiento bien especial a los integrantes de la banda EnRedados: en el bajo, el chileno Rodrigo “Gato” Arrieta –el Jack Bruce de Cristo-; en la batería, el argentino Raúl Gutta, con sus excelentes redobles; en las percusiones, desde Centroamérica, el son y sabor del costarricense Bernardo Quesada –autor de uno de mis temas favoritos: Quizá-. Y los anteriormente mencionados Jonathan Narváez y Mónica Arroyo, tocaya total de la hermana operaria catequista que acompaña a nuestro grupo de jóvenes.

A los organizadores de la gira: muchísimas gracias por el esfuerzo; no fue en vano, de eso pueden estar seguros. Al público asistente: qué bueno sentirme hermano de todas y de todos esa noche. A los amigos con quienes me vuelvo a encontrar en cada concierto: Dios les bendiga. A los EnRedados: sean todos ustedes, hermanas y hermanos, bienvenidos nuevamente, en el futuro, a esta tierra colombiana, que tanto necesita de profetas como ustedes. Y mucho ánimo, herman@s y coleg@s de esta tierra: en Cristo, podemos hacer cosas tan grandes o más que éstas para el bien de nuestra gente.

¡Jesús con ustedes y con todos, siempre!

Carlos Andrés Novoa Pinzón
Bogotá, Colombia.

Agradezco a todas las personas que brindaron sus valiosos aportes para la publicación de este artículo.

Agosto 12, 2008

Para comenzar... Para arrancar...

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Carlos Andrés Novoa Pinzón
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