Ponencia del Cardenal Agré
Palabnras del Sr. Cardenal Bernard Agré durante el Congreso Mundial de la Televisión Católica. El tema: situación y posibilidades de África
PONENCIA DEL CARDENAL AGRÉ
Emmo. Sr. Cardenal Bernard Agré 11/10/2006
CONGRESO MUNDIAL DE LA TELEVISIÓN CATÓLICA
MADRID, DEL 10 AL 12 DE OCTUBRE DE 2006
COMUNICACIÓN DE S.E. BERNARD CARDINAL AGRE
TEMA: SITUACIÓN Y POSIBILIDADES DE ÁFRICA
Eminencias,
Excelente Monseñor FOLLEY,
Distinguidos Miembros del Consejo Pontifical,
Honorables Invitados,
Señoras, señoritas, señores,
Solicitado por su Excelencia Monseñor FOLLEY, Presidente del Consejo Pontifical de los Medios de Comunicación Social, para hablar delante de esta augusta asamblea, dedicada al gigantesco fenómeno de la televisión que, como bien se sabe, imprime una nueva cultura en nuestro mundo, me encuentro a la vez honrado y pensativo.
En efecto, un tema tan denso, tan vasto, tan actual, exige competencia y discernimiento, altura de vista y realismo.
El lenguaje total, a la vez, audible y visual, que vehicula la televisión, se dirige a nuestros sentidos visibles y despierta nuestras energías ocultas. Letrado o analfabeto, el hombre de hoy saborea en la pantalla, pequeña o gigante, los reportajes históricos o las ficciones más o menos fantasiosas de los programas ordinarios o determinados. Visto el número elevado de horas que pasan de manera cotidiana niños, jóvenes, adultos y ancianos delante de sus aparatos, se puede afirmar sin equivocarnos que, después de la radio, la televisión contribuye à fortalecer el hombre nuevo de la globalización en lo mejor y lo peor en este momento.
En la primera parte de nuestra charla, echaremos un vistazo sobre lo que existe (su diversidad) y, en la segunda, exploraremos el futuro: deseos y posibilidades.
I. LA EXPLOSIÓN DE LA CULTURA TELEVISUAL EN ÁFRICA: RESPUESTAS PASTORALES DE LAS IGLESIAS
En los años setenta, SEMBENE Ousmane, uno de los pioneros del cine africano, llamaba este medio relativamente nuevo en África, “la escuela de la noche”. Con la televisión, hoy en día, se trata de un cambio total. En efecto, la escuela, la universidad permanente instalada por la televisión, funciona sin esperar el claro de luna como en el pueblo, antaño. Desde ahora se dan clases a lo largo del día y de la noche. Algunos países, en el continente, poseen ya varios canales nacionales. Con la multiplicación de las antenas parabólicas, los que pueden obtener una tienen prácticamente acceso a la galaxia de los canales extranjeros.
¿Quién parará las posibilidades de la tecnología? Tanto las ciudades como los pueblos, provistos de electricidad, entran así de lleno en la era de la comunicación de geometría variable. ¿Quién puede ignorar el hecho social masivo que representa la televisión? Las películas de gran tirada con nombre prestigioso, las reportajes deportivos, las imágenes pornográficas, las películas de carácter religioso son a partir de ahora a diestro y siniestro al alcance de las poblaciones urbanas y rurales. Su encanto, su potencia hacen y deshacen las personas y su valor. Testigos a diario de esta revolución cultural galopante, las Iglesias católicas, en África, no pueden quedarse indiferentes a los múltiples desafíos que plantea a la conciencia humana y eclesiástica. Sus respuestas pastorales locales y continentales se expresan a través de iniciativas que conviene conocer y subrayar.
Al nivel continental
Desde los años sesenta, inmediatamente después de la ola de independencias políticas de los países subsaharianos, como verdaderos profetas, los Obispos de África se agruparon en una dinámica organización: el SCEAM (Simposio de las Conferencias Episcopales de África y de Madagascar), espacio institucional de intercambios y de concertaciones fraternales en materia de pastorales generales. En el seno del SCEAM, establecieron, entre otros departamentos, el de la comunicación social, llamado CEPACS, es decir el Comité Episcopal Panafricano de las Comunicaciones Sociales, cuya sede se encuentra en Accra, en Ghana.
