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Ponencia de Silvia Pellegrini

Participación de Silvia Pellegrini R., Pontificia Universidad Católica de Chile, dedicada al Impacto cultural de la TV : el riesgo de vivir en el reflejo

PONENCIA DE SILVIA PELLEGRINI
Silvia Pellegrini 10/10/2006

Impacto cultural de la TV : el riesgo de vivir en el reflejo
Congreso Mundial de Televisión Católica
Madrid, 10 al 12 de Octubre de 2006
Silvia Pellegrini R.
Pontificia Universidad Católica de Chile
Preámbulo

No parece exagerado decir que la televisión es el medio más controvertido de la historia de la comunicación. El cine y la radio habían sido discutidos en sus momentos, lo que parecía indicar que cada nuevo medio iba producir mayores temores. No es lo que ha ocurrido. Internet, pese a su enorme penetración, no ha generado una reacción comparable.

Probablemente la razón para tanta crítica sea que la televisión- como su nombre lo indica- ha prolongado el sentido de la vista a límites antes inimaginables. Y si se considera que el ver está asociado de modo clave a la realidad y la verdad en los países occidentales, no resulta extraño unir la mayor capacidad de mirar y mostrar, a profundos cambios culturales.

Resumir -en los breves momentos de que disponemos- toda la diversidad de su impacto resulta imposible. De modo que he optado por darle a esta ponencia el título de “el riesgo de vivir en el reflejo”, significando tanto al televidente que se mimetiza con sus contenidos como el que se juzgue a la TV como principal responsable de las congruencias e incongruencias de estos tiempos, al reflejarlas o incluso promoverlas desde la pantalla; y - también-, el que su uso religioso sea simplemente un reflejo de otros modos evangelizadores sin respetar su lenguaje propio. Y entre las diversas opciones que existen para abordar esos temas seleccioné tres: los cambios más inmediatos y actuales en la relación TV- cultura, planteados como el riesgo de que sea la última alternativa para conglomerar públicos variados; las disyuntivas de acción para las señales católicas, es decir la opción de reforzar la identidad o intentar impactar otras audiencias, y-por último- algunas ideas para enfrentar el futuro.

Introducción

La mirada cultural sobre la televisión ha oscilado entre la leyenda rosa (en tanto generó grandes ilusiones en sus comienzos) y la leyenda negra, inclinándose bastante más hacia esta última. Probablemente debido al impacto que significó la cercanía de realidades culturales otrora ocultas o muy distantes.

Hay que reconocer también, que ha habido significativas diferencias entre las culturas medial y eclesiástica, así como largos períodos de desencuentro e incomprensión. La desesperanza frente a la realidad de la televisión que manifestaron, en su momento, muchos documentos de Iglesia ha sido compartida por casi todos los intelectuales del siglo XX.

Hay numerosos y muy interesantes documentos que señalan ahora una distinta aproximación de la Iglesia a los medios de comunicación. Voy a significarlos en la encíclica “Redemtoris Missio”, donde se situó a los medios como el primero entre los nuevos “aerópagos”, definidos como “foros constitutivos de comunidad”, dado que están transformando al mundo en una “aldea global”.

Redemptoris Missio, se refiere a la fuerza de los medios no sólo como un instrumento de difusión de contenidos, sino como un lenguaje imprescindible en la acción evangelizadora, para evitar lo que el Papa Paulo VI llamaba “drama de nuestro tiempo”: la ruptura entre cultura y evangelio. Superar ese desencuentro implica conocer y responder a “los nuevos modos de comunicar, con nuevos lenguajes, nuevas técnicas, nuevos comportamientos sicológicos”, algunos de los cuales revisaremos en los próximos días.

El punto de partida positivo está en que la televisión por la similitud de su representación con el entorno habitual del ser humano, provee de un lenguaje universal, una forma privilegiada de constituir “koinoonia”, de “ser con otros”, mas allá que simplemente verlos despojados de la comprensión profunda de su realidad.

Si hubiera que elegir los principales impactos de la TV en la cultura diría que son dos ; uno respecto de la sociedad, que es el constituirse en foro, fogón virtual, lugar de encuentro de comunidades de los más diversos tipos e intereses y otro referida a las personas: generar modelos conductuales con el consiguiente traspaso intercultural de costumbres y valores.

