« Audiencia de los Príncipes de Asturias a representantes del CMTVC | Inicio | Ponencia del P. Federico Lombardi en el CMTVC »

Palabras de Mons. John P. Foley al inicio del CMTVC

Ante todo permítanme agradecer al Eminentísimo Señor Cardenal Rouco la magnificencia y disponibilidad que desde el principio mostró para acoger este Congreso, y al eficacísimo equipo coordinado por el Reverendo Juan Pedro Ortuño. Gracias a Su Excelencia Mons. Juan del Río, Presidente de la Comisión de Comunicación Social de la Conferencia Episcopal Española, y a los colaboradores y voluntarios que nos ayudarán a que el encuentro sea ágil y fructuoso. Gracias a los conferenciantes principales, a los presidentes, secretarios y animadores de los grupos de trabajo. Muchos de ellos han venido de lejos y dedicarán horas intensas a este empeño, buscando obtener unas conclusiones operativas y útiles para el futuro.

PALABRAS DE MONS. JOHN P. FOLEY, PRESIDENTE DEL CONSEJO PONTIFICIO PARA LAS COMUNICACIONES SOCIALES, AL INICIO DEL CONGRESO MUNDIAL DE TV CATÓLICAS
Excmo. Mons. John P. Foley 10/10/2006

Eminencia, Excelentísimos hermanos en el episcopado, queridos hermanos y hermanas en Cristo:

Ante todo permítanme agradecer al Eminentísimo Señor Cardenal Rouco la magnificencia y disponibilidad que desde el principio mostró para acoger este Congreso, y al eficacísimo equipo coordinado por el Reverendo Juan Pedro Ortuño. Gracias a Su Excelencia Mons. Juan del Río, Presidente de la Comisión de Comunicación Social de la Conferencia Episcopal Española, y a los colaboradores y voluntarios que nos ayudarán a que el encuentro sea ágil y fructuoso. Gracias a los conferenciantes principales, a los presidentes, secretarios y animadores de los grupos de trabajo. Muchos de ellos han venido de lejos y dedicarán horas intensas a este empeño, buscando obtener unas conclusiones operativas y útiles para el futuro.

Hace años ya que venía sintiéndose la necesidad de un encuentro amplio entre las iniciativas católicas de televisión, que se centrará en los aspectos prácticos y de colaboración entre ellas. La ocasión para este encuentro se inició con la generosidad de Sat 2000, que se ofreció espontáneamente para poner a disposición de las emisoras de América Latina, a través de la RIIAL, una serie de programas de buena calidad.

Este pequeño granito de arena ha fructificado en una perla hermosa: la generosidad de otras entidades, como Popular Televisión, y muchas otras de América Latina y Europa, que se animaron a ofrecer lo propio. Espontáneamente empezó a surgir una rica y novedosa problemática en el naciente universo de la TV católica. Este impulso llevó al Pontificio Consejo a promover este espacio de reflexión y cooperación, que contribuirá seguramente a profundizar la identidad católica de las iniciativas de televisión, respetando siempre la diversidad de estilos, sensibilidades y culturas en que ella se manifiesta.

Por eso este Congreso es muy importante. Lo es por el eco tan entusiasta que ha despertado en ustedes y en muchos que hubieran deseado estar aquí; les será posible, ciertamente, acompañarnos a través de Internet. Es importante también por el momento mediático que vivimos y que reclama de nosotros una presencia más armónica y concorde. No podemos estar aislados, haciendo cada uno su lucha de manera individual y de espaldas a los demás. Si para los cristianos nunca es hora de ser individualistas, ahora lo es menos todavía: ello debilita nuestra voz y la hace más dispersiva. Porque recordemos que no basta únicamente con difundir unos contenidos católicos; es necesaria, ante todo, una vida personal y colectiva acorde con el Evangelio; entre nosotros debe haber unos nexos y una solidaridad que sean propios de los seguidores de Cristo. “En esto conocerán que sois mis discípulos: si os amáis los unos a los otros” (Jn 13, 35). Esta es la exigencia que afrontamos.

Los cambios tecnológicos –sobre los cuales nos hablarán los especialistas– hacen que la industria mediática reclame cada vez más contenidos con calidad profesional. La multiplicación de los medios y de los aparatos de recepción reclama cantidades enormes de material audiovisual en muy distintos formatos. Nosotros podemos ofrecerlos en las formas que hoy entiende la sociedad. Ello significa ser conscientes del protagonismo de la comunicación en el mundo actual, de la convergencia de los medios ya clásicos –cine, prensa, radio, TV, etc.– con los que aportan las nuevas tecnologías, y del fenómeno al que hoy llamamos “globalización” y que en sus mejores valencias puede ser una eficaz apoyatura hacia la unidad y cooperación deseadas en todos los ámbitos de la vida humana.



Permit me now to make a more personal observation in my own language.

Almost sixty years ago, my wonderful parents gave me a book entitled You can change the World. The book had been written by the founder of the Christopher movement in the United States, an informal group committed to being “Christbearers” –Christophers– in society.

The book recommended careers in education, in politics or in communications in order to have an influence for a better society.

I thought that communications sounded good and I went to the library to find out how to write radio plays. I wanted to write about the lives of the saints, because I thought that people needed good role models.

The first play I wrote was about St. Meter Claver who had worked among the poor Africans brought to the New World as slaves, the only people for whom the new world was not a land of opportunity but a place of opression.

That play was produced on a local radio station when I was fourteen years old, and then I became an announcer on that station for Sunday morning programming for several years.

In university, I became active in local television – both as a producer of programming of a religious or educational nature and as a guest on local programs.

I was convinced then, as I am now, that the Church must become envolved in media on all levels. The Church’s message, the message of the Gospel, the Good News of Jesu Christ, is the most important that anyone can receive. It can literally save you.

I am happy to see gathered here so many people who share my enthusiasm and who share my dream – that inspiring Catholic television programming of quality can be offered to the world.

It was almost sixty years ago that I had such a dream, a dream in which hundreds of Catholics world be involved in producing and offering quality religious programming to a world sorely in need of the message of Jesus Christ.

I ask you to help me, indeed to help us to make that dream a reality – the reality of media as instruments not only of good but as instruments of the saving love of Jesus Christ.

Let us work together to save the world.

Publicar un comentario

(Si no dejó aquí ningún comentario anteriormente, quizás necesite aprobación por parte del dueño del sitio, antes de que el comentario aparezca. Hasta entonces, no se mostrará en la entrada. Gracias por su paciencia).

Catholic.net - Católicos en la red