La misión de este importante departamento, según sus estatutos, es promover y coordinar la pastoral de los medias en las Iglesias de África y de Madagascar. Los miembros de este Comité donde yo mismo trabajé, tiene como cometido principal inventariar, alentar todas las buenas iniciativas locales y continentales en materia de media. Además les incumbe:
- mantener estrechas relaciones con las grandes organizaciones católicas especializadas en la cultura mediática moderna como UCIP, SIGNIS, etc.
- mantener en alerta a las comunidades católicas para que estén siempre despiertas e inventivas en estos terrenos particularmente sensibles y evolutivos que son la televisión y los medios satélites. ¡Todo un desafío!
Esta apuesta histórica necesita una confianza renovada al Espíritu santo, el comunicador por excelencia, pues los que se comprometen en la pastoral de la televisión, en África y Madagascar, deben armarse de imaginación, de valor, de creatividad, de esperanza y de gran humildad, conscientes que evolucionan en un conocido entorno de exigencia y de pobreza. En este contrastado contexto de llamamientos múltiples y de realismo, emprenden en nombre de su comunidad realizar la presencia cotidiana de una Iglesia experta en humanidad, sensible a las alegrías y a las angustias de los pueblos, siempre servidora de los pobres y de los ricos. En este terreno tan especializado, su recorrido es ya largo y elocuente. Sigámosle en tres sectores:
- Las televisiones nacionales estatales en África.
- Las televisiones internacionales
- Las televisiones privadas católicas
1. Presencia de las Iglesias africanas y malgaches en las televisiones estatales
Desde la aparición de las televisiones nacionales, los pastores de las Iglesias africanas emprendieron gestiones oficiales, a menudo largas y complejas, con vistas a disponer de franjas horarias destinadas a los programas católicos. En el conjunto del continente africano, la participación efectiva de los católicos a los programas televisivos constituye, sin duda, un hecho visible inspirador.
Entre los presentadores, productores, técnicos y otras funciones oficiales de las televisiones existentes, la Iglesia Católica cuenta con numerosos hijos e hijas. Cada vez más, entre sus filas, se desprende una élite reflexiva que, más allá de su prestación profesional, descubre en este noble oficio que ejerce con una competencia y una devoción ejemplares, un entorno exigente y precario, un verdadero lugar de santificación, lugar donde se expresan, continuamente, el compromiso de su fe en Dios y la felicidad global del hombre. A lo largo de nuestra reflexión general y de nuestras conclusiones de hoy, descuidar esta presencia caracterizada de los hijos de la Iglesia en la televisión, en el mundo y en África, sería una grave omisión, incluso una injusticia. A fin de cuentas, cada pastor sabe la necesaria mirada de simpatía y de responsabilidad espiritual que merecen estos combatientes de cada día, en una tierra particularmente difícil pero enriquecedora.
Los pastores, obispos y sacerdotes no son menos solicitados por los responsables eclesiásticos y laicos, hombres y mujeres de todas las especialidades, presentes en los platós y entre los bastidores, para dar cuerpo y alma a los programas católicos. Los equipos son lo más a menudo mixtos: profesionales o benévolos, católicos o no católicos. La composición de estos equipos de intervención varía de un país a otro.
La concepción, la elaboración, la producción de estos tiempos de antena representan una suma considerable de energías. Para entrar en el lenguaje televisual, en la variedad de estos “géneros literarios”, con el fin de estar recibidos y digeridos por los telespectadores, los grupos comprometidos con este apostolado viven las virtudes de una solidaridad peculiar. Para no ser considerado, en este ambiente altamente profesional, como una verruga, un cuerpo extranjero, estos apóstoles del sonido y de la imagen cuidan su sinergia interna y la calidad de su diálogo con los jefes de la televisión y sus colaboradores.
Aunque, con la revolución del numérico, la generalización de las minis cámaras y de los ordenadores de funciones múltiples facilite hoy las producciones televisuales privadas, la necesaria atención a las personas, en el interior y en el exterior, se impone con la misma actualidad. Negociar, negociar sin cesar, con un espíritu de pobreza evangelista, parece ser la regla indicada. Revela ser finalmente la más provechosa.
Pocas veces los equipos constituidos para programas católicos funcionan con una independencia material y personal total, por falta de medios. Aunque, un poco por doquier, en las diócesis, esfuerzos laudables fueron realizados gracias a sacrificios importantes consentidos para la formación efectiva de los agentes pastorales en comunicación social y para poner a su disposición presupuestos nada despreciables, en general, éstos resultan ser insuficientes. De año en año, este apostolado se mejora en su forma, su dirección profesional y en su contenido muy variado que va del mero reportaje a las misas televisadas, de las enseñanzas directas sobre la doctrina o sobre la moral a los debates televisivos o a las mesas redondas organizadas.
