Entrevista con el Cardenal Bernard Agré
Entrevista al Cardenal Bernard Agré una de las figuras más destacadas de la Iglesia en África
El cardenal Bernard Agré es una de las figuras más destacadas de la Iglesia en África. Ordenado sacerdote en 1953, obispo de Man en 1968 y creado cardenal en 2001, además de ocupar otros muchos cargos eclesiásticos, Agré conoce profundamente la durísima realidad del continente más pobre del planeta. Precisamente por ello es consciente de las dificultades que entraña la creación de una red de comunicaciones sociales y, más concretamente, de televisiones. Sin la cual, por otra parte, el abismo que separa África del Primer Mundo se hará más grande.
Pregunta.-Eminencia, los medios de comunicación, y más concretamente la televisión, no es, por regla general, y al menos en Occidente, especialmente proclive a defender los valores morales de la Iglesia. En muchos casos, al contrario. ¿Comparte esta visión?
Respuesta.-Todos lo saben, los medios de comunicación social y particularmente la televisión, muestran une libertad de palabra total. Es un poco la regla del juego de la comunicación moderna, Por consiguiente, no podemos esperar que sean las plataformas de catequesis y de difusión de la doctrina social de la iglesia. Aunque sea necesario reconocer que de algunos programas emergen esfuerzos elogiosos para vehicular los valores del derecho, la justicia y la paz. Esto sobresale también fuera de los programas no católicos. Hay un lenguaje que obedece al género literario de las comunicaciones sociales del periodismo mundial. Los cristianos y los no cristianos se encuentran y pueden dialogar en el sentido de una sana promoción de los valores humanos y espirituales. África no constituye una excepción en esto.
P.- Como gran conocedor de la realidad africana, ¿cómo cree que los medios de comunicación social católicos pueden abrirse paso en un contexto dominado por la insuficiencia de instrumentos materiales y el dominio de otras religiones?
R.- Nada es imposible para todos los que saben alimentar y mantener una gran ambición por sobrepasar las dificultades recurrentes de penuria en cuanto a material y finanzas puesto que es exactamente de lo que se trata. Los esfuerzos elogiosos de los pioneros de la presencia africana en los medios de comunicación social y particularmente en la televisión están ahí para decir y llevar el testimonio de que la esperanza está permitida. Los gastos son grandes en televisión pero en una organización sana, explotando lo mejor posible los recursos locales, materiales y humanos, se puede, dentro de la perseverancia y el profesionalismo, permitir la presencia del continente africano dentro de las nuevas autopistas de la comunicación.
P.- ¿Cuál es la situación actual de la televisión católica en África?
R.- Es difícil responder en algunas palabras a esta pregunta puesto que sería necesario todo un desarrollo. Lo he hecho en una comunicación de media hora que tendré que presentar en Madrid el próximo 11 de octubre. La Iglesia católica africana está activamente presente de diversas maneras en las televisiones internacionales. Quiere estar presente de una manera más intensa por sus propias instalaciones y sus propias emisoras. Numerosos proyectos se encuentran en vías de ejecución. Otros funcionan tímidamente, pero a pesar de los costes elevados de sus instituciones, la fuerte voluntad de la jerarquía y la del laicado del continente africano permitirá, estoy seguro de ello, una vitalidad más significativa dentro de ese gran medio de comunicación y de intercambios que es la televisión. Estamos muy lejos de que el horizonte esté bloqueado.
P.- La influencia de la televisión en los más jóvenes es evidente; los programas de entretenimiento de las cadenas generalistas ofrecen un abanico de posibilidades para la educación con valores. ¿Cuál cree usted que debieran ser las directrices de la alternativa católica?
R.- La nueva cultura que es la televisión influye en los adultos de todas las edades da un giro al espíritu y al comportamiento, particularmente entre los jóvenes con más inclinación al mimetismo. Son más influenciables y copian más fácilmente, De ahí la necesidad de una verdadera educación según este medio poderoso. Esta formación sistemática ha sido bautizada bajo el nombre de educomunicación que permite a través de seminarios y programas en los que se dé lo esencial de los géneros literarios para todos los espectadores deseosos de reportajes y de películas diversas. Es bueno que conozcan los lados positivos de intercambio cultural de información para construir su vida. No se olvidará tampoco resaltar los peligros de alienación cultural y de perseverancia cuando la pornografía y algunas películas de baja escala retienen demasiado su atención.
