Homilía de Mons. John P. Foley
Homilía de Mons. Foley en la Santa Misa inaugural del Congreso Mundial de Televisiones Católicas
Mons. John P. Foley, Presidente del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales 10/10/2006
Madrid, 10 de octubre 2006
Queridos Hermanos y hermanas en Cristo,
En esta ocasión en la que iniciamos el encuentro mundial de TV católicas, damos gracias a Dios por la presencia de cada uno de vosotros que habéis llegados de tantas partes del mundo.
Iniciamos nuestro congreso dejándonos iluminar por la Palabra de Dios que hoy nos propone saber equilibrar la acción con la contemplación. Mensaje muy válido para los cristianos comprometidos con los medios de comunicación social y en particular para todos los que hacen televisión.
El evangelio de hoy - precisamente - nos presenta en la figura de Marta y de María dos actitudes que debemos saber equilibrar en cada uno de nuestros proyectos y responsabilidades. Muchas veces el mundo mediático se deja absorber por el frenesí del activismo, desplazando los momentos de oración y contemplación.
La cercanía del Reino exige cargar el acento sobre la escucha de la Palabra, no es un menosprecio de la acción; es un problema de saber llenarnos nosotros mismos de la enseñanza de Jesús - ¡y de Él mismo! – para poder comunicarlo a los demás. Jesús nos dirá “que lo que sale de la boca viene de dentro del corazón” (Mt 15, 18)
Acción y contemplación son dos elementos necesarios para atender al huésped Jesús, de quien debemos ser sus testigos a través de nuestro servicio en los Medios de Comunicación Social.
En efecto, este pasaje del Evangelio, lo aplicaremos en estos días, cuando reflexionemos que no basta hacer televisión simplemente por hacerla, sin equilibrar la cantidad con la calidad. Nuestros actos deben ser resultados de la contemplación cuando nos alistamos a producir un programa para la televisión, un documental, o un spot televisivo.
Terminemos nuestra reflexión a la luz de la Palabra del Señor diciendo que en el camino de la santidad no hay dos almas iguales. Todos procuramos amar a Dios, pero con estilo y personalidad propios. Nuestro modelo está en Cristo, en la Virgen y en los Santo; debemos pedir a Nuestro Señor la sabiduría necesaria para equilibrar armoniosamente la acción y la contemplación que nos muestran las figuras de Marta y María.
No perdamos la paz, ni el buen humor. Y para eso, cuidemos la presencia de Dios. San José Maria Escriba de Balaguer decía: «Sabedlo bien: hay un algo santo, divino, escondido en las situaciones más comunes, que toca a cada uno de vosotros descubrir (…); o sabemos encontrar en nuestra vida ordinaria al Señor, o no lo encontraremos nunca».
Que nuestra Madre del Cielo nos ayude a experimentar la alegría de la entrega.
Amén