1.1.-Cambios: ¿El último reducto de las audiencias generales?

La televisión ha llegado a tener una presencia constante y en tiempo real con los acontecimientos sociales, a diferencia de lo que ocurría en las épocas previas donde los medios daban cuenta de sucesos pasados, y por lo tanto relativamente “incontaminados” por la difusión que se hiciera de ellos. Hoy, muchos de los procesos políticos, económicos y sociales están imbricados de aspectos comunicativos que pueden incidir directa o indirectamente en sus resultados. Por ejemplo, hay cambios de conductas sociales y de formas de liderazgo que contemplan activamente su expresión a través de los medios, en especial la televisión con todos lo riesgos y ventajas que ello implica.

El vínculo cultural sinérgico entre medios, sociedad y persona, representado principalmente por la televisión que permite a muchos sentirse integrados a la vida social, está hoy un tanto amenazado por el individualismo que promueven los avances tecnológicos.

El primer desafíos inmediato que enfrenta -entonces- la televisión es permanecer como el principal “aerópago” de los tiempos actuales; es decir, ser el medio colectivo por excelencia mientras se acomoda a los cambios producidos en los hábitos de los usuarios, abriéndose a las posibilidades de su uso “on demand”. Esta situación lleva a la televisión a la confluencia de tensiones entre el mercado y la cultura, la política y la economía, lo individual y lo colectivo.

En un estudio realizado por Telefónica en el año 2005, los expertos señalaban que –en la sociedad de la información- disminuiría cerca de un 30 % el tiempo destinado a ver televisión. Internet, cuyo su uso también es visual pero más acomodable a los requerimientos de cada cual, parece ser su principal competidor. Avalaría ese hecho el muy alto crecimiento de la mensajería electrónica, los “wikis” y los “blogs”, cuyo tamaño se duplica aproximadamente cada seis meses. Y, aunque el “blog” más significativo (de origen japonés) no alcanza aún en penetración a los principales medios escritos y canales de televisión mundiales, el escenario está pronto a nuevos cambios con las decisiones que trae aparejada la digitalización, que consisten principalmente en que televisión y computación, conversen en un lenguaje técnico totalmente común.

La convergencia tecnológica ó “compuvisión” no tiene porqué significar la desaparición de la televisión- ágora, sino la forma en que ella logre permanecer identificable dentro de los nuevos modos de conexión. La literatura tecnológica y de comunicación en Estados Unidos, por ejemplo, trata este año con especial interés la innovación que está incorporando la generación de los "IMers", los jóvenes del "instant messaging" (IM). Su modo de usar Internet está suponiendo además un gran revuelo de los sitios de entretenimiento, cultura y música, así como en los medios de comunicación. Esta generación dice adiós al estar a solas frente a la pantalla y da la bienvenida a la socialización en red y al contenido móvil. Y en algunos países la última moda es ver televisión en las pantallas del computador con lo cual evitan esperar que los programas preferidos lleguen a la programación local sino que acceden a ellos en cuanto son transmitidos en su país de origen.

Es posible, también, constatar empíricamente, que una proporción significativa del consumo de televisión se justifica en un reconocimiento de la pertenencia a un grupo humano, en la apreciación de los hechos a la luz de los valores compartidos, en la sensación de seguridad que emana de ”estar al día” con las situaciones más próximas. Un espacio que se mantiene pese a la disminución de la lectoría de periódicos y de la emigración de espectadores hacia las emisiones del cable internacional. Es una premisa fundamental que los usuarios de la TV instintivamente reconocen.

Estudios norteamericanos señalan, por ejemplo, que el 56% por ciento de la audiencia de la televisión por cable y un 68,5 por ciento de la audiencia de la TV local está concentrada en los noticieros, concebidos como forma de integrarse al entorno social, y también que debido al 9.11 ha habido un cambio muy considerable en el “mix” informativos de los noticiarios, para responder a las necesidades sociales más inmediatas de la sociedad norteamericana. La noticia general es, sin embargo, un aspecto que la TV católica rara vez ha llegado a abordar como meta propia.