P.- Los cristianos que trabajan en televisión debemos abrirnos paso en el competitivo mundo de la oferta y la demanda; y, a la vez, mantenernos fieles al Evangelio. Esto a veces se hace difícil. Sin embargo, la necesidad de mostrar al mundo que “Dios es amor” nos debería animar. ¿La televisión católica jugará un papel importante en este sentido?
R.- En el mundo de la competición áspera en la que el cebo de la ganancia mantiene a los protagonistas jadeantes es difícil ponerse al margen. Sin embargo, se pueden fijar objetivos precisos en los que se quiera encontrar al hombre dentro de todo lo natural y sobrenatural. Magnificar el amor, la tolerancia, la justicia, el respeto a los derechos humanos, la búsqueda de la paz en el hombre de la fe y el evangelio, a fin de cuentas no puede dejar a nadie indiferente. Las películas de Teresa de Calcuta, Sor Manuela, Martin Luther King, Juan-Pablo II, retienen siempre la atención de los creyentes y no creyentes. Nadie puede rechazar sistemáticamente el estar emocionado incluso de forma momentánea, por las secuencias que promueven los valores que acabamos de citar. ¿Quién conoce el camino de la acción de Dios y de su amor por la criatura humana, incluso siendo atea? Ciertos musulmanes nos han confesado recientemente que los programas sobre enfermedades, la muerte, los obsequios de Juan Pablo II, mundialmente difundidos, les ha facilitado un diálogo más fluido con los cristianos.
P.- Como participante del Congreso Mundial de Televisiones Católicas, ¿cuáles considera que deben ser las directrices que lo marquen y los frutos que de él se obtengan?
R.- Este congreso puede ayudar mucho a un mejor conocimiento recíproco entre los participantes de todos los continentes. El peligro que nos acecha es tener a un lado a aquellos que saben, aquellos que pueden, los técnicamente fuertes, los financieramente provistos; y al otro lado a los espectadores o, al menos, aquellos que se han visto reducidos al papel de simple seguidor. Evitad crear clubes de G7 o de G8 y por otro lado solicitantes crónicos de ayuda. Si la red de comunicadores católicos en preparación se convierte realmente en plataforma de intercambios dentro del respeto mutuo y todo esto no es más que un fuego de paja que se prende y se apaga inmediatamente después del congreso, entonces muchos aplaudirán a plenas manos. La Iglesia habrá dado el ejemplo del partenariado que esperan por todas partes las relaciones internacionales.
Facta, non verba: pocas declaraciones de intenciones, sino de hechos concretos, intercambios y progresos en los proyectos.
P.- Para finalizar, un recuerdo para el añorado Santo Padre Juan Pablo II. El conocido por muchos como “Papa mediático”, siempre mostró un vivo interés por los medios de comunicación social y las nuevas tecnologías, considerándolos instrumentos de vital importancia para la difusión del Evangelio en el mundo actual. Con la perspectiva completa de su pontificado, ¿considera que Juan Pablo II realmente marcó un antes y un después, en este sentido, en la Historia de la Iglesia?
R.- El Papa Juan Pablo II en su juventud fue actor y autor de obras de teatro que entusiasmaron a los espectadores. Sus palabras, su mímica, sus gestos hacían de él un comunicador nato. Desde el primer momento de su contacto con la muchedumbre llegada a la plaza de San Pedro, encontró las palabras justas y la actitud que se gana la simpatía. Transmitió el mensaje fuerte de Jesucristo, su Maestro: « no tengáis miedo ». Sus viajes atrajeron a multitudes de periodistas ; él sabía hablarles. Escribió muchos mensajes, comunicó con los decidores de disciplina de todas las religiones. Existen tesis y tesis para escribir sobre la suma de los escritos sociopolíticos y comunicacionales que dejó. Abrió el Vaticano a las cámaras y los micros y ahora será imposible volverlos a cerrar completamente. ¿Se puede hablar de un antes y un después de Juan Pablo II ? Antes de él, la Iglesia conoció papas comunicadores como Pío XII y Pablo VI, por no citar más que a ellos. El impulso dado por la comunicación continúa a través de todo lo que nos ha sido dado ver después de la elección de Benedicto XVI y este impulso comunicacional abierto al mundo, ¿quién lo detendrá?