Documentos tan densos, tan actuales como los textos del Concilio Vaticano II, el Catecismo de la Iglesia católica, el Compendio de la doctrina social de la Iglesia, las recientes Cartas des los Papas Juan-Pablo II y Benedicto XVI, ocasionalmente o de manera regular, semanal o mensual, según los países, pueden enriquecer la programación de los programas televisivos nacionales.
Todo esto se inscribe en una dinámica normal de la democracia moderna que proscribe toda discriminación religiosa.
Al utilizar todas estas zonas mediáticas, gratuitas o costosas, como ciudadanos honestos desprovistos de vehículos personales, que utilizan los medios de transporte público, las Iglesias africanas se inscriben de este modo en el sentido de la Historia. Esta colaboración racional, a todos los niveles, les prepara naturalmente a una presencia creciente en las televisiones internacionales.
2. La Iglesia de África en las televisiones internacionales
Está presente de dos maneras:
o cuando estas televisiones internacionales hablan, ellas mismas, de la Iglesia africana;
o cuando, por sus propias producciones, la Iglesia africana se une a las plataformas de expresión mundial.
- Televisiones internacionales vienen a menudo al encuentro de las comunidades católicas para cubrir o entrevistas individuales, o acontecimientos relevantes. También ocurre que estas televisiones decidan hacer reportajes sobre la vida, el entorno de las Iglesias de África: por hacer conocer las realidades de sus vivencias cotidianas, a veces, al límite, o por mera curiosidad turística para no decir folklóricas. Las intenciones pueden discrepar. Todos los intercambios humanos tienen su lado positivo, útil, amable. El diálogo de las culturas es parte de la marcha de la historia de los pueblos. Es deseable que estos equipos profesionales de paso encuentren profesionales católicos empleados y acepten trabajar positivamente con ellos. ¡Qué bella ocasión de enriquecimiento mutuo! Si cada año se realizan ejemplos afortunados de colaboración en el continente, desgraciadamente se pueden enumerar casos desafortunados de complejo y de cierre de ambos lados, cuyos resultados dejan mucho que desear. Una mala lengua se atrevió a decir: “Normalmente los comunicadores no comunican entre ellos”. Menos mal que muchos hechos desmienten estas afirmaciones. La fe de las jóvenes Iglesias de África en los potentes medios de comunicación, de representación cultural y de dominación económica y política les alienta a decir una palabra personal, audible, válida en el concierto des las naciones modernas.
- Por sus propias producciones, la Iglesia de África se une a las plataformas de expresión adulta. En África del Oeste, en Ouagadougou por ejemplo, en Burkina Faso, tiene lugar cada dos años el festival de cine africano que pone en competición a la élite de los cineastas del continente. En este FESPACO, todos los talentosos productores cuyas películas tuvieron a menudo la suerte de ser proyectados en las televisiones internacionales, buscan el premio especial que ofrece la organización católica para el cine y la audiovisual, OCIC. Este premio, desde sus orígenes, recompensa las obras que ponen en evidencia las virtudes morales, humanas y espirituales. La presencia masiva de las televisiones locales e internacionales rinde cuentas de este acontecimiento cultural panafricano. Una manera de satisfacer la curiosidad y la cultura de los telespectadores locales e internacionales. Miembros de la Iglesia católica participan eficazmente a este mayor evento mediático, dando a su comunidad eclesiástica, una expresión viva, original.
- Además, la revolución cultural numérica e Internet, la abundancia de los CD y DVD, ponen más fácilmente al alcance de las televisiones locales e internacionales, secuencias informativas diversas en relación con las Iglesias de África. Son agradecidas a estos pequeños medios de diálogo que les ponen en contacto con los grandes de la comunicación moderna como la televisión.
Internet con sus inmensas posibilidades a penas exploradas, un nuevo género de televisión o de “mundovisión”, ofrece a las Iglesias de África ocasiones insospechables de hacerse conocer y de informarse. Una juiciosa formación de los agentes pastorales para la utilización y la instalación de sitios darían a nuestras jóvenes comunidades, desbordantes de energía y de creatividad, una proyección y una visibilidad envidiable. Aquí también, la ignorancia y la falta de solidaridad y de audacia retrasan el diálogo transparente con el exterior e incluso entre las Iglesias del continente. Una información, una formación y una conversión de mentalidades se imponen a los Hijos africanos y malgaches del Reino. Hace falta audacia, competencia, para realizar estos saltos hacia “lo desconocido” y aún más para crear y hacer funcionar canales de televisión católica independientes viables.