Que la televisión preserve a futuro el rol sociológico de generar un entorno común depende de que sea capaz de establecer una adecuada relación con la Internet (que alcanza ya cerca de 900 millones de usuarios). Enmarcado este proceso en el aumento creciente de las expectativas de vida y del tiempo libre, tenemos como resultado un fenómeno todavía en desarrollo y cuyos márgenes culturales están aún por definirse.

1.2.- Cambios: Tensiones Globalidad- Localidad

Como dije anteriormente, un segundo aspecto en que la TV ha producido un gran impacto en el traspaso de modelos conductuales. Quisiera aclarar que no me estoy refiriendo a conductas extremas que la TV pudiera desencadenar en algunos individuos ya que desde la década del 60 hay numerosos estudios que han intentado probar esos efectos, sin que se haya logrado resultados definitivos, ni concretos. Se trata de aquí de hablar del conocimiento visual directo de modos de vida distintos, y el consiguiente cuestionamiento de las formas propias. Un traspaso de conocimientos, conceptos y valores, a veces desprovistos de un contexto que les de sentido, del que surgen algunas formas culturales de carácter universal, que relativizan el valor de los componentes más propios de cada sociedad. En estos casos, el mayor o menor efecto de la TV dependerá de las cercanías o distanciamientos materiales, educacionales, sociales, psicológicas y culturales del grupo que reciba el estímulo televisivo.

A vía de ejemplo, se ha podido constatar que mientras los grupos emergentes usan la televisión como su principal modo de integración social y de acercamiento a las conductas de los grupos líderes, por lo cual experimentan frente a ella actitudes que varían desde la indiferencia a la imitación; los sectores más consolidados ven en la TV una amenaza de cambio de las conductas y valores sociales que ellos representan, razón y por lo tato, adoptan una actitud que fluctúa entre el temor y la resignación.

También es necesario tener presente que el traspaso de experiencias y conocimientos, como el que produce la televisión, se da siempre en un contexto cultural determinado y bajo el supuesto que las formas de conocer cambian de acuerdo a las épocas históricas y las culturas presentes en el momento del intercambio. La cultura tradicional, por ejemplo, traspasa sus conocimientos a través de procesos narrativos, y su expresión en los medios es totalmente espontánea: así, una parte significativa de la programación de radio y televisión de los países en desarrollo, por ejemplo, está constituida por relatos de experiencias personales.

En la cultura moderna, en cambio, la forma de traspaso del conocimiento es más científica. Se valida por un método racional supuestamente “garante” de “la verdad” que trae aparejada este conocimiento. La forma medial, por su parte, pierde la espontaneidad para hacerse profesional, y aparecen nociones como “público”, “fuentes”, estructuras narrativas etc.

Considerando que los estadios culturales difieren entre sociedad y sociedad aunque estén interrelacionadas en un mismo proceso histórico, y que lo mismo sucede dentro de grupos en una misma sociedad, predecir el impacto cultural de la televisión no es tarea fácil porque varía de acuerdo al estadio de desarrollo y a la mediación cultural del grupo que la recibe. En los países en desarrollo, por ejemplo, los cambios culturales tienen una característica diversa a lo que sucede en el mundo desarrollado: las capas culturales se superponen y mientras hay grupos que tienen acceso a toda la tecnología, capacitación y conocimiento “de punta”, hay sectores amplios de la población que continúan viviendo en estados culturales previos. Rasgos de la sociedad industrial conviven con grupos que se han adentrado de lleno en la sociedad de la información, y los diversos grupos procesan los contenidos en esos contextos y experiencias.

Por otra parte, Occidente vive hoy una etapa cultural que ha sido llamada de la post-modernidad donde -probablemente debido a la rapidez de los cambios en el entorno tecnológico y los subsecuentes alteraciones de los conceptos “posible- imposible”- se considera también a las experiencias humanas y a las relaciones sociales como temporalmente transitorias y espacialmente fugaces. Estas características se refuerzan con los medios de comunicación -en especial la televisión e Internet- llegando a configurar formas de conocimiento y lenguaje muy diversos a los de los estadios culturales anteriores.

Las ideas, los tiempos, las formas se hacen progresivamente más rápidos y cambiantes. Se trabaja más a través de la unión de individualidades y “brainstorming” que con conocimientos acabados de los temas, y se rechaza casi toda relación asimétrica que coarte la libertad personal. Entre ellas, los derechos del emisor sobre el receptor. No basta, entonces, con tener una presencia discursiva para impactar la cultura. Hay que ser elegido, desde la libertad del usuario de la TV.

Y es que así como las tecnologías han permitido a los emisores llegar cada vez más lejos, más fácilmente y a menores costos; también han producido variaciones significativas en el público que ha pasado -en etapas sucesivas- a ser desde un espectador, radioescucha o telespectador (es decir un ente pasivo) a un consumidor de contenidos mediales elegibles bajo criterios propios (como sucede con cualquier otra mercancía), hasta llegar a ser un usuario autónomo de los medios, adaptándolos a sus intereses y circunstancias particulares.

El público tiene hoy amplia libertad de uso, contacto directo con la información provista por la Internet, participación creciente en los contenidos a través de los “blogs”, los “wikis” y lo que se ha llamado el “periodismo ciudadano”, (donde vía los teléfonos celulares cada persona emite imágenes y contenido de modo directo, desde el lugar de los acontecimientos). Y por último, las personas definen los tiempos dedicados a cada tema, a través del “zapping” y el “surfing”. Todo ello las ha preparado también para ser, consciente o inconscientemente, más críticas no sólo con los contenidos sino también con una serie de características formales.

Desde la perspectiva cultural, estos elementos producen una extrema movilidad de las coordenadas espacio- temporales que unidas al código de atracción-sensación, ha resultado en una sinergia con relaciones también transitorias en lo social. Y si bien, durante años, la crítica principal a los medios había sido su mirada parcelada y superficial de la realidad, esa “debilidad" se convierte ahora en eje universal del pensamiento. Más aún- si se extrema esta tendencia al plano espiritual- ha ido produciendo una costumbre de la propia finitud y un dejar de lado toda búsqueda de trascendencia.

La fuerza del cambio ha llevado a teóricos y públicos a culpar de todos estos efectos a la penetración y atracción de la televisión. Quisiera compartir con Uds. la lista de efectos negativos de un sólo artículo escrito no hace tanto tiempo, en México, para significar cuán amplia puede ser la asignación de culpa. Recientemente, sin embargo, otros estudios han tomado la defensa de la televisión a través de señalar varios prejuicios que han denigrado o conspirado contra la imagen y el lenguaje visual. Entre los más errados, cabe señalar:

- que el conocimiento de la verdad espiritual sólo sería posible a través de las palabras. Y que la imagen sería esencialmente engañosa

- que la imagen sólo produciría sensaciones y sería incapaz de expresar adecuadamente realidad, la que sólo podría transmitirse a través de palabras y hechos.

- que el análisis sería inherente a las estructuras verbales tradicionales.

- que el impacto de la imagen sería incontrarrestable, especialmente en su capacidad de generar conductas imitativas de carácter negativo

- que el lenguaje visual impediría la captación de conceptos complejos y por tanto sólo soportaría contenidos livianos e intrascendentes. Creer que cualquiera de estas limitantes es inherente a la televisión tiene un efecto claramente paralizante en la producción de contenidos y pueden llegar a impedir que la televisión enfrente de modo adecuado los desafíos del futuro.

1.3.- Cambios: Entre Cifras y Alternativas

Este somero análisis inicial sobre los impactos culturales de la televisión no puede omitir señalar que los caminos de desarrollo televisivo que han tomado los países son diferentes y consistentes con sus historias y la cultura propia de sus audiencias. Así, cada subgrupo cultural tiene sus opciones y fortalezas que quisiera ilustrar con las siguientes experiencias:

La televisión norteamericana ha apostado principalmente por los programas seriales donde crea caracteres y debate dramáticamente los problemas sociales. Tiene un inmejorable manejo del lenguaje dramático y sus tiempos, y ha conseguido a través de sus personajes un significativo impacto en los modos de ser y las temáticas universales
En Japón, en cambio, la apuesta ha sido más tecnológica y la imagen televisada parece ser omnipresente en sus diversas instancias sociales. En el impacto cultural destacan sus dibujos animados que hoy se transmiten hasta en la telefonía celular, y tiene un importante desarrollo de la interactividad, consistente también con su fuerte penetración en Internet (donde los sitios en idioma japonés prácticamente igualan a los de lengua inglesa, siendo ésta mucho más difundida universalmente como habla).