3. Las iniciativas privadas católicas
- Desde la supresión del monopolio de Estado o la remodelación de las legislaciones nacionales en materia de audiovisual, la Iglesia en África se alegra de la proliferación de la prensa y de las cadenas de radio. El inventario de estas iniciativas valientes es impresionante.
El entusiasmo está lejos de ser el mismo en cuanto a los verdaderos canales privados de televisión. Por supuesto, no faltan buenas voluntades ante estas altas montañas que escalar para estar, como se dice, entre los grandes. Pero la aventura, como cada uno sabe, es enorme porque las condiciones exigidas son numerosas y considerables. Son, en el contexto actual, verdaderos obstáculos.
En efecto, para ser católico, independiente, el canal emisor debe:
a) emanar de la iniciativa o de la cobertura de una autoridad eclesiástica (conferencia episcopal, diócesis, congregación religiosa) o de una organización católica reconocida como tal;
b) sacar su visión, sus objetivos de los del Evangelio, de los principios de la Iglesia en el sentido de la promoción total del hombre y de todos los hombres;
c) presentarse con todas las garantías jurídicas y las normas internacionales reglamentarias. Aquí no hay lugar para la improvisación o lo precario;
d) disponer de hombres y de mujeres de calidad, es decir técnicamente válidos, humanamente a la altura, decididos a vencer el amateurismo;
e) tener una base financiera duradera destinada a sostener el presente y los desarrollos futuros necesarios.
Entonces la gran pregunta es: ¿existe actualmente en África canales emisores católicos? De ser correctas mis informaciones (provistas por SIGNIS – CAMECO ACHEN), tenemos que advertir que en este ámbito el resultado sigue siendo muy pobre. Sabemos que existen proyectos firmes, unos muy avanzados, incluso a punto de realizarse, y otros que siguen en sus primeros pasos. He aquí, en nuestro humilde conocimiento, la lista de los pioneros en materia de canales emisores de televisión en el continente:
- El proyecto del archidiócesis de DAR ES-SALAAM, en Tanzania, conducido por Su Excelencia Modesto KILAINI, Obispo Auxiliar de Dar Es-Salaam;
- El proyecto de LUSAKA en Zambia;
- El proyecto de KINSHASA, República Democrática del Congo, bajo el patrocinio de Su Excelencia Cardenal ETSOU;
- El proyecto de KISANGANI, a la iniciativa de Su Excelencia Monseñor MONSENGWO (un servicio más complejo de radiodifusión y de televisión localizada);
- Los proyectos de estudios de producciones vídeo con vistas a proponer cintas o soportes LPE (Listos para emitir) son múltiples, particularmente en Costa de Marfil.
Hay que alentar estos ejemplos inspiradores. Otros proyectos están sin duda a punta de salir a la luz. Ojalá rápidamente, en este ámbito de la alta tecnología, los hijos y las hijas de África se levanten para participar, entrar en la búsqueda de un verdadero mando, dejando de lado valientemente el papel de seguidores y de meros consumidores. Acabamos de exponer las realidades de la situación actual. ¿Hay un futuro? ¿Es posible proyectarse?
II. LAS POSIBILIDADES EN ÁFRICA
Reconocer objetivamente el retraso sufrido por el continente en materia de altas tecnologías que gobiernan el mundo, no significa retirarse. ¡Al contrario! Nosotros que creemos en la Iglesia miramos África como un continente con porvenir.
- Riquezas materiales
En efecto rebosa de riquezas materiales e humanas remarcadas, riquezas de suelo y de subsuelo a penas exploradas a pesar del saqueo metódico pasado y actual. La crónica pobreza de los africanos sigue siendo una paradoja. Un sistema de bloqueo drástico bien rodado les encarcela, de momento, y les obliga a extender la mano. El mundo entero ya no lo acepta. A lo largo de los años, africanos y africanas, jóvenes y adultos, intentan derrumbar las puertas encadenadas. Con este noble propósito buscan socios interiores y exteriores decididos como ellos a cambiar, a desoxidar los bloqueos y a mover las cosas. El cliché de la incapacidad del africano en gestionarse, recibido como un dogma, ya no debe adormecer las conciencias. Brillantes éxitos de africanos en la gestión de empresas en general y en materia de medias deberían derrumbar progresivamente estos prejuicios seculares.