Europa, por su parte, tiene una gran fortaleza en los programas de conversación y en los documentales, una decisión que refuerza su cultura basada en la Ilustración y que, por razones históricas, es la más cercana a la cultura de la Iglesia. Latinoamérica tiene casi el monopolio de las teleseries, que ha sido su modo de reivindicar la tradición cultural oral, el valor de los tiempos cotidianos y su intento de insertarse en la modernidad, junto con resguardar aspectos del melodrama donde los buenos son premiados y los malos, castigados.

El impacto y éxito de todos ellos parecen estar asociados a la capacidad de reflejar un problema humano más allá de las culturas. Hay también otras tendencias del uso general de la televisión que aparecen como transversales y que pueden retratar aspectos significativos del uso humano de este medio de comunicación. Aprovecharé de ilustrarlas con cifras de España, pero que son consistentes, a grandes rasgos, con el resto de los países del mundo:

- Las horas dedicadas a la televisión han permanecido en cifras bastante estables en la última década, aún con el inmenso desarrollo de la Internet, lo que parece indicar que esta forma de comunicación ha logrado un espacio propio en el conjunto de actividades de las personas. De hecho, el aumento de las horas dedicadas a los distintos modos de conectividad tecnológica han sido mas bien una sumatoria que una competencia.

- El interés por la TV es estacional: crece en invierno donde hay menos alternativas de actividades externas y decrece en el verano. Es decir, ver televisión es una actividad sustituta y secundaria de otras actividades de participación más directa. Eso explica también su mayor uso en los sectores más pobres de la población que carecen de otras posibilidades de esparcimiento.

-Jóvenes y niños (pese a la preocupación de las madres y la teoría de la niñera electrónica) ven menos televisión que los mayores, aunque las cifras de teleaudiencia infantil son más altas en Latinoamérica que en Europa o EE.UU.

- Las mujeres ven más TV que los hombres y las personas de la tercera edad y cuarta edad son los mayores consumidores de televisión, lo que indica que la TV se ha convertido en una compañía hogareña, mientras Internet ha invadido más bien las oficinas o los lugares de trabajo, en especial si tienen inmovilidad espacial forzosa.

Adentrándonos en cifras de índole más comparativa quisiera mostrarles unos estudios publicados recientemente que se refieren a la popularidad de tipos de programas de televisión en países tales como México, Canadá o Japón De acuerdo a estos datos parece posible determinar tipos de programación cuyo atractivo sería transversal a las diferentes culturas.

Aún cuando los estudios fueron hechos en diferentes lugares con las categorías que no son idénticas, ni en el número ni en el concepto preciso que representan, si analizamos los 10 primeros lugares nos encontramos con que:

-La primera preferencia está reservada para los programas informativos, lo que valida la tesis de que la televisión es la forma como las personas se sienten más incluidas dentro de una sociedad. - Le sigue “TV movies” es decir lo que en español llamamos series o diversas denominaciones para programas de ficción, unidos por ciertos personajes permanentes enfrentados en situaciones que cambian de emisión en emisión.

En todos los países aparece también, en los primeros lugares, el deporte.

¿Qué sucede con la religión en este contexto? Aparece en tres de los países analizados, bordando el 10 por ciento, en los últimos lugares de la tabla. Brasil casi duplica esa cifra y se empina a los primeros lugares del cuarto temático inferior y, en Japón no aparece mencionada.

Considerando entonces que las nuevas ofertas televisivas permiten ya a precios relativamente bajos, y permitirán cada vez con mayor frecuencia, una televisión “a la carta”, entramos de lleno en el segundo tema de esta ponencia: ¿cuáles son las alternativas de impactar la cultura que tiene la televisión católica?

2.1.- Disyuntivas: Entre la Identidad y la Influencia

En primer lugar, quisiera señalar que un 10 por ciento de preferencias es una cifra nada despreciable en términos de número de personas a las que apela la televisión religiosa. No parece suficiente sin embargo para considerarlo un impacto en la cultura porque probablemente son personas que tienen ya algún tipo de vida de fe. El efecto es este caso se traduce en reforzar sus vínculos de pertenencia e identidad. Es lo que he llamado la fuerza del núcleo: sentirse parte de, incluido en, integrantes de una gran fuerza colectiva donde hay otros que creen y actúan de modo similar, con los mismos valores y creencias. Y éste es un rol que la televisión puede jugar con mucha propiedad. Es el camino adoptado por EWTN, por ejemplo, con la visionaria misión intuida por la Madre Angélica cuya señal está presente hoy en cadenas de televisión cable o satelital en numerosos países del mundo. Esa forma de televisión católica, la más extendida como concepto, tiene un camino de crecimiento en la sinergia con Internet a través de la cual puede crear comunidades relacionadas de modo directo en torno a espiritualidades al interior de la Iglesia, por ejemplo.

Impactar culturalmente en esta alternativa, dado que principalmente es un refuerzo de la fe y la pertenencia, requiere dar respuesta efectiva y oportuna a las inquietudes y necesidades de la comunidad a la que se sirve, y lograr una forma narrativa identificable y adecuada, con estándares de lenguaje visual similares a los de la televisión comercial.

Es altamente probable, que este tipo de señal sea siempre parte de una programación temática, es decir se ubique dentro de la televisión multiseñal de pago, como una respuesta adicional a las audiencias segmentadas.

Pero hay que considerar, también, la enorme diversidad de audiencias, y considerar abrir la TV católica, también a otras alternativas. Quisiera mostrarles para estos efectos una encuesta realizada en Chile y otra similar en Argentina, países con una alta tasa de población católica. Sin querer entrar en otros detalles de ninguna de ellas, quisiera señalar que siendo la Iglesia Católica la de mayor prestigio entre todas las instituciones, solamente un 23.6% de los encuestados considera que los medios de comunicación tienen impacto en las creencias religiosas. No cabe duda de que existe un espacio de crecimiento e influencia que ha sido desaprovechado.

2.2-Disyuntivas: Evangelización de la cultura

Ante el desafío planteado por “Redemptoris Missio” de integrar el mensaje mismo en las formas de comunicación moderna, no hay que olvidar que los medios transmiten cultura a través de cada mensaje ya sea éste un noticiario, una serie policial, una telenovela, un “talk-show” o un espectáculo deportivo. Todos ellos son “fuerzas para modelar el mundo.”

Ampliar el foco desde usar la televisión como forma de ampliar el número de personas a las que alcanzan los modos tradicionales de acción de la Iglesia, hacia buscar formas nuevas de penetrar la cultura significa abordar dos grandes desafíos, uno en el lenguaje, el otro en la gestión. Es decir, requiere incursionar en formas variadas y atractivas para las audiencias, con un cambio sustantivo del código de transmisión, tanto de la realidad como del mensaje evangélico. Hay que trasladar el mensaje de lo racional/ formal propio de otras épocas, al uso actual de la atracción/sensación, a través de modos de hacer nuevos, imaginativos, poderosos que, sin perder la fuerza doctrinaria, entronquen el evangelio a la cultura. Me refiero a escribir libretos de “sit-coms” o teleseries que planteen problemáticas del hombre de hoy y las resuelvan en clave católica, generar noticiarios con una mirada sobre el mundo, en clave católica, etc

Esta opción implica incursionar “de lleno” en el juego de los medios, perder la ventaja del escenario propio, aprender a competir y adaptarse a reglas que son históricamente y culturalmente ajenas. Significa también entrar en un trabajo empresarial de tipo profesional, sometiéndose a reglas de financiamiento externo, en relación con las agencias de publicidad, hacer estudios sistemáticos de las audiencias, competir por un público general y estar atento a nuevas opciones de desarrollo como la interactividad, por ejemplo.

A través de los tiempos la Iglesia ha sido capaz de usar las más diversas formas, según los momentos históricos para difundir su mensaje y ha sido maestra en lenguajes y símbolos para transmitir un encantamiento con la Verdad de Cristo. Pero así como hay numerosos factores que auguran éxito en una empresa cómo la propuesta frente a la televisión, hay que reconocer que decidir transitar ese camino requiere perder componentes de distanciamiento o temor para percibir y valorar las posibilidades y ventajas que genera el abrir las puertas a los nuevos modos y necesidades de la cultura. Significa pasar de una posición un tanto defensiva ante el escenario cambiante, con cierta tendencia a conductas normativas y actitud crítica, a otra alternativa más acogedora del medio, emprendedora y quizá insegura hasta la osadía. Pero si los medios de comunicación generan un escenario virtual donde se manifiestan la gran mayoría de las perspectivas e intereses humanos, con toda seguridad hay espacio para una acción de esta naturaleza.