- Recursos humanos
La esperanza suscitada por el continente africano radica también en la calidad y el número de estos agentes formados y competitivos. Hoy en día, muchos han vuelto a casa, altamente cualificados después de su paso por las universidades y las grandes escuelas de formación a los medias en el extranjero, en particular en Europa, en América, en Asia y por supuesto en los institutos de formación en África que han dado resultados. Muchos de los que y de las que pueden ejercer su oficio de comunicadores en condiciones profesionales y en un contexto convenientes hacen fructificar de maravilla sus conocimientos y sus talentos. Por supuesto, ya no se trata de un trabajo rutinario, porque las exigencias actuales requieren resultados profesionales. África debe dignamente alinearse y cumplir sin complejo con las normas profesionales internacionales vigentes, guardando siempre en mente la evolución acelerada en curso. El debate queda abierto; cada uno puede hacer valer sus argumentos.
- Promover artistas productores
Una nueva generación de productores debe absolutamente constituirse, desarrollarse y garantizar los objetivos. Se trata de profesionales capaces de concebir, de escribir guiones atractivos para niños, jóvenes y adultos. Existen ejemplos de estos artistas mediáticos en Burkina Faso, en la república Democrática del Congo y por otras partes. Necesitan ser reconocidos para alentar nuevos talentos. Por ejemplo el forum continental del FESPACO y otras instancias internacionales podrían organizar ocasiones eficaces de expresión y de intercambios.
- Afortunadas iniciativas
Por eso las Iglesias de África saludan y alientan la iniciativa de promover el Forum internacional de la televisión, una clase de base de datos y plataforma de intercambios y de concertación. ¡Que este bonito proyecto anunciado por Monseñor el Presidente del Consejo Pontifical de los Medios de Comunicación Social se realice lo ante posible! Todo el mundo, estamos convencidos, podrá sacar provecho de ello: los más avanzados como los más desprovistos. Mejorar lo que existe, llevar a cabo las diferentes tentativas en un espíritu de información recíproco y de ayuda mutua. Ninguna Iglesia podría actuar en calidad de un club reservado y cerrado como las costumbres de la globalización de moda nos acostumbra a verlo por ejemplo en el G7 o el G8. Las categorizaciones y las exclusiones prácticas crean frustraciones. Frenan, incluso destruyen las verdaderas estrategias de colaboración fraternal, como es sabido a pesar de las bellas declaraciones de intención altruistas.
- El problema de los satélites
Aunque lo lógico, el sentido de la historia, sea que canales auténticos de televisión surjan y sean operativos, hará falta que los responsables resuelvan el delicado problema de la conexión con el satélite. Sí que existe un proyecto continental para obtener un satélite puesto en órbita y girando encima de África. Las voluntades políticas se unen poco a poco alrededor de este objetivo continental que permitiría, entre otras ventajas, facilitar las comunicaciones telefónicas y televisivas. La otra ventaja sería reducir considerablemente los costes. Los fieles y los responsables de la Iglesia, en África y en las Iglesias de otros continentes, deberían interesarse y movilizarse ante el próximo lanzamiento de tal instrumento de comunicación.
- El coste elevado de los consumos
La enorme dificultad que hay que resolver: el coste muy elevado de las conexiones directas a los satélites. Una vez resueltos los problemas recurrentes de penuria de personal profesional cualificado y de calidad exigida de las producciones, quedará por pagar las elevadas facturas de conexión y de consumo regular. Se presentan como gastos incompresibles que pueden desanimar a más de uno. Pastores, fieles, comunicadores deberán escalar estas montañas.
CONCLUSIÓN
Legislaciones locales e internacionales, valor pastoral e humano de las producciones, profesionalismo de las presentaciones, búsquedas de fondos para lanzar las cadenas y mantenerlas correctamente, etc., son elementos importantes que mantienen en vilo a los pioneros de la televisión como los atletas que afrontan las pistas de carreras con obstáculos. Hace falta resistencia, hace falta perspicacia, hace falta constantemente una visión de conjunto. Hace falta saber armarse de valor y levantar las piernas muy alto. La esperanza está permitida, la victoria sonríe a los que se lanzan prudentemente y luchan con fe y sabiduría. Las Iglesias de África y de Madagascar, ayudadas por sus hermanas mayores y más favorecidas, tienen la capacidad de hacerlo.
Gracias.