Una de las primeras disyuntivas radica en la elección de tener medios propios o de insertarse a través de los contenidos en la industria general. Ambas alternativas son viables, tienen aspectos positivos y negativos cuyo análisis excede por mucho los márgenes de esta ponencia. Pero sin duda, el elemento más importante es contar con personas que estén comprometidas, con capacidad profesional audiovisual, bien preparadas en aspectos teológicos, doctrinarios y éticos, y en un contexto de continua sinergia con los diversos aspectos de la industria. No es posible confiar en que personas de buena voluntad, aunque tengan demostrada capacidad como agentes pastorales, vayan a ser capaces de desempeñarse con éxito en un escenario tan competitivo.

Esta parecería una manera eficiente de impactar la interioridad del medio televisivo y ayudarlo a perder las características de ser el Peter Pan de los medios, aquel que se queda sin crecer ni madurar, atado a esquemas de fácil transmisión, y con opciones culturales y valóricas mínimas

Conclusiones

Hay ciertas claves que pueden ayudarnos a dejar de vivir en el reflejo ya sea para la televisión como medio, en su relación con el crecimiento personal y social, o en las posibilidades de su uso evangelizador.

La primera de ellas es mirar hacia el entorno porque las culturas representan el sedimento para llegar a las audiencias. No hay en este plano recetas universales, pero sí es necesario tener un lenguaje acorde con el interés y la capacidad de comprensión del destinatario, así como maneras informadas de reconocer sus requerimientos específicos. A veces, elementos que han resultado muy atractivos en ciertas culturas pueden serlo también en otras muy distantes, como es el caso de las teleseries latinoamericanas en China, por ejemplo. En otros momentos, recetas de probada eficacia en un lugar han llegado a fracasar rotundamente en otros.

Cada vez surgen, además, nuevos antecedentes sobre los cuales basarse y estudios sobre los soportes culturales de las diversas sociedades, como esta escala de estilos comunicativos y contextos culturales que distingue desde culturas más explícitas y directas hasta otras más simbólicas e indirectas.

La segunda clave es cambiar la relación entre el emisor y el receptor. Considerando la progresiva autonomía del usuario, se hace fundamental incorporar su visión y atraerlo a los contenidos. Por eso, si en épocas pasadas, contar con una señal era requisito primordial en la comunicación, hoy esa significación se ha desplazado hacia lograr ser escuchados. Los públicos son variados tanto en intereses y en categorías demográficas, pero actualmente casi todos evitan la discusión apologética, la declaración dirigida solamente a la inteligencia y la reacción ex post frente a los hechos sociales, por ejemplo. La televisión del futuro se acerca cada vez más a una situación de mutua contención y referencia entre ambos extremos del mensaje: el que lo emite y el que lo recibe.

La tercera clave consiste en reconocer que la televisión no es una unidad ni es posible abordar sus contenidos como un todo. Como instrumento que es, se constituye una extensión de tres grandes aspectos de la experiencia humana: el entretenimiento, asociado también a la ficción, la información y la persuasión. En todos ellos hay espacios y desafíos diferentes; pero lo más importante es que las grandes diferencias entre las perspectivas religiosa y medial, como son por ejemplo lo trascendente vs. lo fugaz, la Verdad de Cristo vs. la pequeña verdad de los acontecimientos, el interés de los medios por escrutar la intimidad ajena vs. protección de la intimidad como lugar de la conversión, no se conviertan en escollo insalvable para actuar eficientemente en el mundo televisivo. El impacto cultural de la televisión católica depende de que se logre una mezcla adecuada y única de comprensión de las audiencias y nuevo lenguaje de proyección de la doctrina.

Nota: Esta ponencia es complementaria con una presentación en “power point”, que entrega cifras y otros datos pertinentes al tema, sin los cuales se puede dificultar su comprensión.

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